FUNDAMENTACION DE LA MONARQUÍA
1.1. El Absolutismo, justificación y crítica Filmer y Hobbes
1.1.5. Las relaciones entre el Rey y Dios: “El gobierno por derecho divino”
En la incansable búsqueda de elementos que conecten directamente a las monarquías –todas las monarquías- con Dios, algunos autores han mostrado gran tenacidad, hasta el punto de concluir que todos los grandes reyes de Europa, y entre ellos se destaca a los descendientes de Hugo Capeto, -es decir, entre otros los Borbones-, pertenecen a la Dinastía del Rey David, lo que los entronca directamente con el mismísimo Hijo de Dios, Jesucristo.
En el número 275 de la desaparecida revista “Historia16”, Juan Tomás de Salas105, su editor, escribía:
“El mayor secreto de la Historia”
En este número desvelamos un sorprendente secreto histórico del que no se tenía ni noticia. Nuestro colaborador Joaquín Javaloys, tras un concienzudo y pacientísimo trabajo, está en condiciones de afirmar que las grandes monarquías del Occidente de Europa pertenecen todas a la Casa de David o, al menos, tienen sangre davídica en sus venas o en sus ancestros. Son lejanísimos descendientes del gran rey de los judíos y, aunque uno pueda dudar con razón de la veracidad somática de estas larguísimas genealogías, eso no impide afirmar que oficialmente, socialmente, los grandes reyes europeos descienden del Rey David. Un minúsculo principado establecido en el sur de Francia por el emperador Carlomagno en el siglo VIII es el origen de esta historia. Allí fue nombrado príncipe el exilarca judío de Bagdad Makhir, cabeza y heredero de la Casa Real de David, y él y sus herederos se casaron y entrecruzaron con todas las familias reales europeas durante siglos. Los carolingios, los Capetos, los Valois, los Plantagenet y los primeros reyes españoles de la Reconquista son todos parientes de la dinastía de Makhir, también conocido como Teodoric de Autun.
La razón de este extraordinario entrecruzamiento puede hallarse en la mentalidad medieval que asignaba al rey judío la legitimidad divina de las Escrituras. Esa legitimidad la buscaban los carolingios a poco de sustituir a los merovingios en el trono, y esa legitimidad deberían buscaba también los otros nobles y monarcas que casaron tan repetidamente con descendientes
105 SALAS de, Juan Tomás, Editorial El mayor secreto de la Historia en “Historia16”, año XXIII,
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de Teodoric de Autun. Quizás no haya que olvidar que Cristo, el Mesías, también encarnó en la Casa de David y, en la Edad Media, emparentar con la familia davídica era también emparentar con el Mesías, tener algo de su misma sangre.
Ésta es la sorprendente historia que siglos de antisemitismo feroces y «limpiezas de sangre» han mantenido en el olvido. Según trata de demostrar Joaquín Javaloys, los grandes reyes de Europa tienen en sus venas sangre judía, sangre del rey David y la misma sangre de Cristo. Sorprendente.
Ciertamente, no era para menos descubrir que Juan Carlos I está emparentado con el mismo hijo de Dios. Eso sostiene Javaloys106, quien afirma que en la Francia medieval existió una singular familia procedente del rey David de Israel que, por enlaces matrimoniales, hizo que los cristianísimos reyes de Europa occidental fuesen también descendientes de David:
..Y así, les dio tanto la legitimidad para gobernar como la competencia profesional para saber hacerla bien, con oficio.
En apoyo de su tesis, Javaloys107 se remite a otros dos autores: Arthur J. Zuckerman y Peter Berling. Según este último, “por sangre real se ha de entender la que corresponde a los descendientes del rey David de Israel, que se refugiaron en el sur de Francia y allí formaron la célula germinal de la nobleza europea”.
Y Javaloys añade:
Los carolingios, para confirmar la legitimidad de su dinastía y de su Imperio, establecieron una alianza permanente con los descendientes de David, en función de la cual un anterior exilarca o jefe de los judíos en Babilonia (Bagdad), Makhir, cabeza y heredero de la Casa Real de David, se estableció en Francia y se casó con Auda Martel, la hermana del rey de los francos Pipino el Breve, padre de Carlomagno.
En efecto, los carolingios, al unirse matrimonialmente con la Casa de David, crearon una dinastía davídico-carolingia y asumieron la legitimidad para gobernar a las naciones que Dios había concedido a David y a sus descendientes. De esta forma, los sucesores del rey de los francos Pipíno
106 JAVALOYS, J, Los reyes europeos descienden de la Casa de David, en “Historia16”, año
XXIII, número 275, págs. 7-29.
