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Quién es el que comete tales errores?

El fracaso es la más grande oportunidad que tengo de saber realmente quién soy.

—JOHN KILLINGER

A veces los grandes logros vienen únicamente como resultado de un periodo de fracasos que nos ayudan a entender quienes somos realmente. Tal fue el caso de John James

Audubon, el hombre que dio su nombre a la Sociedad Nacional Audubon. Su vida iba de un extremo a otro: problemas y progresos, fracasos y triunfos. He aquí su historia:

LOS COMIENZOS DE AUDUBON

Hijo de un capitán de barco francés, Audubon nació en Haití en 1785, pero pasó sus años formativos en Francia. Recibió una educación fina, pero como estudiante podría decirse, en el mejor de los casos, que fue un estudiante indiferente. Debido a su falta de disciplina, a los catorce años fue enviado a una escuela militar, lo que tampoco le hizo muy bien. Su verdadera pasión era cazar y dibujar pájaros.

A los dieciocho, lo mandaron a Estados Unidos. A su padre le pareció que su

oportunidad estaba en el Nuevo Mundo. Audubon llegó a Pennsylvania y se instaló en una casa que su padre tenía allí. En su nuevo hábitat se transformó en leñador, y siguió cazando y dibujando la vida salvaje. No pasó mucho tiempo antes que conociera y se hiciera amigo de una familia de apellido Bakewell que vivía en la región. Estos hicieron un gran impacto en su vida. Primero, se enamoró de una de las hijas de la familia, Lucy; y segundo, en 1807 empezó a trabajar en el despacho de la compañía de importaciones de Benjamín Bakewell.

Ese fue el comienzo de lo que llegaría a ser una desastrosa experiencia en los negocios.

UNA CARRERA DE COMERCIANTE

La primera aventura de Audubon, que tuvo que ver con el añil, fue indicativa de su

«talento» como comerciante: Perdió una pequeña fortuna. Durante un tiempo trabajó en el negocio de las importaciones, pero al ver que no tenía éxito, decidió entrar en el comercio detallista. Usando las conexiones de su padre, entró en contacto con Ferdinand Rozier, un joven comerciante francés. Después de establecida la relación los dos hombres se dirigieron al oeste, a Louisville, Kentucky, a orillas del río Ohio.

Se asociaron, pero los resultados fueron precarios. Rozier tenía tenacidad para los negocios, pero Audubon poseía las cualidades que caracterizaron toda su vida: habilidad de cazador, curiosidad sin disciplina, energía inagotable y un tremendo talento artístico. Mientras Rozier atendía el negocio, Audubon vagabundeaba por el campo cazando y trayendo pájaros que le sirvieran para dibujar o para servir a la mesa.

Durante ese tiempo, la actividad favorita de Audubon en los negocios fueron sus viajes a Philadelphia y New York para comprar mercadería para abastecer la tienda. Esos viajes le daban la oportunidad de estar en contacto con la vida silvestre. En uno de tales viajes, regresó a Pennsylvania, se casó con Lucy Bakewell y se la llevó a Louisville.

La sociedad todavía duró un poco más de tiempo. Cuando empezaron los problemas financieros, Audubon vendió la parte que le correspondía a Lucy de la herencia de su padre y con ese dinero pagó a los acreedores.

EN BUSCA DE NUEVAS ALTERNATIVAS

Los socios entonces decidieron que quizás mudarse les ayudaría, de modo que se trasladaron aguas abajo, a Henderson, Kentucky. Allí aguantaron seis meses y luego se mudaron de nuevo, esta vez junto al río Mississippi. Después de muchas dificultades, se instalaron en Ste. Genevieve, Missouri, una localidad de los canadienses franceses.

Como antes, Audubon no se sentía atraído por los negocios así es que pasaba la mayor parte del tiempo cazando, dibujando y pintando aves. Después de un poco de tiempo, vendió su parte en el negocio y así fue como los socios se separaron. Rozier siguió con la tienda y alcanzó un éxito financiero notable. Audubon, por su parte, empezó a buscar una nueva oportunidad. John Chancellor, el biógrafo de Audubon dice: «Audubon pensaba seguir en los negocios mientras que disparar, montar y dibujar pájaros lo mantendría como un hobby».

MÁS FRACASOS

Durante los siguientes diez años, se embarcó en una serie de aventuras infructuosas. En 1811 decidió volver al negocio de importaciones. Él y su cuñado, Thomas Woodhouse Bakewell, establecieron en New Orleans una casa a consignación para importaciones desde Inglaterra. Desafortunadamente, iniciaron sus actividades la víspera de la guerra de 1812. Por supuesto, el negocio fracasó.

Audubon y su cuñado, volvieron entonces a las ventas al detalle, de nuevo en

Henderson, Kentucky. Allí tuvieron algún éxito, pero cuando todo parecía ir bien, volvieron a tomar una decisión equivocada. Montaron un aserradero en una zona que no podía

absorber una operación tan grande. En 1819 quebraron.

