¿Qué reconozco cuando me quiero reconocer a mí mismo? Reconozco hacia dónde soy atraído. Reconozco qué imágenes del mundo y de mí mismo influencian mi pensar. ¿Sé, al final, dónde me encuentro yo mismo cuando pienso?
Esta comprensión me permite plantearme algunas dudas para orientarme de una manera nueva y diferente. Pero, haciendo eso, ¿me reconozco también a mí? ¿Sigo siendo misterioso para mí como hasta ahora?
¿Quién o qué está tratando de reconocer? ¿Soy yo el que quiere reconocer?
¿Puedo yo mismo querer reconocer o hay otra cosa que quiere reconocer? Reconozco que hay otra cosa en mí que quiere reconocer ya que lo que quiero reconocer de mino es suficiente.
Sea lo que fuere que creo reconocer es un paso en un camino cuyo final
permanece oculto para mí. Por ese motivo no puedo saber ni adonde me lleva ese camino ni si ese camino es el correcto para mí.
Sócrates animaba a sus conciudadanos: "¡Reconócete a ti mismo!". De esa manera puso en marcha un movimiento que al final le costó la vida. Pero él sabía que la
comprensión profunda viene de otra parte. Comparaba aquello que pensaba con un movimiento interior que lo tomaba desde otro lugar y le dictaba lo que era adecuado para él. A esa fuerza la llamaba su demonio, lo que en griego por supuesto tenía un significado completamente distinto al que tiene para nosotros. El demonio era una fuerza espiritual benévola hacia él. Estando en sintonía con ella, podía reconocer dónde lo llevaba su camino. Eso sí, sin revelarle el final de ese camino. Por ese motivo Sócrates tomó sin temor aquel pocillo de veneno que lo debía llevar a la muerte. Sabía que estaba en otras manos.
La verdadera comprensión es la comprensión de la meta en la cual nuestro camino se cumple. Esta comprensión es definitiva. Allí termina.
Esta comprensión es regalada. Nos lleva mucho más allá de nuestro selbst. Esta comprensión es un estado de ser sabio, de existencia sabia. Eso nos puede parecer al comienzo. Pero toda comprensión que está aún ligada a lo que es, solamente puede ser comprensión pasajera. La comprensión última, la que
permanece, la que permanece infinitamente, permanece más allá del estado de ser. Sólo allí es pura.
Lo nuevo
Lo nuevo nunca estuvo antes. Agrega algo a lo que ya estaba. Lo nuevo a menudo surge de un movimiento que ya estaba en marcha y que provoca un cambio, algo que pertenece a ese movimiento y lo hace aparecer. Un ejemplo de ello es la fruta madura.
Muchas veces lo nuevo es el resultado de un esfuerzo y de un trabajo que, con la meta como punto de mira, emprende y cumple algo. También en este caso lo nuevo es previsible, puesto que el movimiento ya está en marcha. Su resultado ya ha sido pensado anticipadamente y sólo falta que se dé. Eso sí, con la ayuda de un esfuerzo y de un trabajo.
Es diferente el caso de lo nuevo que aún no ha sido pensado y que, por esa razón, nos resulta inimaginable. Eso nuevo primero ha de ser pensado. Aquí lo nuevo es el resultado de una comprensión que vaticina, que puede reconocer lo que se va a dar, algo que se puede dar porque es pensado de manera reconocedora. Este reconocer es creativo.
Página 51 de 54
¿Cómo puede ser creativo y volverse creativo? Porque se aparta de pensamientos anteriores que ya habían fijado una dirección. Este reconocer mira, sin la carga de todo lo previo, a algo desconocido que se despliega ante él sin tener una intención determinada. Como ese reconocer está orientado y como espera hasta que venga a su encuentro y salga a la luz algo que hasta entonces estaba en la oscuridad, mediante la espera produce algo, mediante la espera atenta.
Repentinamente a este reconocer le viene la comprensión decisiva.
¿Este reconocer es un reconocer creativo? ¿Lo que se muestra es el resultado de ese reconocer o de un movimiento que de buena gana muestra algo nuevo para que pueda ser reconocido?
Este reconocer se vuelve creativo porque obedece a una ley diferente. Lo nuevo puede ser encontrado porque se muestra a la vista. Se muestra porque nuestro reconocer ya estaba preparado de antemano para ese mostrarse, orientado hacia él y a la espera, sin poder saber previamente qué se le iba a mostrar.
En ese sentido este reconocer es puro y está exento de todo lo que pudiera distraerlo o hacerlo susceptible de servir a otros objetivos. Por eso tenemos esa capacidad de reconocer mediante una limpieza interna. Gracias a ella nos volvemos abiertos y estamos disponibles para algo nuevo e inesperado.
En este contexto, ¿qué significa "dispuesto"? Que dicho reconocer también está preparado para las consecuencias de esa comprensión, sin importarle qué le exija.
