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La puesta en escena y el «sí mismo»

3. Las regiones y la conducta

1 Bajo el término «medio conductal», Wright y Barker nos ofrecen, en un informe de investigación metodológica, una exposición muy clara de los sentidos en que las expectativas concernientes a la conducta llegan a estar asociadas con lugares

determinados. Véase Herbert F. Wright y Roger G. Barker, Methods in Psycbologkd' Ecology, Topeka, Kansas: Ray's Printing Service, 1950.

2 Véase Edward Gross, «Informal Relations and the Social Organi zation of Work in an Industrial Office», tesis inédita de doctorado, Universidad de Chicago,

Departamento de Sociología, 1949, pág. 186. 3 Katherine Archibald, Wartime Shipyard, Berkeley y Los Angeles: University of Califonia Press, 1947, pág. 159. 4 Robert H. Willoughby, «The Attendant in the State Mental Hos

pital», tesis inédita de licenciatura, Universidad de Chicago, Departa mento de Sociología, 1953, pág. 43.

5 Un análisis de algunos de los principales estándares de trabajo puede encontrarse en Gross, op. cit., obra de la cual se tomaron los ejemplos citados.

6 Sir Walter Besant, «Fifty Years Ago», en The Graphic Jubilee Nu/nber, de 1887, citado por James Laver, Victorian Vista, Boston: Houghton Mifflin, 1955, pág. 147.

2 Designaremos indistintamente las actuaciones propias del backstage como «actuaciones del trasfondo escénico» o «entre bastidores». (N. de la T.) 3

7 Como sugiere Métraux («Dramatic Elements in Ritual Possession», en Diogenes, xi, pág. 24), incluso la práctica de los cultos vuduistas requerirá dichos elementos:

«Todo caso de posesión tiene su lado teatral, como lo demuestra la cuestión de los disfraces. Las habitaciones del santuario se asemejan a los bastidores del teatro, y en ellas los poseídos encuentran los accesorios necesarios. A diferencia del histérico, que revela su angustia y sus deseos a través de síntomas —un medio personal de

expresión—, el ritual de la posesión debe ajustarse a la imagen clásica de un personaje mítico».

8 Símome de Beauvoir, The Second Sex, trad. al inglés por H. M. Parshley, Nueva York' Knopf, 1953, pág. 543. (El segundo sexo, trad. al castellano por Pablo Palant, Buenos Aires: Psique, 1954.)

9 Véase Orvis Collins, Melville Dalton y Donald Roy, «Restriction of Output and Social Cleavage in Industry», en Applied Anthropology (ahora Human Organization), iv, págs. 1-14, esp. pág. 9.

10 Habenstein señaló en su seminario que en algunos estados el empresario de pompas fúnebres tiene el derecho legal de impedir que los familiares del difunto

entren en la pieza de trabajo donde se prepara y arregla el cadáver. Es de presumir que el espectáculo de todo lo que se le hace al muerto para que parezca más atractivo sería una impresión demasiado fuerte para los no-profesionales, y e en especial para los parientes de la persona fallecida. Habenstein sugiere también que los propios

parientes podrían querer mantenerse alejados de la pieza de trabajo del empleado de la funeraria debido a1 temor que podrían sentir ante su propia curiosidad morbosa. 11 Las afirmaciones siguientes están tomadas de un estudio hecho por la Social Research Inc., acerca del comportamiento de los gerentes de doscientos pequeños negocios.

12 El jefe de un taller de automóviles deportivos me relató la escena consignada a continuación, relativa a un comprador que se dirigió por su propia cuenta al depósito para buscar unas arandelas y se las presentó luego a él desde la parte trasera del mostrador del depósito:

Cliente: ¿Cuánto cuesta?

Jefe de taller: ¿Cómo se metió ahí, señor? ¿Quiere decirme qué pasaría si usted entrara en un banco, se metiera detrás del mostrador, sacara un fajo de billetes y se los llevara al pagador?

