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3. ALGUNOS RASGOS DEL MERCADO DE TRABAJO EN EL ESTADO ESPAÑOL
A pesar de que el proceso de industrialización se inició con mucho retraso respecto a los países más avanzados de Europa occidental, puede decirse que a partir de los años se- senta del siglo pasado en el estado español se fue e xpandiendo un proceso de industria- lización y urbanización que, aunque muy limitado en relación con nuestro entorno euro- peo, generó un periodo de crecimiento económico y aumento del empleo industrial. Muy tímidamente se inició también el establecimiento del Estado del Bienestar . A mediados de los setenta, al iniciarse la transición política, que coincidió con la crisis económica de los países industrializados, una gran parte de los trabajadores españoles urbanos tenían un empleo estable, si bien con bajos salarios, largas jornadas laborales, ausencia de de- rechos sindicales y políticos. No era demasiado difícil encontrar un empleo. La mo vili- dad social era limitada, pero muchas familias hacían grandes esfuerzos por la educación de sus hijos, con al esperanza de que ello mejorara sus posibilidades de ascenso social. Las nuevas generaciones vivían en condiciones modestas, pero mejores que las de sus pa- dres.
En España la crisis económica de los setenta-ochenta coincidió con la transición po- lítica. Tras un corto periodo en que las incertidumbres de la transición política dieron lu- gar a una mejora de las condiciones laborales (75-77), los cambios políticos que supu- sieron la aceptación de las re glas del juego capitalista por los agentes sociales principa- les (partidos y sindicatos), más las transformaciones generales que hemos señalado en el apartado anterior adaptadas a las características de la economía y la sociedad española, dieron lugar a una profunda reestructuración económica y producti va que, en conjunto, ha consistido en una estrate gia empresarial y en un modelo de interv ención pública de
carácter marcadamente neoliberal8: impulsar la competiti vidad global, facilitar la inter-
nacionalización de la economía, la liberalización comercial, industrial y f inanciera, la desregulación y la privatización de las economías, la reestructuración del papel del Esta-
do y la flexibilidad y la austeridad salarial9.
Desde 1977 se iniciaron grandes reformas en la economía española y en el ámbito la-
boral, que se han prolongado hasta la actualidad10.
8 Con una diferencia rele vante: debido a la pobreza de las prestaciones sociales del franquismo, éstas hu- bieron de ampliarse al principio de la transición, por tanto en dirección opuesta a los planteamientos del modelo neoliberal.
9 Para la evolución en el periodo 1975-1991 véase ETXEZARRETA, M. (Coord.):La reestructuración del ca-
pitalismo en España, 1970-1990. Barcelona, Icaria, 1992.
10 El lector que desee profundizar en esta e volución en más detalle encontrará bastantes obras que tratan de estos temas. Entre ellas las que se señalan en la bibliografía citada a lo largo de este artículo. En todo caso véase, LAPUENTEPERARNAU, J., y ORTIZ DEVILLACIÁNREBOLLO, D.: «Las políticas laborales», en ADE-
LANTADO, J. (Coord.):Cambios en el estado del bienestar , políticas sociales y desigualdades en España.
En la economía, con importantes y gra ves altibajos, en los últimos treinta años, la economía española se ha situado en el grupo de las de los países industriales de se gundo orden dentro de las economías ricas del mundo. P artiendo de una situación alejada de la de Europa occidental —en 1976 el PIB per capita del país estaba en torno al 76% del de
la media de la UE— se encuentra ahora en el 98,3% 11, si bien con importantes diferen-
cias regionales. El PIB per capita está entre los v einte primeros del mundo12y en 2006
ocupa el lugar 19 en el Índice de Desarrollo Humano entre los 177 países del mundo. Es- paña pertenece ya al club de los países ricos.
Consolidada la democracia y desde 1986 miembro de pleno derecho de la UE, la po- lítica económica y social española acentuó su inte gración en las economías y las políti- cas dominantes en los países industrializados. A destacar principalmente el aumento de poder de los grandes grupos empresariales de matriz extranjera sobre los sectores más di- námicos, la casi desaparición de la empresa pública y la aparición de nue vas formas or- ganizativas empresariales en las líneas comentadas más arriba.
