¿Qué es entonces la verdad? Un hueste en movimiento de metáforas, metonimias, antropomorfismos, en resumidas cuentas, una suma de relaciones humanas que han sido realzadas, extrapoladas y adornadas poética y retóricamente y que, después de un prolongado uso, un pueblo considera firmes, canónicas, vinculantes; las verdades son ilusiones de las que se ha olvidado que lo son, metáforas que se han vuelto gastadas y sin fuerza sensible, monedas que han perdido su troquelado y no son ahora consideradas como monedas, sino como metal. Nietzsche (1996, p.25)
El estudio del síndrome de burnout en revisión
En este capítulo se muestran los resultados de la revisión de los estudios del burnout. Primero, se presenta el desarrollo histórico de los estudios y publicaciones sobre el síndrome de burnout, haciendo uso de fuentes primarias y secundarias. En un segundo momento, se presenta la revisión de las fuentes primarias sobre el desarrollo conceptual del burnout. El primer estudio que se presenta es el de Cristina Maslach, quien ha estudiado el burnout por más de cuatro décadas llegando a una conceptualización multidimensional del síndrome y el modelo mediacional, además de diversos métodos de evaluación. En segundo lugar, se presenta el estudio del burnout realizado por Pedro-Gil Monte, quien dio al burnout una denominación en español: Síndrome de Quemarse por el Trabajo (SQT); este desarrollo ha sido en su mayoría enfocado en Iberoamérica, creando una definición también multidimensional, en la cual se incluye entre los componentes emocionales la culpa y su herramienta de evaluación. El tercer estudio a presentar es de Ayala Pines; ella empezó trabajando el burnout en la década de los 80 en búsqueda de la comprensión del síndrome y a comienzos de los 90 presentó su modelo existencial del burnout y un cuestionario para la valoración del burnout. El cuarto estudio que se presenta es él de Anthony Dworkin quien equipara el burnout con la alienación entendida desde una perspectiva psicosocial. Se continua presentando los estudios de burnout en función de cuestiones conceptuales, disciplinares y paradigmáticas. Adicionalmente se visualiza como autores representativos en el estudio del burnout buscan
responder a la dificultad de diferenciar el burnout de otros conceptos como el estrés, la depresión y la fatiga que suelen tener límites conceptuales difusos.
El desarrollo histórico de los estudios y publicaciones sobre el síndrome de burnout.
A comienzos de la década de los años setenta, emergió un interés en un fenómeno que para esta época se denominó burnout. Eso condujo a un gran número de investigaciones que suscitaron diversas lecturas en el intento de delimitar el concepto y generar modelos explicativos. De allí se pasó a un acentuado interés en la evaluación y el diagnóstico del fenómeno, lo que permitiría generar estrategias eficaces de prevención e intervención. Weber y Jaekel-Reinhard (2000), observaron que el interés público en el fenómeno ha aumentado en países industrializados, lo que se relaciona con un auge de la atención que los medios de comunicación le prestan; un ejemplo de esto es una serie de Talk shows en la televisión alemana (transmitida también a nivel internacional por el canal Deutsche Welle), sobre el burnout, presentada en 2011. Allí se hizo público que en Alemania los casos de personas con síntomas de burnout en el lapso de 20 años (entre 1990 y 2010) han aumentado a más del doble y actualmente hay entre 20 y 25 % de los trabajadores en riesgo de padecer burnout, consecuencia de las altas demandas del mundo laboral en transformación, según información obtenida de 700 empresas por el experto en salud laboral Traut (Illner, 2011).
La INSHT (2006a) afirma que en 1990 cuando se realizó la Primera Conferencia Europea sobre Burnout Profesional, realizada en Polonia, se registraron un total de 2500 artículos publicados. Schaufeli y Enzmann (1998) citados por Schaufeli y Buunk (2003), presentan los siguientes datos de publicaciones sobre burnout: entre 1975 y 1980 el número anual de publicaciones aumentó de 5 hasta más de 200 por año; a finales de 1980 la tasa de publicación se incrementó a 300. Por su parte Schaufeli y Buunk (2003) plantean que para el cambio de siglo habían surgido más de 6000 publicaciones sobre el burnout; este aumento sustancial desde 1980 es explicado por la creación y publicación del Maslach Burnout Inventory (MBI) de Maslach y Jackson en 1981.
