Capítulo 3: La Participación de los cuerpos vulnerables Herramientas
5. De la reflexión, a la denuncia, a la práctica: propuestas políticas
¿Cómo podemos reconducir toda esta reflexión filosófica hacia propuestas concretas en la esfera política? Un primer paso implicaría permitir y fomentar la participación política y social de las personas no adultas, de manera que estas pudieran influir sobre la agenda política, defender sus intereses y contar con los mismos derechos y privilegios que el resto de ciudadanos. Esta propuesta, no obstante, plantea algunas cuestiones; ¿a partir de qué edad una persona es capaz de participar en política? ¿y de disfrutar de otros privilegios? y ¿de qué forma?
A nivel electoral, Lourdes Gaitán (2009:12) nos traslada diversas iniciativas que han llevado a cabo o plantean una rebaja de la edad de voto a los 16 años. Austria ha sido el primer país europeo que ha aprobado esta propuesta, de igual forma, en el cantón de Berna en Suiza, en algunos estados federales de Alemania y en Inglaterra, se está recorriendo el mismo camino. En Estados Unidos el tema está actualmente siendo debatido en al menos diez estados y en España, las Juventudes Socialistas han puesto en marcha una propuesta similar.
La ampliación de la condición de ciudadanía a l@s miembr@s más jóvenes ha sido un tema de largo debate. Lourdes Gaitán (2009) nos resume las tres principales posiciones respecto al tema: a) l@s partidari@s de mantener el límite de edad tal y como se conoce b) L@s partidari@s de rebajar la edad del electorado, y c) l@s partidari@s a la eliminación de cualquier discriminación entre personas basada en la edad (Gaitán, 2009:12).
En primer lugar, l@s defensor@s del actual modelo alegan que l@s niñ@s, debido a su inocencia, deberían ser protegidos de la actividad política, la cual compete a l@s adult@s, ya que como resultado de la gran influencia de sus padres y otras personas adultas de referencia ejercen sobre ell@s, podrían ser manipulados y adoctrinados para servir a fines ajenos a sus intereses (Gaitán, 2009:8).
En este sentido, Félix Moral (2009) encuentra que existe un evidente paralelismo entre las razones por las cuales se negaba el voto a las mujeres hace unos años y las razones por las cuales no se quiere ampliar la ciudadanía a l@s niñ@s hoy: incompetencia y una fuerte influenciabilidad familiar (2009:7)
Entre los argumentos a favor de reducir la edad de voto a los 16 años se afirma que esto equipararía los derechos políticos con otros derechos y obligaciones que ya se
otorgan a esta edad, como trabajar y pagar impuestos. Por otro lado los partidarios de esta opción alegan que constituye un buen ejercicio para estimular a la población joven en el interés por la política y la cosa pública, y desde luego serviría para que este grupo pudiera defender sus intereses particulares, muchas veces ignorados por una política que solo parece actuar en términos electorales.
En esta misma línea irían los argumentos de UNICEF (2003) respecto al fomento de la participación y toma de decisiones de l@s niñ@s:
Cuando se les proporciona durante la infancia las oportunidades de desarrollar las competencias y los conocimientos prácticos necesarios para la participación, los niños y niñas, cuyas capacidades son mucho mayores de lo que generalmente se reconoce, aprenden lo que necesitan para ser miembros efectivos de una sociedad democrática. Un niño cuya integración activa en el mundo se ha visto fomentada desde el primer momento será un niño y un ciudadano del mundo con más posibilidades de valorar su propia opinión y sus creencias, y las opiniones y creencias de los demás. (UNICEF; 2003:14) Los partidarios de esta opción argumentan que esta medida permitiría reforzar el sentimiento de ciudadanía y responsabilidad política. Desde el punto de vista educativo, la reducción de la edad de voto aumentaría el interés de los adolescentes por los asuntos públicos, lo que permitiría en un futuro a formar a ciudadanos más conscientes de la realidad política. Sin embargo, esta idea, aunque común, es de nuevo adultcéntrica, por un lado sigue reproduciendo la idea de la maduración evolutiva y por otra se plantea como un ejercicio educativo, es decir, el objetivo primero no es dotar de derechos plenos a l@s niñ@s, sino invertir en futuros adultos más comprometidos y conscientes políticamente (Gaitán, 2009:14).
