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Regresión salarial

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La participación de los salarios en la renta nacional ha sufrido un marcado decli- ve en Europa (ver Gráfico 1). En los años 90 y 2000 la productividad aumento más rápido que los salarios reales en todos los países de la Europa occidental. En Alemania así como en Italia, España y Portugal, los salarios reales también caye- ron en los 2000, siendo Alemania el país donde fue más pronunciado el diferen- cial entre el crecimiento de la productividad y los salarios reales.

La ventaja competitiva de Alemania se debió más a la regresión salarial que al aumento de la productividad. De hecho, el aumento de la productividad en Alemania ha sido modesto, más bajo que en Gran Bretaña, Irlanda, Grecia y Portugal entre 1991-2007.

Dada la debilidad de la demanda doméstica producida por el bajo crecimien- to de los salarios, las exportaciones se convirtieron en el principal motor del crecimiento alemán y éstas produjeron un superávit de la balanza comercial en Alemania a expensas de déficit comerciales en la periferia de la UE. En la “periferia”, el consumo fomentado por el endeudamiento privado ha llenado el hueco dejado por un crecimiento relativamente débil de las exportaciones com- parado al de las importaciones. En Grecia, y en menor medida en Portugal, los déficit fiscales también aumentaron a la par que aumentaba el endeudamiento de los hogares y de las empresas.

Este es el telón de fondo de la crisis de la deuda pública en la “periferia”, que comenzó en Grecia en el 2009. La crisis demostró que la UE es una unión de bancos y corporaciones. El Banco Central Europeo (BCE), que actuó como prestamista de última instancia de la banca privada europea, no comenzó a jugar el mismo papel de prestamista de los gobiernos de la zona euro hasta mayo del 2010, cuando los mercados comenzaron a especular salvajemente sobre un impago de la deuda en Grecia. El BCE tiene prohibido comprar directamente la deuda pública de los Estados miembros de la UE. Sin embargo, los bancos fue- ron rescatados por el BCE, y el entorno económico en el que opera la banca reci- bió el apoyo de políticas fiscales expansivas que se aplicaron para evitar que la recesión se convirtiese en depresión. Hoy día sin embargo, son los mismos ban- cos los que exigen tipos de interés elevados para compensarles por el riesgo de impago por parte de los gobiernos, y los que amenazan con dejar de prestarles a los gobiernos que no sean capaces de reducir el riesgo de impago.

En países como Grecia, donde un nivel elevado de deuda y déficit públicos con- viven con un déficit de la balanza comercial abultado, los especuladores han lle- vado al país al borde de una crisis de deuda pública. Anteriormente a Grecia, en el 2009 fueron los países de Europa del Este los que sufrieron los ataques de los especuladores. Después de Grecia el foco de atención se dirigió a Portugal y España, de nuevo hacia Irlanda, y hacia los países del ‘núcleo’ como Italia, Bélgica, Gran Bretaña e inclu- so EE UU.

Tras las especula- ciones sobre la posi- bilidad de que Grecia cometiera un impago de su deuda y se saliera de la zona euro, los gobiernos de la UE dudaron duran- te meses antes de diseñar un plan de rescate entre marzo y mayo del 2010. Este plan sólo sirve para posponer el proble-

Gráfico 1: Participación salarial en la renta nacional ajustada, Selección de economías de la UE occidental

ma. La UE no se pregunta por qué surgieron estos déficit, ignorando con ello las divergencias estructurales en la productividad así como los desequilibrios de las balanzas comerciales provocados por las políticas alemanas, que pro- mueven el crecimiento a costa de las economías vecinas mediante el fomento de las exportaciones. El plan de rescate de los gobiernos de la zona euro está diseñado para prevenir que los bancos europeos, sobre todo los bancos france- ses y alemanes, sufran pérdidas en sus carteras de deuda pública griega. Si Grecia u otro país tuviese que reestructurar su deuda, los gobiernos de la zona euro estarían efectivamente salvando a sus propios bancos. El BCE dio un giro radical en su política en mayo, y lanzó un programa de compra de títulos de deuda pública de los países periféricos de la zona euro que sólo sirvió para cal- mar temporalmente a los especuladores.

