Maternidad: Gestación y Parto
Edwin Oneiber Bermúdez Hernández
Para optar al título
Maestría en Psicología Clínica de Orientación Psicoanalítica
Directora de Tesis
Dra. Hilda Botero Cadavid
Pontificia Universidad Javeriana
Facultad de Psicología
Maestría en Psicología Clínica
Nota de Aceptación
Presidente del Jurado
Jurado
Jurado
Tabla de Contenido
NOTA DE ACEPTACIÓN ... 2
RESUMEN ....5
INTRODUCCIÓN ... 6
OBJETIVOS ... 9
OBJETIVO GENERAL ... 9
OBJETIVOS ESPECÍFICOS ... 9
METODOLOGÍA ... 10
¿DESDE CUÁNDO LA MATERNIDAD? ... 13
MUNDO INTERNO ... 21
LA MATERNIDAD COMO HECHO ... 30
GESTACIÓN: ANSIEDADES, TEMORES Y OTROS… ... 34
PRIMER TRIMESTRE ... 35
SEGUNDO TRIMESTRE ... 45
TERCER TRIMESTRE ... 49
EL PARTO: PARTO: ANSIEDADES, TEMORES Y OTROS… ... 70
ALGUNOS ASPECTOS BIOLÓGICOS ... 70
PRIMEROS SÍNTOMAS ... 74
LA INTERNACIÓN EN LA CLÍNICA ... 86
PROCESO DE DILATACIÓN ... 89
EL PERIODO DE TRANSICIÓN ... 90
CONCLUSIONES Y RECOMENDACIONES ... 116
SERVICIO DE ATENCIÓN PSICOLÓGICA A LA MATERNIDAD ... 116
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS ... 121
Resumen
El presente trabajo explora, desde una orientación psicoanalítica, las experiencias emocionales con
respecto a la gestación y el parto de las mujeres en período de preñez que realizan sus controles de
embarazo en el Hospital san Vicente de Paul de la ciudad de Santuario, Risaralda. Se llevaron a
cabo entrevistas que aportaron el contexto de la vivencia de maternidad y generaron
comprensiones importantes para la atención emocional. De estas mujeres se eligieron tres gestantes
para el seguimiento psicoterapéutico durante su periodo gestacional. Se realizaron también
observaciones y acompañamiento en algunos procesos de parto. Las comprensiones acerca de la
maternidad abarcan las etapas de embarazo, dividido en tres trimestres y el parto que se dividió en
fases para su mejor comprensión. En estas etapas se muestran los estados emocionales de las
maternas en forma de viñetas clínicas que son, tanto ilustrativas de propuestas teóricas, como
observaciones para la reflexión y la intervención. Las experiencias emocionales de las maternas
permitieron mostrar que los factores psicológicos influyen en el desarrollo del embarazo y el parto,
lo que arroja la necesidad de integrar el servicio de psicología clínica en los programas de
maternidad en un hospital de primer nivel de atención en salud.
Introducción
En el presente trabajo, se darán a conocer algunas reflexiones en relación con las vivencias
emocionales de la mujer en el ejercicio de su maternidad, en los momentos de gestación y parto, a
partir de las intervenciones psicológicas (entrevistas clínicas, ejercicios de observación y
psicoterapia) con las madres que asisten a consulta psicológica en el Hospital San Vicente de Paúl,
en el municipio de Santuario, Risaralda.
Pregunta orientadora: ¿Cuáles de las experiencias emocionales de las mujeres que
transitan por su maternidad, durante las etapas de gestación y parto, son susceptibles de identificar
a partir de la atención psicológica? Y, ¿con qué fin?
El interés por esta temática nace de los encuentros sostenidos en el área de trabajo en
Psicología Clínica en el Hospital San Vicente de Paúl del municipio de Santuario, Risaralda, con
mujeres en proceso de gestación. Por años, se ha tenido la posibilidad de estar en contacto con sus
emociones, sus angustias y, en muchas ocasiones, con sintomatologías clínicas que pueden durar
días o semanas, y que pueden llegar a afectar seriamente la continuidad del embarazo, o incluso,
en casos más graves, poner en riesgo la vida de la madre y de su bebé.
En la actualidad, la importancia de los factores psicológicos que hacen parte de la vivencia
de la maternidad durante la experiencia de gestación, no es considerada apropiadamente por los
profesionales que realizan o tienen a su cargo la atención médica y de enfermería. Tal actitud puede
entenderse desde varios vértices: Su formación, su historia personal y un modelo médico que no
favorece la consideración de los estados emocionales de los pacientes. A pesar de los adelantos
trabajos interdisciplinarios; además, hay un desconocimiento, o incluso subvaloración, de los
desarrollos psicológicos en el campo de la maternidad, pese a los grandes avances que ha
protagonizado la Psicología, en especial el Psicoanálisis, con autores como Langer (1951), Soifer
(1973), Stern (1990).
Lo anterior genera, con mucha frecuencia, experiencias desagradables en las Áreas de
maternidad de los sistemas hospitalarios, que contribuyen al incremento de las ansiedades en las
gestantes, lo que, a su vez, da lugar a afectaciones traumáticas, tanto psíquicas como somáticas.
Todo esto demuestra la relevancia y la necesidad de implementar la intervención emocional en la
gestante, como ejercicio de continencia para la prevención de alteraciones somáticas (partos
prematuros, hipertensiones, hiperémesis, etc.) que puedan poner en riesgo su vida y la de su bebé.
Esta no es, ni mucho menos, una preocupación nueva, ya que ha sido explorada, investigada y
sujeto de propuestas de atención por autores como Langer (1951), Soifer (1973) y Odent (2008).
Un modelo de intervención emocional en estos periodos, generaría beneficios reflejados en una
mejor relación madre-hijo, que protege la salud mental de ambos y mejora sus relaciones
familiares, lo cual va a redundar en una mejora relacional a escala comunitaria.
Por todo esto, se considera de suma importancia explorar y atender responsablemente la
emocionalidad de la madre gestante.
El vértice teórico, desde el cual se llevará a cabo esta observación y comprensión, será el
de la Teoría psicoanalítica, que permite generar percepciones inéditas útiles para establecer nuevas
formas de intervención, y promueve una mejor y más cuidadosa atención emocional en este caso
Para la elaboración de este trabajo, se revisarán algunas contribuciones de varios autores,
como Melanie Klein, quien expone sus planteamientos sobre la influencia de la organización del
mundo interno en la formación del carácter del Ser humano, en este caso en el de la mujer, que se
pone en escena durante la experiencia materna. Marie Langer y Raquel Soifer, que abordan, de
manera más profunda, los sucesos y las vivencias de la maternidad. Adicionalmente, otros autores,
como Helen Deutsch y Daniel Stern.
La presentación del material clínico, fruto del trabajo con gestantes durante un año de
atención intrahospitalaria, se hará así:
1- Se abordarán algunos aspectos teóricos sobre la maternidad y, especialmente,
determinar desde cuándo se inicia, lo que otorgará el contexto adecuado para
implementar el abordaje terapéutico con las madres que forman parte de esta
elaboración.
2- Se describirán aspectos teóricos concernientes a los diferentes momentos que se
vivencian durante la preñez y el parto. En este punto, se presentan viñetas clínicas que
ilustran los aspectos observados y que la teoría nos ayuda a entender.
Al final de esta presentación, se ofrecen algunas conclusiones y sugerencias acerca de una
mejor prestación del servicio de Atención Psicológica para la Maternidad en el Hospital San
Objetivos
Objetivo general
Identificar en algunas madres gestantes que son atendidas en el Hospital San Vicente de
Paúl del municipio de Santuario, Risaralda, algunas experiencias emocionales durante el
periodo de gestación y frente al parto con el fin de generar reflexiones en relación a su
maternidad y un mayor compromiso en la operatividad del Hospital que atiende la
experiencia.
Objetivos específicos
Determinar las vivencias emocionales más relevantes de las mujeres en el periodo de
gestación y parto, con el fin de proponer un trabajo psicológico esta población en particular,
como política hospitalaria.
