Los encuentros sostenidos con las mujeres que transitan las etapas de la maternidad, han permitido realizar comprensiones con respecto a sus vivencias emocionales, narradas en las sesiones de trabajo emocional, tanto de entrevista como de seguimiento en sesiones de psicoterapia durante el período de preñez, especialmente los dos o tres últimos meses de gestación. Esta experiencia se vio enriquecida con algunos ejercicios de Observación en los procesos de parto.
Como un punto de partida de la consideración de la maternidad en este trabajo se fijó el inicio de la gestación. El período de preñez para su demarcación y mejor comprensión se dividió en los tres trimestres que transita la mujer con su bebé en el vientre. La importancia del parto fue objeto de una mirada especial, dado que es un momento que atraviesa toda una ‘espera’ y genera emociones encontradas, emociones particulares y privadas en cada una de las gestantes, de acuerdo a sus propias historias y a su estructura de personalidad.
Sólo unos puntos por resaltar, ajustados a la revisión que se realizó y que conciernen a toda esta experiencia de maternidad, que aportan por lo tanto relevancia a la configuración de la relación madre-hijo.
1)- la relación de la nueva madre con su propia madre contribuye a la puesta en marcha de la actitud maternal que se va conformando como protectora y continente en la díada madre-bebé. La mujer internaliza la ‘función’ que su madre ejerce desde los inicios de su vida, y crea en su
mundo interno un modelo relacional que desplegará cuando inicia su propia maternidad. El interés por ella como madre y por ella misma como hija, se funden en un aprendizaje privado que va desplegando su acción a medida que la preñez progresa. La maternidad, como ejercicio, se va configurando. La gestación se va experienciando acompañada, tanto de las figuras femeninas maternales internalizadas, especialmente la madre como protagonista, y un medio familiar y social que aporten consideración y cuidado a la gestante. Aquí incluimos el acompañamiento, cuidado, protección del padre, quien está viviendo también la experiencia de la gestación, a nivel mental o emocional, y por lo tanto, contribuye con la fuerza necesaria para mantener esta experiencia emocional compartida.
En las mujeres entrevistadas y en las que estuvieron en psicoterapia, se pudo observar, que en el ejercicio de su maternidad revivían, activaban fantasías, siempre en relación a la madre internalizada y a la madre real. En las tres pacientes que estuvieron en psicoterapia durante su gestación, se evidenció que la relación con el objeto madre influyó en sus comportamientos maternos.
Erika, en relación con su madre, había internalizado una madre capaz de dar la vida, de generar amor, de estar dispuesta a cualquier cosa con tal de darle vida al bebé. En su historial de vida, tanto ella como su madre, fueron víctimas de la violencia social en nuestro país, padre asesinado, un hermano y un familiar también, de manera que, en su gestación, al llevar una vida dentro de sí, se permitía elaborar sus relaciones con las figuras muertas internalizadas. Beatriz, en las sesiones muestra a una madre internalizada, temerosa de la vida, que influyó en sus comportamientos, en su embarazo y como madre. Angélica, una docente, cuyo embarazo anterior fue abortado, nos muestra una madre internalizada en cuyas fantasías prevalece lo malo, lo
persecutorio y dominante de ella, a partir de las vivencias reales en el vínculo con la madre, que ahora determinan su comportamiento materno.
En el primer trimestre donde se inicia el proceso de la gestación, se pudo observar que en las gestantes surgen ansiedades de tipo persecutorio y paranoico en relación a ella misma, al bebé y a sus circunstancias actuales (por ejemplo con respecto a sus relaciones familiares y a la economía) que la impelen a mirar de cara a su futuro inmediato ( si es capaz de llevar una vida en todo el embarazo, parir y dar una crianza), además dichas ansiedades se activan a partir de las vivencias arcaicas con sus figuras tempranas, en especial, la madre, internalizada. Se pudo observar que dichas ansiedades pueden ser contrarrestadas por el mecanismo de la negación que permite, por ejemplo, el aumento del sueño (hipersomnia) y satisface desde lo biológico, la necesidad del reposo que el organismo requiere al iniciar el estado gestacional; la negación favorece la regresión en la materna al identificarse con el bebé, el asemejarse al el bebé permitirá más adelante sentirse más unida a él (ver viñeta de Ana).
Sin embargo, cuando estas ansiedades no son contrarrestadas en la mente de la gestante pueden dar lugar a manifestaciones psicosomáticas como hiperémesis gravídica e insomnio que afectan el estado de salud en general en la materna, lo que pone en riesgo a su vez su vida y la del bebé (ver viñetas de Francy). De manera que puede observarse cómo en el primer trimestre se configura un estado mental en la materna, que puede favorecer o no, el desarrollo adecuado de su gestación, para dar lugar a un parto sin graves complicaciones.