El cuadro no es todo tan de color de rosa, sin embargo. La economía de este país, cu- yos actores principales son, como decimos, los grandes grupos empresariales de capital internacionalizado (conjunción de multinacionales y locales), con el apoyo eficaz de una tecnocracia económica neoliberal, y la decidida cooperación de los gobiernos de cual- quier signo, presenta cambios notorios, pero también importantes líneas de continuidad con el pasado, que continuamente generan efectos ne gativos sobre buena parte de la po- blación y su habitat natural y cuya situación actual no es más que el resultado de la adap- tación del viejo modelo social a las fuerzas de la globalización. Actualmente, da la im- presión que la economía española, como tantas otras v eces nuestra sociedad en el pasa- do, se infla y presenta unas apariencias de prosperidad bajo las cuales se ocultan gra ves déficitsestructurales, que hacen imposible que crezca con solidez y asiente un modelo de desarrollo capaz de mantenerse durante un lar go periodo. La economía española presen- ta importantes puntos ne gros que pueden hacer temer accidentes gra ves en este proceso de crecimiento.
El deterioro de la situación se comprueba fácilmente al estudiar el ámbito laboral.
Desde la crisis económica, con la nueva situación política y la Constitución de 1978, en un mundo atravesado por las nue vas estrategias neoliberales que ya hemos mencionado, junto a la e volución de la economía que acabamos de comentar , se inició un proceso de intensa y profunda reestructuración del ámbito laboral, que ha ido alterando fuertemente el panorama anterior.
La estrategia neoliberal adoptada desde entonces, tanto por el capital pri vado como por los responsables de la interv ención pública, ha llevado a establecer otras re glas del juego para las relaciones laborales.
11 Pero una v ez más los números engañan. En 1976 la referencia eran los 10 países de la UE de entonces, ahora son los 25, que incluyen a Europa del Este. Como éstos tienen un PIB mucho más bajo, la media ha bajado y nosotros «hemos subido» hasta el 98,5%. Lo que no es correcto pues los porcentajes corres- ponden a unidades distintas. De todos modos, es verdad que el PIB de España ha aumentado más rápida- mente que la media de la UE, pero no al nivel de esta cifra.
Con los Pactos de la Moncloa (1977), se inició una estrategia muy regresiva en lo la- boral. Con una proliferación de acuerdos ne gociados con o sin la participación del go- bierno, Decretos, Leyes y hasta ocho distintas reformas laborales —ninguna le gislación se ha modificado tanto en este periodo como la le gislación laboral— se ha ido a vanzan- do hacia una profunda transformación de esta legislación, a todas luces desfavorable para los trabajadores. No es posible analizar en detalle toda esta evolución legislativa en un ar- tículo, pero se pueden recoger bre vemente las consecuencias principales de las re gula- ciones introducidas en el periodo de las tres últimas décadas (1977-2005), especialmen- te respecto al paro y la precariedad laboral.
Creemos que en este periodo se pueden distinguir dos etapas: Una primera, en los
ochenta,la etapa del par o, durante la cual toda la estrate gia empresarial así como la nor-
mativa laboral estuvieron dirigidas a f acilitar una profunda reestructuración empresarial13.
Estas estrategias conjuntamente tuvieron como gra ve consecuencia la destrucción de un gran número de empleos y la reaparición con fuerza del paro en la población trabaja- dora. Además y por primera v ez, se introdujo la contratación temporal para trabajos no estrictamente temporales, mientras que se inte graba a los recién recuperados sindicatos en moderadas negociaciones laborales, logrando así la paulatina desarticulación de la cla- se trabajadora como actor social rei vindicativo.
En la década de los ochenta, la cifra de parados en España osciló la mayor parte del tiempo en torno al 20-22% de la población acti va, lo que suponía un giro de 180° en re- lación con la situación anterior . La transición a la democracia parlamentaria en este país se realizó con cifras de paro que pocos años antes se consideraban impensables e impo- sibles. En 1992-1994 se alcanzó la impresionante cifra de 3 millones de parados.
A este periodo de altísimas y escandalosas cifras de paro 14ha seguido una etapa que
denominamos la etapa de la precariedad. Desde entonces, a pesar de la dramática situa-
ción del empleo y el paro en el país, se siguió, todavía más acusadamente, la misma ten- dencia a la desregulación de las relaciones laborales y las condiciones de trabajo. En par- ticular, paulatinamente se fue abriendo la posibilidad de la contratación temporal de la que los empresarios hicieron amplio uso.
En 1987 la duración media de los contratos era de 75 días, lo que impedía a los tra- bajadores sujetos a los mismos el tener derecho a indemnización de despido o al subsi- dio de paro.
En 1992 se redujeron las prestaciones por desempleo y se endurecieron las condicio- nes para el mismo. En 1994 se incrementaron las causas para los despidos colectivos pro-
cedentes y se creó un nue vo contrato de aprendizaje — contrato basur a—, al mismo
tiempo que se re gulaban las Empresas de Trabajo Temporal [ETT], y se ampliaban las posibilidades del contrato a tiempo parcial.
