Capítulo 3: Las desiguales batallas de Palante y Lauso
1. Visiones optimistas de la juventud
1.2. Rasgos modélicos en Lauso
En contraposición con la elaborada construcción del personaje de Palante, que se extiende a lo largo de un significativo número de fragmentos, la caracterización de Lauso se limita a dos momentos puntuales de la obra: su aparición en el catálogo del canto
364 El desarrollo del episodio se condice con los postulados de Block 1980, 139: “…the child’s
destructiveness engenders vulnerability for himself and grief for those who try to protect him”.
365OLD, 1665: “That which initiates a person into a study, profession, etc., first lesson(s), early training
(…) first experience (of a condition, activity, etc.)”.
366 Petrini 1997, 50-53 sostiene que el heroísmo de Evandro no tiene lugar en la guerra del Lacio.
367 Nos alejamos de Stahl 1990, 201: “Pallas proves himself a true student of Aeneas”, quien basa esta
séptimo y el relato de su incorporación en la guerra. El primero de estos alientos, al que nos dedicaremos en este apartado, condensa en solo seis versos una abrumadora cantidad de información encriptada, que crea una representación del joven con características incuestionablemente beneficiosas. Lauso se destaca en medio del catálogo de fuerzas latinas: sus cualidades, magistralmente delineadas por el autor, lo distinguen como un modelo heroico similar al propuesto por el canon de la obra: Eneas.
filius huic iuxta Lausus, quo pulchrior alter non fuit excepto Laurentis corpore Turni;
Lausus, equum domitor debellatorque ferarum,
ducit Agyllina nequiquam ex urbe secutos mille uiros, dignus patriis qui laetior esset imperiis et cui pater haud Mezentius esset.
(Aen. 7.649-654). El fragmento transcripto plantea un contraste entre Mecencio y Lauso, expresado en el lamento por la suerte del segundo, que, según sus excepcionales cualidades, habría merecido un padre distinto. Sin embargo, el acceso a nuevas facetas de ambos personajes, en el desarrollo de la obra, desdibuja gradualmente las polaridades, hasta alcanzar su mayor complejidad con la significativa conversión postrera de Mecencio368.
La presencia del tirano etrusco en la introducción se relaciona directamente con el primero de los cinco atributos de Lauso denotados en el catálogo: su condición de hijo (filius). La prioridad de este vocablo en la composición del personaje es evidente por su preferencial ubicación en posición inicial de verso, como también por tratarse del primer término que lo describe. Además, la última palabra referida a Lauso en la obra es natus
(Aen. 10.906), sinónimo de filius, que cierra el diseño del personaje en un quiasmo semántico que cubre la totalidad de su participación en la trama argumental369. La persistencia del motivo señala su relevancia como parámetro identitario, pues la jerarquización de los dos sinónimos no depende de variables azarosas, sino de una consciente estrategia del autor: Lauso es un hijo, igual que Palante, Ascanio y también Eneas, con quien establece profusas relaciones intratextuales, donde resuenan muchas de sus características identitarias.
368 Tema a desarrollar en el cierre de este capítulo.
369 Basson 1984, 66, nota el mismo diseño de quiasmo sin detenerse en cuestiones léxicas, sino
argumentales; puntualmente: la cercanía material entre Lauso y Mecencio en el catálogo del séptimo canto y en la solicitud final del etrusco, que pide a Eneas compartir el sepulcro con su hijo.
A continuación, se menciona su belleza mediante el empleo de pulcher, adjetivo referente a una cualidad física que es expresión y trasunto de un bien moral370: la belleza física del joven traduciría el espíritu de su intachable personalidad, ya que, a diferencia del caso de Euríalo, en esta oportunidad no hay ningún elemento que relativice el valor de pulcher. El quinto atributo mencionado en el catálogo, dignus, funciona en este mismo sentido, pues si bien se relaciona, en un nivel literal, con los méritos propios de una persona371, su filiación etimológica con el concepto abstracto de decus amplía su campo semántico, abarcando acepciones vinculadas con la perfección y la plena realización del potencial de cada ser372. Ambos adjetivos poseen una carga semántica innegablemente positiva y contribuyen a caracterizar a Lauso de manera benéfica.
Entre estos atributos se ubica un verso que merece una lectura pormenorizada, pues presenta un concepto de cardinal importancia para la obra: Lausus, equum domitor debellatorque ferarum (Aen. 10.651). La descripción diverge de las anteriores, en tanto, en lugar de centrarse en los rasgos de Lauso, se desplaza hacia sus actividades cotidianas, que también incluyen un potencial descriptivo aprovechado por Virgilio. El verso en cuestión presenta al joven en control del aspecto salvaje de la naturaleza italiana, domando caballos y sometiendo fieras. En particular, el uso del lexema debellare resulta sumamente significativo373, considerando que todas sus apariciones en la Eneida se vinculan con la empresa heroica de Eneas:
…lectos iuuenes, fortissima corda, defer in Italiam. gens dura atque aspera cultu
debellanda tibi Latio est…
(Aen. 5.729-731). tu regere imperio populos, Romane, memento
(hae tibi erunt artes), pacique imponere morem, parcere subiectis et debellare superbos
370 El sentido moral del término pulcher ha sido detalladamente analizado en el apartado “La belleza de
Euríalo” del capítulo anterior.
371OLD, 542: “Appropiate, suitable, worthy”. Cuccioli Melloni 1985, 66 detalla: “In dignus prevale un
senso di paragone (…) oppure prevale un senso di merito…”
372 La etimología de dignus es desarrollada por el DÉLL, 166-167: “À decet se rattachent deux substantifs:
decus, decor, et un adjectif: dignus”. A su vez, se detallan ciertos sentidos de este término,
problemáticamente plurisémico: “bienséance, décence, dignité”. El OLD, 495 amplía: “A particular source
of honour, distinction, glory”. A su vez, Laurenti 1985, 11 define decus: “…indica la bellezza, la
completezza, la realizzazione più piena della cosa: sul piano più alto, la dignità, la bellezza morale”.
373 La segunda entrada del OLD, 486, define debellare como: “To fight into subjection, subdue”. El empleo
de debellator (considerado una innovación virgiliana por Horsfall 2000, 428), demuestra la intencionalidad
del entramado intratextual entre los tres fragmentos involucrados, ya que Virgilio recurre a la sustantivización del verbo debellare, en lugar de utilizar el canónico bellator, reiterado en seis oportunidades a lo largo de la obra (Aen. 9.721, Aen. 10.891, Aen. 11.89, 553,700, Aen. 12.614).
(Aen. 6.851-853). El primer fragmento se extrae de la visita de la sombra de Anquises en el canto quinto, cuando el anciano detalla a su hijo sus futuros deberes heroicos. El segundo se sitúa dentro de una alocución más extensa del mismo personaje, ubicada en la catábasis del canto sexto. Los dos consejos representan el lema que guía la empresa fundacional de Eneas: avanzar a través del sometimiento de los pueblos salvajes italianos y de los soberbios, que amenazan la prosperidad de la misión troyana374.
Lauso también encarna este ideal civilizador (si bien impone ciertas modificaciones al modelo), pues cumple con los dos requisitos. En primer lugar, como domador de fieras y de caballos, domestica el salvajismo de las tierras italianas supuesto en la primera alocución de Anquises375 (panorama que, por otro lado, está problematizado en la misma presencia de rasgos civilizadores en Lauso, nativo de Italia). En segundo lugar, cumpliendo los objetivos planteados en Aen. 6.853, pacifica al soberbio Mecencio, que, gracias a él, sufre un cambio sustancial en sus últimos instantes de vida376. Así, el rasgo
374 Puntualmente, Turno y Mecencio. Ver Lloyd 1972, 130: “There are at least six direct uses of the epithet
superbus in connection with the name of Turnus and those close to him”. En la EV también se destaca este
aspecto del antagonista: “Assieme all’audacia, alla fiducia, al furor e alla superbia, la uiolentia è dunque un tratto distintivo del personaggio…” (Traina 1990, 548). La soberbia de Mecencio es expresada por Evandro: hanc multos florentem annos rex deinde superbo / imperio et saeuis tenuit Mezentius armis (Aen. 8.481-482) y por Eneas, después de matarlo y expoliarlo: …haec sunt spolia et de rege superbo (Aen. 11.15).
375 Anquises menciona la rudeza de los habitantes de Italia a través de dos adjetivos: asperus y durus. Durus
señala, por un lado, capacidad de resistencia (tercera entrada del OLD, 582: “Hardy, robust, capable of
endurance”); pero posee otros matices menos favorecedores, por ejemplo, el de la quinta entrada: “Harsh, pitiless, hard” o la décima: “Hard to bear, severe, oppressive”. Asperus también rige una larga lista de acepciones negativas, que denotan aspereza (tercera entrada), dificultad (cuarta entrada), violencia (décima entrada). De acuerdo con el referente que tiene en el pasaje transcripto, corresponde citar la novena entrada del OLD, 183: “Violent, fierce, cruel, savage, pitiless(of persons, etc.) (of animals); (of horses) not fully tamed or broken in. (of battles, wars) bitterly fought, hard fought”. En el transcurso de su artículo, Saylor 1974, 256, plantea que la presentación de las tropas enemigas en el catálogo del canto siete de la Eneida
contrapone el orden de los troyanos al individualismo desorganizado de los locales, reforzando esta escisión: “Viewed in conjunction, the two catalogues give formal expression to the difference between the Latins and Latinus on the one hand, whose view of Italian civilization is essentially individualistic, lawless, anarchic, and thus disorderly, and the Etruscans and Evander on the other, who see the same civilization as originally politic, regulated by law, well governed and thus orderly”.
376 Burke Jr. 1974, 208, nota tres aproximaciones distintas a la figura del etrusco: “We have progressed
from the one-sided, subjective account of Mezentius’ character given by Evander to the objective descriptions of the battle scenes and are finally here shown this complex character stripped, as it were, of his defenses; Mezentius exposes a hitherto inactive component of his personality, his love for his son.” Gotoff 1984, 198, habla de “character development.” Nugent 1999, 259: “…the extraordinary power of his love for and sense of obligation to his son is not just ennobling but ultimately salvific”. Conte 2007, 163, resume, en pocas palabras, el modo en que opera el cambio en Mecencio mediante la estrategia de contradicción: “…the reader is thus exposed to a crisis of doubt, engaged in difficult choices, and obliged to accept even what would appear in itself unacceptable”. Tempranamente, Sullivan 1969, 219, había planteado su dualidad: “…he is at the same time a great warrior and a father whose love for his son redeems him in the end…”
domesticador de Lauso sobrepasa el ámbito de la naturaleza, donde se ubican los receptores literales de su accionar civilizador (fieras y caballos), superando también el nivel literal. El salto cualitativo entre las fieras y caballos de Aen. 7.651 y Mecencio se justifica al considerar la unidad identitaria entre el etrusco y su caballo, expresada en la existencia de un destino afín a ambos377. Esta proximidad supone una animalización del guerrero, que avala su identificación con las fieras domeñadas por Lauso y, además, permite incluirlo en el grupo de seres comprendidos dentro de la primera frase que describe a su hijo como un agente civilizador: equum domitor378.
