5. ECONOMÍA Y SOCIEDAD EN ÉPOCA CLÁSICA Y HELENÍSTICA
5.1. RECURSOS ECON MICOS Y CAPACIDAD PRODUCTIVA
Las condiciones naturales del territorio de Mantinea permiten afirmar, sin reserva alguna, que los recursos de la ciudad eran fundamentalmente agrícolas y ganaderos. Esta afirmación no necesita justificación especial, dadas las características intrínsecas de la altiplanicie y su entorno. Situada lejos del mar y carente de recursos minerales significativos, su economía se basaba en la explotación de la tierra, en las diversas modaldades posibles. Los escasos testimonios relativos a los tipos de cultivo, la cría de animales y demás actividades agrícolas practicadas en las diferentes etapas de su historia, en combinación con los parámetros geofísicos y climáticos de la región, permiten, no obstante, esbozar una lista, una lista más o menos fidedigna, de los productos más importantes. Sin embargo, resulta mucho más difícil la investigación sobre la distribución de la tierra, el tipo de producción y las implicaciones sociales que, en cada época, tuvieron las relaciones de producción.
Para la época clásica, el estudio de los Hodkinson constituye una excelente lectura de los testimonios antiguos, a través de su proyección sobre la capacidad productiva de la comarca. Tomando como punto de partida el potencial agrícola de la
región, los historiadores británicos analizan los testimonios relativos al cuerpo cívico y los indicios sobre las relaciones de la población con la tierra, proporcionando una serie de interesantes conclusiones acerca de los diferentes aspectos de la estructura económica y social de Mantinea. No obstante, este trabajo tan meritorio, tanto por sus planteamientos metodológicos, como por ser pionero en este tipo de investigación con respecto a Mantinea, no deja de plantear una serie de dudas, generadas especialmente por el excesivo uso de la aritmética en forma de supuestos términos medios, que sólo indicativamente pueden corresponder a una realidad económica y social, ciertamente más compleja y fluctuante.
En su evaluación del potencial agrícola, los Hodkinson estiman que Mantinea disponía de un máximo de 90 Km2 (9.000 hectáreas) de tierra apta para el cultivo, cifra que incluye también una parte de las laderas de las colinas, supuestamente adaptadas para la agricultura por medio de aterrazamientos253. Sus datos proceden de la Oficina Nacional de Estadística de Grecia y son referibles a los censos de las 6@4<`J0J,H modernas254. Estos datos elevan la superficie cultivable en 6.897,7 ha. en
el año 1961 y en 6.250,6 ha. en el año 1971. Aún así, los datos estadísticos no corresponden del todo a una realidad geogrífica, ya que una parte del antiguo territorio de Mantinea estaba en posesión de residentes en la 6@4<`J0J" de Skopi255 (cuyo
253Los Hodkinson suponen que dicha práctica, todavía en uso en la región hasta hace pocas décadas, debió ser corriente también en la antigüedad. No obstante, esta modalidad de cultivo está recogida en las fuentes: una noticia de Isócrates (Paneg. 132) viene a confirmar esta suposición, al informarnos que los arcadios "*4 J¬< FB"<4`J0J" J−H (−H ÐD0 (,TD(,Ã< •<"(6".@:X<@LH".
254El sistema de 6@4<`J0J,H (comunidades administrativas) estuvo vigente en Grecia hasta el 1998, año de implantanci∴n del Proyecto Kapodistrias, llevado a cabo por el Gobierno griego en cumplimiento de las directrices de la Comunidades Europeas en materia de descentralizaci∴n administrativa. Con la implantación del nuevo sistema la totalidad de las 6@4<`J0J,H de la comarca se reagruparon administrativamente en una nueva entidad denominada )Z:@H 9"<J4<,\"H (Demos de Mantinea). La extensión del término municipal de la nueva entidad no coincide plenamente con la extensión del territorio de Mantinea histórica.
censo no está incluido en los cálculos de los Hodkinson) y hasta en la vecina ciudad de Tr polis. Con todo, el cálculo aproximado de 9.000 ha. podría acercarse a la realidad, en cuanto coincide, prácticamente, con el cálculo aproximado de la superficie de la llanura (incluida la de Kapsia), que se puede realizar sobre el mapa256. No hay, por tanto, motivos para dudar de la validez de las estimaciones de los Hodkinson y, en consecuencia, habría que abandonar las evaluaciones anteriores, implícitas en las hipótesis demográficas de Beloch y de Bölte257.