Finalmente, los partidarios del derecho a voto sin límite de edad (Gaitán, 2009:15) afirman que los argumentos que alegan inmadurez del menor para votar o influenciabilidad son de por sí discriminatorios, ya que solo se ponen en la mesa si la
persona en cuestión es menor de edad, aunque el mismo argumento se puede aplicar a las personas adultas, estas nunca se ven cuestionadas en este respecto. Por otro lado, al fin y al cabo en el sistema democrático no cuenta la calidad sino la cantidad de votos, es decir, que toda la ciudadanía esté incluida. Cada cual elegirá sus opciones políticas de acuerdo a sus intereses y nadie puede conocer mejor sus intereses que uno mismo, incluidas las personas no adultas. De acuerdo Con Lourdes Gaitán (2009) “Aceptar la diferencia como razón para la desigualdad significaría un fracaso de la voluntad política de realizar la esencia de una igual ciudadanía” (2009:15).
Una vez analizadas las diferentes posturas, la perspectiva de esta tesis sería la de que es necesario ampliar los derechos de ciudadanía y participación política a todas las personas sin límite de edad, no a modo de ejercicio educativo, sino por una cuestión de derechos, para que todas las personas puedan expresar y canalizar sus necesidades y propuestas a través del sistema político. También para tener una democracia más fuerte donde se incluyan todas las voces, de acuerdo con Gaitán (2009):
Democracia significa que todos deben tener la posibilidad de estar representados, y desde el momento en que la población se divida entre los que tienen derecho al voto y los que aún no lo tienen, los representantes políticos que resulten elegidos lo serán de un electorado, no de toda la población (Gaitán, 2009:15). Sin embargo, pensar que esto se conseguiría mediante la ampliación del voto a todas las edades es un error. Esta opción, aunque más justa y de seguro beneficiaría a niñ@s de más edad y adolescentes, probablemente no garantizaría la participación política de la primera infancia, la razón es que la propuesta, aunque pretende ser más igualitaria con la infancia, sigue planteándose desde un punto de vista adultcéntrico, precisamente porque la democracia electoral y la participación política mediante voto es una invención de las personas adultas, creada a su medida, de acuerdo a sus posibilidades.
Por esta razón, la participación política de todas las personas sin importar la edad pasa por la redefinición de la política y la democracia. El hombre adulto ha sido el habitante por excelencia del poder público, un poder que se crea y reproduce fuera del ámbito privado, y por lo tanto alejado de las necesidades y alcance de las personas no adultas. Una solución a la representación política de la infancia temprana no pasa por llevar a niñas y niños de 3 años al parlamento, se trata de un cambio estructural mayor, en el que todos realicemos cambios para una adaptación mutua que permita incluir todas las voces y miradas. Esto requeriría, necesariamente, la reformulación de los medios y los espacios en los que la política se viene desarrollando.
UNICEF (2003) también ha reconocido que la situación de exclusión de este grupo podría:
Si se lleva a cabo en el espacio adecuado, la auténtica participación tiene que ver con valorar a las personas –los niños y las niñas– dentro de un contexto inmediato en el que intervienen otras personas, y en relación con los demás y el mundo (…). A menudo, los adultos y las organizaciones no han sabido considerar como recursos a los niños y los jóvenes, ni tampoco como individuos con derechos ni como personas con dignidad, con todo el derecho a que las escuchen y tengan en cuenta en lo que se refiere a las decisiones que les afectan. (UNICEF; 2003:11)