Sea cual fuere el formato de preguntas que usted elija, las preguntas deben for- mularse en palabras que puedan ser comprendidas y de las que se obtengan respuestas relevantes, que no sean ambiguas u ofensivas. ¿Cuáles son las formas de asegurar que sus preguntas cubrirán estos criterios? Aquí es necesario con- siderar el uso del lenguaje, las normas de educación y cortesía y los estilos para hablar. La ambigüedad se encuentra cuando las preguntas no se enmarcan con precisión, e incluso cuando la pregunta tiende más hacia una parte. Quizás el requisito más importante para lograr estos criterios es el hecho de reconocer y evitar la presencia de sesgos en la pregunta.
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Sesgos
Existe sesgo en una pregunta cuando se redacta de tal forma que no todas las respuestas puedan ser aceptadas por igual. Una pregunta que guía la respuesta es una pregunta sesgada porque no mantiene abiertas todas las respuestas posi- bles. En su forma extrema, el sesgo signi ica una actitud prejuiciada que in luye el modo en que se redactan las preguntas. Esto puede presentarse sólo en una pregunta, en una serie de preguntas o a lo largo de toda la entrevista.
Muchos de los puntos de vista estereotipados y de los comportamientos de la gente son tendenciosos cuando ignoran explicaciones alternativas, basan sus juicios en un número pequeño de casos anecdóticos o ambas cosas. Los estereo- tipos son útiles como atajos. Ya que hay que comenzar por algún lado a lidiar con una persona desconocida, esbozar estereotipos basados en poca información disponible puede ayudar a abrir la interacción social. Sin embargo, ellos también nos pueden llevar hacia suposiciones sin sustento en el curso de la entrevista.
Existe mucha investigación acerca de estereotipos (por ejemplo: Haslam, McGarty, Oakes y Turner, 1993) que muestra qué tan convenientes y engañosos pueden ser. En especial, son comunes los estereotipos de edad, género, aparien- cia y condición socioeconómica, pero pueden resultar muy peligrosos en una en- trevista, porque pueden derivar en sesgos, tanto en la formulación de preguntas como en la interpretación de las respuestas.
En este capítulo sólo se advierte sobre el sesgo en la presentación de pregun- tas; el que atañe a la interpretación de respuestas se tratará en el capítulo 6. El sesgo afecta la estructura total de la entrevista; una pregunta sesgada puede lle- var a respuestas tendenciosas u hostiles, que requerirán de más preguntas para superar los efectos desfavorables. Es responsabilidad del entrevistador evitar dichos sesgos; esto no depende del entrevistado.
¿Cómo evitar sesgos al redactar las preguntas? ¿Cómo reconocer alguna ten- dencia, ya sea en sus preguntas o en las respuestas del entrevistado?
Considere el siguiente ejemplo:
— “¿Usted sí lo hizo, no es así?“… Sí, ¿verdad?”
Aquí la expectativa del entrevistador es de una respuesta positiva, “sí”. ¿Pero qué pasa si el entrevistado no está de acuerdo con la conducta implicada? Un entrevistado franco simplemente dice “no”, pero otro puede decir “sí” porque puede pensar que decir “no” es una respuesta equivocada, o que podría ser poco amable o descortés al disentir. Para este entrevistado podría ser más importante ser visto favorablemente por el entrevistador, que mantener un punto de vista independiente.
Si la forma en que se redacta la pregunta sugiere que un “sí” es lo que la ma- yoría de la gente contestaría, la respuesta “no” puede etiquetar a la persona como parte de una minoría, ajena, con menor calidad de la que se considera deseable.
44 Capítulo 4 / Construcción de las preguntas
Expresar la expectativa en forma negativa tiene el mismo efecto sesgado; como, por ejemplo:
— “Usted no lo hizo, ¿o sí?”
Preceder a la respuesta con una frase que sugiera que cierta clase de res- puesta es lo que la mayoría de la gente diría, también es una manera de prejui- ciar o sesgar.
Sugerir que las personas con ciertas características deseables (por ejemplo, que sean sensibles, inteligentes, prudentes, atractivas, maduras y demás) esta- rán de acuerdo con determinada posición, invita a una respuesta sesgada. Así, el entrevistado dudará en declarar que pertenece o no a la categoría deseable. Muchas variantes de esta aproximación se usan en la vida diaria, algunas en for- ma deliberada, como en los argumentos de un vendedor. Por ejemplo: “Muchas personas preocupadas por su futuro y aquellos que se quieren a sí mismos inver- tirán sabiamente en acciones de la compañía X. Lo están haciendo con rapidez; ¿ya cuenta usted con una?”
La característica deseable puede ser implícita o explícita. Por ejemplo: “Como miembro de X iglesia/sociedad, espero que seas un asiduo visitante/contribu- yente. ¿O acaso me equivoco?”
Para evitar sesgos, el entrevistador necesita mantener su mente abierta. No debe excluir cualquier respuesta posible.
Las tendencias también pueden surgir cuando el entrevistador emite juicios sobre una persona con base en la apariencia, el discurso, la edad o el sexo. Las expectativas sesgadas ocurren con frecuencia al tratar con gente que posee algu- na discapacidad ísica, quienes lo resienten en gran medida.
Ambigüedad
Las preguntas pueden ser ambiguas aun cuando no estén sesgadas. Por lo ge- neral, con una redacción cuidadosa se evita ese problema. Las preguntas con un sentido doble son ambiguas porque no especi ican qué parte de la pregunta debe atender el entrevistado. En el capítulo 5 se ve cómo esto puede afectar la estructura total de la entrevista.
La ambigüedad puede ocurrir en cualquier momento, desde el uso de una palabra o de la estructura de la pregunta misma. Replantee la pregunta de tal forma que no exista duda acerca del signi icado que se pretende.