Clíente: Pero esto no es un banco.

Jefe de taller: Bueno, estas son mis monedas. ¿Qué es lo que desea comprar, señor? Clíente: Si lo toma así, está bien. Es cosa suya. Quiero unas arandelas, para un Anglia del 51.

Jefe de taller: Esas son para un modelo del 54.

Si bien el relato puede no ser una reproducción fiel de las palabras y acciones tal como se produjeron, refleja en forma bastante fidedigna la situación del jefe de taller y sus sentimientos durante el episodio.

13 Estos ejemplos de la discrepancia entre la realidad y la apariencia de las normas no deberían considerarse exagerados. La observación cuidadosa del trasfondo escénico de cualquier hogar de clase media en las ciudades occidentales puede revelar discrepancias entre realidad y apariencia que son igualmente marcadas. Y, donde quiera que exista cierto grado de comercialización, no cabe duda de que las discrepancias suelen ser mayores.

14 Leo Kuper, «Blueprint for Living Together», citado en Leo Kuper y otros, Livtng in Towns, Londres: The Cresset Press, 1953, págs. 14-15.

15 Sir Frederick Ponsonby, Recollection of Three Reigns, Nueva York: Dutton, 1946, pág. 32.

16 George Orwell, Down and Out in París and London, Londres: Secker y Warburg, 1951, págs. 68-69.

17 Monica Dickens, One Pair of Hands, Londres: Michael Joseph, Mermaid Books, 1952, pág. 13.

18 En un seminario realizado en la Universidad de Chicago.

19 Paul La Croix, Manners, Custom, and Dress dunng the Middle Ages and during the Renaissance Period, Londres: Chapman and Hall, 1876, pág. 471.

20 Él hecho de que una pequeña oficina particular pueda ser transformada en una región posterior mediante el método manejable de ser la única que se halla en dicha región permite explicar por qué las dactilógrafas prefieren a veces trabajar en una oficina privada y no en una gran oficina que ocupa todo un piso. En una gran oficina abierta a la vista del público es probable que siempre haya alguien ante quien es preciso mantener la impresión de laboriosidad; en una oficina pequeña puede dejarse de lado toda falsa pretensión de trabajo arduo y de conducta decorosa, cuando el jefe no se halla presente. Véase Richard Rencke, «The Status Characteristics of Jobs in a Factory», tesis inédita de licenciatura, Universidad de Chicago,

Departamento de Sociología, 1953, pág. 53. 21 Esquite Etiquette, pág. 65.

22 Ibíd., pág. 65.

23 Archibald, op. cit., págs. 16-17.

24 Letters of Lord Chesterfteld to bis Son, Nueva York: Dutton, col. Everyman's, 1929, pág.239.

25 Alfred C. Kinsey, Wardell B. Pomeroy y Clyde E. Martin, Sexual tiebavwr in the Human Male, Filadelfia- Saunders, 1948, págs. 366-67. (Informe Kinsey. La conducta sexual del hombre La conducta sexual de la mujer, Buenos Aires: Siglo Veinte, 4 t., 1967.)

26 Ponsonby, op. cit., pág. 269.

27 W. M. Williams, The Sociology of an English Village, Londres: Routledge and Kegan Paul, 1956, pág. 112.

28 Kenneth Burke, Vermanence and Change, Nueva York: New Republic, Inc., 1953, pág.309 (nota al pie).

29 Herman Melville, Whtte Jacket, Nueva York: Grove Press, s. f.,pág. 277.

30 Véase Anthony "Weinlein, «Phartnacy as a Profession in Wiscon-sin», tesis inédita de licenciatura, Universidad de Chicago, Departamento de Sociología, 1943, págs. 147-48.