Indagar acerca de las expectativas, sentimientos, ideas y emociones de las maternas frente
a la experiencia del parto, con el propósito de intentar comprenderlas, para apoyar una
mejor atención y un mayor compromiso con la vincularidad madre-hijo.
Establecer los puntos más importantes acerca de la Atención Psicológica para la
Maternidad, con el fin de promover un mejor cuidado en el programa de maternidad que
Metodología
Este estudio es de corte cualitativo, lo que de acuerdo a Strauss (2002), implica describir, explorar
y comprender un fenómeno en el que las personas, en este caso mujeres en estado físico y
emocional de gestación, dan cuenta de sus vivencias en relación a ese fenómeno episódico en sus
vidas, para posteriormente, proponer una alternativa al actual modelo de atención. La orientación
de investigación – intervención partirá desde el enfoque psicoanalítico, según una modalidad
clínica que, de acuerdo a Laverde (2008), se caracteriza por una observación participante,
intersubjetiva y vivencial. La mirada psicoanalítica fue clave en la comprensión de los elementos
dinámicos inconscientes que manifestaron las mujeres en momentos clave de su maternidad:
Embarazo y Parto.
Diseño
El presente estudio es explorativo y descriptivo, con base en el material recogido durante
entrevistas, ejercicios de observación y sesiones de psicoterapia, que se sistematizaron por medio
de protocolos-registros que luego fueron sometidos a supervisión por la asesora a cargo, para
posteriormente, seleccionar el material clínico, que serviría de ilustración en forma de viñetas,
paso a paso, a medida que se va desplegando la exposición teórica, acompañada de reflexiones y
comentarios, después de cada una.
Participantes
Este estudio se adelantó en el Hospital San Vicente de Paúl, ubicado en el municipio de Santuario
(a 100 minutos, aproximadamente, de la capital departamental), departamento de Risaralda, con
correspondiente consentimiento informado. Tanto en las entrevistas como en las observaciones de
partos, participaron mujeres del área urbana y rural; en las sesiones de psicoterapia,
infortunadamente, sólo participaron mujeres del área urbana, debido a las dificultades para asistir
al proceso desde las áreas rurales. Concurrieron en total, 20 mujeres en periodo de gestación, que
asistían a controles prenatales, remitidas por el Servicio de ginecología del Hospital mencionado.
Instrumentos y materiales
Se utilizaron protocolo-registros de cada uno de los encuentros (entrevistas, sesiones de
psicoterapia y observaciones de partos) con las participantes; se transcribió lo que el terapeuta
vivió con cada una de ellas, en los encuentros que se realizaron en el consultorio, en el área de
hospitalización y en la sala de partos.
Se utilizaron entrevistas de tipo no estructuradas; las sesiones de psicoterapia con un
modelo de orientación psicoanalítica y las observaciones de partos, consistieron en presenciar este
proceso, desde la hospitalización de la paciente, ingreso en la sala de partos -con el consentimiento
de ella y del médico-, para observar el comportamiento de la parturienta hasta su salida con el bebé
en brazos. Esta observación implicó en el Observador comportamientos que no obstaculizaran el
proceso del parto, asumiendo una presencia de acompañamiento y sostén para la madre durante el
proceso. También, se llevaron a cabo algunas intervenciones psicológicas en esta sala de partos,
de manera que, tanto el médico como la paciente pudieron expresar y sancionar, en el transcurso
Procedimientos
Se atendió a 20 mujeres gestantes, inicialmente mediante 15 entrevistas, cinco ejercicios de
observación de partos y, con tres mujeres embarazadas, se llevó a cabo un proceso psicoterapéutico
de 15 sesiones con cada una, a partir de la semana 24, a razón de dos veces por semana.
Después y durante cada encuentro, se registró detalladamente la experiencia, para la
evaluación correspondiente por parte de la Supervisora y, posteriormente, para ser analizados de
acuerdo al tema y al contexto teórico elegido para la tesis. Se seleccionaron viñetas clínicas de 15
mujeres para, a medida que se exponen los lineamientos teóricos del embarazo y parto, alimentar
la narrativa y la comprensión, tanto de las vivencias comentadas como de los aspectos teóricos que
demandan.
Intervenciones
Las intervenciones psicológicas fueron realizadas totalmente en el Hospital San Vicente de Paúl
del municipio de Santuario, Risaralda, considerado como una institución del Primer nivel de
atención de salud.
Las intervenciones psicológicas se vieron afectadas por acontecimientos externos, como el
paro cafetero y las demoras en el pago de los servicios de salud que ofrece el Hospital, por parte
de las Entidades Promotoras de Salud (E.P.S.), lo que afectó, aunque no en forma definitiva, la
participación de las gestantes en la dinámica acordada para el presente estudio.
Se pusieron de manifiesto, también, barreras culturales que dificultaron la realización de
los encuentros, debido a creencias sociales sobre el quehacer del Psicólogo, dado que era la primera
Primera Parte
¿Desde cuándo la maternidad?
La maternidad, no sólo es una manifestación física, pues comprende una serie de funciones que
van desarrollándose desde la niñez, a partir la cualidad relacional que, gradualmente y desde el
inicio de la crianza, va configurándose según la relación con la propia madre o quien ejerza tal
función. Ya Freud observaba cómo el niño aprende amar a partir del vínculo con la madre, es decir,
en la forma como ella acaricia, besa, acuna, etc., a su infante (Freud, 1905). Años más tarde,
volverá a referirse al tema materno, en relación al bebé, expresando que este sabe, por vivencia
propia, que la madre es la fuente, pronta, de la satisfacción de sus necesidades, ya que, de lo
contrario, se hallaría impotente debido a la tensión por falta de satisfacción, lo cual desea evitar,
de ahí su temor a perderla. Aunque, sin desarrollar a cabalidad, ya en su trabajo sobre sexualidad
femenina había planteado, que la madre es el primer objeto libidinal para el bebé (Freud, 1931).
Más adelante, volverá a referirse a ella, expresada como vínculo: “Singular, incomparable,
definitivamente establecida [la] importancia de la madre como primero y más poderoso objeto
sexual, como prototipo de todas las vinculaciones amorosas ulteriores, tanto en el uno como en el
otro sexo” (Freud, 1938, p. 3.406).
Posteriormente, Freud afirma que, independientemente de cómo sea el vínculo, lo
Fue Melanie Klein (1926) quien postuló, que el encuentro entre la madre y el bebé va más
allá de satisfacer una necesidad fisiológica: Se establece la primera relación objetal madre-bebé,
en función del pecho. De manera inconsciente, la percepción infantil de la existencia del objeto
(pecho) como único y bondadoso, capaz de satisfacerlo, genera conductas referidas a ese objeto
primordial. Klein refiere:
[…] he visto a bebés de apenas tres semanas interrumpir la succión por unos instantes,
para jugar con el pecho de la madre o mirarle el rostro. También observé a bebitos
(incluso de apenas dos meses) yacer despiertos en el regazo de la madre después de
dárseles de mamar, mirarla, escuchar su voz y responderle por medio de expresiones
faciales, todo ello semejante a una tierna conversación entre la madre y el bebé. Una
conducta tal implica, que la gratificación tiene tanta relación con el objeto que
proporciona el alimento como con el alimento en sí (Klein, 1952, p. 239).
La niña, en la tarea de formación de su Superyó femenino, experimenta a la madre como
objeto perseguidor que genera temor y ansiedad persecutoria; para compensarlo, internaliza una
madre buena, lo que establece su identificación con ella en la dimensión materna; a la vez, dicha
actitud refuerza la relación con el padre bueno internalizado (Klein, 1947). Es claro, por tanto, que
la naturaleza del vínculo con su propia madre es fundamental en el establecimiento de su futura
maternidad.
