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Relaciones argentino chilena desde la decada de los noventa

Para abordar el desarrollo de las relaciones bilaterales durante estos últi- mos diecisiete años, emplearemos como referente conceptual la noción

Argentina-Chile: ¿Una relación afectada por la crisis del gas?

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conflicto como una relación de intereses y necesidades competitivas entre dos o más partes, que puede tener decursos negativos o positivos. En esencia, las relaciones entre Argentina y Chile están determinadas por el conflicto, pues al ser países fronterizos existen innumerables fuentes de potenciales discrepancias. Esto se ha expresado en que a través de la historia han existido una serie de divergencias fronterizas y comerciales y estas han tomado decursos positivos o negativos, de- pendiendo —entre otros motivos— de la voluntad política y la gestión de los propios gobernantes.

Hace casi tres décadas Argentina y Chile estuvieron a sólo minutos de que se desatara un conflicto armado, cuando en ambos países go- bernaban los militares… “Las relaciones argentino-chilenas en épocas de los gobiernos militares tuvieron un fuerte tono confrontativo, lo cual condujo, en gran medida, al diseño y actualización de doctrinas geopolíticas que siempre vieron al “vecino” como un gran adversario dispuesto a ganar en un juego de suma cero. Esas divergencias terri- toriales y la imagen estatal creada hacían que el “componente territo- rial” fuese exacerbado de uno y otro lado según diferentes momentos históricos19.

El año 1984, cuándo ya en Argentina existía un gobierno democrático —el de Raúl Alfonsín— y en Chile aún estaba en el poder el general Augusto Pinochet, gracias a la mediación del Papa, se suscribió un Tratado de Paz y Amistad que finalizaba la disputa generada en el Canal del Beagle y se establecieron las bases para un proceso de acer- camiento mayor entre ambos países, que se comienza a desarrollar con mayor intensidad durante la década de los noventa, cuando Argentina y Chile compartían una serie de nociones fundamentales, entre estas la democracia como forma de gobierno y la prioridad de reinsertarse en el escenario regional e internacional.

En este marco se comienza a evidenciar la influencia de dos factores que serán decisivos en el desarrollo futuro de los vínculos entre los dos países:La voluntad política y la diplomacia presidencial, entendida esta como la capacidad y la iniciativa de los gobernantes para generar contactos y negociaciones directas para alcanzar objetivos comunes; pues en gran medida los logros obtenidos en esta etapa responden a acciones directas de los mandatarios tanto de Chile como de Argen- tina. Es así como a partir de señales inequívocas de ambos gobiernos,

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en 1991 —durante los mandatos de Menem y Aylwin— se suscribe una Declaración Conjunta sobre Límites que soluciona 22 de los 24 puntos en litigio. Entre otros acuerdos además se firmó un Acuerdo de Complementación Económica (que incluía cuatro protocolos sobre normas que regulan la interconexión gasífera y el suministro de gas natural entre la cuenca neuquina y la República de Chile; Reglamento sobre tránsito y sanidad vegetal; cooperación minera para la exploración y explotación conjunta en zonas fronterizas; y desregulación del trans- porte terrestre, marítimo y aéreo); un protocolo específico adicional sobre recursos hídricos compartidos y un convenio sobre garantía de inversiones recíprocas y eliminación de la doble tributación.

La suscripción de estos acuerdos sin duda marcó un antes y un después en la relación entre ambos países. Subsistían dos temas pendientes, la cuestión de Laguna del Desierto que se decidió someter a arbitraje y el caso de Campos de Hielo, que sería sometido a aprobación por los respectivos Parlamentos para concluir en un Tratado. Estos dos casos estuvieron finalmente resueltos, no sin dificultades, en 1999 y de esa manera se abandonó la lógica de la posibilidad de un conflicto por divergencias respecto a las fronteras. Asimismo, a la par que se traba- jaba en la resolución de los temas territoriales, ambos países fueron desarrollando durante los 90 una relación cada vez más densa, con saltos cualitativos en las más distintas áreas. En esta línea se crearon una serie de instancias bilaterales a nivel de los gobiernos, los distintos ministerios y los parlamentos y se aprovechó también la asociación de Chile al MERCOSUR, ocurrida en 1996, para concordar políticas y generar nuevas iniciativas de acercamiento que permiten evidenciar un salto cualitativo desde la lógica del conflicto a la de la cooperación. Dentro de este mejoramiento de las relaciones bilaterales, hay una serie de instancias importantes de destacar en el marco de este trabajo:

- El desarrollo de encuentros permanentes entre los Cancilleres y los Ministros de Defensa de ambos países (mecanismo 2 +2). - El hecho que Argentina se haya convertido en el principal destino

Argentina-Chile: ¿Una relación afectada por la crisis del gas?

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Inversiones de Chile en Argentina. 1990-2006 Estructura sectorial (U$S millones)

Sector U$S mill. % generado Empleo directo Industrias Manufactureras Servicios •Comercio •Construcción •Transporte y Comunicaciones •Informática •Inmobiliario Energía Financiero Minería Agricultura Otros 5.526 4.539 2.050 339 660 1.133 356 3.647 927 14 8 18 38 31 25 6 0 0 0 11.657 32.031 1.365 521 50 Total Inversiones chilenas en Argentina 14.680 100 45.624 Participación sobre inversiones totales de

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Fuente: DIRECON Depto. de Inversiones en el Exterior y Oficina Comercial de ProChile en Argentina.

- Desde la perspectiva de la seguridad, el desarrollo de Medidas de Confianza Mutua de tercera generación entre Argentina y Chile. Ambos países han realizado un proceso de homologación de gastos en defensa, al amparo de la CEPAL y hoy por ejemplo cuentan con una fuerza combinada conjunta para actuar en actividades de fortalecimiento de la paz. Además se ha generado un Comité Permanente de Seguridad con reuniones periódicas.

- Por último, y fundamental para este artículo, la suscripción de un Protocolo Gasífero en 1991, que fue modificado en 1995 y que per- mite el envío a Chile de gas natural desde Argentina en condiciones favorables, a través de un gasoducto binacional y garantizando el principio de no discriminación.

En el momento de suscribirse este acuerdo no surgieron mayores voces disonantes. Fueron pocos los que hicieron ver los riesgos que generaba un acuerdo de este tipo, específicamente desde la perspectiva de la seguridad. Es así como el Vicealmirante Alfredo Gallegos V. y el

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Contralmirante Jaime Donoso D.20 en su artículo Energía y Seguridad

Nacional hacían presente los riesgos de una excesiva dependencia ener- gética de Argentina, afirmando que “Políticamente, la dependencia energética del exterior sólo adquiere relevancia cuando ésta concentra en un sólo país proveedor, la que se agudiza cuando no existen fuentes alternativas al interior del país afectado. Esta es la situación que se creará con el suministro argentino ante la imposibilidad de generar la oferta de energía con medios propios o de terceros, lo que implica introducir una nueva fuente de incertidumbre en nuestras relaciones con el país del este.21

A fines de la década de los noventa el escenario bilateral era más que positivo, se había logrado superar la principal causa de controversias entre ambos países —la vecinal— y dentro de la lógica de Lederach se habían manejado los conflictos de manera positiva y las posibles causas de controversias se habían trasladado a otros sectores, específi- camente a la posibilidad de que el desarrollo de una integración cada vez más profunda en el ámbito económico y energético, deviniera en el desarrollo de algún tipo de fricción.

La crisis del gas y sus repercusiones en la relación