31 Véase Louise Conant, Mercury, xvn, pág. 172.«The Bórax House», en The American!

4. Roles discrepantes

1 Cf. el análisis de Riesman sobre el «vaticinador» que posee informes de primera mano, The Lonely Crotvd, New Haven: Yale Uni-versity Press, 1950, págs. 199-209. 2 Informado por Harold L. Wilensky, «The Staff "Expert": A Study of the Intelligence Function in American Trade Unions», tesis inédita de doctorado, Universidad de Chicago, Departamento de Sociología, 1953, cap. vil.

3 Hans Speier, Social Order and the Risks of War, Glencoe: The Free Press, 1952, pág. 264.

4 David Maurer, «Carnival Cant», en American Speech, vi, pág. 336. 5 P. W. White, «A Círcus List», en American Speech, i, pág. 283.

6 W. Fred Cottrell, The Railroader, Stanford: Stanford University Press, 1940, pág. 87.

7 J. M. Murtagh y Sara Harris, Cast the First Stone, Nueva York: Pocket Books, Cardinal Edition, 1958, pág. 100; págs. 225-30.

8 Véase Fritz Roethlisberger, «The Foreman: Master and Victim of Double Talk», en Harvard Busmess Review, xxiii.

9 Véase un tratamiento más exhaustivo del rol en Erving Gofftnan, «Communication Conduct in an Island Community», tesis inédita de doctorado, Universidad de

Chicago, Departamento de Sociología, 1953, cap. xvi.

10 Mrs. Trollope, Domesíic Manners of the Americans, Londres: Whittaker, Treacher, 1832, 2 vols, vol. n, págs. 56-57.

11 Véase Ray Gold, «The Chicago Fiat Janitor», tesis inédita de licenciatura, Universidad de Chicago, Departamento de Sociología, 1950, esp. cap. iv, «The Garbage».

Chicago, Departamento de Sociología, 1952, pág. 131. 13 Estudio del autor sobre el hotel Shetland.

14 Dev Collans, con la colaboración de Steward Sterling, I Was a House Detective, Nueva York: Dutton, 1954, pág. 156.

15 E. C. Hughes y Helen M. Hughes, Where PeopJe Meet, Glencoe, 111.: The Free Press, 1952, pág. 171.

16 Estoy agradecido a McKim Marriott por este y otros datos sobre la India, y por sus sugerencias en general.

17 Anthony Weinlein, «Pharmacy as a Profession in Wisconsin», tesis inédita de licenciatura, Universidad de Chicago, Departamento de Sociología, 1943, pág. 106. 18 William H. Hale, «The Career Development of the Negro Lawyer», tesis inédita de doctorado, Universidad de Chicago, Departamento de Sociología, 1949, pág. 72. 19 Se espera que al incorporar a la organización al especialista en frentes verbales, este reúna y presente los datos de manera que presten el máximo de apoyo a las actuaciones del equipo. Los hechos del caso serán por lo común una cuestión

incidental, un mero ingrediente que debe ser considerado junto con otros, tales como los probables argumentos que esgrimirán los antagonistas del equipo, la

predisposición del público global cuyo apoyo el equipo podría querer atraerse, los principios que las personas comprendidas se sentirán obligadas a sustentar de labios para afuera, etc. Es interesante observar que el individuo que ayuda a reunir y formular el conjunto de hechos utilizados en la representación verbal de un equipo puede ser empleado, asimismo, en la tarea muy distinta de presentar o transmitir este frente en persona al auditorio. Es la diferencia que existe entre escribir el guión de la ceremonia para una función, y representar esa ceremonia en la función. Esto entraña un dilema potencial. Cuanto mayor es la influencia que puede ejercerse sobre el especialista para que haga caso omiso de sus normas profesionales y solo tome en cuenta los intereses del equipo que solicita sus servicios, más útiles podrán ser los argumentos que formula para dicho equipo, pero cuanto mayor sea su fama como profesional independiente que solo se interesa por la formulación equilibrada de los hechos del caso, será tanto más eficaz cuando aparezca ante el auditorio y presente sus resultados. Una fuente muy rica de datos sobre estas cuestiones se encontrará en Wilensky, op. ctt.