De otra parte, H. Deutsch (1944) concibe la maternidad como unidad psíquica, donde
convergen numerosas vivencias individuales pasadas que condicionan la experiencia de la
maternidad actual. Para esta autora, hay dos conceptos que, si bien se relacionan entre sí, a la vez
La maternidad hace referencia a la relación de la madre con el bebé como un todo,
integrando elementos sociales, biológicos y afectivos, y que tiene su inicio en la concepción. El
cuidado maternal en cambio, implica dos elementos: El carácter de la mujer, propio de su
personalidad, y el afecto del bebé, que confía al cuidado de su madre la satisfacción de sus
necesidades.
Deutsch señala la diferencia entre instinto maternal y amor maternal. Lo instintivo se halla
más relacionado con lo químico-fisiológico; el amor maternal, por su parte, es la fuente de una
relación positiva con el niño, cuya principal característica es la ternura. La madre deja de priorizar
lo sexual y lo agresivo, con el fin de dar lugar al cuidado maternal. “El impulso maternal está
contenido en el impulso sexual y, una vez que el primero ha llegado a su meta, el segundo
permanece durmiente” (Deutsch, Ibíd.: p. 30).
También, para Fromm (1956), el amor materno es incondicional por su propia naturaleza
de amor por el desvalido: el bebé (desvalido) no necesita hacer nada para merecer el amor de
mamá. Me aman porque soy. Para él, este carácter incondicional, sin embargo, tiene un aspecto
negativo: No es accesible al control por el bebé: “Si existe, es como una bendición; si no existe,
es como si toda la belleza hubiera desaparecido de la vida y nada puedo hacer para crearla”
(Fromm, 1956; p.32).
En 1951, Marie Langer hace referencia a los trastornos en la maternidad, como producto
de conflictos psicológicos y de identificaciones con otras mujeres que, a su vez, experimentan
conflictos de base en cuanto a su feminidad, que identifica con las funciones maternales (las de su
temores a su feminidad, sufren menos de ansiedad en cuanto al embarazo y al parto, en
comparación con aquellas a quienes educaron con temores al respecto.
Es de anotar, que vivimos en una sociedad en la cual lo femenino tiene aspectos tanto
peligrosos como dolorosos. Si bien es claro que la actitud de la mujer frente a estos dos aspectos
de su feminidad está influenciada por el ambiente de su propia infancia, también es dable
considerar, que factores personales (como fantasías tempranas inconscientes) contribuyan a
determinar su conducta posterior (Langer, 1951).
La evidencia nos ha enseñado, que cada persona desarrolla su propio cúmulo de trastornos
silenciosos con respecto al embarazo y al parto, y a su maternidad en general, que difieren
considerablemente de mujer a mujer, aunque se trata de un mismo contexto, como en un círculo
familiar.
De otra parte, Stern (1990) considera la maternidad, como una vivencia que obliga a
establecer una organización psíquica original en la mente de la mujer, la de ser madre, sin que se
pueda precisar el momento en que comienza; el autor llama ‘constelación’ a todo este proceso de
carácter temporal y natural, que influye en el comportamiento y en su organización emocional de
mujer, convirtiendo a la madre (o, más bien a la maternidad) en el eje dominante en su psiquismo.
En esa constelación se plantea la tríada psíquica en la madre, a saber: “Tres preocupaciones
y discursos diferentes que tienen lugar tanto interna como externamente” (Stern, Op. Cit., p. 210).
Un primer discurso es la madre de la madre, con lo cual se entra en juego con la posibilidad
de revisar su identificación, con la suya propia o con quien cuidara de ella en su temprana infancia;
donde ella se mirará en relación a su bebé. Esta tríada da lugar a una serie de interrogantes
permanentes, que se enmarcan en cuatro tareas esenciales y que dan lugar a lo nominado por Stern
(1990) como La Constelación de la Maternidad, cuyos temas principales son:
1. Vida–crecimiento: Si es capaz de sostener, de darle vida la bebé en su vientre y de permitir
el desarrollo, sin malformaciones u otras alteraciones o que nazca muerto; si va a ser
adecuado, adaptable y aceptable en la evolución de la familia, la cultura y la especie. En
este punto lo que prima es ese principio de corresponsabilidad, de la madre como animal,
de ser exitosa al gestar un bebé sano que confirme la perpetuación de la especie. Esto es
esencial, de ahí que los siguientes puntos a continuación sean parte de este.
2. Relación primaria: Si es capaz de comprometerse con el bebé, de amarle y de sentirse
amada por él, de identificar sus necesidades, saber comunicarse y entenderlas. Se relaciona
con el concepto de preocupación maternal primaria, propuesto por Winnicott (1956).
3. Matriz de apoyo: Es clave para los dos anteriores. Se refiere a la facultad de la mujer para
crear el sistema de apoyo necesario para desarrollar su maternidad de manera íntegra. Sin
embargo, esta matriz de apoyo se halla sujeta a cambios del entorno. Como primera tarea,
protege físicamente a la madre, satisface sus necesidades básicas y la resguarda de las
demandas de la realidad externa; actualmente, en esta tarea, el padre cobra más y más
relevancia cada día. La segunda apunta hacia lo psicológico y lo educativo: La madre
requiere ser contenida emocionalmente, ser valorada, cuidada, acompañada, formada,
apoyada. Sin este apoyo, la maternidad se ve afectada. Antes, las mujeres entre ellas hacían
esta tarea; ahora, debido a los cambios sociales e históricos, es el hombre, o quien la madre
4. La reorganización de la identidad entraña el proceso de transformación de los roles de la
mujer: De hija pasa a ser madre, de esposa a progenitora. Sin esta modificación, las tareas
primarias se verían afectadas. Esto le permitirá ubicarse, en el espacio-tiempo, en función
de las demandas inmediatas de su entorno y de su bebé, una labor mental que dará lugar a
que se revivan asuntos del pasado, con su propia madre y con otras figuras parentales.
Por otra parte, la maternidad requiere de acompañamiento (por lo general la pareja
masculina) que la envuelva, de tal manera que se halle contenida en él, en función de lo que sucede
en la relación madre-bebé; así se integran los aspectos masculino y femenino.
[…] La madre recibe todas las proyecciones del bebé, y el padre, como punto final de
esta cadena, recibe los desechos mentales. Si es un padre presente, ayudará a que el
aparato para pensar y digerir de la madre pueda realizar su labor de manternaje o su
función rêverie con el hijo. Todos estos productos, resultado de la identificación
proyectiva del bebé de la madre, y en su natural pasaje por el padre y su mente,
necesitarán de un trabajo de reciclaje, que solamente pueda efectuarse en la intimidad
amorosa de la pareja, en su privacidad sexual e integración del fruto de su relación
(Botero, 2012: p.10).
Aquí se entiende también cómo lo biológico acoge ese establecimiento de la pareja y hace
que sea una de las premisas para la parentalidad: un hombre y una mujer, que, a partir del deseo,
dan lugar a la creación de un bebé.
En cuanto al deseo que da lugar a la concepción, Alkolombre (2008) discrimina entre dos
refiere a la percepción materna de su hijo como objeto diferente a ella; al ubicarle en lo simbólico,
deviene la castración materna, una posición narcisista que afectará el desarrollo y la autonomía del
bebé. La segunda expresión alude a la percepción del hijo como indiferenciado de la madre, que
no está fuera de ella, lo que le otorga la oportunidad de enfrentar sus propias carencias, de renunciar
a la realización de sus propios deseos; en el deseo de embarazo, el bebé se ubica en lo imaginario,
que favorece la unidad del vínculo madre-bebé.
La autora plantea que las dificultades reproductivas en una mujer pueden hacer que el deseo
de hijo se convierta en pasión de hijo, que, a su vez, es una neurosis materna, en la cual el hijo “se
transforma en el garante de la supervivencia fantasmática de la mujer” (Alkolombre, Op. Cit., p.
60). El hijo se configura en la mente de la mujer como idealizado.
Pasión es sinónimo de enamoramiento; de acuerdo con Freud (1914), este último consiste
en un descenso de las represiones e incremento de las perversiones, un desenfreno de la libido
sobre el objeto por parte del yo; esta pasión se expresa en la intensidad del afecto hacia el objeto
(hijo), un objeto que, al no ser realidad, o como una pérdida, puede constituirse en una melancolía
que incrementa la autodestrucción en la mujer (Ibíd.).