A través de todos esos años, dos cosas se mantienen constantes en la vida de Audubon: la caza y el arte. Ahora, tenía que depender de esas dos cosas para sobrevivir. Su arma trajo alimento a la mesa para su pequeña familia (él, Lucy y por ese entonces dos jóvenes

varones), y pintando a comisión, trajo el dinero. Por necesidad más que por planeamiento, su entretenimiento llegó a transformarse en su medio de subsistencia.

POR FIN, EL CAMBIO CORRECTO

En 1820 Audubon tuvo lo que él llamó, su «gran idea». Decidió crear una amplia y

completa colección impresa de todas las aves de los Estados Unidos basada en sus pinturas. Serían de tamaño natural y se las mostraría en su hábitat natural. Durante los siguientes años, viajó y agregó más aves pintadas a su archivo mientras Lucy trabajaba como tutora e institutriz en Louisiana.

En 1826 ya tenía material suficiente. Se embarcó para Liverpool, Inglaterra, alcanzando de inmediato un éxito notable. En una carta que le escribió a su esposa Lucy, le decía: «En todas partes soy bien recibido, mis obras son alabadas y admiradas y por fin mi pobre corazón está aliviado después de tantos años de gran ansiedad. Ahora sé que no tendré que volver a trabajar en vano».

Audubon se asoció con el grabador Robert Havell y juntos empezaron a imprimir la notable serie de cien láminas a color en un formato de veintinueve por treinta y nueve pulgadas, Birds of America [Aves de América]. De ese esfuerzo, Audubon escribió: «¿Quién podría creer que una persona sola, que llegó a Inglaterra sin un amigo y con tan escasos recursos que apenas le permitían viajar por el país habría de atreverse a lanzarse en una publicación como esta?»

Finalmente, la publicación de su libro le dio seguridad financiera y, de paso, lo hizo famoso en toda Inglaterra y los Estados Unidos. Nunca nadie más ha creado lo que él creó, ni otro libro como el suyo ha sido admirado tanto. En total, imprimieron unos doscientos ejemplares de aquella primera edición. Hoy los libros son considerados una obra maestra. Un original de Aves de América que en 1820 se vendía en $1.000 ahora cuesta unos $5 millones.

EL PROBLEMA ERA ÉL

Durante la mayor parte de su vida, John James Audubon fue un fracaso. Se necesitaron treinta y cinco años para que se diera cuenta que el problema era él. Como comerciante fue una calamidad porque ese no era su mundo. No le ayudó en nada las veces que cambió de ubicación, de socios o tipo de negocio. No fue sino hasta que entendió el problema y cambió él mismo que tuvo una oportunidad de triunfar. Durante años, este dicho se aplicó perfectamente a él: Si tuvieras que golpearle el trasero al culpable de la mayor parte de tus fracasos, no podrías sentarte durante semanas.

más problemas. Su respuesta fue: «Más que cualquier otro ser vivo, ha sido D. L. Moody». El animador de televisión Jack Paar coincide cuando dice: «Mirando atrás, mi vida parece una larguísima carrera con obstáculos, conmigo como el peor obstáculo». Si usted está experimentando continuamente problemas o enfrentando obstáculos, debería asegurarse que el problema no sea usted.

¿POR QUÉ LA GENTE NO QUIERE CAMBIAR?

A la gente no le gusta admitir que necesita cambiar. Y si están dispuestos a alterar algunas cosas de ellos, por lo general se centran en asuntos cosméticos. Quizás por eso sería que Emerson dijo: «La gente siempre se está preparando para vivir, pero nunca vive». Pero cualquiera que quiere vivir en un mundo mejor necesita estar dispuesto a cambiar. El siquiatra Rudolf Dreikurs, director del Instituto Alfred Adler de Chicago, hizo la siguiente observación: «Podríamos cambiar nuestra vida entera y la actitud de la gente que nos rodea si sencillamente cambiáramos nosotros».

Podríamos cambiar nuestra vida entera y la actitud de la gente que nos rodea si sencillamente cambiáramos nosotros.

—RUDOLF DREIKURS

¿Por qué hay personas tan renuentes al cambio? Yo creo que algunos, como Audubon, creen que por alguna razón tienen que seguir un curso particular de acción aun cuando eso no tenga nada ver con sus dones y talentos. Y cuando no están trabajando en áreas donde se sienten cómodos hacen un pobre trabajo. Otros no se preocupan o ni siquiera saben cuáles son sus áreas de mayor efectividad. Como dijo Benjamín Franklin: «Hay tres cosas

extremadamente duras: el acero, el diamante y conocerse uno mismo». Otros incluso se estorban a ellos mismos.

Leí un artículo sobre un francés del siglo diecinueve que fue campeón de ajedrez llamado Alexandre Deschapelles. Fue un gran jugador que muy rápido llegó a ser campeón en su región. Pero cuando la competencia se puso dura, él dijo que jugaría si solo su

oponente le quitaba un peón y luego hacía la primera movida. De esa manera, no le preocupaba cómo terminaba el juego. Si perdía, podría decir que había jugado con

desventaja. Si ganaba, podría aparecer mucho más talentoso. Hoy día, los sicólogos llaman a esa actitud mental la «movida Deschapelles».

NO TIENE NADA DE MALO