107 Los libros de referencia son: “A iew Princedom in Feudal Francia 768-900 (Arthur Zuckerman,
adquirieron plena potestad de gobierno por derecho divino y ya, concretamente, su hijo Carlomagno pudo ser coronado emperador de los romanos como heredero en Occidente de los antiguos Césares y como caudillo del nuevo pueblo elegido de Dios, que era toda la Cristiandad, confirmando y haciendo duradera la alianza entre el trono y el altar que le comprometió a proteger a la Iglesia y al Papa de Roma.
El autor que citamos concluye que puede confirmarse que son davídico carolingios todos los reyes de la España Moderna y Contemporánea y la mayoría de los reyes hispánicos medievales reconquistadores, o sea, los de Navarra, León y Castilla. Aragón y Portugal, además de los primitivos de Asturias; ya que enlazaron con, o descienden de, algún miembro de la dinastía davídico-carolingia. Es decir, en último término los reyes españoles proceden del emperador Carlomagno y de Makhir Teodoric, príncipe y jefe de la Casa de los descendientes directos del rey David.
Asegura el investigador citado que los descendientes de Makhir Teodoric formaron la Casa de los David-Autun-Toulouse, que se extendió por toda la Europa occidental; y a ella pertenecieron, o con ella se enlazaron, y de ella derivan, los reyes Capetos y Valois de Francia y sus descendientes, como los Borgoñas, Braganza, Austrias y Borbones. Pero la nobleza y el entronque divino de los Borbones va mucho más allá de lo que sospechábamos, según este genealogista, que extiende su panegírico con reforzados argumentos que, al fin y al cabo, todavía sitúan a los descendientes de Hugo Capeto por encima de las demás monarquías conocidas.
Javaloys insiste en atribuir efectos político-jurídicos a las conjeturas –para él certezas- sobre el origen de los Borbones, concluyendo que no hay duda de descienden de Carlomagno y de Makhir-Teodoric, príncipe y jefe de la real casa de los descendientes directos del rey David de Israel, de quien Makhir proviene a través de los reyes de Israel o de Judá, y de los sucesivos exilarcas o jefes del pueblo judío en el exilio, en Bagdad; es decir, siguiendo directamente el linaje real davídico.
Y como los Borbones de Francia fueron privados del poder real, inicialmente en la Revolución francesa y, definitivamente, al consolidarse el régimen político
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republicano –explica Javaloys108- en los reyes Borbones de España converge la sucesión biológica directa de esas dinastías, por lo que, al ser los sucesores de la real casa de David, tienen en origen legitimidad para gobernar por derecho divino, al menos para los que siguen aceptando este principio legitimador que tuvo vigencia antiguamente, pero que hoy está en desuso.
En esto de los linajes ilustre, los ciudadanos normales llegamos a perdernos, pero nos socorren expertos como el ya citado Javaloys109, quien escribe que en Hugo Capero se descubre “una extraordinaria y singular trayectoria genealógica en ambos sentidos por los prestigiosos orígenes y la antigüedad de los linajes reales de que procede y por su innumerable e ilustre descendencia”.
Si, como queda, dicho, las dinastías que de este caballero emanan están emparentada con el mismísimo Hijo de Dios, no es de extrañar, como dice el autor a quien seguimos, que la familia de los Robertino Capetos sea asombrosa y única tanto por sus orígenes como por su increíble pervivencia.
Los Capetos poseen el récord en cuanto al número de emperadores, reyes y reinas pertenecientes directamente a la dinastía y también respecto del número de tronos ocupados: a los 37 soberanos franceses hay que sumar 10 monarcas españoles, 27 portugueses, 4 húngaros, 9 reyes o reinas de Navarra 8 de Nápoles y Sicilia, 3 emperadores de Jerusalén, 2 de Brasil y 2 reyes de Polonia; sin olvidar muchos príncipes, duques, condes, entre ellos, los antiguos duques de Parma, actualmente grandes duques de Luxemburgo.
Por ello, la elección real que se efectuó en Senlis el año 987 tiene mucha importancia pues, como afirma Jean-Pau Besse, por su duración y su amplitud la obra de los Capetos ha modelado el destino no solamente de nuestro país [Francia] con 40 reyes que en mil años hicieron Francia, sino también de Europa y de una gran parte del mundo, a través de sus antiguas colonias. Los Capetos, antes directamente y luego por sus sucesores, muestran una permanencia secular. En efecto, la mayor parte de las casas
108 JAVALOYS, J, Los Borbones de España y su primacía davídica. En “Historia16”, año XXIII,
número 277, págs. 49-59.
109 JAVALOYS, Joaquín, El origen de Hugo Capeto, en “Historia16”, Año XXIV, número 227,
reales de Europa procede de los Capetos, que cuentan entre sus descendientes incluso con algún monarca que está reinando actualmente como el rey de España, Juan Carlos I de Borbón. La obra de los Capetos, directamente antes y, luego por los Valois y los Borbones, tiene ya una permanencia milenaria y en gran parte continúa vigente.