El desarrollo conceptual sobre burnout ha sido dividido en dos grandes momentos. El primer momento, fase pionera, inicia con la introducción del concepto por Freudenberg y Maslach en 1974 y dura más o menos hasta 1980. En esta etapa los estudios estuvieron centrados en la
descripción clínica del burnout. El segundo momento, fase empírica, se da a partir de 1980 y presenta un énfasis en la investigación sistemática, particularmente en la evaluación del burnout (Maslach, 1993; Schaufeli y Buunk, 2003).
Para Schaufeli y Buunk (2003) en la fase empírica se presentan siete tendencias: 1) el uso del MBI, que se convierte en el instrumento más utilizado en las investigaciones; 2) la internacionalización del estudio del burnout, dado que comenzó a llamar la atención de países diferentes a Estados Unidos, iniciando con países de habla Inglesa como el Reino Unido y Canadá, pero pronto seguido por los países del continente europeo (Alemania, Francia, Suecia, Finlandia, Noruega, España, Polonia, Italia y los Países Bajos) y de Asia (Israel, Jordania, China, Taiwán y Japón); 3) la mayoría de las investigaciones se centraron en personal dedicado a trabajos orientados a los servicios humanos tales como profesionales de la salud, de la enseñanza, del trabajo social, entre otros; 4) el foco de atención cambió de las características individuales hacia las condiciones de trabajo, como los puestos de trabajo y los factores organizativos; 5) el rigor metodológico de la investigación sobre burnout mejoró mediante el uso de diseños longitudinales en lugar de diseños transversales con el fin de estudiar el desarrollo del síndrome en el tiempo; 6) tradicionalmente las investigaciones sobre el burnout no se habían centrado en los aspectos teóricos, ante lo cual surgió un número creciente de modelos conceptuales comprensivos que propusieron vincular el burnout con las teorías psicológicas y por último pero no menos importante, 7) en los años recientes, después de la revisión realizada por Schaufeli y Buunk (2003), el concepto de burnout se complementa y amplía por la antítesis positiva de job engagement, abarcando todo el espectro del bienestar de los trabajadores que va desde estados negativos (burnout) a positivos (engagement).
Se plantea que la primera descripción sistemática y la denominación del fenómeno como burnout fueron realizadas por el psiquiatra estadounidense Herbert Freudenberger en 1974, quien trabajaba en una clínica en Nueva York con jóvenes adictos a drogas; el término era usado de manera coloquial para referirse a los efectos del abuso crónico de drogas; él autor denominaba burnout, a lo encontrado por medio de una observación realizada a un grupo de voluntarios que trabajaban en el área de salud, y que después de determinado tiempo empezaban a experimentar un cansancio emocional unido a una pérdida de motivación, tales como la pérdida de dedicación, del compromiso laboral y del interés por los pacientes, acompañada de algunos síntomas físicos (Maslach y Schaufeli, 1993). En la misma época, en 1974, Maslach, en su calidad de psicóloga
social e investigadora en la Universidad de Berkley, estaba interesada en el afrontamiento emocional en trabajadores asistenciales y se aproximaba al fenómeno por medio de una investigación en la cual estudiaba como las personas se enfrentan a la activación emocional en el trabajo. Al describir lo observado durante la investigación, encontró que este fenómeno también había sido reconocido por abogados quienes también lo denominaban burnout, de esta manera se adoptó el término en el estudio del fenómeno (Maslach, 1993).
Schaufeli y Buunk (2003), consideran que la experiencia del burnout como tal es probablemente universal y ha existido en todos los tiempos; para demostrarlo presentan varios ejemplos previos a la década de los 70 del siglo XX en los cuales se puede rastrear el fenómeno; el primero y que reportan como probablemente el más antiguo escrito en el que "burnout" se relaciona con el agotamiento, viene de Shakespeare, de una recopilación de 20 de sus poemas, de 1599, titulada El Peregrino Apasionado; otro ejemplo más reciente pero anterior al descubrimiento del burnout en los entornos profesionales, fue la novela de Graham Greene A Burn-Out Case (Un caso acabado) escrita en 1960, la triste historia de Querry, un famoso arquitecto atormentado espiritualmente, cínico y desencantado. Un tercer ejemplo presentado y considerado por ellos como el más ilustre de burnout está en Avant-la-lettre, el estudio de caso de una enfermera psiquiátrica, la señorita Jones, publicado por Schwartz y Will en 1953. De la misma manera Kaschka, et. al., (2011), plantean que en la Biblia ya se encuentran indicios sobre el fenómeno, como por ejemplo en el antiguo testamento en el Éxodo 18, 17 -18 (Moisés nombra otros jueces) o con Elias Müdigkeit (El cansancio de Elías).