Sobre los tipos de cultivo, los Hodkinson ofrecen los datos estadísticos modernos (1981), advirtiendo que estimaciones sobre el volumen y los tipos de cultivo en la antigüedad no pueden ser efectuadas sobre la base de los datos actuales, tanto por motivos técnicos (introducci n de nuevas especies en época moderna), como sociales (el uso de la tierra está condicionado por factores de índole social). Esta afirmación, por lo demás evidente, no impide deducir, en virtud de las costumbes de la agricultura antigua en materia de cultivos y las condiciones geoclimáticas de la zona, que en la región predominaba el cultivo de cereales, fundamentalmente del trigo y la cebada258. Algún papel significativo podría asumir también la viticultura, atestiguada en época romana, y el cultivo de frutales, probablemente de fruto no perecedero (almendros e
256He efectuado este cálculo aproximativo sobre el mapa del Servicio Geográfico del Ejército Helénico, (GYS, edición 1991), hoja TrΡpolis (1:50.000). La extensión global, añadiendo la tierra potencialmente cultivable de las laderas de las colinas, no determinable con seguridad, podría variar ligeramente incrementándose.
257Los Hodkinson (p. 275), aplicando sus propios criterios a la teórica extensión de la finca familiar, calculan que, para sustentar el volumen de población sugerida por los dos investigadores alemanes en sus respectivas obras (BELOCH 1922, III, I, 2, 280; BOELTE 1930, 1308-1309), harían falta 17.325 y 13.365 ha., respectivamente.
258Me inclino a considerar predominante la cebada sobre el trigo por su mayor resistencia a la climatología y su mayor rendimiento (cfr. PETRONOTIS 1973, 85; 193 y nota 829 con citas bibliográficas). El predominio de la cebada se ha puesto de manifiesto también en épocas recientes (siglo XIX), para hacer frente a la presi∴n demográfica, a pesar de la inferior calidad de sus derivados. También se utilizó en la alimentación de los animales (óvidos y cápridos), para los que el trigo no es alimento adecuado.
higueras). Excluido el olivo por las condiciones climáticas adversas, el panorama de los cultivos debería completarse con una limitada horticultura.
A este potencial agrícola, habría que añadir, como componente esencial de la economía mantinea, la cría de ganado. Esta actividad, más que como dedicación exclusiva de una parte de la población, debería entenderse practicada en combinación con la agricultura propiamente dicha. Para su desarrollo, además de las áreas cultivables de la llanura y del monte bajo, que se encontraban en reposo a causa del barbecho (<,4`H)259 o por otras causas, más sociales que técnicas, se disponía de las
alturas260. Aunque, con toda probabilidad, las colinas y montes que circunvalan la meseta de Mantinea han experimentado una intensa deforestación en época moderna261, no hay razones para menospreciar el papel de la ganadería en estas áreas. Si bien, parece cierto que, en época romana, la extensión del bosque aumentó hasta alcanzar y ocupar partes de la llanura central262, no es posible calcular su anterior extensión, a pesar de que tenemos motivos para creer que esa fuera más limitada. En efecto, a través de las específicas condiciones sociales, económicas y demográficas de la época romana (fundamentalmente de la presencia de latifundios), se puede justificar el progresivo avance del bosque (y tal vez de los pastos) en detrimento de las tierras
259La combinación entre barbecho y ganadería es una práctica conocida en el mundo griego antiguo. Proporciona alimento para el ganado y abono para la tierra. Véase ALFARO GINER 1995, 29 ss. En un moj∴n procedente de Mantinea (IG V2, 317 = ap. e. 89) se lee: ÓD(@H) P[T](D\@L) 5`BD[...], (¿5@BDä<@H?), topónimo que alude a la presencia de un depósito de estiercol.
260La porción no cultivable del territorio de Mantinea es difícil de establecer, en cuanto ignoramos la extensión total de la PfD". Las estimaciones de algunos autores (Beloch y Fougères) son, en opinión de los Hodkinson (p. 275, nota 128; cfr. nota 107), exageradas, ya que incluyen parte de la Menalia que no pertenece al territorio histórico de Mantinea. Los Hodkinson, por su parte, proponen como base aproximativa de cálculo la suma de los territorios de los términos municipales modernos de la comarca (207 Km2 = 2.700 ha., excluyendo Skopi, de cuyo territorio sólo una pequeña parte se encuentra dentro de los límites de la PfD" de la ciudad antigua). Esta extensión, tal vez ligeramente superior, debería acercarse bastante a la realidad antigua.
