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Redes viarias, el espacio público y el paisaje de la ciudad

PARTE I – MOVILIDAD, RED VIARIA Y PAISAJE MARCO TEÓRICO METODOLÓGICO DE

CAPÍTULO 2. MARCO TEÓRICO ADOPTADO

2.2 Redes viarias, el espacio público y el paisaje de la ciudad

“¿Qué es un puente? Preguntaba Julio Cortázar, y se respondía: una persona cruzando un puente. ¿Qué es una ciudad? Un lugar con mucha gente. Un espacio público, abierto y protegido. (…) En la ciudad primero son las calles y plazas, los espacios colectivos. El espacio público define la calidad de la ciudad, porque indica la calidad de vida de la gente y la cualidad de la ciudadanía de sus habitantes". (Borja, 2001)

Sobre la construcción de la ciudad y las necesidades sociales, ya Lynch en 1965 destacaba aspectos relacionados con la necesidad de ordenación, diseño y configuración de espacios públicos como las sendas, parques y plazas. Este autor también destacaba el importante papel que los espacios urbanos tienen en la construcción de una imagen legible de la ciudad. Y en otras contribuciones destacaba la importancia que los espacios públicos tienen como indicadores de calidad de vida urbana.

“Los espacios públicos constituyen uno de los elementos para la patrimonialización afectiva de la ciudad. Se entiende aquí por patrimonialización afectiva la capacidad de generar vínculos afectivos estables de identificación y apego con la ciudad. Sin estos espacios públicos la ciudad pierde la capacidad de generar un patrón de actividad simbólica y significativa que favorezca la implicación de los ciudadanos en el espacio urbano y con el resto de los pobladores que lo ocupan. Y gran parte de los riesgos que hacen vulnerable los espacios urbanos derivan de la escasez y/o baja calidad de estos.” (Corraliza, 2009)

Una explicación de estas dificultades se basa en lo que recientemente Vivas, Pellicer y López (2008) han denominado la ciudad nómada. Desde este punto de vista, los espacios urbanos, tal y como escriben estos autores, “se llenan y se vacían”, y la interacción humana con ellos no deja huella. Se relaciona con la idea de Koolhaas (2006) de la ciudad genérica. Los espacios urbanos pierden identidad y se convierten en meras estructuras espaciales sin un contenido significativo relevante.

La red viaria y el paisaje urbano juegan por su relación dialéctica un importante papel. En palabras de Zoido Naranjo (2006) “los caminos han hecho, literalmente, el territorio; en su recorrido se aprende a conocerlo y valorarlo. Autopistas, avenidas, calles y ferrocarril son los ámbitos desde los que la mayoría de las personas ven y pueden

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apreciar los paisajes cotidianos o excepcionales. La carretera hace paisaje y el paisaje cualifica el itinerario de quien se desplaza”.

“Las calles y aceras son los principales lugares públicos de una ciudad, sus órganos más vitales” (Jacobs, 1961) “Representan más del 80% de todo el espacio público en las ciudades y tienen el potencial de fomentar la actividad económica, y proporcionar un lugar seguro para las personas al moverse, ya sea a pie, en bicicleta, auto. La vitalidad de la vida urbana exige un enfoque de diseño sensible al papel multifacético que las calles tienen en nuestras ciudades”. (Nacto, 2015) frente a un ciudadano que desea atravesar el espacio, no que éste atraiga su atención.

Por tanto, la red viaria juegan un papel crucial en los aspectos funcionales, ambientales, sociales y paisajísticos del espacio urbano al:

- Incidir en las formas de la movilidad según su estructura y diseño, admitiendo unos modos e impidiendo otros, posibilitando velocidades y generando referencialidad según su calidad y señalización.

- Condicionar la calidad ambiental urbana y las formas de recorrer y experimentar la ciudad.

- Condicionar la inclusión de los ciudadanos y de los barrios entre sí.

- Incidir en el sentido de pertenencia de los ciudadanos, la valoración del espacio público urbano y del paisaje.

Paisaje, no como “sinónimo de naturaleza, sino más bien como producto de la acción del hombre en sociedad que, con su economía y su cultura y con la arquitectura y su agricultura como instrumentos principales, la transforma y adapta a ella, creando paisaje rural. Del mismo modo, el hombre urbano en sociedad, con su economía y su cultura y con la arquitectura como instrumento, acota un territorio, transforma su medio y su acción da como resultado los paisajes urbanos” (Colafranceschi, 2007)

En palabras de Berque, A (1996) “proyección de los valores humanos sobre el ambiente”. Mediación que apela a las valoraciones que las distintas sociedades hacen de sus territorios, dando cuenta de su identidad. El paisaje no sólo nos presenta el mundo tal como es, sino que es también, una construcción de este mundo, una forma

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de verlo. Y de esta forma, “de la forma en que se desarrollan las distintas intervenciones se pueden sacar conclusiones antrópicas: enséñame cómo has construido tu entorno y te diré cómo eres.”(Estévez; 2007)

Este trabajo toma como central la CEP que lo define: “como cualquier parte del territorio, tal y como es percibida por los habitantes o visitantes, cuyas características visuales y carácter son el resultado de la acción de factores naturales y/o culturales”. Se hace referencia: al hecho objetivo que es todo paisaje: cualquier parte del territorio; otra a su aspecto social: tal como es percibido por las poblaciones y final a su base causal: resultado de la interacción de factores naturales y humanos.

Desde esta definición, se refleja claramente la idea de que los paisajes evolucionan a lo largo del tiempo, como resultado de la actuación de las fuerzas naturales y humanas y se destaca que un paisaje forma un todo, cuyos componentes naturales y culturales se toman de forma conjunta, y no de forma separada.

Como indica Nogue (2010) El paisaje es, a la vez, una realidad física y la representación que culturalmente nos hacemos de ella; la fisonomía externa y visible de una determinada porción de la superficie terrestre y la percepción individual y social que genera. La adjudicación de un valor tiene una connotación espacial y temporal, social, cultural, histórica y ecológica, a la vez que está determinada por la naturaleza de quien observa, sus capacidades, conocimiento, educación, experiencias pasadas, nivel socio económico, edad, sexo, estado de ánimo y expectativas.

Frente al objeto de estudio “el paisaje es útil en una triple dimensión. En primer lugar, como hecho que contribuye a la identificación, localización de los diferentes elementos y usos en el territorio. En segundo término, por su contribución al desarrollo del diagnóstico y finalmente, teniendo en cuenta, la valoración del paisaje que tienen las personas que lo perciben, especialmente aquellas para las que es su espacio vivido de forma cotidiana, lugar de trabajo o de residencia, debe ser considerada como factor que coadyuva entender la valoración y experiencia ciudadana, dando paso a la reflexión sobre ciertas acciones en el espacio” (Zoido Naranjo, 2002)

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2.3 Diseño de las redes viarias en el marco de un modelo de movilidad sustentable