Con esto se puede concluir que el inicio del estudio del fenómeno como burnout no implica que el fenómeno no existiera antes de la década de 70, pero es a partir de este momento que el síndrome como tal toma un lugar en las investigaciones académicas. Esto podría deberse al sustancial aumento en la aparición de los síntomas que conducen al incremento del síndrome; era la época de los 70’, un momento de cambios profundos en los países industrializados quienes también son los pioneros en el estudio de esta problemática.
En la década de los 80, Pines y Maslach plantean que el burnout no es exclusivo de un grupo particular de individuos; sin embargo, encuentran que se presenta mayormente en profesionales de la salud y de servicios, donde los funcionarios están obligados a trabajar intensamente y en forma continua con personas en situaciones que pueden ser emocionalmente demandantes. Así, las personas que pasan gran parte de su tiempo trabajando en estrecha
colaboración con otras personas pueden desarrollar agotamiento emocional y cinismo, una pérdida gradual de preocupación y actitudes insensibles y deshumanizadas hacia los pacientes. También pueden a veces mostrar sentimientos negativos hacia su mismo trabajo como ayudante profesional o respecto a la atención que están dando. (Pines y Maslach, 1980).
El cansancio emocional del burnout puede tener efectos perjudiciales en el desempeño laboral del individuo como por ejemplo mayores índices de ausentismo y rotación; también puede incidir en aspectos de su salud, tales como aumento del agotamiento físico, síntomas psicosomáticos y una mayor vulnerabilidad a sufrir de enfermedades (Pines y Maslach, 1980). Además, puede afectar seriamente el bienestar psicológico y la capacidad de relacionarse no sólo con los destinatarios del servicio profesional sino con otras personas en la cotidianidad. De igual manera, indican que las investigaciones que han realizado muestran que las causas del burnout no residen tanto en los rasgos de personalidad del individuo, sino en las condiciones de trabajo y las presiones derivadas de la relación entre la ayuda profesional y los beneficiarios (Pines y Maslach, 1980).
En 1981, Pines y Maslach se distancian mutuamente en sus lecturas del síndrome de burnout. Así Pines, Aronson y Kafry (1981) citados por Román (2003) plantean que el síndrome de burnout se produce por el tedio ocupacional y sus consecuencias emocionales debido a características internas del trabajo (ausencia de variedad, de autonomía y significación de éxito) y externas (ambiente de trabajo, relaciones laborales, apoyo), considerándolo, así como un agotamiento emocional y físico (Pines y Kafry, 1981). La diferencia radica en que Pines crea una comprensión unidimensional del fenómeno igual a la propuesta por Freudenberg en 1974, mientras en los desarrollos de Maslach el burnout es comprendido de forma multidimensional (Maslach, 1993).
Para la misma época Maslach y Jackson (1981) definen el burnout como un síndrome de agotamiento emocional, un aspecto clave del síndrome, en el cual - a medida que los recursos emocionales se agotan - los trabajadores sienten que ya no son capaces de dar de sí mismos en un nivel psicológico; otros de los aspectos que mencionan es el cynism, inicialmente traducido al español como despersonalización, en el cual se desarrollan actitudes y sentimientos cínicos y negativos hacia los clientes. Maslach y Jackson (1981) consideran que estas reacciones negativas hacia los clientes pueden estar relacionadas con la experiencia de agotamiento emocional, planteando así una relación entre estos dos aspectos del burnout. Adicionalmente, se plantea como
tercer aspecto la tendencia a evaluarse a sí mismo negativamente, especialmente en relación con el trabajo hacia los clientes. Los trabajadores se sienten descontentos consigo mismos e insatisfechos con sus logros en el trabajo. De aquí se desprende la definición del burnout como una respuesta psicológica al estrés laboral crónico, que compromete tres dimensiones: agotamiento emocional, despersonalización y pérdida de logro o realización personal, todas ellas referidas a la relación entre el individuo y el ámbito laboral (Maslach, 1993).