261Cfr. PETRONOTIS 1973, 33; 87.
cultivables.
Al margen de las reservas que genera esta observación, tradicionalmente aceptada sin discusiones, las relaciones bosque/tierra del cultivo en época romana no sirven para establecer analogías con las existentes en épocas anteriores. Razón fundamental para esta afirmación es la dificulta en detectar la acción humana sobre el sistema medioambiental, extremadamente variable según los dictámenes de las relaciones sociales y las relaciones entre demografía/sociedad, por un lado, y el territorio, por otro. La intervención humana sobre el sistema ecológico alcanza, inevitablemente, índices superiores según aumentan las necesidades básicas (dejamos aquí a parte la satisfacción de las necesidades no básicas) de la población.
En lo que a los bosques mantineos se refiere, su limitación no sólo obedece a la demanda de más tierra cultivable263, sino también, debemos suponer, a la búsqueda de pastos más allá de los ya disponibles, como es costumbre en áreas con alto potencial ganadero. El comportamiento tradicional del pastoreo mediterráneo incluía (y aún hoy incluye) la conversión en pastos de amplias zonas de montaña, sea a través del incendio, sea por medio de la presión constante de los rebaños, en especial los de cápridos, sobre la flora espontanea, incluida la arbustea y arbórea264. Con todo, el
bosque de tipo mediterráneo puede perfectamente coexistir con la ganadería.
263Cfr. Isocr. Paneg. 132.
264 Sólo los árboles altos estaban a salvo de los efectos del pastoreo (P. Halstead, citado por los Hodkinson p. 269, cree que el bajo monte constituye una fuente alimenticia más adecuada para los animales, al ser inaccesibles las hojas comestibles de los árboles altos). Dejando a parte el hecho de que la flora de este tipo se desarrolla como tal a causa, en gran medida, de la intervención humana sobre los bosques, al no permitió el crecimiento de otro tipo de árboles, recordamos que las hojas comestibles no estaban del todo aseguradas por la altura del arbol, ya que el hombre en busca de forraje las alcanzaba sin dificultad (cfr. Long. Poemen. 3, 3, 4). En la Arcadia actual esta técnica sigue aún utilizándose. Dos inscripciones del siglo IV a.C (LSCG 91,10 procedente de Eubea y LSCG 37,6 procedente de Atenas) confirman la difusión de esta práctica en época clásica; véase GINER 1995, 28-29. Sobre el efecto degradante de la ganadería cfr. Pl. Crit. 111b-d.
No es posible calcular la extensión exacta de los bosques265 y pastizales mantineos en la antigüedad, ni el alcance de la actividad ganadera. No obstante, podemos suponer que, en períodos de presión demográfica, la búsqueda de medios de subsistencia debería conllevar un incremento del pastoreo, repercutiendo en la configuración del paisaje forestal. La aplicación de métodos de cálculo demográfico, basados exclusivamente en la disponibilidad de tierra de cultivo, proporcionaró números inferiores a los que corresponderían a la capacidad nutritiva global de la comarca y, por ende, una imagen distorsionada de la realidad demográfica y, lo que es más importante, social del área en cuestión.
Las características del territorio y algunos datos testimoniales sugieren el predominio de los ovicápridos, aunque porcinos266 y equinos también tendrían su papel, especialmente estos últimos por su importancia como animales de tiro y de carga267. La cría de bóvidos debió satisfacer parcialmente las necesidades en las
265Sobre los bosques arcadios cfr. Theophr. Hist. Pl. III 10, 1; 13, 17; IV 1, 2 (abeto arcadio utilizado en la construcción de barcos y casas).
266Aunque no está documentada directamente, la cría de porcinos debería ser corriente, tanto por la abundancia de bellotas, como por la necesidad de las ciudades, que carecían de aceites vegetales, de buscar otras fuentes para su abastecimiento de grasas (indispensable como alimento, conservante y combustible).
