2 EL ANÁLISIS DE CONTENIDO
2.2. PROCEDIMIENTO A SEGUIR EN EL ANÁLISIS DE CONTENIDO
2.2.6. REDUCCIÓN DE LOS DATOS:
Esta es la fase en la cual se llevan a cabo las operaciones estadísticas, la síntesis y selección de los resultados para realizar, posteriormente las interpretaciones que den lugar a una serie de conclusiones, teniendo en cuenta siempre el Marco Teórico que hemos elaborado. Por ello es necesario diferenciar:
- La descripción: Consiste en enumerar las características del documento en
relación a la frecuencia de aparición de las distintas categorías de valor y antivalor expresadas en porcentajes.
- La inferencia: Es el paso de la descripción, la interpretación y la comparación.
- La interpretación: Significado axiológico de las frecuencias de códigos descritos.
- Los porcentajes de frecuencias de cada categoría de valor y antivalor ordenados, de mayor a menor, para establecer contrastes y regularidades, semejanzas y diferencias, entre los valores y antivalores que aparezcan en el análisis.
- Conclusiones: Para la consecución de los objetivos de la investigación.
2.2.7. Interpretación. Consolidación teórica:
Las ideas fundamentales que obtendremos se emplearán para generar las explicaciones. Se relacionan los datos obtenidos con otros trabajos o estudios y con marcos analíticos más generales, dentro de los que cobran sentido los datos estudiados. De esta manera se intenta integrar los hallazgos obtenidos dentro de áreas de interés más amplias.
De todas formas, el diálogo entre datos y marco teórico está presente durante todo el proceso. A nuestro entender, es absurdo pretender apartar nuestras propias creencias hasta el final.
MAR DEL PLATA, octubre de 2003.
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Lección 20. Etnografía
La etnografía puede considerarse ya sea como una técnica para describir una situación cultural contemporánea específica o como lo hacemos en este libro, un método de investigación que implica no sólo describir sino también procesos de interpretación y teorización. La etnografía en términos generales es un enfoque metodológico de investigación de tipo cualitativo, originalmente utilizado en la antropología pasa estudiar comunidades étnicas y culturales, pero que desde hace algún tiempo han acogido otras disciplinas de las ciencias sociales para estudiar otra clase de agrupaciones sociales en las que se observan distintos tipos de fenómenos.17
Empleada originariamente por antropólogos y después asumida por sociólogos, historiadores y psicólogos sociales, el enfoque etnográfico no se presenta históricamente como un bloque monolítico, sino que ha asumido y asume diversas tendencias en su manera de entenderla y llevarla a cabo.
Desde las estrechas definiciones etimológicas (En el griego etno: otros y grafos: describir) y las posiciones positivistas que la ven como una simple descripción detallada de costumbres de comunidades «salvajes» y bárbaras, hasta las contemporáneas concepciones que la asumen como una disciplina
17
CASTAÑEDA, Elsa y PARODI, Martha Luz/Hacia una pedagogía de la creatividad. F.E.S. 1992, pág. 52.
interpretativa de procesos sociales de las más diversas magnitudes y carácteres, que pueden ir desde una tienda o una esquina hasta la comunidad misma de antropólogos o científicos de la cultura occidental.
La etnografía como enfoque cualitativo, «se apoya en la convicción de que las tradiciones, roles valores y normas del ambiente en que se vive se van internacionalizando poco a poco y generan regularidades que pueden explicar la conducta individual y grupal en forma adecuada».18 En consecuencia, no sólo busca reconocer y describir las prácticas de un conjunto social o un sistema cultural específico, sino también ubicar y descifrar las representaciones culturales desde las cuales sus protagonistas les dan sentido.
Una comprensión más fundamentada sobre cómo la etnografía puede ser asumida en los términos propuestos, pasa por una reconstrucción de su constitución histórica como enfoque de investigación social.