De otro lado, Langer (1951), propone pensar la esterilidad femenina en términos de una
relación ambivalente de la hija con la madre desde la etapa oral, que de acuerdo a la constelación
familiar de ese momento -por ejemplo cuando la madre es la protagonista central, mientras que el
padre carece de importancia en la vida de la niña-, sumado a otras circunstancias, como
frustraciones en la etapa oral, prontos nacimientos de hermanos menores, odios a la madre
adversos, van a provocar más tarde conflictos en la maternidad, expresados en trastornos de la
fecundidad. Refiriéndose a esto, la autora expresa:
Todas nuestras enfermas habían sido frustradas durante la etapa oral, es decir, durante
el primer año de su vida. Este factor es ya más específico para el cuadro de esterilidad,
aunque se encuentra también con frecuencia en otros trastornos. En cuatro de ellas,
esta frustración provenía de un destete brusco, determinado por un nuevo embarazo de
su madre. Pero, al hablar de frustración en la etapa oral, no me refiero únicamente a
una alimentación inadecuada. Esta puede ser, desde el punto de vista pediátrico, muy
adecuada, y el niño sentirse frustrado aún. Probablemente, el lactante sienta también
toda falta de cariño y las más diversas molestias en el plano oral, como hambre. Esto
provoca su odio contra la madre frustradora y su deseo de succionarla, vaciarla y
quitarle a la fuerza el contenido negado de su cuerpo.
Estas fantasías inconscientes pueden llevar más tarde a la niña a creer que su madre,
en justa venganza, la haya vaciado y privado así de su capacidad de tener hijos. Por
otra parte, puede causar temor de embarazarse, a la mujer ya adulta. En su
inconsciente, teme que ahora su madre podría privarla del contenido valioso de su
propio cuerpo, representado por el niño. En cuatro de nuestras enfermas la frustración
oral y el odio consecutivo se ligaban, además, directamente con la idea de la madre
embarazada, por el hecho del destete debido a la gravidez de aquélla. Su odio contra
la madre se había reforzado y había causado su envidia contra los hermanos cuando
De acuerdo con lo anterior, se crea una dificultad en ella para identificarse con la propia
madre, que puede expresarse en su carácter con actitudes de un infantilismo o virilización:
[…] - La niña púber - se viriliza si teme no poder ya ser mujer. Finalmente, ha hablado
de su dificultad de identificación con la madre. Entonces elige otra forma de acercarse
a ella; quedará niña o intentará transformarse parcialmente en varón, según crea poder
retenerla o conquistarla mejor”. (Ibídem, p. 280)
De tal manera, la relación con la madre en la vida de una mujer es fundamental para el
establecimiento de su maternidad y, de acuerdo a ese tipo de vínculo, se plantea un modelo con
respecto a la dinámica de las funciones maternales.
De modo que, para la mujer, en su ejercicio de su maternidad, los significados inconscientes
se hallan en constante interacción con la realidad interior y con la realidad exterior, y es en su
mundo interno donde se forman, desde su primera relación objetal con su madre, las
representaciones acerca de su bebé, y de ahí su propia manera de comportarse en su embarazo,
parto y lactancia.
Mundo interno
MUNDO INTERNO es un concepto de relevancia dentro del desarrollo de estas consideraciones.
Melanie Klein (1932), a partir del análisis e investigaciones con infantes, describe la existencia de
un mundo interno dentro de ellos, colmado de objetos internalizados a partir de su relación con la
con el mundo externo; el infante vivencia dentro de sí una dinámica de relaciones objetales internas
con respecto a lo que experimenta con sus relaciones objetales del mundo externo.
[…] el bebé siente que hay dentro de su cuerpo objetos, partes de personas, que están
vivos y activos, influyen en él y son influidos por él”. Este mundo interno de vida y
acontecimientos es una creación de la fantasía inconsciente del bebé, su réplica
particular del mundo y objetos que lo rodean (Heimanm, 1973, p.142).
En cuanto a ese mundo interno, Segal afirma, que Klein lo conceptúa como resultado:
De la actividad de la fantasía inconsciente, en la que se introyectan objetos y se
construye dentro del yo un mundo interno complejo. En el mundo interno se siente a
los objetos internos en relación dinámica los unos con los otros y con el yo (Segal,
1982, p. 123).
De modo que, todo acontecer en la vida psíquica del individuo, va a estar influenciado por
fantasías inconscientes que dan cuenta de la configuración de los objetos internos; la maternidad
implica un suceso psíquico en la mujer y activará aquellas fantasías inconscientes provenientes de
sus objetos internos, como producto de sus relaciones objetales tempanas. En relación a las
fantasías inconscientes, fue Melanie Klein (1959) quien amplió este concepto a partir de sus
estudios y de los planteamientos iniciales de Freud sobre este tema, y estableció, que las fantasías
aparecen en la vida del individuo desde el nacimiento, y su actividad es permanente, como una
representación psíquica de los impulsos instintivos; los procesos de introyección y proyección
Isaacs escribe, en relación a las fantasías inconscientes: “Todos los impulsos, todos los
sentimientos, todas las formas de defensa son experienciados en fantasías que les dan vida mental
y muestran su dirección y propósito” (Isaacs, 1952, p.86).
Por tanto, la fantasía inconsciente puede estar al servicio del desarrollo y del aprendizaje,
de acuerdo a su interacción con la realidad externa e interna.
Melanie Klein (1932) plantea, que dicho mundo interno se forma en el niño a partir de su
relación con la madre, cuando el bebé, gracias a mecanismos primarios de introyección-proyección
forma un mundo dentro de sí mismo, si así pudiéramos decirlo, con personajes que tienen unas
relaciones sociales entre sí, con una escala de valores que da significado y relevancia o no a los
sucesos externos e internos; es a esta instancia a la que Melanie Klein llamó Mundo Interno.
Obviamente, su influencia es directa en el curso de su desarrollo psíquico. Así, de acuerdo a cómo
el niño tramite estas relaciones va a ser objeto, a su vez, de ataques o gratificaciones de sus propios
impulsos, es decir, de sus propios objetos internos, lo que le va a generar también, situaciones
agradables o desagradables, de manera que, el bebé, reacciona frente a estas, relacionadas a su vez
con el objeto externo, y luego, se dirigen hacia sí mismo; por ejemplo, sentir impulsos sádicos
hacia el pecho de la madre y, a la vez, hacia el interior de su cuerpo. Según Klein:
Un niño que cree, cuando su madre desaparece, que él la ha comido y destruido (ya
sea por amor o por odio) se halla atormentado por la ansiedad tanto por sí mismo como
por la madre” (Klein, 1935, p.6).
[…] es uno de relaciones personales exclusivamente, en el que nada es exterior, en el
sentido de que todo lo que en él sucede se refiere al propio ser, al individuo del que
constituye una parte. Está formado solamente sobre la base de las propias urgencias y
deseos del individuo hacia otras personas, y de sus reacciones hacia ellas en cuanto
objeto de sus deseos. (1952, p.339)
Los impulsos agresivos y las ansiedades las proyecta el infante hacia el objeto externo, lo
que disminuye sus temores con respecto a sus objetos internos. Sin embargo, cuando estos temores
no logran disminuirse, estos objetos se convierten en perseguidores, lo que va a generar que, las
mismas fuerzas y acciones que se utiliza hacia el mundo exterior, se dirijan hacia los perseguidores
internos.
En las palabras de la autora:
El niño los concibe –los objetos internos- como realmente peligrosos, como
perseguidores que teme lo devoren, vacíen el interior de su cuerpo, lo corten en
pedazos, lo envenenen, que, en resumen, maquinen su destrucción por todos los
medios que el sadismo pueda imaginar. (Klein, 1935, p.267).
