Julieta Scenna En este capítulo proponemos realizar algunas precisiones acerca de la estructura y el significado en que pueden instanciarse las relaciones de atribución y posesión [en la escritu- ra académica], en particular, las subordinadas adjetivas.
Consideramos que identificar este tipo de estructuras contribuye a reconocer la lógica subyacente en la organización de las relaciones de dependencia en nuestros enunciados y ayuda a disminuir las dificultades que enfrentamos en la escritura académica en la dispo- sición de la frase. Detenernos en la estructura sintáctica de la frase permitirá explicitar una herramienta posible para monitorear la propia escritura.
De forma preliminar, es necesario recordar que cuando hablamos de subordinada nos referimos a cierta estructura que mediante un elemento encabezador1 entabla una relación
de dependencia subordinada a otro elemento en la estructura oracional (cf. (1.) más abajo). Las estructuras sintácticas que nos interesan en los ejemplos siguientes entablan dife- rentes relaciones: independencia (1a.), coordinación (1b.), subordinación (1c.).
(1.)
a. Mi abuela vive en el campo. Mi abuela odia el ruido de la ciudad. b. Mi abuela vive en el campo y odia el ruido de la ciudad.
c. Mi abuela, que vive en el campo, odia el ruido de la ciudad.
En (1a.) se ofrecen dos oraciones independientes, cada una organizada en torno a un verbo (“vive” y “odia”, respectivamente)2; en (1b.) encontramos las predicaciones unidas
por el nexo coordinante “y”; finalmente, (1c.) ejemplifica una estructura que contiene una predicación, con función adjetiva, subordinada a otra predicación e introducida por “que”.
Se distinguen tres tipos de subordinadas: sustantivas, adjetivas y adverbiales. Vere- mos cómo es la estructura particular de las subordinadas adjetivas (Apartado I), dado que
3. También reciben el nombre de subordinadas relativas. La elección de la denominación “subordinadas adjetivas” se corresponde con la utilizada en los proyectos ministeriales vigentes.
4. Dado que podemos producir cualquiera de estas tres formas de adjetivación, la elección dependerá de las exigencias retóricas de los estilos académicos. [Nota de las Directoras].
a menudo constituyen un obstáculo en la escritura académica, y presentaremos algunas ob- servaciones y puntualizaciones a partir del análisis de los problemas más significativos que manifiestan los escritos en el ingreso a la Universidad (Apartados II y III).
De esta manera, las diferentes aristas de nuestro tema se proponen de forma progre- siva y se organiza el desarrollo en tres apartados teórico-prácticos en el Primer Ciclo del Programa Universitario de Alfabetización y Escritura Académica.
I. Algunas consideraciones sobre la estructura de las subordinadas adjetivas Cualquier hablante reconoce como propias estructuras del tipo:
(2.)
a. Me gusta esa casa que está pintada de blanco. b. Me llamó la chica que cruzamos ayer en la peatonal. c. Nos dio un susto que todavía nos dura.
Todas esas oraciones incluyen una subordinada adjetiva. Esta denominación3 da una idea
acabada de la operación que realizamos como hablantes al producir este tipo de estructuras: recordaremos de aquí en más que estas subordinadas funcionan como un adjetivo, es decir, típicamente modifican a un sustantivo.
Ahora bien, ¿es posible señalar alguna diferencia entre (2a.) “la casa que está pintada de blanco” y “la casa blanca”? En términos semánticos (esto es, desde el punto de vista del signi- ficado), tanto el adjetivo “blanca” como la subordinada adjetiva “que está pintada de blanco” especifican de la misma manera y con el mismo significado al sustantivo “casa”. Se trata, en- tonces, de las diferentes posibilidades de adjetivación con las que cuenta nuestra lengua4: elegir
entre un adjetivo, un grupo adjetival o una subordinada adjetiva como muestra (3.): (3.)
a. La casa blanca.
b. La casa pintada de blanco.
c. La casa que está pintada de blanco.
Sin embargo, en más de una ocasión, las subordinadas adjetivas son estructuras obli- gadas para poder representar lo que se pretende decir, sobre todo cuando no disponemos de un adjetivo que pueda suplantar de forma equivalente a, por ejemplo, (2b.):
(2b.) [la chica] que cruzamos ayer en la peatonal.
Así pues, tanto un adjetivo como una subordinada adjetiva son vías para poder mos- trar, por ejemplo, atributos (y también posesión, como se verá más abajo) en nuestras ora- ciones, puesto que, como mencionamos, funcionan de la misma manera.
5. Llamamos expresión nominal al pronombre o sustantivo (cualquiera sea su tipo) o grupo organizado en torno del sustantivo, como “la chica” (determinante + sustantivo).
6. El encabezador cumple una función sintáctica dentro de los límites de la subordinada adjetiva mas a los fines prác- ticos de esta exposición no haremos referencia explícita a ello.
7. Esto es, otorga un atributo a la entidad designada por el antecedente. 8. Marcamos este tipo de estructuras con el asterisco.