20 Kurt Riezler, «Comment on the Social Psychology of Shame», en American Journal of Soctology, xlviii, pág. 458.

21 Hughes y Hughes, op. cit., págs. 168-69.

22 Simone de Beauvoir, The Second Sex, trad. al inglés por H. M.Parshley, Nueva York: Knopf, 1953. (El segundo sexo, trad. al castellano por Pablo Palant, Buenos Aires: Psique, 1954, págs. 368-69.)

23 Los miembros de la clase media de la isla discutían a veces cuan difícil sería el trato social con los campesinos del lugar, puesto que no había entre ellos intereses comunes. Si bien los integrantes de la clase media demostraban tener bastante penetración para prever lo que ocurriría si un labriego fuera a tomar el té con ellos, parecían tener menos conciencia del hecho de que el esprtt de la hora del té dependía de que hubiera campesinos a quienes no se podía invitar.

24 Hughes y Hughes, op. cit., pág. 172.

25 Lewis G. Arrowsmith, «The Young Doctor in New York», The American Mercury, xxii, págs. 1-10.

26 Kenneth Burke, A Rethoric of Motives, Nueva York: Prentice-Hall, 1953, pág. 171.

1 Renee Claire Fox, «A Sociological Study of Stress: Physician and Patient on a Research Ward», tesis inédita de doctorado, Radcliffi College, Departamento de Relaciones Sociales, 1953.

2 Mrs. Mark Clark (Maurine Clark), Captain's Bride, Generd's Lady, Nueva York: McGraw-Hill, 1956, págs. 128-29.

3 Véase, por ejemplo, el informe de caso sobre «Central Haberda-nhcry», en Robert Dubin, ed., Human Relations in Administration, Nueva York: Prentice-Hall, 1951, págs. 560-63.

4 Francés Donovan, The Saleslady, Chicago: University of Chicag Press, 1929, pág. 39. Ejemplos específicos se encontrarán en la págs. 39-40.

5 Dermis Kincaid, British Social Life in India, 1608-1937, Londres: Routledge, 1938, págs. 106-07.

6 Se puede mencionar una tendencia afín. En algunas oficinas que están divididas en regiones jerárquicas, durante el intervalo para el almuerzo los integrantes del más alto nivel abandonan el establecimiento social y todos los demás se trasladan a la región de los superiores para comer algo, o pasar unos momentos charlando después del almuerzo. La posesión momentánea del lugar de trabajo del personal jerárquico superior parece ofrecer, entre otras cosas, la oportunidad de profanarlo en cierto sentido.

7 Germán Refuges (refugiadas alemanas). Véase Edward Gtoss, «Informal Relations and the Social Organization of Work in an Industrial Office», tesis inédita de doctorado, Universidad de Chicago, Departamento de Sociología, 1949, pág. 186.

8 Véase Daniel Glaser, «A Study of Relations between British and American Enlisted Men at "SHAEF"», tesis inédita de licenciatura, Universidad de Chicago,

Departamento de Sociología, 1947. Glaser dice en la pág. 16:

«El término "limey", utilizado por los norteamericanos en lugar de '''inglés", era empleado generalmente con connotaciones ofensivas. Los soldados norteamericanos se abstenían de utilizarlo en presencia de los ingleses, aunque estos por lo general no sabían lo que quería

decir, o no le otorgaban un significado ofensivo. En realidad, la cautela de los norteamericanos a este respecto era muy parecida a la de los blancos de la región septentrional que emplean corriente mente el término "nigger" [forma despectiva de llamar al negro] pero evitan hacerlo ante la gente de color. El fenómeno del apodo es, por supuesto, una característica común de las relaciones étnicas en las que prevalecen contactos directos».*«Ofay» es exclusivamente empleado por los negros, y de uso

muy común a partir de 1925. Se ha sugerido que puede provenir de una deformación

de foe (enemigo). Cf. Wentworth y Flexner, Dictionary of American Slang, Londres: George Harrap & Co., 1967, pág. 361. (N del E.)