Es en este primer trimestre cuando la materna experimenta cambios del comportamiento en los miembros de su familia, por ejemplo sus demás hijos quienes vivencian en sus mentes a un bebé rival que los va a despojar del amor de su madre, lo que les genera ansiedades persecutorias
y depresivas con manifestaciones psicosomáticas (ver viñeta de Gladys) y comportamientos regresivos (ver viñeta de Angélica). Se pudo observar que una atmósfera familiar es clave para contener estas ansiedades en los pequeños y así evitar agravamientos en su salud en general.
El segundo trimestre se caracteriza por experimentar la madre fisiológicamente al bebé en su vientre lo que incrementa en ella el sentimiento de sentirse unida a él y activa ansiedades persecutorias, de acuerdo a lo observado, acompañadas de culpa en relación al bebé a partir de las vivencias actuales. Se pudo observar que en este trimestre los mecanismos de reparación y sublimación fueron claves para contrarrestar estas ansiedades (ver viñetas de Angélica y Érika) para instaurarse el amor materno y animarse a continuar con el embarazo al sentirse como madres que dan la vida. La identidad materna conlleva al compromiso de estar con el bebé, de darle la vida.
El tercer trimestre son los últimos momentos de la gestación que preceden al parto, el bebé se ubica en la posición habitual para el parto (cabeza abajo, cerca del cuello del útero y pies arriba). Por lo que se pudo observar en las pacientes en este trimestre, se da un incremento de las ansiedades de tipo persecutorio en relación al parto (cómo va a ser, lo que dice la gente de ese momento), con angustias de muerte, de ella o del bebé, en este proceso. Se pudo observar que nuevamente el mecanismo de la negación y el de la proyección fueron claves para contrarrestar estas ansiedades en las maternas (ver viñetas del tercer trimestre) lo que les permitió tolerar estas ansiedades con respecto al parto y así evitar graves alteraciones como presión arterial alta, parto pretérmino, insomnio, etc. y poder continuar a la siguiente etapa.
Es de anotar que, en la psicoterapia, en la etapa de la gestación, estas mujeres se mostraron comprometidas con el proceso, como reproducción del compromiso de ellas para con sus bebés; a
medida que avanzaban en sus embarazos, realmente se gestaba en sus mentes un bebé. No presentaron graves alteraciones somáticas (hipertensión, diarreas, hiperémesis, infecciones urinarias, aumento de peso excesivo…) y pudieron llegar sin graves perturbaciones a la etapa del parto.
2 - ) La experiencia del parto también tiene sus raíces en el propio nacimiento. Fantasías y temores, además de la sombra persecutoria de la muerte de la madre o el bebé, se vive como amenazante esto de: ‘parir es ceder la vida’ que es una fantasía muy profunda en la madre y en los momentos cercanos al parto se hace contundente. Esto reclama la necesidad de cuidar y acompañar de manera acogedora y continente por medio de las intervenciones psicológicas, además de la creación de un ambiente adecuado para la madre durante todo este proceso del parto. Ahora bien, la realidad de cómo se trabaje con la gestante durante el parto marca de manera intensa las cualidades relacionales de la madre con su bebé. Si hay una comunidad médica, humana, que reduzca con su buena disposición estos temores, la madre estará más dispuesta a la unión inmediata con sus bebés y este bebé estará también más propenso a una experiencia primitiva positiva y en mejores condiciones de organizarse; guardará esta vivencia para los futuros episodios de gestación y parto de sus crías.
En el parto, estas tres pacientes fueron víctimas de una atención médica deshumanizada cuyas vivencias afectan de manera negativa, a posteriori, la relación vincular con sus bebés. Una
atención deshumanizada crea traumas en la mujer, que luego reviven, en la etapa de la lactancia, al conectarse física y emocionalmente de nuevo con su bebé; ese trauma se añade a otros acontecimientos emocionales que, de por sí, trae la maternidad.
Se pudo observar en las experiencias emocionales de las pacientes que transitaron las etapas del parto que cuando se instauran los mecanismos de negación, regresión y asilamiento sumado a lo internalizado en las intervenciones psicológicas, permite elaborar sus ansiedades persecutorias y proseguir con el proceso (ver Viñetas de Joana, Erika y Beatriz), pero cuando no se logran contrarrestar estas ansiedades, el proceso se altera (ver viñeta de Claudia) lo que puede generar complicaciones del parto, como incremento del dolor y detención del proceso, lo que genera riesgos de muerte, tanto para ella como para el bebé. Otro elemento a resaltar es el ambiente acogedor, contenedor, por parte del personal médico y de enfermería, lo que le permite a la paciente transitar sin graves alteraciones el proceso del parto, de lo contrario se puede detener el proceso como en las experiencias de Gladys, Claudia y Joana; quienes fueron remitidas a un hospital de tercer nivel de atención. Se evidencia que se hubiese podido evitar estas remisiones si el personal profesional hubiera tenido un comportamiento más comprensivo y continente.
