Por Ale del Castillo
Tan fácil como tener una cuenta en Facebook. El pequeño Mauri- cio de 10 años quería una cuenta en la red social de Mark Zucker- berg, como tantos de sus compañeros desean para poder interac- tuar, subir sus fotos o exhibir sus gustos.
A Carlos, el padre de Mauricio, no le pareció mala idea po- ner su cuenta de correo y así saltar las restricciones de la red social, que evita que los menores de 13 años puedan tener Facebook. Pen- saría en monitorearlo en una especie de supervisión parental para estar al pendiente del uso que su hijo le diera a su nueva cuenta y todo llegaría a su correo.
Mauricio empezó a feisbuquear, sumó a sus compañeros de la escuela. Recibió la invitación de una niña un poco más grande que él que usaba una pose “sexy” en su foto de perfil y así aceptó a Roxy, una chica de 13 o 14 años que se parecía a alguien de la escuela y que también era contacto de su amigo Eduardo.
“Ola, como estás” escribió Roxy en el chat de Facebook y empezó a hablar con Mauricio. “q haces” siguió la chica sexy la conversación y la información sobre Mau empezó a fluir.
Parecía que Roxy y Mau podrían ser amigos, les gustaban las mismas cosas y compartían entonces charlas sobre la escuela, música, deportes, caricaturas, la familia, los gustos, etc.
Al mes de tanto chateo, Roxy pidió: “Oye t quiro ver tienes camara?” Mau dijo que sí, pero que no se mostraría hasta que ella lo hiciera primero.
Roxy argumentó que su cámara no servía, pero le envió una foto por correo electrónico y Mau sintió un poco de más confianza.
Luego insistió: “Estaria bn verte sin playera”. “Y mas aba- jo?,” subió el nivel. “Puedo conocer a tu hermanito?,” no tuvo límites.
Del otro lado de la pantalla
Del otro lado de la pantalla había un tripié y una cámara lista para grabar cuando Mauricio enseñara su pecho, sus genitales o se mas- turbara. La webcam de esa computadora estaba tapada, pero sí funcionaba.
Frente al teclado no estaba Roxy, sólo Xavier. Un chico de 22 años. Roxy sólo era un personaje, unas fotos de algún sitio de pornografía infantil.
Había estado paciente esperando tener la confianza de Mau- ricio y mientras hablaba con otros chicos de los que también espe- raba abusar.
Xavier era un locutor de radio que había estudiado comuni- cación. Su voz varonil y su personalidad parecían cubrir su prefe- rencia homosexual y su gusto por los niños.
Para acercarse creó un personaje en Facebook: Roxy una niña complaciente, amigable y con gustos casi iguales a los niños con los que hablaba.
En las conversaciones que Roxy sostiene con los niños fluye todo tipo de información, lo cuál pone en riesgo a los infantes por- que los deja vulnerables ante el chantaje. Ellos piensan que confían en una niña de su edad, no en alguien que luego puede utilizar toda esa información contra ellos.
La paciencia de Roxy es excepcional, recaba información, gana confianza, está siempre disponible y presta a la charla. Roxy era sexy pero dejaba mucho a la imaginación, mostraba muy poco, si acaso, lo más importante era su sonrisa.
Su perfil era muy claro, casi a prueba de errores. Cuando se ha hecho cotidiana su presencia, entonces se puede avanzar, se puede cruzar los límites, es hora de empezar con conversaciones de índole sexual. Si pedía una imagen, sabía que le pedirían a ella una primero y Xavier ya la tendría seleccionada después de haberla bajado de internet.
Xavier tenía por la pornografía infantil una especie de adic- ción, primero sucede la curiosidad, luego el almacenamiento y des-
III
pués termina por mudarse al pensamiento de la vida diaria. Del sexo entre adolescentes, a bajar la edad para verlos cada vez más chicos hasta llegar al material con bebés. El tema es complicado y todo tiene que ver con la personalidad, los gustos y las preferencias de los pedófilos.
Cuando se ha visto todo lo que es, la satisfacción comienza por pedir más: el contacto, tocarlo, experimentarlo, vivirlo, tener una relación sexual.
Mauricio se exhibió a la cámara, mostró su cuerpo e incluso se tocó. Roxy había hecho bien su trabajo. Xavier miraba compla- cido los genitales del niño. Mauricio no tuvo pudor, lo que hacía, lo hacía frente a una chica.
Xavier tenía cuatro o cinco perfiles de Facebook, cuentas en Skype y al menos 10 diferentes correos. También tenía un bloc de notas donde tenía la lista de mails, las contraseñas y llevaba un control. Sus correos son atractivos como [email protected]. Estos denotan género, edad y preferencia sexual.
Conocía también los procedimientos, cuando un niño te acepte la invitación en una red social como Facebook, será sencillo sumar a los amigos por la confianza que genera la cercanía y una relación en común. Así es como crecen las redes en las que tienen captados a los niños.
A la hora de escribir teclean como los pequeños, contraen las palabras, las intercambian, cometen faltas de ortografía y también gramaticales.
Algunos pedófilos desconocen que la pornografía infantil es un delito. Algunos quieren dejar de hacerlo pero no pueden.
¿Por qué estas conversaciones?
Un día sucedió. Carlos lo descubrió en su correo. Roxy y Mauri- cio habían sostenido conversaciones de tipo sexual, algo no estaba bien en ello.
“¿Por qué esas conversaciones?”, preguntó Carlos a su hijo Mauricio.
Mauricio explicó. La situación no parecía tener nada de raro. Roxy era una chica linda, era un contacto en común de su amigo Eduardo y se parecía a una niña de la escuela. Platicaron, se hicie- ron amigos, le pareció divertido. Fin.
Carlos sabía que la situación no era normal, prudente y en alguna medida ponía en riesgo la seguridad de su hijo, entonces denunció.
La denuncia es la única forma en que puede dar seguimiento a una investigación y capturar a un pedófilo.
La investigación culminó en un cateo donde fue fácil iden- tificar al dueño del perfil de Roxy. La policía llegó a su domicilio. En su cuarto a media luz, desordenado y sucio, estaba el tripié y la cámara apuntando a la computadora.
Primero lo negó todo y luego no pudo más que aceptarlo. Reconoció las cuentas de correo, los perfiles de Facebook, también las imágenes y las fotos.
Aceptó también haber tocado a su pequeño hermano. Salió de su casa no sin antes decirle a su madre lo sucedido. La detención de Xavier previno que su fijación por la porno- grafía infantil se extendiera a entablar contactos sexuales fuera del mundo virtual y comenzara a producir su propio material.
Xavier fue detenido por el delito de pornografía infantil y co- rrupción de menores, por el que se puede condenar a una persona entre siete y 12 años.