267Cfr. Strab. 8, 8, 1. Los Hodkinson (p. 270), piensan en el clásico par de bueyes como fuerza de tiro utilizado por muchas familias en Mantinea, excluyendo el caballo, considerado como heredero moderno de las funciones del buey. Esta opinión, por otra parte muy difundida en los estudios de agricultura antigua, está basada en el caso de Mantinea, por la carencia de caballería en el ejército mantineo. Sin embargo, las acémilas, con funciones de animales de tiro y de carga, fueron ampliamente empleados en la antigüedad, siendo a menudo imposible distinguirlos cuando vienen caracterizados con el término genérico de ß[email protected](4". No dudo que los bueyes fueran utilizados a gran escala (para ello valgan testimonios como el de Plutarco, Phil. 4, 2 y los topónimos en Paus. V 7, 1; VIII, 3, 2; 26, 8 ss., etc.), No obstante, tampoco hay que dudar sobre le papel de las acémilas en la economía familiar que, por su polivalencia, deberían resultar más adecuadas para territorios montañosos. Por otra parte, la ausencia de caballería en el ejército, no autoriza a desestimar la eventual existencia de acémilas en los trabajos de campo. En efecto, la raza de caballo adecuado para este tipo de labores, así como las mulas y los asnos, no reunen, evidentemente, las condiciones necesarias para la caballerΡa. Además, la presencia de caballería es consecuencia de una estructuración social específica y presupone la existencia de estratos
labores de arado (en combinación con los equinos268). Existe un amplio registro literario con alusiones al potencial ganadero de la Arcadia antigua269, incluida Mantinea: cultos genuinamente ganaderos, topónimos indicativos del ganado o a la flora adecuada para su alimento, noticias sobre árboles vinculados tradicionalmente a la cría de ganado, etc. Los Hodkinson, conscientes del potencial ganadero de la región, discuten en su artículo el papel de la ganadería, aunque de modo poco extenso, enfocándola como actividad secundaria a la sombra de la agricultura de cultivo. De sus evaluaciones no se puede apreciar la incidencia de esta actividad en la economía mantinea.
No cabe duda, que la capacidad productiva teórica del área difícilmente puede proporcionar datos fidedignos sobre la estructura social. Aún así, una serie de simples cálculos permiten descubrir que, si se distribuye en partes iguales, el producto interior global era suficiente para la subsistencia de 3.000 familias de aproximadamente 4 miembros270. Sobre la base de la información que proporcionan los autores latinos271, importante hacer hincapié en esta cuestión, pensando en la importancia que podría asumir, ya en época arcaica y clásica, la exportación de madera. Los Hodkinson (p. 265-266) descartan la posibilidad de exportaciones mantineas de productos pesados (aunque en realidad desestiman totalmente el papel de un comercio exterior), por el mal estado de las carreteras, inadecuadas para el transporte. Sobre la red viaria de la Arcadia oriental, PÍKULAS 1995.
268Véase las reflexiones en la nota anterior. K. Zeissig (ZEISSIG 1934, 31) considera que las condiciones que reune Arcadia son ideales para la cría de bóvidos.
269Il. 2, 605; Pind. Ol. 6, 669; Theocr. Idil. 22, 157; Paus. 8, 17, 1 ss.; Inschr. Ol. 266. Este último documento pone de manifiesto la experiencia personal de un ciudadano mantineo. Una lista más completa de las fuentes se encuentra en HODKINSON-HODKINSON 1981, 280.
270El problema de la composición familiar en la antigüedad es de muy difícil solución. Disponemos de un testimonio excepcional, proporcionado por Polibio (XXXVI 17, 5 ss.) y relativo a su época, que reflejaría también la situación en Arcadia. Según esta noticia, el fenómeno de la Ï84("<2DTB\" que caracteriza a Grecia a partir del siglo III a.C., radicaba en el hecho de que cada familia apenas tenía uno o dos hijos (calculando, evidentemente, sólo los hijos varones). Esta afirmación del historiador debería inducirnos a suponer que, en época clásica, la familia solía tener más de 2-3 hijos varones (cfr. PETRONOTIS 1973, 180). No obstante, aplicando este parámetro en el cálculo de la población de Mantinea, nos encontrarΡaños con cifras excesivamente altas con respecto al territorio disponible y los recursos potenciales (a los ca. 3.000 ciudadanos deberían corresponder al rededor de 18.000 familiares entre hijos y mujeres, a los que habría que añadir cierta cifra, aunque reducida, de extranjeros).