De lo anterior, se propone como necesario que el personal profesional que acompañe a la paciente en estos momentos, sea preparado emocionalmente, ya que el trabajo con maternas, en especial, en la fase del parto, reactiva en ellos las ansiedades persecutorias de sus propios traumas del nacimiento, el poder manejar sus ansiedades les permite tolerar los estados emocionales de las pacientes en el momento del parto. En muchas de las viñetas se observa que el personal médico se muestra no contenedor con respecto a las necesidades de las pacientes.
Cabe destacar que se evidenció en algunas maternas, tanto en la gestación como en el parto, que se activó el mecanismo de la negación para contrarrestar sus ansiedades paranoicas, lo que permitió que continuaran con el proceso de gestación y parto de manera adaptable. Soifer (1973)
plantea que este mecanismo es unos de los principales que las maternas utilizan al momento de hacerle frente a sus estados emocionales de angustia.
3 - ) Se puede observar que la función del psicólogo clínico con las pacientes, en la atmósfera terapéutica con ellas, se convirtió en lo que Stern (1990) describe como Matriz de apoyo, un encuentro en el que ellas pudieron sentirse contenidas, reconfortadas, un espacio para pensar sus experiencias emocionales, aprender de ellas e internalizar un objeto-terapeuta que las contiene y contribuye a que, luego, ellas contengan a sus bebés a partir de sus estados amorosos, que sientan las bases de una buena salud mental y física en ellos.
En la fase expulsiva del parto, el médico en su angustia, solicita la presencia del psicólogo clínico en la sala de partos ya que la paciente Gladys se hallaba en dificultades para transitar esta fase para dar a luz. Se observa que la intervención terapéutica genera reacciones en el comportamiento de Gladys y también en el personal médico. Se movilizaron emocionalmente al no realizar verbalizaciones; tan solo la médica, cuando le dice a la paciente que su bebé está naciendo lo que hace que esta situación cree una atmósfera más apropiada para el parto. Esta vivencia emocional confirma lo que Soifer (1973) describe sobre la presencia del enfoque psicológico como fundamental para contrarrestar las crisis de ansiedad en la paciente en el proceso del parto, en cada una de sus fases.
Este trabajo evidencia que el papel del psicólogo clínico es clave en un programa de atención a la maternidad. Muchas de las alteraciones somáticas en las pacientes maternas que fueron intervenidas psicológicamente provenían de conflictos psíquicos, de ahí la necesidad de intervenir sobre lo emocional en un centro de salud que ofrece servicios de atención de primer nivel, con la finalidad de atender las necesidades emocionales que pueda presentar la mujer en el
ejercicio de su maternidad y con el fin de contribuir a la reducción de traumas tempranos que puedan repercutir en el vínculo madre-bebé, como se ha evidenciado en la paciente Angélica que fue atendida en un hospital de tercer nivel donde vivió una experiencia no grata en su parto, debido al actuar del personal médico, lo que la afectó posteriormente, con riesgos de generar depresión postparto y afectar por lo tanto, su vínculo con la bebé.
En algunas de las intervenciones realizadas en la gestación como en el parto se evidenció que se evitaron remisiones de atención de partos a la ciudad de Pereira, a hospitales de tercer nivel y que fueron atendidos en hospital de Santuario. También se evidencia en medio de toda esta experiencia renovadora que promete la atención emocional una apertura por parte del personal médico al solicitar la presencia del psicólogo clínico en la sala de partos y en el servicio de urgencias, frente a dificultades emocionales en las maternas, lo que da a comprender es que el servicio médico comienza a sensibilizarse frente a la importancia de lo emocional en un programa de maternidad. Es evidente que gran parte de los trastornos orgánicos y psíquicos de la maternidad obedecen primariamente a factores emocionales en la mujer, de ahí la necesidad de humanizar los servicios de atención en salud.