En 1997 la temporalidad de los contratos había alcanzado v alores de escándalo: sólo el 4% de los nue vos contratos realizados eran indef inidos y la tasa de e ventualidad que
13 Que supuso un periodo de reor ganización radical con recon versiones en muchos sectores, cierre de em- presas, cambios de propiedad, crecimiento del empleo sumergido en algunas áreas, etc.
14 Hay que tener en cuenta que estas cifras son las de las estadísticas of iciales, que siempre subvaloran fuer- temente la cifra de paro real.
en 1988 era del 16%, en 1998 ascendía al 60% mientras en la UE era del 20%. P arecía
obligado hacer algo al respecto. Se estableció el Acuerdo Interconfederal para la Estabi-
lidad en el Empleo[AIEE] fruto del consenso entre los sindicatos mayoritarios (CC.OO. y UGT), las patronales y el gobierno, que se presentó propagandísticamente, en primer lugar, como un instrumento para la restricción de la contratación temporal y , en segundo lugar, se quería hacer v er que con dicho acuerdo se abrían nue vas vías a la contratación estable. Sin embar go, contrario a la propaganda, el AIEE resultó ser un instrumento de flexibilidad y abaratamiento de la salida del mercado laboral. Curioso que queriendo, como dijeron, reforzar la contratación estable, empezaran por facilitar y abaratar el des- pido.
En 2001 se eliminó el límite de 4 años para los contratos indef inidos realizados se- gún la normativa de 1997 y se amplió a nue vos colectivos. La reforma incluyó, además, medidas que promovían la contratación temporal (contrato de inserción, supresión del lí- mite de edad en el contrato de formación), pero también se aplicaron medidas para fre- narla (indemnización de ocho días y aumento del 36% de la cuota empresarial a la Se-
guridad Social para contratos de menos de siete días)
La argumentación y justif icación de todaslas reformas desde la transición era muy
similar y recurrente: se apoyaba en las supuestas rigideces del mercado de trabajo en Es- paña y a que, según los empresarios, el despido es muy caro en este país, lo que retrasa la reestructuración empresarial, desmotiva la creación de empleo y hace las empresas menos competitivas. Permanentemente, por lo menos desde la transición, los empresarios de este país han estado sosteniendo que el paro es ine vitable debido a un rígido mercado laboral y al alto coste de los salarios y el despido. Y que si el despido fuera más barato aumentaría la contratación. Ignorando totalmente en su ar gumentación que los salarios y los costes laborales unitarios, aunque crecían, permanecían por debajo de los mismos en la mayoría de los países de la Unión Europea de 15 miembros. Asimismo han argumen-
tado que las prestaciones sociales e xistentes, que a ellos les parecen muy generosas 15
desincentivan a los trabajadores a b uscar un empleo, cuando no les acusan directamente de fraude, añadiendo el insulto a la injuria.
Desgraciadamente los sucesivos gobiernos en el estado, tanto centrales como autonó- micos, conservadores o supuestamente progresistas, han aceptado sin ningún reparo esta argumentación y f acilitado la «fle xibilización» del mercado laboral, su temporalidad, el abaratamiento del despido y la austeridad salarial. Situación aceptada por los sindicatos aparentemente convencidos —por lo menos es lo que af irman— que esto conduciría a crear puestos de trabajo para la enorme población parada.
En conjunto, se puede señalar que desde los P actos de la Moncloa, y sobre todo des- de el Estatuto de los Trabajadores, hasta 1997 se f acilita y acentúa la temporalidad, su- puestamente para disminuir la «rigidez» del mercado de trabajo español, se deterioran las condiciones de trabajo y se avanza hacia la contención salarial. La temporalidad tomó ta- les dimensiones que en 1997 un gobierno del PP trata de frenarla, aunque sólo con me-
15 Sería muy interesante que los empresarios tuvieran que vi vir durante cierto tiempo con los mismos im- portes que proporcionan las prestaciones sociales de toda índole —paro, enfermedad, pensiones— para ver si mantenían esta opinión.
didas cosméticas, sin modificar sustancialmente la le gislación en los aspectos cla ve, y por eso la temporalidad disminuye muy poco. De hecho, «los trabajadores eventuales pa- saron de 3,5 millones en 1997 a casi 5 millones en 2003 y desde 1997 hasta 2006, a pe-
sar de las reformas de 1997, 2001 y 2002 la temporalidad no disminuyó» 16. Esta desas-
trosa evolución para los trabajadores ha sido causada por el empeño de los empresarios en lograr el despido libre recurriendo a todas las fórmulas posibles que lo f acilitan, y por el permanente y constante apoyo legislativo de unos gobiernos con un enfoque netamen- te neoliberal de sus planteamientos socio-económicos.