Por tanto, una buena relación objetal, disminuye las ansiedades con respecto a los objetos
internos y externos y, fortalece la confianza en ellos. Klein expresa:
Parece que, en este estadío del desarrollo, la unificación de los objetos externos e
internos, amados y odiados, reales e imaginarios, se realiza de tal manera, que cada
paso hacia la unificación conduce de nuevo a una renovada división de las imagos.
sobre planos que gradualmente se acercan más a la realidad. Esto continúa hasta que
el amor por los objetos internalizados reales y la confianza en ellos están bien
establecidos. Entonces, la ambivalencia, que es en parte una salvaguardia contra el
propio odio y contra los objetos terroríficos y odiosos, disminuirá de nuevo en distintos
grados durante el desarrollo normal. (Klein, Op. Cit., p. 27)
Por último, Klein (1935) considera que es crucial para el desarrollo psíquico el
establecimiento de la manera congruente de los objetos internos buenos, beneficiosos que
constituyen la base de una buena salud mental y para desarrollar la personalidad a partir también
de unas relaciones objetales externas gratas. De modo que, en la mujer, en el ejercicio de su
maternidad, en relación con el bebé, es fundamental una apropiada configuración de su objeto
interno-bebé para concebir, transitar su gestación, su parto y su lactancia, sin grandes riesgos de
afectación de su salud y la del infante.
De modo que el Mundo Interno del infante se concibe dinámico y no estático, en una
constante dialéctica y él va a estar determinado por este, lleno de objetos, tanto persecutorios como
bondadosos. Esto va a verse reflejado en sus propias interacciones con los objetos del mundo
externo.
Angélica, 32 años, semana 26 de gestación, es una paciente quien asistió a las sesiones
de psicoterapia. En el momento del tratamiento llevaba ocho años de casada con su pareja,
de 35 años; ambos son padres de una niña de cuatro años edad y de la bebé que esperan.
En la primera sesión:
Angélica: No, con mi mamá, no; como casi no nos vemos muy de seguido, casi cada ocho
o 15 días y, pero ahora con este embarazo, con este bebé, han sido más simples mis padres,
no con esa intensidad como fue con mi primer embarazo. Con mi mamá, últimamente,
no, yo con ella que le escuche así hablando cuando cuenta por ahí, pero que se siente a
dialogar conmigo de esas cosas no...
No he tenido una relación útil con ella, es más bien simple la relación con mi mamá, no
es de mucho diálogo, no es de compartir mucho mis cosas personales, no de sentirme
como en muy en confianza con ella por varias cosas; primero, porque mi mamá es muy
dominante y yo también (se ríe), y no quería que me comenzara a controlar y mi mamá
quiere saber todo, controlar todo, ella opinar sin pensar en lo que sienta y perdí la
confianza con ella, porque yo le contaba mis cosas y ella a veces se burlaba, entonces yo
nunca me adapté a esas situaciones.
Hoy por hoy trato de llevar una relación, ella en paz, disimulando ese muro que siento
entre mi mamá y yo. Entonces, por eso no tengo mucho diálogo con ella. Yo la llamo
todos los días, le pregunto que como está, ella me pregunta que como estoy, como está la
bebé y cuando voy a visitarla me manejo bien, me porto juiciosamente, pero como mi
esposo ha sido relajado, a mi mamá no le gusta, entonces le echa indirectas, se pone
maluca con él. En vez de decirme las cosas a mí con respecto a mi esposo, lo que piensa
acerca del él, pero no lo hace y eso me molesta.
También le perdí la confianza con ella, cuando a los nueve años tenía mis cositas y le
mandaba carticas a un niño que me gustaba, entonces ella me esculcaba para verlas y para
En la adolescencia fui muy grosera con mi mamá, me daba rabia su autoridad. Cuando yo
tenía 18 meses, nació mi otra hermanita, fui destetada a la fuerza, ella comenzó a usurpar
mi espacio y eso me afectó mucho, cuando niña le cogí pereza a mi hermanita. Yo sentía
que mi mamá me descargaba la responsabilidad de ella en mí con respecto a mi hermana
y cuando nos estábamos bañando mi hermana y yo, mi mamá iba por la toalla a secar a
mi hermanita y a mí no, entonces yo crecí con esa rabia con mi mamá, aunque hoy por
hoy yo a mi mamá le doy plata, vestidos, pero no soy capaz de darle un abrazo a ella, de
pronto uno cortico, pero no duramos mucho, no soy capaz. Mi hermanita me hacía pegar
cuando estaba chiquita y eso se me quedó grabado. Ella hacia comentarios de quería
morir, que qué pereza, estoy harta, entonces yo le decía muérase.
Yo era una niña juiciosa, con buenas notas en la escuela y menciones de honor, pero al
ver esa forma de ser mi mamá conmigo, con los años se me despertó una agresividad
hacia ella, solo contra ella, ya en la adolescencia. Yo le decía casi a entrar al colegio, que
me enseñara a hacer de comer, oficio, pero ella no lo hacía y se mantenía quejando. Hoy
por hoy, mis hermanas, la adoptada y la menor, son muy cariñosas con ella, pero yo no,
a veces me cae hasta gorda, qué pesar, pero es la verdad, es mi mamá, a veces no la quiero
ni ver. En la adolescencia yo le sacaba en cara las cosas a ella, le decía que usted no me
quiere, y comencé acomplejarme por mi aspecto físico y lloraba en ocasiones, ya más
tarde, me fui de la casa a trabajar y estudiar en Pereira… La relación con mi mamá no es
la mejor, pero yo trato de llevarla bien con ella.
En este fragmento de la sesión se observa que la paciente nos habla con respecto a su
sus primeras figuras, entre ellas su madre, quien es vivida como perseguidora, dominante y
frustradora; en esta relación, ella se ha sentido rechazada, frustrada y atacada, a partir de
acontecimientos tales como el destete brusco por el nacimiento de su hermana, la preferencia de
la madre hacia esta, aunque la paciente también en el transcurrir del tiempo, ha atacado, perseguido
y frustrado a su madre, de modo que en esta relación los elementos de amor y odio están presentes
y en este fragmento la paciente refiere más del último con respecto a su progenitora.
De tal manera, en sus fantasías inconscientes, a partir de sus mecanismos de introyección
y proyección, va a dirigir sus impulsos agresivos hacia la madre en función de las fantasías
inconscientes del objeto interno madre en su mente. Sin embargo, aunque el objeto madre que se
ha configurado en su Mundo Interno, es fantaseado como persecutorio, sus impulsos agresivos se
dirigen contra sí misma; en la etapa de la adolescencia se hace evidente, cuando la paciente expresa
sus momentos agresivos con la madre y también contra sí misma, que se expresan en el desprecio
de su figura corpórea. Ese objeto madre interno es activo y ella lo siente como parte de sí (mi
mamá es dominante y yo también). Describe que, en su infancia, se comportaba de manera
adecuada con respecto a su madre y ganaba reconocimientos por buena conducta, pero no el de su
madre; a partir de la rivalidad con su hermana, asume esa conducta en esta etapa, pero debido a
los rechazos de su madre durante la adolescencia, ese deseo de conquistarla, de aprender de ella
cuando se iniciaba su pubertad (una nueva etapa requiere de nuevas configuraciones en la identidad
como mujer [fantasías de incorporación]) sumado al temor que le tenía, se han transformado en
impulsos agresivos con respecto a su madre interna (ella misma) y externa (la real).
La maternidad, configurada a partir de esta relación con su madre, y con sus respectivos
internos, con respecto a sus objetos, en especial el de la madre interna. Ella ahora es una madre
gestante, lo que activa a su objeto interno bebé; por lo tanto, activará igualmente fantasías
inconscientes conflictivas en su función materna, es decir, en el actual vínculo madre-bebé.
De tal manera, en su mente, la configuración de la Constelación materna (Stern, 1990), el
discurso de la relación con su madre influirá en el comportamiento con respecto a los demás
discursos, a saber, el de la bebé y el de ella misma, y afectará sus funciones o tareas maternas. Es
de anotar que, gracias al vínculo terapéutico, la paciente pudo elaborar sus conflictos emocionales
en relación a su imago materna, que la conllevaron a tener un embarazo sin graves complicaciones,
un parto menos conflictivo y una lactancia saludable.
Hasta aquí la descripción de los planteamientos teóricos acerca de la maternidad; en la
Segunda Parte
La maternidad como hecho
Gracias al desarrollo científico, cada día se vuelve más promisorio tener un embarazo y un parto
sin complicaciones, en términos de la fisiología. Afortunadamente, debido a ello, se ha podido
disminuir las muertes prenatales y posnatales.
Desde el punto de vista biológico, el embarazo es el estado comprendido desde el momento
de la gestación hasta el parto, pasando por una serie de modificaciones a nivel fisiológico y
neuroquímico en el cuerpo de la mujer, programados genéticamente con el fin de permitir el
desarrollo de la vida.
El embarazo implica un proceso, mediante el cual el feto se desarrolla por nueve meses
dentro del útero de una mujer (madre) normalmente, antes de nacer. En ese periodo, tanto la madre
como el hijo van a experimentar cambios en términos somáticos.
El primer signo de embarazo más evidente para la mujer es la ausencia de la menstruación;
se puede comprobar después con un análisis de sangre y/u orina, y allí se va a detectar la presencia
de la hormona gonadotropina coriónica, fundamental para darle continuidad al proceso de
gestación.
Ahora bien, para llevar un embarazo a buen término, es necesario tener en cuenta una serie
de recomendaciones que, en algunas ocasiones, varía de mujer a mujer, de acuerdo a prescripciones
y de la madre. Por ejemplo, hay estudios que demuestran, que un estado emocional asociado con
una alta producción de cortisol en la gestación puede afectar el crecimiento fetal (Odent, 2008).
Es imposible separar los movimientos emocionales de los sucesos físicos durante toda la
vivencia de la maternidad, tanto en la gestación como en la crianza. En este escrito, dedicaremos
más atención a la experiencia emocional. Los reportes de las madres gestantes, acerca de sus
sentimientos y emociones durante este periodo, son de vital importancia para facilitar la forma en
la cual se aborda esta relación de una manera más acorde al cuidado y contención emocional, tanto
para el bebé como para la madre. Durante este periodo se formula la cualidad vincular que servirá
como modelo para la crianza del bebé ya nacido. Algunos momentos del trabajo llevado a cabo
con las madres gestantes serán ilustrativos de toda la experiencia.
Langer plantea, que la gestante repite su relación arcaica con su propia madre: “El feto
representa para el inconsciente de la mujer embarazada a su propia madre y especialmente a su
superyó materno, y así su relación ambivalente con la madre es revivida con su hijo futuro” (1951,
p. 292).
Al respecto, Deutsch (Ibíd.) había planteado la doble identificación en la madre, a partir
del vínculo con su bebé en el vientre. La madre se identifica con ella misma en la infancia y a la
vez con su madre; de ahí que se activen sus vivencias y comportamientos infantiles en relación a
la madre.
Leidy, 20 años, 22 semanas de gestación, no sabe aún el sexo de su bebé, habla en relación
Leidy: Yo he sido muy expresiva con mi mamá, le digo que la amo, que la quiero, pero
ella no es afectiva conmigo, no sé porque ella es así, es más bien seca conmigo, se queda
como callada, quieta, cuando yo la abrazo y le digo que la amo, pero ella es rara en eso.
En cambio, con mi abuela, ella sí que es bien conmigo, es muy expresiva, me dice que
me quiere al igual que yo a ella.
Terapeuta: Lo que no obtiene de su madre, lo obtiene de su abuela.
Leidy: Sí… por eso es que no me la llevo bien con mi padrastro, porque ella es muy
cariñosa con él, pero no conmigo, está más atenta con él.
Terapeuta: ¿Desde hace cuánto esa situación?
Leidy: Mmm… desde siempre; mi abuela me cuenta que cuando yo tenía dos añitos, mi
mamá se juntó a vivir con él, y entonces a mí me daba rabia él, no lo soportaba y también
con el tiempo, me puse grosera con ella; mi mamá más bien me dejó con mi abuela y se
fue a vivir con él por un tiempo. Ya grande yo, me fui a vivir con ella y con él, pero no
me la he llevado con él. A él a veces le da rabia cuando mi mamá está conmigo.
Más adelante en la sesión:
Leidy: Mi mamá se pone chocha con la bebé, se pone a preguntarle cositas a ella, se acerca
a la barriga a hablarle, a mí no me gusta, me da un fastidio, como asco, rabiecita diría yo
y entonces me retiro o me hago a la boba, a la que necesita hacer algo.
Leidy: Mmm, casi no le hablo, me siento como rara hablándole, no sé… me bloqueo…
soy más bien, cariñosa, expresiva con mi esposo.
Terapeuta: ¿Y cómo se siente siendo así con su bebé y con su esposo?
Leidy: (Hace silencio por un momento)… Mmm ¡no lo sé!, rara, a mi esposo le digo que
lo amo, estoy al tanto de él, hay confianza… no sé qué decirle, no sé qué hablarle al bebé.
Pero siento a veces que me chuza por ahí (ubica su mano en la parte superior derecha del
abdomen), o a veces siento dolores bajitos y así…
Terapeuta: ¿Qué le hace pensar esas sensaciones?
Leidy: (Se ríe) Que me va a hacer algo…
Terapeuta: Algo…
Leidy: ¡Sí! algo no sé… ¿será que a ella le estará pasando algo… que se va a venir?
Se observa la configuración de un estado mental materno con dificultades de relación entre
ella y su madre, y ella con su bebé. La paciente ahora es madre, y frente a su pareja, el padre de la
bebé, se muestra complaciente, atenta y cariñosa, así como lo ha hecho su madre con su propia
pareja (padrastro de la paciente); su madre no se comporta con afecto, de manera expresiva con
ella, ahora (que es madre) hace lo mismo con su bebé; experimenta constantes movimientos fetales,
dolores bajitos, ‘chuzón’ en zona superior del abdomen, que se relacionan a fantasías de ser atacada
por la bebé, sentida como persecutoria (ella misma que atacaba a su madre en su infancia) ahora
que es madre (como su madre); a su vez, emergen fantasías de expulsar la bebé del vientre, así
padrastro; en las emociones de asco, rechazo y rabia, cuando su madre aborda el vientre de ella a
consentir la bebé, así como la paciente ha sido consentida por la abuela, se configura una relación
triangular entre ella-bebé-madre y le despiertan celos en relación con la bebé y al padrastro, ya que
ella no se siente consentida por su propia madre.
Paciente Ángela 20 años semana 14
Terapeuta: ¿Y cómo le ha ido en este embrazo?
A: Mucha hambre, como mucho, mi mamá me da a la hora que tengo hambre… muy
bien. Yo ya lo he sentido varias veces moverse.
En la paciente se observa, en este breve fragmento, que ella se identifica con la bebé; ahora
ella es la bebé de mamá. En el vínculo con su madre, ella activa fantasías de introyección de su
madre a través de la comida, por ejemplo, para lograr una identificación con ella. En la
constelación de su maternidad, al identificarse con la bebé, reafirma el vínculo entre ella y la bebé;
genera posibilidades de reorganizar su identidad materna, al provocar los encuentros con su mamá.
Gestación: ansiedades, temores y ot
ros…
La mujer gestante, hasta los preámbulos del parto, es protagonista de ansiedades, temores y otras
condiciones emocionales que vale la pena observar. Para ello, se abordará el embarazo dividido
Primer trimestre
Comprende desde la concepción hasta la semana 12, hay un riesgo alto de aborto; muchas mujeres
padecen severas molestias (náuseas, mareos, vómitos, aumento en las micciones, antojos, etc.).
Los cambios físicos no son notorios, aunque se da un aumento de los senos y, en las postrimerías
de la fase, del abdomen. Aparecen signos como la hipersomnia, formación de la placenta y, al
finalizar, la percepción de movimientos fetales; en esta fase, el feto comienza a aumentar de
tamaño, a la par que sus órganos principales se van formando.