Lo nuevo de esa comprensión siempre es algo grande con consecuencias
trascendentales. ¿Cómo es posible que se muestre para nosotros? Porque desde otro lugar existe esa voluntad.
Sostenidos
¿Quién nos sostiene? Nuestro destino tal como es.
¿Puede alguien intervenir en nuestro destino? ¿Permite nuestro destino que desde afuera alguien interfiera en él? ¿O es que todo aquel que de una manera u otra
interviene en nuestro destino está, en definitiva, a su servicio y de esa forma al servicio del espíritu que piensa nuestro destino tal como es? ¿También cuándo para nosotros, mirándolo desde afuera, parece ir en nuestra contra?
Nuestro destino, tal como es, supera algo. Jamás puede ser un destino definitivo, del mismo modo que el movimiento de ese espíritu no puede ser un movimiento definitivo ya que siempre continúa. Por eso antes de nuestro destino había algo y habrá algo después, algo que había sido nuestro destino antes y que será nuestro destino más adelante.
Nuestro destino es un destino pasajero. Forma parte de una larga fila. Si es o fue un destino fácil o difícil, eso se verá al final, con todos nuestros destinos juntos, con nuestros destinos personales y también con los destinos que, inexorablemente, están entrelazados con el nuestro.
Nos exige algo especial reconocer que, sea cual sea nuestro destino, estamos sostenidos por fuerzas más grandes.
Sostenidos y amados de esa forma por otras fuerzas, miramos nuestro destino a los ojos y miramos su corazón. Luego soltamos, confiados.
Nuestro destino tiene el permiso de ser tal como es, de guiarnos y sostenernos tal como es.
De esa manera en él encontramos la paz y mantenemos nuestra fuerza. De pronto sabemos que estamos en sintonía con otro amor y amamos como él. Sostenidos por ese amor estamos en camino y también ya en la meta.
Completo
Página 52 de 54
Completo es un tiempo que, cuando algo estuvimos esperando, finalmente llega. De esa forma también nuestro tiempo de vida está completo cuando ya sólo
esperamos el final.
También una esperanza se cumple, y un deseo o un anhelo se cumplen cuando recibimos y encontramos hacia dónde se dirigían. Lo mismo nos sucede con nuestra felicidad.
Con respecto ella, a menudo decimos que es fugaz. Pero la felicidad completa permanece durante mucho tiempo, por ejemplo la felicidad en el amor.
Cuando buscamos completud, ¿qué buscamos en realidad? Buscamos plenitud en el amor. En él nuestros anhelos más profundos se calman. Amor pleno es vida plena.
A veces también se completan un castigo o una tarea. Una vez cumplidos, quedamos libres, libres para lo nuevo.
En ese sentido también está completo lo anterior, cuando tiene permiso para quedar en el pasado.
Cuando algo está completo, ¿se detiene? Lo que se completó quiere seguir, aunque quiere hacerlo de otra manera. Permanece en movimiento.
¿Qué sucede cuando cumplimos un mandamiento? ¿Seguimos moviéndonos o nos detenemos? ¿Nos sentimos más completos o menos? ¿Nos falta algo después, por ejemplo amor?
En definitiva, lo único que nos completa es el amor. Todo amor llena y completa, pero cada uno de una manera diferente, según su alcance. En ese sentido, el amor crece una y otra vez cuando se completa y con él también crece la felicidad.
La luz
La luz ilumina nuestro camino en la noche. Sólo con su ayuda podemos encontrarlo y seguirlo. En la oscuridad, esta luz da para algunos pasos, de manera que con su ayuda continuamente nos debemos reorientar. Eso significa que, aunque la luz nos ilumine, para nosotros el final del camino permanece en la oscuridad. ¿Cómo nos sentimos cuando ese final permanece en la oscuridad? ¿Estamos más seguros, menos seguros?
Como para nosotros ese final permanece en la oscuridad, queda fuera del alcance de nuestra voluntad, de nuestra expectativa y de nuestro temor. Puesto que ese final permanece oscuro para nosotros, confiamos en otra luz, una luz eterna.
Esa luz brilla en nuestra alma como entrega a un movimiento que está quieto, como si ya hubiera llegado a la meta, una meta infinita. Como meta infinita necesariamente permanece oscura, ya que la luz que brilla para nosotros es finita y limitada, se pierde en la oscuridad y termina en la noche.
Confiamos en esa luz mientras brilla y, más allá de ella, vislumbramos algo último en lo cual se disuelve.
Dado que esa luz nos lleva a una oscuridad, está a su servicio durante un tiempo. Tal vez entonces diga Dios: "¡Qué se haga la noche!" iQue se vuelva a hacer la noche, la noche eterna, su noche!".
Mientras brilla, es la fuente de toda luz, también de la nuestra por un tiempo. Perdura también si nuestra luz se apaga. Y aún hay algo más que brilla: el amor, que en la oscuridad se vuelve ilimitado.