Configuración histórica de la etnografía
Los orígenes de la moderna etnografía se remontan a fines del siglo XIX, cuando pueblos bajo la dominación del imperio británico fueron estudiados por antropólogos inspirados en las teorías evolucionistas. Tales investigadores abordaron el estucho del modo de vida de sociedades asiáticas, africanas y americanas, para justificar su ideologizada mirada de una evolución lineal de las culturas en la cual, Europa alcanzaba los niveles más avanzados de desarrollo (civilización), frente al atraso cultural de los demás pueblos, calificados como bárbaros y salvajes.
Esta manera ideológica de estudiar las culturas en proceso de incorporación forzada a los circuitos de acumulación capitalista y que justificaba la expansión, fue cuestionada a comienzos del siglo XX con la influencia del positivismo y funcionalismo provenientes de la sociología. Ya hemos señalado la enorme influencia que ejerció sobre su contemporáneos la obra investigativa de Emilio Durkheim, la cual se convirtió en modelo de investigación científica de lo social: la observación y conceptualización sistemática de los hechos sociales a partir del uso de técnicas de recolección y análisis estadístico.
Estas recomendaciones metodológicas parecían viables para estudiar sociedades modernas pero no para las sociedades tradicionales que estudiaban los antropólogos; las culturas carecían de información escrita y mucho menos de estadísticas sociales; había que crear las estrategias e instrumentos que garantizaran su conocimiento objetivo.
Esta búsqueda va a caracterizar a la antropología cultural del primer tercio de siglo. Aunque el método etnográfico se venía trabajando desde antes de 1920, fue Branislao Malinowski, antropólogo polaco, quien sistematizó en s.s rasgos definitorios, antropólogo polaco radicado en Inglaterra, a partir de un trabajo con los habitantes de las islas Trobiand en el Pacífico occidental.
18
MARTINEZ, Miguel/La investigación Cualitativa Etnográfica en Educación. Caracas: Editorial Texto, 1991, pág. 72.
Defendió que la única manera de comprender la forma de vida de otro pueblo era ir y vivir entre sus gentes por un período de tiempo, aprender su lengua y llegara a ser aceptado como miembro.
En la introducción de su libro «Los argonautas del Pacífico occidental» (1922) resume lo que desde entonces consolidaría como método etnográfico:
«que consiste en un trabajo de campo, durante el cual el investigador observa, comparte y participa de la vida cotidiana y otros eventos sociales locales; se debe aprender la lengua, documentar los casos estadísticamente, detallar los imponderables de la vida social y, sobre todo, tratar de constituir la totalidad y el punto de vista de los actores locales sobre su propia vida social».19
Malinowski, al igual que otros contemporáneos suyo como Boas y Radcliffe Brown, trabajaban desde una perspectiva funcionalista, la cual representaba un avance frente al evolucionismo; este enfoque decimónico, que había contribuido a respaldar la imagen de progreso y superioridad europea sobre los pueblos colonizados, era cuestionado por el relativismo cultural de los nuevos antropólogos influidos por el funcionalismo.
Más que buscar el grado de evolución de las formas culturales particulares (religión, arte, leyes, etc.), estos antropólogos buscaron establecerlas interrelaciones funcionales de las instituciones sociales, así como la relación entre estas y las «necesidades culturales universales» del hombre»: alimentación, trabajo, cohesión, etc. Desde esta nueva perspectiva, no habrían sociedades «primitivas», porque cada una de ellas posee su propia cultura que ha construido para satisfacer sus comunes necesidades.
Claro está que -como lo señala Rockwell- el funcionalismo antropológico no se liberaba de la ideología colonialista al desconocer la historicidad de las sociedades estudiadas y sus relaciones de dominación con respecto a las metrópolis coloniales; las desigualdades, así como las subordinaciones y conflictos culturales no quedaban explicados.
De otra parte, estos etnógrafos de la primera mitad de siglo, desconfiaban de los testimonios orales de los habitantes de las colonias estudiadas, privilegiando sus propias observaciones, a las que consideraban más objetivas. Por ello, concentraron sus esfuerzos en afinar sus instrumentos de registro y al entrenamiento técnico de los nuevos antropólogos.