En cuanto a la organización sintáctica, reconocemos este tipo de estructuras porque están introducidas por un elemento encabezador que funciona como nexo entre una expre- sión nominal y la subordinada que introduce5. Concluimos, entonces, en que las dos propie-
dades básicas y distintivas de las subordinadas adjetivas son el comportamiento adjetivo y esta relación que destacamos entre un elemento nominal y un encabezador6.En este contex-
to, dicha expresión nominal se denomina antecedente. Así, por ejemplo, en (2c.) “un susto” es la expresión nominal antecedente a la que refiere “que todavía nos dura”, subordinada adjetiva introducida por “que”, que califica7 “un susto” de la misma forma en que “blanca”
califica a “casa”:
(2c.) Nos dio un susto <que todavía nos dura>
Antec. Sub. adj.
El antecedente y el encabezador siempre refieren al mismo elemento. Entonces, si se reto- man los casos de (2.), podemos formular hipótesis sobre algunas estructuras posibles para la subordinación:
(2’.)
a’. Me gusta esa casa. La casa pintada de blanco.
b’. Me llamó la chica. Nos cruzamos con una chica ayer en la peatonal. c’. Nos dio un susto.Todavía nos dura el susto.
La repetición en (2’.) nos parece incómoda y artificial; las relaciones que se establecen me- diante una subordinada adjetiva contribuyen a evitarla. Sin embargo, al realizar la subordi- nación pertinente nos encontramos con que si mantenemos la repetición del antecedente en las dos partes de la oración, caemos en estructuras ilegítimas8 como muestra (2’’.):
(2’’.)
a.’’*Me gusta esa casa que la casa está pintada de blanco.
b.’’*Me llamó la chica que nos cruzamos con una chica ayer en la peatonal. c.’’*Nos dio un susto que todavía nos dura el susto.
Podemos observar, entonces, que emplear una subordinada adjetiva no es solamente escoger un elemento encabezador que una dos estructuras sino también reconocer el antecedente al que esa subordinada complementa, esto es adjetiva, y elidir su repetición dentro de los límites de la subordinada.
En español, el antecedente aparece antes del elemento encabezador que introduce la subordinada, es decir, el encabezador se vincula de forma anafórica al antecedente nominal y sustituye uno de los elementos repetidos. Dicho de otra forma, con una subordinada adjeti- va ya no decimos como en (a.’) “Me gusta esa casa. La casa pintada de blanco” sino que de
9. En el Anexo se presenta una lista detallada de los encabezadores y se destacan sus propiedades principales con ejemplos ilustrativos.
10. También se denomina restrictivas a las primeras y apositivas o no restrictivas a las segundas. Con la lógica de utilizar una nomenclatura sugerente, optamos por “restrictivas” para designar aquellas que restringen el alcance semántico del antecedente y “explicativas” para las que explican o agregan información.
una forma más económica y fluida podemos incluir todo el contenido en una sola estructura: “Me gusta esa casa que está pintada de blanco”.
Los elementos encabezadores9 capaces de introducir una subordinada de este tipo
son: que, quien/quienes, cuyo (y variantes: cuyos, cuya, cuyas), el cual (y variantes: la cual, las cuales, lo cual, los cuales), cuanto, cuando, como, donde. Cuando lo requieren, los en- cabezadores pueden estar precedidos por preposición y/o determinante, por ejemplo, “por el que”, “en la cual”, “de quien”, como se puede apreciar en (4.):
(4.)
a. La casa en la que vivo es de mi hermana. b. La casa en la cual vivo es de mi hermana.
c. El actor, de quien se habla mucho por estos días, es el esposo de una amiga. d. El museo al que fuimos recibe 500 visitas diarias.
En cuanto a la clasificación que reciben, se pueden reconocer dos tipos de subordina- das adjetivas: especificativas y explicativas10.Mientras que las primeras restringen –como
su nombre lo indica, especifican– el significado del antecedente, es decir, designan un sub- conjunto del conjunto de entidades designadas por el antecedente, las subordinadas explica- tivas designan el conjunto completo de entidades que el antecedente señala.
Las explicativas aparecen en la escritura entre comas, este signo gráfico asegura la interpretación:
(5.)
a. Los asambleístas, que llegaron tarde, se sentaron en el pasillo. b. Los asambleístas que llegaron tarde se sentaron en el pasillo.
En (5a.) el conjunto de asambleístas y de quienes llegaron tarde es el mismo. Todos los asambleístas llegaron tarde. Y se sentaron en el pasillo. Esto significa que el conjunto de entidades designado como asambleísta es el mismo que el designado en términos de tardan- za. “Todos los asambleístas llegaron tarde y se sentaron en el pasillo”. En (5b.), en cambio, de la totalidad de asambleístas existentes, un subconjunto llegó tarde, otro subconjunto llegó a horario. Y los que llegaron tarde se sentaron en el pasillo. En estos casos, el uso de la coma no es indistinto e implica un cambio en el significado, de significado especificativo (ausen- cia de comas) a significado explicativo (presencia de comas).
Las explicativas son, también, las que pueden modificar un antecedente con referen- cia plena, nos referimos por ejemplo a nombres propios, pronombres, grupos nominales con pronombres posesivos como “mi hermana”.
(6.)
a. María, quien es mi hermana, no me saludó para mi cumpleaños. b. Ella, que es mi hermana, no me saludó para mi cumpleaños. c. Mi hermana, que es María, no me saludó para mi cumpleaños.