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2. MARCO DE REFERENCIA

2.1 Reconversión productiva a palma de aceite

2.1.1 Impulso exterior

A partir del modelo de economía verde, México y otros 33 países, firman la Declaración Ministerial de Crecimiento Verde. Las recomendaciones de la Organización de Cooperación de Desarrollo Económico (OCDE) para este fin se basan en tres ejes para las políticas de crecimiento verde: 1) cambios en los precios de productos para estabilizar los impactos ambientales, 2) inversiones verdes y 3) cambio de cultivos y bioenergéticos; fomentando con ello la restructuración productiva de los campesinos y campesinas, adaptándolas a las necesidades de las empresas agroindustriales, dejando con ello la producción de alimentos básicos, reconvirtiendo las tierras para la producción de jatrophacurcas o piñón y palma de aceite (Ávila y Ávila, 2013).

En México se aprueba la Ley de Promoción y Desarrollo de Bioenergéticos (2007) con base en los acuerdos del Protocolo de Kioto y la necesidad de producir combustibles menos agresivos a la atmósfera (SENER, s.f.). De acuerdo con González y Castañeda (2008:73), dentro del contexto del mercado mundial de biocombustibles, México incursiona tardíamente con una política débil de apoyo económico y social al sector

agrícola en pequeña y mediana escala. Desde esta perspectiva, señalan que “la

producción de bionergéticos en México puede tener graves impactos a la seguridad alimentaria y a la agricultura, por el uso intensivo de suelos, agua, pesticidas, entre

otros”.

Bajo este contexto, grupos de pequeños productores/productoras son impulsados, desde el Estado y corporaciones de diferente origen, a la reestructuración de sus prácticas productivas, a partir del fomento de cultivos como el de la palma aceitera orientado a la producción de biocombustibles. La expansión de este cultivo, paradójicamente en contraposición al discurso de desarrollo sustentable que le justifica, incrementa las contradicciones sociales y ambientales, “acentúa las desigualdades

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sociales, degrada los recursos naturales, utiliza mucha energía fósil, impulsa la concentración de la tierra, debilita los sistemas locales de provisión de alimentos y reduce los márgenes de valor generado en la cadena agroalimentaria para los

pequeños productores” (Fletes et al., 2013: 204).

Con base en la demanda del mercado, el apoyo gubernamental y la disponibilidad agroecológica, proyectos de cooperación internacional, como el Programa de Desarrollo Sostenible Integrado y Sustentable (PRODESIS) el cual con participación de la Unión Europea impulsa las plantaciones de palma africana en la zona de amortiguamiento de la Selva Lacandona y de la Reserva de la Biosfera Montes Azules en Chiapas. El proyecto encuentra que cultivar palma en la región Selva se presenta como un buen negocio, debido a la alta demanda mundial de aceite de palma, las condiciones climatológicas favorables, la disponibilidad de tierras y, la cooperación del gobierno con recursos (PRODESIS, 2005), siendo este último un elemento fundamental, en tanto que sin los distinto subsidios (gubernamentales, Banco Mundial, Banco Interamericano de Desarrollo), las plantaciones de palma no son rentables (Castro, 2009).

Por otro lado, como parte del Proyecto de Integración y Desarrollo de Mesoamérica (Proyecto Mesoamérica), fuertemente cuestionado desde sus inicios por diferentes actores sociales (Cortez, 2010) y considerado una segunda fase del Plan Puebla Panamá (Zunino, 2010), se presenta como una iniciativa de cooperación internacional de diez países (Belice, Colombia, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua, Panamá y República Dominicana) para promover la inversión, la infraestructura y el desarrollo social, económico y humano; el Programa Mesoamericano de Biocombustibles se crea como una estrategia para instrumentar esquemas de producción energética descentralizada, comprendiendo la instalación de plantas de biocombustibles y la conformación de una Red Mesoamericana de Investigación y Desarrollo en Biocombustibles (Proyecto Mesoamérica, 2013). En el caso de México, para el abastecimiento de materia prima se estableció el programa de reconversión productiva que promueve el cultivo de jatropha curcas y palma de aceite para la elaboración de biodiesel (Chauvet y González, 2013).

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2.1.2 Impulso interno

Dentro de las políticas de desarrollo rural destinadas a la Región del Trópico Húmedo de México se encuentra el fomento a la reconversión productiva, cuya finalidad es

constituir “Sistemas Producto competitivos y sostenibles, que contribuyan a mejorar el

nivel de vida de la población rural" (SAGARPA, 2013). El Plan Nacional de Desarrollo de México 2013-2018, que encuentra entre sus objetivos el ser incluyente, a partir de revertir la pobreza, disminuir la exclusión e incorporar la igualdad de género, destaca la importancia de acelerar el crecimiento económico presentando como uno de sus objetivos la eliminación de las limitantes del potencial productivo del país, busca bajo la estrategia de apoyar, entre otros, la transformación productiva de los sectores tradicionales de la economía, vislumbrando la necesidad de coordinar la política de fomento económico, la infraestructura logística y la política sobre sectores estratégicos como la minería, la agricultura y el turismo.

El documento indica que “una nueva y moderna política de fomento económico debe

enfocarse en aquellos sectores estratégicos que tienen una alta capacidad para generar empleo, competir exitosamente en el exterior, democratizar la productividad entre sectores económicos y regiones geográficas, y generar alto valor a través de su

integración con cadenas productivas locales”, encontrando entre éstos sectores las actividades productivas de pequeñas y medianas empresas del campo (PND 2013- 2018: 80).

En este plan de desarrollo, la Secretaria de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (SAGARPA), señala que hacia la competitividad de la agricultura y el desarrollo rural, el sector agropecuario concentrará su accionar en cuatro ejes fundamentales: la reconversión productiva, el fortalecimiento de los recursos humanos, la modernización Institucional y el desarrollo rural. El primer eje, la reconversión productiva, plantea la meta de adecuar las estructuras productivas del sector

agropecuario al modelo de desarrollo económico del país, lo que “implica entre otras

cosas, concebir una estrategia que logre vincular a los agricultores y sus productos a los mercados; promover alianzas entre organizaciones de productores y empresas

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agroindustriales y de servicios consolidados, para lograr una producción con mayor valor agregado y una justa distribución de los beneficios con la participación activa de

los productores”. De acuerdo con la secretaría, dicho proceso, comprende además de la conversión de cultivos y reconversión productiva, cambios tecnológicos y recuperación de zonas degradadas; además de contribuir al menos a la productividad, competitividad, seguridad y soberanía, y/o un óptimo uso del suelo (SAGARPA: 2013). En este marco de desarrollo, a nivel regional, se inserta el Proyecto Estratégico del

Trópico Húmedo 2013 (PETH), cuyo objetivo específico es “impulsar y fomentar la

inversión social y privada en las zonas del trópico húmedo y sub-húmedo del territorio nacional, a través del otorgamiento de apoyos para mejorar la viabilidad financiera de proyectos de cultivos y actividades con potencial y mercado” (SAGARPA, 2013). De acuerdo con los lineamientos del PETH (Anexo XXXVI: 1), entre las actividades y cultivos que se apoyan se encuentran la palma de aceite y la jatropha curcas. En el caso de Chiapas, FIRA (2011), señala que han sido contundentes para el establecimiento de nuevas plantaciones de palma aceitera, la participación de SAGARPA a través del PETH, y del Gobierno de Chiapas, el cual desde la Secretaría del Campo participa en el establecimiento de viveros y con el Fondo Estatal de Desarrollo Comercial Agropecuario y Agroindustrial (FEDCAA) que participa con garantía líquida y fiduciaria para respaldar financiamientos.