9 David W. Maurer, Whiz Mob, Gainesville, Florida: American Dia-lect Society, 1955, pág. 113.

10 Cf. Kenneth Burke, A Rhetoric of Motives, pág. 234 y sígs., quien brinda un análisis social del individuo que es iniciado en una nueva actividad, utilizando el término «novatada» como palabra clave.

11 En los juegos de recreación, los grupos que secretean o cuchichean pueden ser definidos como aceptables, ya que se forman ante auditorios de niños o de extranjeros, a los que no es necesario dar mucha importancia. En los ordenamientos sociales en los que grupos o núcleos de personas sostienen conversaciones separadas en presencia mutua, los integrantes de cada grupo se esfuerzan por actuar como si lo que dicen pudiera ser dicho en los otros grupos, aunque no sea así,

12 David Geller, «Lingo of the Shoe Salesman», en American Speecb, ix, pág. 285. 13 David Geller, op. cit., pág. 284.

14 Louise Conant, «The Bórax House», en The American Mercury,xvn, pág. 174. 15 Charles Miller, «Furniture Lingo», en American Speech, vi, pág 15 Ibíd., pág. 126. 16 una excepción se encuentra, como es natural, en la relación jefe-secretaria en empresas respetables. Esquire Etiquette, por ejemplo, aprueba lo siguiente (pág. 24): «Si usted comparte la oficina con su secretaria, hará bien en convenir de antemano con ella una señal que significa que le gustaría que se retirase mientras usted conversa en privado con un visitante. "¿Podría dejarnos solos un momento, señorita Smith?" es una frase que molesta a todo el mundo; es mucho más fácil en todo sentido si usted puede transmitir la misma idea, mediante un arreglo previo, con algo así como:

«Señorita Smith, ¿quiere ver si puede solucionar ese problema con el departamento de intercambio comercial?».

18 Gerald Moore, The Unashamed Accompanist, Nueva York: Mac- millan, 1944, págs. 56-57.

19 Ibíd., págs. 57.

20 H. E. Dale, Tbe Higher Civil Service o/ Great Britain, Oxford: Oxford University Press, 1941, pág. 141.

21 Sir Frederick Ponsonby, Recollections of Three Reigns, Nueva York: Dutton, 1946, pág. 102.

22 Katherine Archibald, Wartime Shipyard, Berkeley y Los Angeles: University of California Press, 1947, pág. 194.

23 Mrs. Robert Henrey, Madeleine Grown Up, Nueva York: Duttonl 1953, págs. 46- 47.

24 Dale, op. cit., págs. 148-49.

25 Esquife Etiquette, op. cit., pág. 7. Los puntos suspensivos pertenecen a los autores. 26 Ib'td., págs. 22-23.

27 E. H. Schein, «The Chínese Indoctrination Program for Prisoners of War», en Psycbiatry, xix, págs. 159-60.

28 Comunicación personal de Howard S. Becker.

29 De Lady's Magazine, 1789, xx, pág. 235, citado por J. J. Hecht en The Domes tic Servant Class in Bighteenth-Century England, Londres: Routledge and Kegan Paul, 1956, pág. 63.

30 El término usado por Potter para este fenómeno es «ponerle la tapa a uno» («one upmanship»). Goffman utiliza la expresión «anotarse tantos» {«making potnts») en «One Face-Work», Psychtatry, xviii, págs. 221-22; Strauss habla de «imponer el status» («status jorcing») en su obra todavía inédita Essay on Identity. En ciertos círculos norteamericanos se utiliza, precisamente en este sentido, la expresión «poner a una persona por el suelo» («putting a person down»). Jay Haley ofrece una

excelente aplicación de un tipo de intercambio social en «The Art of Psychoanalysis», en ETC, xv, págs. 189-200.

31 Coronel J. L. Sleemati, Thugs of a Million Murders, Londres: Sampson Low, s.f., pág. 79.

32 «Team Work and Performance in a Jewish Delicatessen», ensayo inédito de Louis Hirsch.