Pese a lo que se ha logrado, es necesario, sensibilizar aún, y crear conciencia en las esferas médicas, de la importancia de los aspectos emocional y psíquico en el ejercicio de la maternidad, con el fin de mejorar la operatividad de aquellos profesionales de la medicina y enfermería que atienden a las maternas. Ya hay suficientes estudios serios a nivel de la Psicología como por ejemplo las que ha realizado la Escuela Psicoanalítica, cabe mencionar nuevamente a Deutsch (1944), Langer (1951), Soifer (1973) y Stern (1990 e, inclusive otras profesiones, a saber de Schallman (2007) y Odent (2008), sobre las implicancias de conceder la relevancia adecuada a lo
emocional y lo psíquico en la maternidad; de ahí, la propuesta de un modelo de atención psicológica a la mujer gestante-materna, incluyendo a su pareja y a su familia, desde un enfoque humanizado de la salud que consiste en integrar lo emocional, lo que contemplaría al ser humano en su totalidad, en el que los miembros de la institución hospitalaria participen activamente.
Toda esta travesía realizada usando la gestación y el parto como representativos de la puesta en escena de los primeros contactos y despliegue de la maternidad, arma, no sólo el escenario, sino, y de forma muy evidente, una argumentación contundente acerca de contener, sostener, proteger, cuidar y acompañar la maternidad en sus aspectos iniciales como los aquí presentados. La necesidad de la madre y su cría de ser bien recibidos por la comunidad humana descansa, en primera instancia, en el servicio de salud, valga aclarar que en nuestro medio está representado por el servicio médico y de enfermería. Su desempeño en estos momentos es vital para la supervivencia.
Hablemos ahora de supervivencia emocional y de cómo, su atención y su consideración es también una necesidad vital para el cuidado y la protección de la salud mental. Es bien evidente y clara la propuesta desde la psicología, formada en los aspectos emocionales, para formular el acompañamiento a la madre y al bebé en el establecimiento de una relación cercana, amorosa y de vincularidad fuerte. El trabajo realizado a lo largo de este estudio es de una fuerza intensa, ya que es prueba fehaciente de cómo un seguimiento y una compañía facilitan expandir la mente, tanto en la gestante como, y especialmente, en el servicio médico.
El plan, muy sucintamente expuesto sería de la siguiente manera: Durante el ejercicio de la maestría y una vez decidido el tema de tesis, se propone al hospital atender a las gestantes en el acompañamiento a la gestación, haciendo referencia a los momentos emocionales especiales que
enfrenta una mujer durante la preñez. Como parte de la labor del psicólogo, el hospital aceptó. Se llevaron a cabo varias reuniones con el servicio de salud para ponerlos al tanto de la tarea que realizaría el psicólogo, y en las cuales, se proponía también pensar y reflexionar acerca de las experiencias emocionales que se manifiestan en ellos al trabajar con la maternidad. Lo emocional en la maternidad genera incertidumbres que angustian (re-edición de sus experiencias de nacimiento) a los profesionales de la medicina y la enfermería. Son necesarios pues escenarios en los cuales se pueda pensar sus experiencias emocionales con el fin de promover en ellos estados más capaces de tolerar la incertidumbre que se despierta en los encuentros con la maternidad.
Durante más de un año se realizaron entrevistas y/o acompañamiento permanente en modalidad de psicoterapia a varias gestantes. Los médicos, ya sabiendo que este servicio estaba implementándose, remitían a las madres que, según charlas con el psicólogo mostrarían síntomas o estados mentales a tener en cuenta. Eran pues atendidas estas madres y, aún más, sus parejas estuvieron invitadas a reuniones de acompañamiento durante la gestación.
A esto se sumó el interés creciente de los médicos y las enfermeras por la comprensión y la ayuda que se prestaba en momentos emocionales difíciles en la atención a las madres; es así que cuando médicamente se encontraban con una madre sana, que insistía en alguna sintomatología, la madre era inmediatamente remitida al psicólogo o, en su defecto, se llamaba al psicólogo al servicio para hacer intervención. Esto fue generando confianza y un mejor trato para los estados mentales, emocionales de las madres. Una vez que ya estaba funcionando así, comenzaron a realizarse ‘observaciones’ del psicólogo en la sala de partos. En momentos difíciles de éstos, con relación al estado emocional de la madre, el psicólogo era requerido para intervenir. Así comenzó entonces a abrirse también este espacio para una atención emocional.
Hasta este momento está este hospital San Vicente de Paúl de Santuario, Risaralda con esta nueva implementación basada ya en la confianza del trabajo que el psicólogo clínico puede ofrecer en los momentos de la gestación y el parto. Las intervenciones continuaron incluso en el período del puerperio y los inicios de la lactancia.
Son necesarias solamente mentes abiertas para articular la psicología clínica con formación en la atención a la emocionalidad, el conocimiento de la maternidad en todo su despliegue, y un personal médico y paramédico que se una a la atención integral para la madre gestante.
Considero, desde mi experiencia clínica, que, debido al modelo de sistema de salud