E
'iT.\ es (011 toda segurid,1.d la pregunr,l 111 .. 1s importante que puede plantear<,e el 'i<:r humano, pues conociendo su respuesta podremos CtKont:rarle d justo sentido a nuestra vida y actu;:ir t.n consccuencia.Re.1lmente c,omos una T rinida.d frirmada por tres parte<;:
CUERPO, MENTE Y ALMA
Sobre el cuerpo no hay mud1..1s cos,1s que explicar. Lo mas impon.mtc es que coru.tituyc.: nuestra pam: ffsic..1, y gracias a él podemrn, movernos d1.: un sitio r�u-a ou·o dentro de un
plmo rern:nal u n:latirn, .isí cnmo cxperi,m:ntar infinidad 1.k
sensaciones distrnta,.
Aquí es donde entra en juego nuestra mente, o conjunto de capacidades no pencm:cicmc<, al plano fisko. ¿Qué hact: mos con el cuc.:rpo: ¿Quién lo dirige? ¿Qué sen .. 1 dt: nue�tro cuerpo si no tu\'Íc.:scmos capacidades mentales?
En dectn, me estoy refiriendo a nuc:srra mentt: como «cti rectora de la orquata,>. Gracia� a ella podemos elegir qut.: ha
104 lv\J\ilÓ:S: Ct\MP/\YO
Elegir es algo que hacemos de forma consciente, y esto nos hace scr libres aunque ciertamente. no siempre elijamos la me jor opción. 1\riuchas veces no habrá, aparentemente, elecciones buenas entre las que escoger, }' toJas nos pan:ccrán malas. No obstante, si elegimos la mejor opción, o la menos perjudicial para nosotros, o si no siendo es1:a opción se trata de otra que p�n sábamos seda la mejor, aunque finalmente nulo fuese, ¿qué sentido ticne entonces sufrir? ¿Por qué y para qué haú.:rlo?
La respuesta de:
Suft'imos porr¡ttt: no tenemos otra opc1ón
no es correcta, pue-, de todos es conocida la existencia de otras cultura."I donde incluso se celebra el fulkcimiento de los !>eres queridos. Todo dcpc.ndc de la educación que hayamos recibido aJ respecto, puesro que nuestro pensamiento, tal y como ya hemos 1.:xplicado, se basa en reacciones aprendidas en esta vida, bien porque nos hayan sido inculcadas, o bien porgue se las hayamos visto hacer a otros,
En nuestra mente, y más concretamente gracias a nuestros
pensamientos, surge un tremendo poder de creación, de
forma que gracias a pensar no nos limitamos simplemente a
tomar una decisión, sino que tambi¿n estamos dando los pti mcrus pasos par.1 crear una realidad mucho más amplia y pro
funda. Estamos creando nue\'as posibilidades, nuéYas sirua
ciones v nuevas circunstancias que en el futuro se cruzarán en nuestra vida. Somos creadon:s auténticos, ilimitados. Solo es
cuestión de saber esperar manteniéndolos intJcros, )' compro baremos cómo todo d universo conspira a m1cstru favor para
que sc conviertan en nuesn·a realidad.
�
SER FLLIZ DrT'E"JDE DE TI 105
La mayoría de 1� personas saben muy poco, o nada, acerca del poder creador de los pensamientos, y muchos in cluso los confunden con la imaginación. A on-os les parecerá demasiado bonito saber que tienen «la sartén por el mango», y simplemente se negarán a creerlo, puesto que algo así no puede depender de ellos. Para un tercer grupo se tratará de un.1 responsabilidad demasiado importante como para que tengan que mostrarse activos y tomar responsabilidades tan trascendentales para sus vidas, por lo quc lo mejor será de jarse llevar por la coniente popular sin improvisar nada. Un cuarto grupo razon,u-:i que para qué va a pensar en c.c;tas co sas, y finalmente, un reducido grupo de personas será cons cienre de su poder de creación y sabrá crear su n:aliJad de este modo, no de forma inconsciente o aleatoria, como su cede en los demá.c, casos.
Cuántas personru., �in embargo, han llegado a conclusio nes sumamente positivas sobre la fücra de los pcnsamirntos y de la constancia:
El que la sigue In consi.._¡:¡ue.
La cnnstnucia es la c/m1e del é:icito.
Pocas personas dudarían de la certeza <le los dichos anre riores, pero ¿cómo cxplica1í:m su veracidad?
No es cuestión de suerte o de azar, es cuestión de actitud.
La suerte, llamémosla ahora como el resultado aparcntc mence más favorable, es pura creación 1mestra.
Bien, ya hemos hablado dd cuerpo y de la meme. La exis
tencia del alma es también e\;dente, pero algo más difióJ de
106 R.\J\1Ó� Lu\U',\YO
demo�tT,1r·. Aunque dijimm, que la narurakza del .,mor reque· ría a su va de la t:.'l'.istenóa dd alina, v:.1mrn, a cambiar ahora de punto de \!Sta.
No importa a qué época ,1ernal o pasada 11m. rcmontcmm, y umpoco a que país o continente lo hagamos. Fn todo1-o los c;1.<,os cncontrarcmo5 algo en común, y c:s que todas las cul turas siempre han adorado a algo. Skmpn.· ha surgido la ne cesidad de hacerlo, y se han creado dioses y religiones qw . .: en cajaban en sus formas de Ycr los cosas.
La creencia en los d10scs era ocrramcntc l.1 cxplicarn'.m de los �cnúmrnos que no se pndí.rn explicar, como el ti.1cgo o el trueno, pero c.:! hecho de que rodas las ci\ilizacioncs coinci dicscn en lo mismo, en la necc�idad de crearlos, independien temente de que postenormcntc pud1es1:n surgir rd1giom:..-. con intenciones mampuladoras, nm hace pensar que posc:emo(; algu distinto del cuerpo y de la memc que nos flll.:rza a bus car m.h allá de nucstrm 'icntidos ) de nuestra comprcnsic'm. Si no existiese el alma, nadie inttntJ.ría cxplicar un stKcso '>O· bn:natural dt.: la forma en la 4uc históricamente se h,1 hecho por todo el mundo. Sc hJ. adorado, se ha bcndt.:cido, se ha sa crif1cado, y se h,1 intenrnl.l<> contacrar con los «dio!>cs» de mu chas mam:ras distintas.
Pensemos t.:n la!> plantas. Las pl:.mt:15 ticncn una partt.: ti sica cv1deorc, pues po�een hop.s, raíces, creccn, ocupan un es p:icio, etc., e incluso también u na pequeña mcnte, puci> pa.r1:cc ser que reaccion:111 a estímulos o M.·nsaciom:s pron:nicntts dd ntc1ior, tales como d h:ibla o lJ músic .. 1, � dio puede rcper cutir en d desarrollo de su parte füica. Con solarm:nte com
pont:ntcs fiskos y mentales, nucstr-a planta nunca podría tra-
<;l-R FFI.JZ Dl:.Pl·SDE DE TI 107
tar de explicar, mediante la e.x..is1encia dt: dioses, los hechos y las sensaciones que capta.se del c.xtcriur? no ;1certase a com prender. Es más, podría 'it-ntfrse enkrma, pero sin un alma di tkilmcnte podna pensar en su mucrtc o en b lÍl' otras pbn ta5, p11ncipalmente porque c:.1reccrÍJ del -;enti.micmo para dlo, carecería del , c:rd,1dcro amor, que está muy por encima del cuerpo y de codos los semidos. De este: moJo, podría reac cionar ante estímulos prowniemes del cxrerior, pcro no caería en depresiún, ni tcndria g.ma!-. de desaparecer de este mundo, ante la mucrtl' de su l.'UiJador.
En d capítulo anterior � .1 hacíamos rdcrencia al fallel.'.i mit:mo de nue.5rm� sere!, qucrido1-o como la parte mfü, dma y amarga dr wda experiencia humJ.11�1, y también como dc mostracic'm de b infinirn cantidad dc amor quc podíamos dar. El amor es en el fondo d único 1-orntimicnto que cx.isLc, pues mdo el mundo actúa por amor hacia algo. Hasta rn1 ascsino fanático actúa por ;1mor hacia sí mismo o hacia algún ideal.
Gracias al alma podemos expresar de muchas formas dis tintas toda nuestra grand<.:ta. El alma es b enagfa que nos <.:nn1ch e, proporcinnandonos la chispa. de la ,ida, <,cría algo .1,1 como las batcrías de un juguete clfrt1ico. De modo simi la.r, los cuerpos mueren cuando el alma los abandona.
fata reflexión nos Ue\'a al principio de e.sre capímlo, ,l la pn:gunta que nrn, hacíamo� i nic1alrncnte:
¿Qué somos en n.:alidad?
¿Qué hace que un alma elija un rncrpo y luego lo aban done?
108 RAi\lÓN C..Al\lPAYO