Esta definición se convirtió por muchos años en la más aceptada, extendida, retomada y contrastada (Alderete, Pando, Aranda y Balcázar, 2003; Hermosa, 2006; Moreno-Jiménez, Arenillas, Morante y Garrosa 2005; Moriana y Herruzo, 2004; Olivares y Gil-Monte, 2009; Schaufeli, 2005).
Sin embargo, otros autores argumentan que la definición planteada por Maslach no fue el resultado del análisis teórico del fenómeno que permitió comprenderlo y el cual contribuiría como punto de referencia para su medición, sino todo lo contrario, el fenómeno ha sido definido desde una de sus múltiples estimaciones psicométricas como por ejemplo con el Maslach Burnout Inventory (MBI). Adicionalmente, al realizar estudios de validación psicométrica se presentan resultados contradictorios sobre la validez factorial del MBI, (Gil Monte, 1999a; Moreno- Jiménez, 2007; Oramas, González y Vergara, 2007).
Maslach (1993), contra argumentó explicando que cuando la comprensión de un fenómeno surge desde la experiencia real dando lugar a la construcción de un modelo teórico el proceso es diferente que cuando se hace a la inversa. Además, plantea que los fenómenos en si son complejos y pueden ser trabajados desde diversos modelos teóricos, puesto que la lectura que se haga de la problemática depende de las perspectivas particulares. Por ejemplo, desde una perspectiva clínica se puede conceptuar el burnout en términos de depresión, pero desde una perspectiva organizacional se pueden hacer aproximaciones desde la satisfacción laboral.
La conformidad con esta concepción multidimensional del burnout según Gil-Monte y Peiró, (1999b), Maslach y Schaufeli (1993) y Schaufeli y Buunk (2003), pudo estar apoyada por la investigación realizada por Perlman y Hartman (1982), en la cual se analizaron más de 48 definiciones sobre el burnout generadas entre 1974 y 1981; en esta revisión encontraron que la mayoría de ellas, se centraba en muchas ideas, sugerencias y propuestas acerca de las causas del burnout y qué debe hacerse al respecto. Sin embargo, solo 5 artículos tenían todos los datos empíricos más allá de una anécdota ocasional o historia clínica personal, con lo cual concluyeron
que el síndrome de burnout es una respuesta al estrés crónico que consta de tres componentes: agotamiento emocional y físico, baja productividad laboral y una excesiva despersonalización; esta definición estaba en consonancia con la definición elaborada por Maslach y Jackson (1981/1986) como resultado de la factorización del MBI, conllevando - como se ha planteado anteriormente - su uso en muchas investigaciones (Gil-Monte, 1999b; Maslach y Schaufeli, 1993, Schaufeli y Buunk, 2003).
Adicionalmente, la aceptación que se dio a la definición construida por Maslach y Jackson (1981) estuvo muy ligada a la percepción de coherencia que había entre la definición y la operacionalización del síndrome de burnout hasta el punto que hoy en día, se sigue utilizando en muchas investigaciones esta definición del síndrome y su instrumento (Gil Monte, 1999b; Gil Monte, 2007; Moreno-Jiménez, 2007).
De acuerdo con lo planteado por Gil-Monte (2007) y Moreno-Jiménez (2007), en la misma década de los 80, surgió la fuerte preocupación por evaluar el burnout encontrando varios instrumentos entre ellos el Staff Burnout Scale for Healt Professionals (SBS-HP) elaborado por Jones (1980), el cual se centra en el cansancio emocional. En 1981, Pines, Aronson y Kafry construyen el Tedium Measure (TM), el cual evalúa el agotamiento emocional, físico y mental producido por el tedio ocupacional. Sin embargo, este instrumento se deriva de un concepto más amplio, por lo cual no cumplía con la validez esperada. Otro instrumento de evaluación creado fue el elaborado por Maslach y Jackson (1981), el Maslach Burnout Inventory (MBI), que le dio fuerza a la definición creada por Maslach dado que se planteaba que este instrumento logra conceptualizar y operacionalizar el síndrome (Gil-Monte, 2007; Moreno-Jiménez, 2007).
