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Reflexiones finales

La población mexicana hoy tiene la esperanza de vivir por arriba de los 75 años, pero padece la incertidumbre de no saber en qué condiciones vivirá los últimos años de su vida. Aquí radica la función esencial del IMSS como institución de seguridad social y protectora de la salud de la población derechohabiente. A diferencia del resto de las instituciones públicas y de salud, el IMSS está obligado a responder por las necesidades de la población bajo su responsabilidad y no sólo resolver sus demandas puntuales de atención médica. El amplio espectro de servicios y prestaciones sociales a los que está obligado el IMSS, requiere que su organización y funcionamiento estén acordes a la realidad que hoy viven sus derechohabientes. Adaptarse a esa realidad demanda que se prepare para hacer frente a lo que hoy en día parece ser su mayor desafío: el envejecimiento de la población derechohabiente.

La dinámica demográfica nos demostró que los cambios son inevitables y muy acelerados, y estas características los vuelven ineludibles. De ahí que la ins- titución deba orientar sus esfuerzos para garantizar que los servicios que hoy provee no se vean rebasados en el futuro. El IMSS ya sabe que los adultos mayores confor- man un grupo poblacional de enorme presión a los servicios de salud y a los estados financieros de la institución. El impacto de su demanda de servicios de salud en el nivel ambulatorio y hospitalario está claramente ilustrado en el perfil epidemio- lógico descrito en este capítulo. Si bien no es nuestra intención analizar cuáles fueron las razones por las que el IMSS enfrenta este desafío; sí haremos un esfuerzo por describir las herramientas implementadas para detener y diluir su efecto sobre la salud de la población derechohabiente.

El desarrollo institucional se caracterizó por su enfoque curativo y especiali- zado de la atención médica y ello motivó un enorme empuje a la infraestructura hospitalaria y una diversificación y especialización de los servicios de salud. A diferencia de lo que hizo el IMSS en el pasado, la estrategia en la que hoy funda- menta su función esencial como institución de seguridad social es la prevención, y los programas implantados para convertirla en realidad se encuentran cimentados en el primer nivel de atención. Los servicios de medicina familiar se ven fortalecidos a través de su programa de mejora continua, el sistema de información nominal (SIAIS y expediente electrónico) y los Programas de Atención Integrada PREVE-

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NIMSS. Las acciones están encaminadas a intensificar las acciones de detección oportuna, diagnóstico precoz, prevención, tratamiento eficaz y rehabilitación de los principales problemas de salud de toda la población derechohabiente. Estos componentes de atención están reforzados por acciones educativas y de promoción de la salud, así como por la implantación de grupos de autoayuda y apoyo para mejorar el impacto de las intervenciones.

Como estrategia paralela existen proyectos enfocados a la atención de los principales problemas que aquejan a los adultos mayores, entre los que destacan el Plan Gerontológico Institucional 2004-2024, los lineamientos para la atención integrada de la obesidad, la diabetes mellitus y la hipertensión arterial y el proyecto para la evaluación de las necesidades y demandas de atención social a la salud de los adultos mayores. Todas estas iniciativas señalan la prioridad otorgada a la salud de este grupo en el IMSS y su impacto se podrá evaluar gracias al sistema de información nominal. El gran desafío será diversificar sus servicios para englobar las complejas necesidades de los adultos mayores. En primer lugar tendrá que fortalecer su capacidad humana, incorporando los servicios de geriatría a las uni- dades médicas, y capacitando a su personal para motivar una atención integral y de calidad. Un componente importante para la atención de este grupo será promover los servicios de atención domiciliaria, así como la creación de unidades geriátricas en las unidades de tercer nivel.

En paralelo al fortalecimiento de los servicios de atención médica viene un compromiso adicional e igualmente complejo, como lo es el otorgamiento de presta- ciones sociales adecuadas a las necesidades de los adultos mayores. En este rubro, el IMSS, como ninguna otra institución de salud, tiene la responsabilidad de otorgar un amplio espectro de acciones complementarias a las médicas que dignifican y benefician la salud de la población bajo su responsabilidad. En el caso de los adultos mayores, el IMSS tendrá que movilizar sus recursos para organizar centros de día asistenciales, estancias diurnas, temporales, alojamientos y residencias donde se ofrezcan actividades y servicios que protejan y promuevan la salud, además de alentar la integración grupal. El desafío para los próximos años pondrá a prueba la fortaleza e integridad de la institución, los resultados hablarán por ella.

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Hace muchos años se decía que salud era la ausencia de enfermedad, luego se dijo que salud era el equilibrio biopsicosocial, y desde no hace mucho tiempo se utiliza el término “calidad de vida”. Podemos decir que la calidad de vida, incluye los aspectos de la salud física, la salud mental, los aspectos sociales, el hábitat y la infraestructura, los aspectos económicos, los espirituales, la justicia y la seguridad. El derecho a una mejor calidad de vida para los ancianos es el más fácilmente declamado y también el más fácilmente olvidado y postergado, sobre todo cuando pasan los eventos declamatorios, como son: congresos, jornadas, simposios, y también, las elecciones. Esto es lamentable porque este derecho se vincula direc- tamente con la dignidad del ser humano, e incluye una buena atención médica, una mejor vida social, una vivienda digna y percibir una jubilación económicamente justa y suficiente. Sólo de esta manera se les permitirá a las personas de la tercera edad, llegar sin esfuerzo a tener una vida digna.

En la medida en que exista una política social y económica al servicio del pueblo, existirá una mejor calidad de vida de la comunidad y, por ende, de los ancianos. Nunca puede haber buena calidad de vida sin contenido social, por lo tanto no puede haber una política integral para los ancianos sin seguridad social eficiente.

Se debe prolongar y mejorar la calidad de vida de las personas de la tercera edad, para que mantengan una vida digna y socialmente independiente, pero para eso se debe actuar tanto en la persona sana, como en la enferma. La independencia social, será posible, a partir de la independencia económica, y de una política de seguridad social al servicio de los ancianos.

La salud en la tercera edad: