Jorge Leiva Lavalle
4. Regionalismo abierto
La dimensión internacional del desarrollo latinoamericano, a la luz del concepto de regionalismo abierto propuesto por la CEPAL, merece una atención especial, pues implica cambios de gran envergadura en todas las materias vinculadas a las relaciones con el exterior, desde la transformación productiva para la competitividad hasta los ámbitos institucionales. Es necesario examinar este concepto en la perspectiva del proceso de globalización que vienen experimentando en forma creciente los mercados, las economías y las relaciones sociales contemporáneas.
El regionalismo abierto da respuesta a dos grandes desafíos: por una parte, atiende a la tendencia universal de mayor liberalización de los intercambios y, por otra parte, posibilita a los países a enfrentar mejor el proceso de globalización, es decir, aprovechar sus beneficios y minimizar sus costos. El regionalismo se transforma, así, en el mejor ámbito para avanzar hacia la globalización.
En los planteamientos de la CEPAL, la apertura unilateral, la vía multilateral y el camino bilateral mediante la concertación de acuerdos internacionales, son vías complementarias para mejorar la inserción internacional de las economías de la región.
Las tres vías han sido utilizadas intensamente pues es un hecho que, durante los últimos años, América Latina ha llevado adelante un proceso de apertura como ninguna otra región, especialmente en lo que se refiere a los intercambios de bienes, servicios e inversiones.
En un principio, el proceso se llevó adelante de manera unilateral. Luego, en el marco de la Ronda Uruguay, los países latinoamericanos consolidaron sus esquemas de apertura, principalmente en el campo comercial. También lo hicieron en relación con un importante conjunto de disciplinas comerciales,
los servicios y los aspectos comerciales de las inversiones y de la propiedad intelectual.
La aplicación del regionalismo abierto como medio para avanzar en el proceso de integración de América Latina ha permitido superar antiguas concepciones. La región ha emprendido un proceso de liberación de sus intercambios mediante la suscripción de un importante conjunto de acuerdos. Estos han revitalizado procesos de larga data, como el Mercado Común Centroamericano y la Comunidad Andina; han creado nuevas agrupaciones, como el Mercosur y el Grupo de los Tres. Además, se han firmado acuerdos entre países, o entre países y las agrupaciones descritas.
Los avances logrados en el proceso de liberación comercial, intrarregional en el transcurso de la presente década superan con creces a los que se habían alcanzado en los tres decenios precedentes. Por otra parte, los compromisos y programas contenidos en los acuerdos permiten prever que se avanzara en el futuro, tanto mediante la profundización de los compromisos actuales, como a través de la ampliación de los mismos. Más aún, el incremento del comercio entre nuestros países ha registrado aumentos sin precedentes y la participación en el conjunto de los intercambios supera el 20%.
Sin embargo, en nuestros acuerdos y negociaciones actuales, existen dos limitaciones principales que deseo destacar: la dispersión de los esfuerzos que estamos realizando y la concentración de los compromisos en la liberación comercial y, muy especialmente, en la reducción arancelaria.
Ha llegado la hora de plantearse estos dos temas: la ampliación y profundización de los actuales compromisos y la convergencia de los numerosos acuerdos que estamos desarrollando. Es preciso acelerar los programas de liberación, profundizar las disciplinas comerciales, ampliar los ámbitos de los acuerdos en áreas tales como servicios, inversiones y tecnologías y fortalecer o crear los mecanismos de diálogo político. En otras palabras, aplicar los acuerdos como instrumentos de verdadera integración. Y, al mismo tiempo, es necesario trabajar en la convergencia de los acuerdos. La convergencia nos lleva a fortalecer la vinculación entre ellos y, en último término, a plantearnos el objetivo de la integración de América Latina.
Pero, no sólo ha habido regionalismo sino también apertura a la economía mundial a través de acuerdos internacionales. El camino de la inserción concertada no se ha limitado a celebrar acuerdos en el ámbito latinoamericano. En los años recientes, los países de la región, o la región como conjunto, han empezado a suscribir acuerdos con países o agrupaciones de países fuera de la región.
Tales fueron los casos del ingreso de México al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLC); de este mismo país, Chile y, recientemente Perú, al organismo de cooperación económica en Asia y el Pacífico (APEC); de
Chile, Mercosur y México con la Unión Europea; de Chile con Canadá; y, desde abril de 1998, de todos los países de América Latina y el Caribe, con la excepción de Cuba, con Canadá y Estados Unidos, a fin de establecer el Área de Libre Comercio de las Américas, ALCA.
Todos estos acuerdos contienen compromisos de liberación de la totalidad de los intercambios, aunque en los casos de APEC, ALCA y la Unión Europea aún no se han acordado los respectivos programas de liberación. Cabe destacar que en los acuerdos de Chile, Mercosur y México con la Unión Europea el objetivo convenido es más amplio que la liberación de los intercambios pues se trata de establecer sendas asociaciones políticas y económicas.
Esta nueva dimensión, de la estrategia del regionalismo abierto es de la mayor trascendencia, pues permitirá a los países de América Latina participar de una manera más activa, previsible y segura en el proceso de globalización de la economía mundial.
Estimados amigos:
Sean mis palabras finales para destacar que, en mi opinión, nuestra región enfrenta, en vísperas del siglo XXI, el gran reto de la equidad social y, por lo tanto, la necesidad de aplicar políticas de distribución y de redistribución eficientes para alcanzar este objetivo. Asimismo, la región enfrenta el inmenso desafío de su integración y de la búsqueda de la mejor participación en un mundo de creciente globalización y de profundos cambios en la cultura, la producción y los intercambios que como resultado del vertiginoso avance de las tecnologías de información y comunicación.
Estamos seguros que la CEPAL sabrá profundizar la senda trazada, de una transformación productiva con equidad, con la capacidad, originalidad y realismo que la caracteriza y que continuará contribuyendo de una manera eficaz al pensamiento y al desarrollo de América Latina, tal como lo ha venido haciendo en sus cincuenta años de existencia.
Muchas gracias