No obstante, al realizar estudios de validación psicométrica del MBI se presentan resultados contradictorios sobre su validez factorial, y a su vez se detectó que este instrumento solo estaba orientado a profesiones asistenciales y al ser usado en otros contextos arrojaba resultados extraños, lo que según un estudio realizado por Leiter y Schaufeli (1996) requería de la unificación de la dimensión agotamiento emocional y despersonalización (Gil-Monte y Peiró,1999a, Moreno-Jiménez, 2007, Pinto, 2006; Oramos, González y Vergara, 2007).
En el intento por superar esta dificultad y sobrepasar las limitaciones sobre la validez factorial y con la evidencia de que el burnout no era un proceso que se daba exclusivamente en profesiones asistenciales, fue creado el Maslach Burnout Inventory-General Survey (MBI-GS) por Maslach, Jackson y Leiter en 1996 (Moreno-Jiménez, 2007). Según Olivares y Gil-Monte
(2009) este es “una nueva versión del MBI, que presenta un carácter más genérico, no exclusivo para profesionales cuyo objeto de trabajo son los servicios humanos. Aunque se mantiene la estructura tridimensional del MBI” (p.191). Esta nueva medición implica la redefinición del síndrome conceptualizándolo como crisis en la relación con el propio trabajo, sin que signifique necesariamente una crisis de las relaciones con las personas en el trabajo. Al igual que el cuestionario inicial MBI, el MBI-GS abarca las tres dimensiones del síndrome con unas modificaciones en sus definiciones (Moreno-Jiménez, 2007; Olivares y Gil-Monte, 2009). Esto llevó a un cambio del enfoque en el estudio del fenómeno desde lo profesional hacia una lectura desde el trabajo, llegando hasta el modelo de mediación del burnout de Leiter y Maslach (2004). Con las dificultades en la construcción teórica del síndrome de burnout Maslach y Schaufeli (1993), realizan una serie de cuestionamientos conceptuales. El primero gira en torno a la cuestión de una posible diferencia del burnout de otros conceptos como estrés laboral, fatiga, depresión o insatisfacción laboral y si esto es algo que debe ser resuelto. Ante esto, Maslach y Schaufeli (1993), argumentan que su diversidad en causas, síntomas, definiciones y consecuencias contribuye mucho a la confusión de la especificidad del burnout, llevando en algunos casos a trabajarlo igualmente que la fatiga, el estrés, la tensión, la ansiedad, entre otros, pero apoyan la diferenciación del síndrome de burnout. Cox, Kuk y Leiter (1993) plantean que estas confusiones se deben a dos causas en particular, una es el nivel del discurso común y el nivel de la definición científica y de evaluación, que surge desde una cuestión práctica y no académica; adicionalmente indican la posibilidad de que se trata de un mismo fenómeno leído desde diversos referentes, lo que proporciona diferentes niveles de análisis del problema.
El segundo cuestionamiento, pregunta por los límites del síndrome de burnout: ¿se restringe simplemente a las profesiones asistenciales o implica también otras profesiones? Ante esto, los investigadores Maslach y Schaufeli plantean que las investigaciones en burnout inicialmente se realizaron con profesionales de la salud, lo que llevó a encontrar el núcleo del síndrome en las relaciones interpersonales asimétricas. Esto impulsó investigaciones en otras ocupaciones que tienen esta característica en la interrelación. Los resultados amplían el marco de profesiones, incluyendo policías, trabajadores sociales, docentes, entre otros; sin embargo, no quedan allí, ya que - como Maslach y Schaufeli (1993) afirman - los orígenes del síndrome se encuentran en la situación laboral del trabajo.
Como un tercer y último cuestionamiento, se plantea si existen criterios de diagnóstico de burnout que permitan ser identificados en el individuo. Las autoras señalan que esto depende del tipo de definición, pero más allá de esto si se habla de diagnóstico se puede decir que sí, porque