33 Las rutinas reveladoras de protección en el mundo homosexual tienen una doble función: la revelación de la afiliación de los miembros de una sociedad secreta y las insinuaciones o propuestas de relación entre miembros determinados de esta sociedad. Un ejemplo literario bien expuesto puede encoatrarse en el cuento de Gore Vidal «Three Stratagems», de su obra A Thirsty Evil, Nueva York: Signet Pocket Books, 1958, esp. págs. 7-17.

34 Quizá debido al respeto por la moral freudiana, algunos sociólogos parecen actuar como si fuera de mal gusto, impío o autorrevelador definir la relación sexual como parte del sistema ceremonial, un ritual recíproco representado para confirmar simbólicamente una relación

social exclusiva. Este capítulo se basa en gran medida en la obra de Kenneth Burke, quien adopta claramente el punto de vista sociológico al definir el galanteo como un principio de retórica a través del cual se trascienden las alienaciones sociales. Véase Burke, A Rhetoric of Motives, pág. 208 y sigs., y págs. 267-68.

35 En el lenguaje cotidiano la expresión «conversación de doble sentido» es empleada también en otros dos casos: para referirse a frases en las que se han introducido sonidos que aparentan ser significativos pero que no lo son y para referirse a respuestas protectoramente ambiguas dadas a preguntas que fueron formuladas para obtener una réplica clara y categórica.

36 Como ejemplo de compromisos tácitos entre dos equipos oficialmente opuestos uno al otro, véase Dale, op. cit., págs. 182-83. Véase también Melville Dalton, «Unofficial Union-Management Relations», en American Sociological Review, xv, págs. 611-19.

37 Dale, op. cit., pág. 150.

38 Babe Pinelli, según el relato hecho a Joe King, Mr. Ump, Filadelfia: Westminster Press, 1953, pág. 169.

39 Jan de Hartog, A Sailor's Life, Nueva York: Harper Brothers, 1955, pág. 155. 40 Ibíd., págs. 154-55.

41 Chester I. Batnard, Organization and Management, Cambridge, Mass.: Harvard University Press, 1949, págs. 73-74. Este tipo de comportamiento debe ser claramente distinguido de la conducta y el lenguaje rudos empleados por la persona de status superior jerárquico que permanece dentro del equipo constituido por sus empleados y los «embroma» para que trabajen.

42 Maxwell Jones, The Therapeuttc Commumty, Nueva York: Basic Books, 1953, pág. 40.

43 Comunicación personal de Helen Blaw, maestra de escuela.

44 Walter M. Beattie, hijo, «The Merchand Seaman», informe inédito de licenciatura, Universidad de Chicago, Departamento de Sociología, 1950, págs. 25-26.

45 Maxwell Jones, op. cit., pág. 38.

46 Bruno Bettelheim y Emmy Sylvester, «Milieu Therapy», en Psy-choandytic Review, xxxvi, pág. 65.

47 Florence B. Powdermaker y otros, «Preliminary Report for the National Research Council: Group Therapy Research Project», pág. 26. La traición a nuestro propio equipo al tratar de sorprender la mirada de un miembro de otro equipo es, por supuesto, un recurso utilizado

con frecuencia. Hay que hacer notar que en la vida cotidiana la negativa a participar en este tipo de connivencia momentánea cuando uno ha sido invitado a hacerlo es en sí misma un agravio menor para el invitante. Uno podría encontrarse en el dilema de traicionar al objeto de la connivencia pedida, o agraviar a la persona que solicita dicha comunicación colusoria. Ivy Compton-Burnett nos brinda un ejemplo en A Family and a Fortune, Londres: Eyre & Spottiswoode, 1948,

pág. 13:

«Pero yo no roncaba —dijo Blanche con el tono más indicado para hacerle perder el dominio de la situación—. Si lo hubiera hecho me habría dado cuenta. Es imposible

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