se podría fijar en unos 24 modios por yugada la producción cerealística neta272, que podríamos redondear en unos 100 modios (900 lts.) por hectárea. Descansando anualmente la mitad de los terrenos, según la costrumbre del barbecho, las 4.500 ha. producirían en Mantinea un total de 4.050 toneladas de cereal, correspondiento a 1.350 lts. por familia al año, es decir a aproximadamente 3,70 lts. diarios, 0,92 lts. por persona y día. A esta producción habría que añadir los productos ganaderos. Suponiendo que los 3/4 (= 8.000 ha. aproximadamente) del territorio no cultivable fueron aptos (aunque relativamente pobres) para el pastoreo de óvidos y cápridos y disponiendo de la fuente alimenticia de 1/2 de las tierras de barbecho (4.500 ha.), además de las tierras cultivadas tras la cosecha, durante el verano (4.500 ha. por 3 meses273), nos encontraríamos con un territorio capaz de alimentar cómodamente bastante más de 10.000 cabezas de ganado fijo274, que produciría un mínimo de unas 450 toneladas anuales de leche (produciendo 0,5 kg. diarios por cabeza durante 90 días, 150 kg. por familia al año. Esta cantidad de ganado produciría así mismo, aproximadamente 8.000-10.000 crías, es decir unas 80-100 toneladas de carne (26-33 kg. anuales por familia). El valor energético de estos productos cubriría las necesidades alimenticias de la población. Sin embargo, una mala cosecha puede significar la quiebra de la base económica de la familia, dando paso a soluciones como el mercenariado. Pero, evidentemente, la distribución de las fuentes alimenticias era demasiado desigual como para aventurarnos, sobre esta base, en hipótesis acerca de la estructuración social de la población.
271Véase DE MARTINO 1985, 128-129, con mención de las principales fuentes; cfr. CAVAIGNAC 1923, 65; 129-130; cfr. PETRONOTIS 1973, 193 y nota 829, con bibliografía.
272Esto es restando la reserva de semilla.
273Estas tierras, destinadas a reposar durante el año sucesivo, además de la paja y el rastrojo (típico alimento de las acémilas), proporcionaban pasto de buena calidad durante un corto período del otoño, al crecer espontaneamente la semilla perdida durante la cosecha: Varr. RR 2, 2, 12; véase HODKINSON- HODKINSON 1981, 280, especialmente nota 139, con bibliografía.
Volviendo a la problemática de la ganadería, cabe señalar que los Hodkinson, que discuten su papel potencial (en las páginas 269-271), no la toman en consideración a la hora de estudiar la estructura social de la ciudad. Los cálculos que efectuan giran en torno a la relación familias/tierras de cultivo con el objetivo de fijar la extensión media de las haciendas para cada grupo social (acomodados/hopl tas/subhoplitas). Las cifras asignadas a priori a cada uno de estos grupos resultan verosímiles una vez efectuado el cálculo de la distribución de las tierras. Sin embargo, el resultado de estos cálculos puede ser engañoso en cuanto está excluido un parámetro tan fundamental como es la riqueza que genera la ganadería al margen o en convivencia con las tierras de cultivo.
Los Hodkinson estiman, a mi juicio arbitrariamente, que el volumen ganadero moderno, consistente en 15.000 cabezas de ovino y 3.000 cabezas de caprino en 1961 y 1971, debe ser superior respecto al volumen de ganado en la antigüedad, alegando que la tierra llana, utilizada parcialmente en época contemporánea como pastos, debería, en la antigüedad, ser explotada como tierra de cultivo, a causa de la superior presión demográfica sobre la región275. Así mismo, utilizando la información del sacerdote de una aldea de la región y sus propias observaciones "aut pticas" deducen que, en tiempos recientes, en la región no se practicaba la trashumancia.
Ahora bien, pienso que estas tres estimaciones que, en realidad, contribuyen a la infravaloraci n del papel de la ganadería de la antigua Mantinea, deben ser parcialmente reconsideradas manteniendo menos reservas hacia esta actividad. En efecto, cultivo de cereales y ganadería, no sólo no son incompatibles en el sistema de
275 HODKINSON-HODKINSON 1981, 270; no obstante cfr. p. 280 donde admiten la posibilidad de