La hipersomnia aparece como primer signo, según Langer (1951) y Soifer (Ib.); la mujer
siente que quiere y necesita dormir más de lo habitual, lo que nos da a entender que ha iniciado su
‘proceso de regresión’ en el cual se identifica con el bebé1. La aparición de sueños con objetos
pequeños y continentes como casas interiores, animales pequeños, bebés, automóviles es
característica en esta fase. (Soifer, Op. Cit.). El insomnio, para esta autora debe considerarse como
una expresión de ansiedad extrema.
Ana, gestante de 25 años, embarazo planeado, seis semanas de evolución:
La paciente llega tarde a la sesión… hago silencio en tanto que ella comienza diciendo:
A: Doctor, le cuento que esta semana he tenido sueños con mi bebé en brazos, que ya lo
había tenido, a veces me he soñado con él. Es que, casi a todo momento me la paso
durmiendo, en la casa, me dicen que si es que yo tengo anemia; me duermo cuidando un
tigre (sonríe). Por eso llegué tarde a la sesión, porque me recosté a una siesta y cuando
1 En vez de la palabra de feto que indica una configuración biológica, se expresará el término bebé ya que, desde la
me desperté, me asusté ya que tenía que haberme levantado unos minutos antes para llegar
a tiempo a la sesión. Discúlpeme usted.
En Ana se puede observar claramente su estado de gravidez en las primeras semanas con
respecto a su hipersomnia y a los sueños con su bebé. La familia piensa, que ella puede tener
anemia; esta es una especulación cultural asociado al exceso de sueño. En su Constelación materna,
la paciente busca afianzar el vínculo entre ella y su bebé, gestar en su mente a un bebé, para ello
es necesario, por el mecanismo de regresión, volverse una bebé, que duermen excesivamente;
ahora ella lo hace. De tal manera se puede considerarse que su hipersomnia obedece a ese estado
psíquico de identificación.
Con respecto a las náuseas y vómitos, según Soifer (Ibídem), suelen aparecer en este período como
expresiones de incertidumbre frente a la confirmación de si se está en embarazo o no, de temores
a ser incapaz de dar a luz, de educar al niño y como una manifestación de preocupaciones por la
situación económica; también, son una expresión de estar embarazada, que puede permanecer
hasta la percepción de los movimientos fetales. Dichas incertidumbres son producto de situaciones
ambivalentes, por la intensificación de las fantasías persecutorias que se suceden en la maternidad.
Soifer a cerca de estas ansiedades:
Son productos de sentimientos de culpa infantil, tanto por los ataques fantaseados con
la propia madre como por los deseos de ocupar su lugar. La vivencia persecutoria es
que alguien pueda arrebatarle el hijo soñado y demostrarle que se trata de una fantasía
y no de un embarazo real; o bien que el embarazo tan deseado implique la pérdida de
la propia madre, por haberse concretado la fantasía infantil envidiosa: Tener el hijo y
Francy, 22 años, diez semanas de gravidez, fue traída a Urgencias por su pareja, debido a
que presentaba vómito en exceso, que le impedía tener una nutrición adecuada. El médico
de Urgencias me pide una valoración psicológica para determinar su estado mental, que
para él se relacionaba con ansiedades. En la entrevista, la paciente refiere que había tenido
muchas dificultades para concebir y les adjudica dicha dificultad a unos quistes ováricos
(el ginecólogo le habría dicho). Después de dos años de intentar quedar en embarazo, lo
logra y según la paciente: “Desde que tuve ese retraso me comenzaron a dar náuseas y
mareos, y cuando me confirmaron que estoy en embarazo, que fue hace 15 días, me
comenzaron a dar unos vómitos que no me han parado. Vomito tanto, que no me para ni
un bocado de comida en mi estómago. No le había consultado al médico porque me decía
que eso era normal.
En el transcurso de la entrevista, le pregunto cómo ha estado durmiendo, ella responde:
“No muy bien, no pego el ojo, duermo poco, hay momentos en que me siento como si no
estuviera en embarazo”. En esta paciente, sus vómitos continuaron hasta el tercer mes de
gestación. Una vez inicia sesiones de psicoterapia, descubre que los vómitos se dan
cuando está en la casa de su madre. En una de las sesiones refiere sobre la crianza: “A
veces me da miedo criar, pero me gustaría criar a mi hijo de manera diferente a mi madre;
por ejemplo, esperaría dos años para volverme a embarazar y no a los ocho meses como
me pasó a mí. Mi mamá quedó en embarazo de mi hermano cuando yo tenía ocho meses
En cuanto al vínculo con su madre: “Pues no me la he llevado bien con mi madre, en la
infancia ella me dejaba mucho sola por estar con mi hermano, y yo me junté mucho con
mi papá, ahora en este embarazo es que me he unido mucho a ella”.
En esta paciente, en su configuración emocional, el vómito es una parte de ella y presenta
varios significados inconscientes que se relacionan con la confirmación de su embarazo, de ahí
que no haya consultado con el médico de manera pronta, ya que en su mente es normal que las
mujeres en estado de gravidez vomiten, por tanto, necesita identificarse con el resto de mujeres
que vomitan, y así afianzar su embarazo y confirmar que no es un sueño; debido a sus dificultades
para concebir, la confirmación de estar en gestación se hace fuerte. Después del tercer mes
aparecen otros signos de embarazo, como el crecimiento del vientre y la percepción de los
movimientos fetales, que hacen que la paciente ya no necesite el vómito como expresión de que
se está en embarazo: Este desaparece.
Al mismo tiempo, el vómito hace parte de la relación ambivalente con su mamá, en la que
experimenta un sentimiento de culpa inconsciente por haberla sustituido por ella y lo actúa a través
del vómito frente a la madre, como expresión de que expulsa al vómito-bebé, y queda en estado
de no gravidez, y así, en su fantasía no la pierde.
Estas circunstancias, como reorganizar su identidad materna a partir del vínculo con su
madre, le incrementan la ansiedad y sus objetos internos madre y bebé se convierten en
persecutorios en su mente, lo que hace que se afecte su alimentación y sueño, y dificulta el gestar
Durante la formación de la placenta, según Soifer (Ib.), en la mujer se despierta vivencias
persecutorias (fantasías de robo y de vaciamiento) debido a su percepción inconsciente de esta
fase; ello se refleja, por ejemplo, en sueños con elementos de sangre, y es un periodo propenso a
generar abortos; en este tiempo, se pueden incrementar las náuseas y vómitos, y aparecer otros
síntomas, como diarreas y constipaciones. Para esta autora, estos síntomas hacen referencia al
rechazo del hijo, vivido en una parte de la personalidad de la mujer gestante; dado que ella, no
obstante, desea ser madre, busca resolver este rechazo por la sintomatología: “Por lo tanto, vomita
o defeca excesivamente, como manera de discriminar o disociar lo bueno de lo malo dentro de
ella, expulsando lo malo para quedarse con lo bueno, el hijo” (Soifer, Ib., p.28).
En el caso anterior, se evidencia en la paciente que los vómitos corresponderían a lo que se
ha descrito, como una forma de expulsar lo malo de ella, identificado con lo malo de su madre
(objeto madre internalizada como mala) y así poder albergar a su hijo en su vientre; también
correspondería a temores respecto a educar a su hijo.
Finalizando el primer trimestre, se plantea la percepción de los movimientos fetales. De acuerdo a
Soifer, según el grado de negación, la mujer gestante los va a sentir de manera pronta o tardía;
cuando es tardía, se tiende a confundir con amenorrea, siendo las multíparas más propensas a ello.
Por esta época, suele aparecer la percepción del “chico que da patadas”: esto obedece a una
proyección, en la cual el feto es vivido como peligroso, sus movimientos como agresivos y sádicos,
que pueden causarle daño físico a la madre; de tal manera, lo proyectado son los impulsos
Tal proyección y negación dan cuenta de una fuerte ansiedad debida a temores al feto ya
que es desconocido en todas sus formas y características para la madre. Concomitante a este temor,
está el miedo a la responsabilidad materna; esta ansiedad da lugar al miedo de morir en el parto.