En definitiva, el lexema debellator construye un personaje portador de una cualidad heroica insoslayable, que lo aproxima a Eneas379, innegable héroe civilizador: la capacidad de ordenar el caos380. La efectiva aplicación de este modelo, el acto civilizador,
se concreta acaecida la muerte de Lauso, como un sacrificio, punto sobre el que
377Aen. 10.861-865: ‘Rhaebe, diu, res si qua diu mortalibus ulla est, / uiximus. aut hodie uictor spolia illa
cruenti / et caput Aeneae referes Lausique dolorum / ultor eris mecum, aut, aperit si nulla uiam uis, /
occumbes pariter… Sobre la cercanía del guerrero y su caballo, ver De Cuenca 1991, 21. Glenn 1971, 140-
148, desarrolla los vínculos entre Mecencio y Rebo, planteando una posible intertextualidad con la figura homérica de Polifemo, y concluye que la presencia de este animal sirve para enriquecer al personaje, pues, paradójicamente, muestra su dimensión más humana (particularmente, pp.141-142). Jones 1977, 53, sostiene que la animalización de Mecencio (a quien se le aplican términos relacionados con la bestialidad) motiva su denodado aislamiento, respecto de su hijo y de su pueblo: “…Mezentius is effectively isolated from his son, his kingdom, and his race. It is, therefore, comprehensible that at Aeneid 10. 717-718, Vergil would apply to him terms more simply and readily applicable to an animal”. Este crítico realiza un valioso aporte al distinguir las características animales del tirano. Sin embargo, disentimos de su posterior conclusión (el ostracismo del etrusco), que ignora las numerosas muestras de cercanía con Lauso. La misma reflexión ya se encontraba en Benario 1967, 35: “It is quite clear that the animal was, other than Lausus, the only object of the old man’s affection…” La Penna 1988, 514 aporta una interpretación basada en el carácter tiránico de Mecencio: “Concordemente col cliché storico opera in V. un concetto base della polemica antitirannica: il concetto platonico, ripreso anche da Cicerone, secondo cui il tiranno è un uomo che è mosso soltanto dai suoi istinti ferini, ha rinnegato ciò che innalza l’uomo al di sopra della bestia, ed è ridotto, quindi, al livello delle bestie feroci”.
378 Según la primera entrada de domitor en el OLD, 517, el término se aplica a quien domestica animales:
“One who tames, schools (animals), a trainer.” No obstante, las demás acepciones poseen un matiz civilizador en términos que superan la esfera de la naturaleza: “One who wins victory (over people, countries, etc.), a conqueror, subduer.” De esta manera se puede apreciar la estrecha vinculación con el campo léxico de debellare. Zaffagno 1988, 124, nota su connotación violenta: “Entra in tal modo in
concorrenza con verbi di provenienza diversa (capere, coercere, frenare, mansuefacere, subigere, cogere,
lenire, vincere, opprimere, ecc.), che comunque in qualche modo evidenziano un’azione di forza”. Resulta
iluminadora la siguiente frase de Springer 1987, 312, empleada para referir la caracterización de Héctor en
la Ilíada como domador de caballos, pero perfectamente extrapolable al caso de Lauso: “Homer chooses
an epithet suggestive of Hector’s role not as a warrior but as defender of the city, the bastion of human culture which controls and dominates nature”.
379 Defendemos esta postura, en lugar de otras, que vinculan a Lauso y Turno; por ejemplo, Genovese 1975,
25: “Because of his youth and wildness, Lausus is a Turnus figure who, dying, receives respect from Aeneas…” o Benario 1967, 31: “Lausus is, in his physical presence, a vicarious Turnus”.
380 En relación con este tema, ver Eliade 1967, 36: “Un territorio desconocido, extranjero, sin ocupar (lo
que quiere decir con frecuencia: sin ocupar por «los nuestros»), continúa participando de la modalidad fluida y larvaria del «Caos». Al ocuparlo y, sobre todo, al instalarse en él, el hombre lo transforma simbólicamente en Cosmos por una repetición ritual de la cosmogonía”. También Azara 2000, 159: “…la fundación de la –o de alguna– ciudad sucede a –o es consecuencia de– una lucha con un monstruo que todo hace pensar encarna valores negativos y obscuros”.
retornaremos más adelante, pues presenta relevantes divergencias con la resolución de la tarea heroica, tal como la emprende el protagonista, que podrían apuntar al surgimiento incipiente de un nuevo modelo heroico.
En conclusión, en los seis versos dedicados a la presentación de Lauso sobresalen los rasgos positivos: no solo la belleza física y espiritual, sino también el compromiso con su progenitor e, incluso, una importante característica que solo él comparte con Eneas, protagonista y héroe modélico: el carácter civilizador. Este cúmulo de circunstancias positivas genera una fuerte tensión dramática, pues contrasta con el final del personaje, adelantado en los versos de Aen. 7.652-653, donde se evidencia la futilidad de su participación en la guerra, mediante el proléptico empleo del adverbio nequiquam.