En 2006 el PSOE lanza la nue va Reforma laboral que es toda vía pronto para e va- luarla en detalle, pero que, a pesar de nue vo de la utilización de un amplio aparato de propaganda no parece que va a resolver el gravísimo problema de la precariedad del em-
pleo en el estado español17.
Fruto de todas las turbulencias y las profundas y rápidas transformaciones que se han señalado hasta ahora, la evolución del empleo, el paro y la precariedad laboral puede re-
sumirse brevemente de la forma siguiente18:
— Paro: desde 1975 hasta 1994 el paro fue e xtremadamente alto en la sociedad es-
pañola, situándose durante largo tiempo en torno al 20% de la población acti va y superando los 3 millones de trabajadores.
— Asalarización: La tasa total de asalarización ha aumentado considerablemente, lo que supone que disminuyen las ocupaciones independientes y se recurre más al empleo asalariado para obtener ingresos para vi vir y derechos sociales para los periodos de inactividad (paro, jubilación, enfermedad). El aumento de asalariados se produce a pesar del crecimiento de los f alsos autónomos (trabajadores asala- riados de hecho a los que se obliga a re gistrarse como autónomos). No se cono- cen las cifras de éstos últimos, pero es sorprendente que los trabajadores autóno- mos casi se dupliquen en 13 años.
— Empleo público: A pesar de las altas cifras de paro en la mayor parte del periodo, el empleo público asalariado ha crecido menos que la asalarización total e inclu- so al crecimiento de la población ocupada. Pero lo que es más gra ve es que, ade- más, el sector público es uno de los sectores en los que temporalidad del empleo ha crecido más.
16 Para disponer de los datos en que se basan estos comentarios: ETXEZARRETA, M. (Coord.): «Del Pleno em-
pleo a la plena precariedad»,Informe TAIFA, n.º 3, (2007). Veáse en http://www.seminaritaifa.no-ip.org. 17 De todas las medidas tomadas merece la pena destacar las bonif icaciones a las empresas por la contrata- ción laboral. Implantadas en diversas modalidades desde 1992, suponen no sólo un beneficio directo para la empresa, sino un debilitamiento de los fondos de la Se guridad Social, que sólo en 2003, dejo de perci- bir por este concepto más de 2.000 millones de euros. Si ha de ser el sector público quien f inancie la cre- ación de empleo, ¿por qué no optar por la creación directa de empleo público en lugar de sub vencionar directamente a unos empresarios que con sus estrate gias han creado el problema?
18 Como siempre con las estadísticas, hay que tener en cuenta que no se deben interpretar como datos e xac- tos sino como indicadores que dan una idea de las líneas de evolución principales. Esto es siempre así con las estadísticas de economía, pero todavía mucho más en el caso del mercado de trabajo, donde en los úl- timos años se han cambiado las def iniciones con mucha frecuencia, lo que hace que cambien los v alores estadísticos,casualmentesiempre en la dirección de «mejorar» la situación que describen, sin que haya cambiado nada en el mundo real. Por tanto no olvidemos nunca: ¡¡¡Peligro, estadísticas¡¡¡
— Sectores: Los sectores donde la temporalidad ha crecido más, son por este orden: Construcción, Sector Público, Manufacturas, Comercio y Hostelería.
— La evolución del trabajo de las mujeres. Por cualquier lado que se mire todos los datos indican que las mujeres se han incorporado masi vamente al mercado labo- ral. Esta profunda transformación tiene, sin duda, mucho que ver con las nue vas aspiraciones de las mujeres a una vida personal propia e independiente del ámbi- to familiar, pero no hay que olvidarse que es también una consecuencia de las nuevas formas de vida, las tendencias salariales y el ni vel de consumo. En la ac- tualidad, para sostener el ritmo de consumo que las sociedades requieren un solo salario por familia (el tradicional del cabeza de f amilia) es totalmente insuf icien- te. La tasa de paro, los contratos temporales y, especialmente los contratos a tiem- po parcial (en su mayor parte in voluntarios) afectan en mucho mayor grado las mujeres. Las mujeres en este país trabajan fuera de su casa mucho más que antes, muy frecuentemente, además, trabajan con contratos temporales o a tiempo par- cial. Y están paradas mucho más frecuentemente. ¡Desde el punto de vista labo- ral no es ninguna ganga ser mujer en este país¡