Modelos

El modelo a seguir que se les presentó a Grecia, Portugal y España era Irlanda, un país que había recortado los salarios del sector publico entre un 5-15%, y que había recortado el gasto para reducir su déficit fiscal del 12,5% en el 2009 hasta el 2,9% en el 2014. Sin embargo, ninguna de las medidas adoptadas por Irlanda evitó que los especuladores le exigieran tipos de interés cada vez más elevados sobre su deuda pública tras desatarse la crisis griega.

El otro modelo a seguir fue el de Letonia, un país que gestionó una devaluación en el valor real de su moneda no mediante el abandono de su tipo cambiario fijo, sino a través de la aplicación de profundos recortes salariales y de gasto público, que le costaron perder el 25% de su PIB en dos años y una tasa de paro del 22,9% en el 2009. Fuera de la euro zona, el gobierno británico también está promovien- do recortes sin precedentes en el empleo público, los salarios y el gasto público. Estas medidas de austeridad harán daño a los trabajadores, pero no servirán para rescatar a los países de la “periferia” del impago. A medida que se profundi- ce la recesión, la recaudación fiscal caerá y, a pesar de los recortes, puede que el déficit presupuestario no mejore.

En el 2010 la recesión se transformó en estancamiento del crecimiento econó- mico, de modo que los recortes en el sector público que se lleven a cabo ahora sólo servirán para transformar el estancamiento económico en una segunda recesión. El supuesto efecto positivo que ejerce la reducción del déficit presupuestario sobre la inversión privada, se basa en la idea de que el menor endeudamiento público favo- rece tipos de interés más bajos y que estos a su vez sirven de estímulo a la inver- sión privada y al consumo. Pero en las condiciones actuales, donde los consumi- dores están intentando reducir su endeudamiento, donde las inversiones son pos- puestas debido a la incertidumbre sobre la recuperación económica y donde los tipos de interés ya son bajos de por sí, esta lógica no tiene relevancia alguna.

De modo que hablar de crisis fiscal suena más bien a un intento del empresa- riado de evitar aumentos de impuestos, de hacer pagar a los asalariados la crisis

recortando sus ingresos, sus puestos de trabajo y los servicios, y a la creación de un clima de ‘emergencia nacional’ que permita aplastar a los sindicatos.

Los programas de austeridad están llevando a los países de la UE hacia un modelo basado en una demanda interna crónicamente débil. Las consecuencias deflacionistas de los recortes salariales pueden acabar transformando el proble- ma de la deuda en un problema de impago, tanto para el sector público como para el privado. En Alemania la demanda exterior de exportaciones ha sustitui- do a una débil demanda interna. Pero no es posible transformar a toda Europa en el modelo alemán, ya que sin los déficit comerciales de los países periféricos las exportaciones alemanas no se sostendrían. La contracción de la demanda interna supone, sobre todo para los países periféricos de Europa, un estanca- miento prolongado de su crecimiento económico e incluso la recesión.

Irlanda, Grecia, Portugal y España están sufriendo recortes salariales muy duros en el 2010. Los salarios también están bajo presión en Gran Bretaña, Italia, Suecia, Hungría, los países Bálticos y Rumania. Es probable que el aumento del paro, y en particular del paro de larga duración, continué golpean- do a estas economías. La tasa de paro aumentó 1,9% puntos porcentuales en el 2009 en la zona euro, y 2,3% puntos en Gran Bretaña. Los aumentos más altos en la tasa de paro tuvieron lugar en Irlanda y España (6,0 y 6,7% puntos res- pectivamente) debido a la caída del empleo relacionado con la construcción y a la importancia de la contratación temporal. Se espera que la tasa de paro siga aumentando y que se mantenga en niveles altos. Además, las empresas pueden iniciar otra oleada de despidos, o congelar la creación de nuevos puestos de tra- bajo, tiempo después de que se haya iniciado la recuperación. Esto empeoraría la situación de las y los parados y de los(as) jóvenes que buscan su primer empleo. Existen ya problemas estructurales de empleo en sectores como la industria automovilística y el sector de la construcción, en donde la crisis ha destapado viejos problemas de sobreproducción. La recuperación económica no creará necesariamente nuevos puestos de trabajo en este tipo de sectores.

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