Cuando Francy estaba en su semana 15, comenzó a darse cuenta de los movimientos
fetales: “Siento como si una lombricita aquí, en la parte baja de mi vientre, aunque no lo
siento tan fuerte, pero me emociona, porque es sentirse que uno está en embarazo, aunque
no se me ve el vientre”.
Semanas después, refiere: “ayer sentí que el bebé se movía fuertemente me daba golpes,
yo le decía, papito no se mueva tanto”.
Terapeuta: ¿Qué se le ocurre frente a esto?;
Francy: mmm… no sé, a veces estoy pendiente porque cuando no se mueve comienzo a
pensar que algo le sucede, pero cuando lo siento, me da un alivio”.
Más adelante, le pregunto que cómo se imagina al bebé:
F: como parecido a mi esposo, algo blanquito, porque yo soy morena, aunque no sé qué
es, si es niña o niño, nos gustaría que fuera niño, aunque sea lo que Dios quiera”.
En otras sesiones: “Me gustaría que fuera un hijo, las niñas son difíciles y complicadas,
Se observa en la paciente, en su estado emocional, que el bebé es vivido de manera
persecutoria, con fantasías de muerte, de manera que se comporta muy alerta con respecto a sus
movimientos fetales.
También, hay una angustia frente al género -si es niña o niño- y se inclina más por el niño,
ya que la relación con su madre presenta dificultades en su identificación con ella; se activa el
mecanismo de negación y favorece más el género masculino que femenino, ya que internamente,
el objeto madre y lo femenino (que es ella misma) es vivido como malo, difícil y complicado; en
narraciones anteriores, ella, en su infancia, se unió con su padre, en tanto que su madre se unía
más a su hermano, lo que le incrementó posiblemente impulsos agresivos hacia su progenitora (en
el apartado anterior señala, que con su madre no se la ha llevado bien) y excesivo amor hacia su
padre. Ahora, en su Constelación materna, se activan las fantasías agresivas de su infancia
proyectadas a su bebé (que es ella, de niña); luego teme que su bebé le provoque un daño interno
(ella ahora es madre), así como ella, en su infancia, fantaseó con atacar a su propia madre.
Cuando la gestante tiene hijos pequeños, éstos perciben su embarazo (Soifer, Ib.), lo cual genera
en ellos cambios bruscos en su comportamiento y/o enfermedades psicosomáticas; estos infantes
perciben que algo (un rival oculto) los va a despojar del amor de su madre y reaccionan con ataques
envidiosos, que pueden observarse, por ejemplo, cuando le pegan puños en el vientre.
Gladys de 23 años, 18 semanas de gestación, llega a la sesión con su hija de cuatro años:
G: Doctor, ¡qué pena con usted!, hoy traigo a mi hija conmigo, porque ha estado lo más
de enferma; ha tenido mucha fiebre y esta madrugada yo la traje a Urgencias. La dejaron
entonces me quedé esperándolo para la cita y luego, irme en el recorrido de las tres para
mi casa.
Mientras que la madre me decía esto, la niña (cuatro años) se va para la estantería de
juguetes y coge una canasta llena de juguetes. De repente, la niña desocupa la canasta y
tira su contenido en el suelo, los revisa detalladamente y luego, se mete dentro de la
canasta. Su madre le dice que no juegue, que qué pensará el doctor de lo que ella hizo.
En sesiones anteriores, la madre me había referido, que su hija se había distanciado de
ella y que se ha comportado rebelde (Soifer, Ib.: p.23).
Se observa, que la niña está afectada en el plano psicosomático y se expresa con
comportamientos de rebeldía, como una reacción frente al bebé en el vientre materno. En el juego,
en la escena de entrar vientre-canasto de la madre una vez que desaloja al bebé-juguete, se
interpreta que la niña vivencia al bebé como un intruso, un rival que la va a alejar de su madre; por
ello adopta esta forma de ataque hacia la canasta-vientre, como expresión de las angustias frente
al bebé, que la niña asume que está tanto en el vientre como en la mente de la madre.
Angélica, 27 semanas de gestación, en la tercera sesión de psicoterapia, refiere a cerca de
su hija de cuatro años:
Angélica: Sí, porque en estos días ha estado como toda sensible, se irrita con facilidad,
uno le dice cualquier cosa y se pone a llorar, a cada momento me dice que, si es que está
fea, que, si le parezco fea, entonces ella está como muy sensible y la quería traer para que
Ud. charlara con ella. Pero yo pienso que es por lo del embarazo, no sé, ella piensa que
Terapeuta: como si la fuera a desproteger…
Más adelante, en otra sesión:
A: Pero, ahora con este embarazo, él (el padre) ha estado más de hablarle a Sarita, de
tocarla, entonces María José se pone celosa y entonces él la llama a compartir; entonces
por eso ayer veíamos las fotos del embarazo de María José y le explicábamos a ella que
el hecho de que tuviéramos a sarita no nos íbamos a olvidarla, que no se sienta desplazada
como yo lo sentí y me parece bueno, porque me cohíbo de ser más expresiva con Sarita
para que María José no se sienta mal y yo no sé manejar eso; me gustaría que María José
se la llevara bien con sarita desde el inicio.
Me da miedo que al tener María José una hermanita comience a rivalizar, y eso sería
repetir mi infancia, y ahora, yo de madre, me da miedo que en el momento de tratarlas no
lo haga correctamente y genere la frustración en mi hija mayor como la que me generó
en mí y pues no quiero eso. Me da angustia de que consienta Sarita y de que María José
se ponga mal, yo sé que debo consentir a Sarita, la Sarita se merece el amor y vivir la
etapa como la vivió María José.
María José dice: Y es que las caricias son solo para sarita; a pesar que la acariciamos y
me pregunta quién es la preferida, la mayor o la menor, y yo le digo que las dos. Todo el
tiempo me dice que está fea, cuando la peino y la visto me dice que el peinado le quedó
feo, que no quedo bien vestida, que mire estos colores y que así no le gusta. Me dice que
Sarita es parecida a mí y que yo tan bonita, que sarita es mona. Entonces, yo le digo que
o bonita y yo le digo que bonita. Todo el tiempo es así y me forma unas pataletas por
cualquier cosa, cuando vamos a comer, cuando la voy a bañar. Me busca mucho, quiere
dormir conmigo, tomar tetero y entonces en un tarrito de la bicicleta, le comencé a dar
agua de panela con leche.
Estos cambios bruscos del comportamiento en la hija mayor (María José) hacen recordar a
la paciente cómo fueron sus relaciones fraternales con su hermana menor, que ha descrito en otras
sesiones como que fueron con dificultades, con rivalidades; y con respecto a su madre, sentía que
era menos preferida por ella, en comparación de su hermana.
Ahora, en la relación de la bebé Sara y María José, Angélica no quiere que se repita su
misma historia. Por lo tanto, a petición de su hija mayor, la paciente le cumple sus deseos, por
ejemplo, darle agua de panela con leche en un tarrito de leche, alimentando el comportamiento
regresivo en la niña; además, dicho mecanismo de regresión se relaciona con que, en la mente de
la niña, se percibe a la bebé Sarita como una rival, lo cual la moviliza a incrementar sus deseos de
estar más de lo habitual con la madre, a volverse como una bebé frente a sus padres, a sentir celos
en relación a la bebé y a atacarla; en otras sesiones, Angélica cuenta, que María José le hace
maldades a la bebé, como ruidos inesperados y ella siente que Sarita se sobresalta, y que eso alegra
a María José y luego se retira. También, ataca a la madre, debido a que siente que esta, al igual
que su pareja, expresan comportamientos de cariño a la bebé, en el vientre de la madre.
De manera que, en este fragmento de la sesión, se observa que, en la mente de la niña
mayor, se ha instaurado a la bebé como un rival y de ahí la aparición de comportamientos bruscos