Un giro muy importante asumió la etnografía cuando empezó a ser aplicada en las sociedades de los países de los antropólogos, las cuales se consideraban «complejas», en contraste con las «sociedades simples» de la periferia. Así por ejemplo, la Escuela de Chicago, desde la sociología empleó técnicas etnográficas para el estudio del estilo de vida de grupos marginados (bandas juveniles, ganster, migrantes) en contexto s urbanos.
El asumir investigaciones de los propias sociedades con el enfoque que se había empleado para estudiar a las lejanas y ajenas, enriqueció las
19
PINEDA CAMACHO, Roberto. “ El método etnográfico, un enfoque cualitativo de investigación
perspectivas interpretativas de la etnografía. También favoreció el mutuo intercambio con diversas teorías sociológicas como la fenomenología social, el interaccionismo simbólico y la etnometodología, e históricas como las mentalidades y del imaginario colectivo.
De este modo, se encontró que la etnografía aportaba al estucho de fenómenos sociales no documentados y no reducibles a los procedimientos cuantitativos (encuestas, diseños experimentales), como es el caso de la relación escuela comunidad, las normas culturales de un ghetto o la cultura institucional de una empresa.
En la actualidad, dos tendencias etnográficas de gran influencia son, el interpretativismo (o etnografía hermenéutica) de Clifford Geertz y la propuesta analítica sugerida por Elsie Rockwell para estudiar los fenómenos educativos.
En el primer caso, parte del reconocimiento de que los actos sociales tienen una significación social, que el etnógrafo, por tanto, debe comprender a través de estrategias interpretativas. En términos Geertz, la «explicación interpretativa se centra en el estudio de los fenómenos culturales entendidos como sistemas de símbolos y en la interpretación de significados de las acciones desde el punto de vista de los propios actores».20
Esto último no significa que el etnógrafo replica o refleja exactamente la realidad tal como la «ven» los actores, sino que la interpreta en función de los actores. El análisis etnográfico se asemeja a una lectura de textos: «la cultura de un pueblo es un conjunto de textos, que a su vez son conjuntos que el antropólogo trata de leer por sobre el hombro de aquellos a que pertenece realmente».21
Lo que hace el etnógrafo es estar allí, conocer y entender las gentes y sus vidas, para captar lo normal de lo aparentemente exótico; significa describir la vida cotidiana y hacer que lo familiar se convierta en extraño, el lugar común se haga problemático, lo invisible se haga visible, lo no documentado se escriba.
La etnografía analítica pretende ir más allá al plantear la necesidad de estudiar los fenómenos culturales en el contexto de las relaciones sociales y políticas de la formación social donde se encuentran. Tal postura, parte de criticar la tradición etnográfica que privilegia la lógica interna y la dimensión simbólica de las situaciones estudiadas (generalmente locales); ello puede llevar a perder de vista sus nexos con otras dimensiones como la histórica y la de los contextos macrosociales, en un mundo cada vez más internacionalizado y globalizado.
Así, la comprensión de una realidad específica requiere, tanto de la documentación exhaustiva de sus particularidades, como del contexto estructural e histórico donde se halla. Ello permitirá develar los procesos y
20
Citado por CALVO, Beatriz /”Etnografía de la educación” en Nueva antropología # 42 Vol. XII – México, 1992, pág. 10
21
conflictos sociales que atraviesan las instituciones y prácticas estudiadas, así como su relación con las dinámicas económicas y de poder.
De este modo, el objeto de la etnografía analítica desborda lo comunitario y lo simbólico, acudiendo al aporte de otros enfoques como la historia, la sociología, la economía y la politología, puede ocuparse de fenómenos como la relación entre la cultura juvenil urbana y la industria cultural.
Características de la etnografía
Considerada como un enfoque cualitativo de investigación social, la etnografía posee algunas atributos comunes a las señaladas para aquel, como es su carácter holista, naturalista, inductivo analítico y flexible. A nivel
específico, autores como Knapp,22 señalan como elementos de la investigación
etnográfica:
1. Un acceso al escenario inicial, exploratorio y abierto a las contingencias del objeto de investigación;
2. Intensa implicación del investigador en el entorno social que estudia; 3. Empleo de variedad de métodos y técnicas cualitativas, siendo las más
frecuentes la observación participante, la entrevista abierta y la consulta documental;
4. Una intención explícita de comprender los acontecimientos en términos de significados socialmente compartidos;
5. Uso de marcos interpretativos que subrayan la importancia del contexto; y
6. Uso de los resultados de la investigación en forma escrita descriptiva. Nos centraremos en algunos de los rasgos anteriores, como es el carácter interpretativo de la etnografía, su relación con la teoría, la valoración del concepto de cultura y su estrecha relación con la escritura.
