Reflexiones sobre la caracterización conceptual del campesinado en Argentina y Misiones.
4. Reflexiones finales
Confrontamos dos propuestas explicativas de los procesos; la de la persistencia de un “modo de producción campesino”, versus, la de la diferenciación y concentración.
De la primera quedaría fuera de consideración categorías propias del capitalismo: cálculo de la ganancia, el salario o la renta. Los campesinos trabajan y consumen de acuerdo a lo
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que “quieren” y sólo para cumplir sus necesidades de subsistencia familiares con una “lógica campesina” de organización del trabajo y la producción referida a las necesidades familiares y culturales.
Para esta corriente, los campesinos familiares capitalizados (farmers) se diferencian fundamentalmente por su grado de “acumulación de capital”. No por las relaciones de producción y del empleo de mano de obra. Las cuestiones culturales como “fondos ceremoniales”, o “tipos de tecnologías” (bueyes, tractores, etc.); como expresan algunos autores: “neolíticos” o “paleolíticos”; (a las que no se puede negar valor descriptivo), se utilizan para referir un modo de producción establecido, como si esa fuera su característica determinante, y no serían necesarios cambios transformadores o “revolucionarios”, tampoco para estos autores sería importante la categoría de la renta terrateniente.
Respecto a la segunda, mencionamos las posiciones de investigadores (como E. Sartelli et. al. ) que hacen una interpretación esquemática de los textos marxistas, con una aplicación mecánica al análisis de la realidad Argentina y de las clases sociales en el desarrollo del capitalismo en el campo: Según Sartelli, “el campesino feudal se ha transformado, entonces en pequeño burgués, burgués u obrero. Tanto el pequeño burgués como el burgués comparten el hecho de ser propietarios de los medios de producción y, por lo tanto, en ese aspecto forman parte de la clase dominante”. Y más adelante “En el sentido estricto, el terrateniente no es una clase social. Es una de las tantas personificaciones de la burguesía y en ese sentido no se distingue de ningún otro rentista, sea este arrendatario de un terreno, un departamento o bonista financiero. Un terrateniente que solo vive de rentas es un burgués rentista”.
Acusa de “verdadero desquicio metodológico” al trabajo de Basualdo y Khavisse “El nuevo poder terrateniente” (Ed. Planeta Argentina.1993-Bs. As.), que demuestra la subdivisión ficticia de las propiedades realizada en provincia de Buenos Aires para invisibilizar la concentración de la tierra y apoya en ese punto la posición de O. Barsky en el sentido de que la subdivisión habría democratizado la tenencia de la tierra ; cuestión que los Censos Nacionales Agropecuarios desmienten.
Por tanto, no es extraño que haya afirmado en el mismo texto que la “reforma agraria” ya se habría producido naturalmente en Argentina”…investigaciones de los últimos 20 años han demostrado que hubo un proceso de desconcentración de la tierra entre 1940 y 1955 y de pasaje a la propiedad, sin necesidad de reforma agraria alguna”.
Posteriormente explica que la reforma agraria no fue un elemento importante en el programa político de los partidos políticos con influencia en Argentina: “la razón es sencilla: la Argentina no precisa ninguna reforma agraria”.
Su esquematismo lleva a Sartelli a ‘embellecer’ al latifundio, negar su existencia y por tanto despreciar el peso de la renta del suelo (diferencial y absoluta) producida en lo fundamental por el trabajo humano asalariado (en el capitalismo) y con un gran desarrollo
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tecnológico y organización de la producción que es apropiada por ‘viejos’ y ‘nuevos’ terratenientes.
En Argentina el proceso de acceso a la tierra fue limitado por la supremacía del latifundio, habiéndose desatado en los últimos decenios un gran aumento productivo por la “vía prusiana” (en términos de Marx), con nuevas fracciones del capital cómo contratistas, pooles de siembra, fideicomisos de inversión (nacionales y extranjeros) acelerando el proceso de concentración de la producción y la apropiación de una enorme renta agraria en pocas manos, constituyéndose en una de las causas estructurales de los problemas sociales y económicos argentinos.
Los procesos de concentración que se han producido en el campo, en Argentina y en Misiones, no solo determinan la expulsión de campesinos, sino que frena el desarrollo de regiones en las cuales los procesos de reforma agraria han sido muy limitados.
Para el desarrollismo o neo desarrollismo, lo importante es incrementar los volúmenes de producción, no importa sus consecuencias económicas sociales o ecológicas. De allí que pasar de 35 a 100 y ahora proyectar 160 millones de toneladas de granos, no es lo mismo si se hace con 5.000 grandes productores o pooles de siembra o con un millón de chacras como fuera propuesto en el primer Congreso Nacional e Internacional sobre tenencia de la Tierra del año 2004.
Para estas controversias resulta conveniente recurrir a las fuentes y a las experiencias prácticas; es muy importante el antecedente que resalta F. Engels sobre la política hacia el campesinado desde el marxismo en su referenciado trabajo “El problema campesino en Francia y Alemania”: “En primer lugar, es absolutamente exacta la afirmación, concebida en el programa francés, de que, aun previendo la inevitable desaparición de los pequeños campesinos, no somos nosotros, ni mucho menos, los llamados a acelerarla con nuestras injerencias. Y, en segundo lugar, es asimismo evidente que cuando estemos en posesión del poder del Estado, no podremos pensar en expropiar violentamente a los pequeños campesinos (sea con indemnización o sin ella) como nos veremos obligados a hacerlo con los grandes terratenientes. Nuestra misión respecto a los pequeños campesinos consistirá ante todo en encauzar su producción individual y su propiedad privada hacia un régimen cooperativo, no por la fuerza, sino por el ejemplo y brindando la ayuda social para este fin”. La importancia del campesinado sigue siendo relevante en toda América Latina, en Brasil (a pesar de su desarrollo industrial actual), en Paraguay, en Bolivia y también en Argentina y en Misiones.
Para finalizar, podemos apreciar que no es indiferente sobre qué base interpretativa conceptual investigamos u observamos la cuestión agraria; pueden llevarnos a posiciones y proposiciones muy disímiles en cuanto a la compresión de la realidad, y a partir de allí, las propuestas políticas, las propuestas de trabajo y acción.
121 UNIVERSIDAD NACIONAL DE MISIONES (UNAM)