Las corrientes etnográficas contemporáneas renuncian a la pretención objetivista de reflejar desde la descripción, la verdad de la situación estudiada. Los trabajos etnográficos son para Geertz, interpretaciones entendidas como construcciones que involucran diverso niveles de elaboración conceptual:
1. La conceptualización empírica «interna», desde la mirada de sus protagonistas.
2. La conceptualización contextualizada e históricamente ubicada.
22
3. La conceptualización teórica que trasciende la particularidad de la realidad estudiada y orientada a la producción de conocimientos amplios sobre el tema analizado.
Lo último, nos plantea la relación entre etnografía y teoría. La investigación etnográfica siempre está mediada por conceptualizaciones e hipótesis, pero su papel no es el mismo que el que juegan en las investigaciones cuantitativas; asumen más el carácter de orientadoras permanentes de las miradas y reflexiones del investigador, que marcos previos a ser verificadas o contrastadas con la información en el momento de la interpretación.
Sin lugar a dudas, un concepto central en la etnografía ha sido y es, el de cultura en sus múltiples acepciones. Si los hechos no son independientes de su representación, ni los discursos por fuera del universo simbólico que les da sentido, la descripción y análisis etnográfico no pueden prescindir de la dimensión cultural de la sociedad.
Hoy, la antropología ha renunciado tanto a las acepciones estrechas de cultura que la identificaban con las elaboraciones refinadas del espíritu como a las demasiado amplias que la identifican con todo lo producido por la humanidad también a la formulación de una Teoría General de la Cultura desvinculada de los conjuntos sociales concretos; para Geertz, «la tarea esencial de la teoría no es codificar regularidades abstractas, sino hacer posible la descripción densa, no generalizar a partir de casos particulares, sino generalizar dentro de estos»23
Otra de las características de la etnografía es que la reflexión teórica posee una intencionalidad específica: comprender lo local en relación -no determinista- con lo societal; «asumir que para comprender lo particular se necesita relacionarlo con su medio, con su contexto. Utilizar la teoría social existente sobre el problema o fenómeno estudiado para guiar la propia investigación; para el caso de las etnografías educativas, en la comprensión de la relación existente entre educación y cultura es quizá donde tiene la etnografía y en general la investigación educativa su más amplio campo de acción.
Por otra parte, recordemos que la descripción etnográfica busca rescatar y documentar lo invisible, lo vivido y lo dicho pero no documentado, de tal manera que pueda ser consultado por otros. En tal sentido, vale la pena recordar que el etnógrafo es un trabajador de la escritura. Por un lado, su representación de la realidad está mediada por la escritura (documentos, registros, diarios, informes), lo que hace esté limitado por el contexto de las estructuras narrativas de una sociedad en un periodo específico; cada época posee sus formas de narrar y escribir, de las cuales el etnógrafo no es ajeno: dice lo que puede decir y del modo como puede hacerlo.
Por otro lado, la etnografía como práctica de creación de sentido tiene una relación estrecha con los textos donde se expone. Han existido diversas
23
formas de publicación (historias de vida, autobiografías, estudios de casos), pero ha predominado la concepción realista propia de las tradicionales «monografías etnográficas».
Para Van Maanen,24 la relevancia del oficio del etnógrafo no descansa en el dominio de las técnicas, ni en el uso de determinados esquemas interpretativos, sino en la producción de un trabajo reconocido por otros como etnografía. Por tal razón, el texto etnográfico debe ser además de exhaustivo, persuasivo; el etnógrafo no sólo debe entrenarse en las artes de la observación y el registro, sino en el de la retórica, para que sus etnografías sean