El ilustre genealogista a quien seguimos explica que esta, sin duda fascinante historia, que tantas cosas quiere explicar, comienza con un hito decisivo: en el año 987, en Senlis, una asamblea de nobles, obispos y abades eligió al duque de los francos Hugo Capeto como nuevo rey de Francia, pues el último rey carolingio, Luis I, acababa de morir en un accidente de caza y no dejaba sucesor.
Llama la atención, no obstante, dadas las circunstancias históricas, que un hecho en sí mismo cotidiano, haya tenido tantas repercusiones, según Javaloys, en la historia de la Humanidad. Añade que, pese a que la estirpe carolingia estaba debilitada, la elección de Hugo Capeto supuso un cambio dinástico: el rey electo pertenecía a un ilustre linaje, el de los Robertinos, pero su pretendida ascendencia carolingia no era evidente y estaba por demostrar.
Para explicar esta reacción se ha de tener en cuenta que cuando el Papa Esteban II consagró a Pipino el Breve como rey de los francos, prohibió bajo pena de excomunión que se eligiese un rey que no fuese carolingio, o sea, familia de Pepín, pues la alianza entre el trono y el altar sólo era válida en el caso de los carolingios. Con el Papa por en medio los límites estaban marcados, y además “la historia política de la Cristiandad estaba dominada por profecías que prometían, bien al emperador, bien al rey de Francia, que sería el soberano de los últimos tiempos”.
En los Borbones españoles pervive todavía la familia real davídico-carolingia, según parece, que ejerce así el poder soberano en un Estado europeo, en la persona del rey Juan Carlos l.
En resumen, el rey Juan Carlos I de España, para los que lo aceptan como cabeza de la casa de Borbón, es ahora quien ostenta la jefatura de la familia real davídico-carolingia, ya que, como se ha confirmado anteriormente, esta familia pervive en sus más directos descendientes, los Borbones españoles, que, por ello, son los sucesores de la casa del rey David de Israel.
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Conclusión. En los Borbones de España se encuentra actualmente la sucesión de los bíblicos reyes de Israel y de Judá, dice Javaloys, quien finalmente, sentencia:
Si los Borbones de España tuviesen ahora un templo emblemático propio -como los Capetos con la catedral de Notre-Dame de París o los Austrias con su monasterio de El Escorial-, podrían colocar legítimamente en la fachada del mismo las estatuas de sus antepasados los reyes de Israel y de Judá, para que los historiadores y los turistas pudieran contemplarlas, como en su tiempo las hicieron colocar Felipe II Augusto de Francia y Felipe II de España. Pero los Borbones españoles son reyes modernos y ésos eran reyes antiguos, medievales o absolutos.
Menos, mal, habrá que añadir. Aunque hemos recogido los textos arriba indicados por su curiosidad histórica, es evidente que todas esas conclusiones parecen un puro despropósito. El entusiasta genealogista ignora, por ejemplo, que según el artículo 1.2. de la Constitución española, “la Soberanía reside en el pueblo español del que emanan los poderes del Estado”, por lo que es totalmente impropio seguir llamando soberano al Rey.
Y en cuenta a la genealogía, la actual estirpe reinante en España está entreverada por otros aportes biológicos distintos de los apellidos que ostentan110.
110 Vid. De la Cierva, Ricardo, La otra vida de Alfonso XII. ¿Quién fue el padre de Alfonso XII?
(Madrid, Editorial Fénix, 1994), págs. 18-61. Sabido es que Francisco de Asís de Borbón, primo hermano de Isabel II no fue el padre real de ninguno de sus hijos por razones estrictamente biológicas, aparte de la personal repulsión que ambos esposos sentían. Al pobre hombre, que por lo visto era culto y buena persona, le tocó un papelón en la historia. De entrada, las Cortes de Cádiz privaron a su padre, Francisco de Paula, hijo menor de Carlos IV del derecho de sucesión al trono, ante la creencia de que había sido engendrado por el favorito Manolo Godoy.
En el caso de la paternidad de Alfonso XII, una carta autógrafa de la desaforada reina, confirmado el feliz suceso a su amante, y el posterior envío a éste de la cuna del Príncipe de Asturias, como recuerdo y presente de homenaje por el acontecimiento, establece sin género de dudas que el padre biológico de Alfonso XII fue el capitán del arma de Ingenieros Enrique Puig Moltó, quien estaba instalado permanentemente en la cámara y en el corazón reales. El libro de Ricardo de la Cierva se refiere a algunos lances tragicómicos de esta historia. En una ocasión, el esposo oficial de la soberana -quien tenía rigurosamente prohibido por ésta el acceso a la intimidad real- se presentó a las puertas de la cámara, donde Isabell II, se hallaba encerrada, se suponía que en compañía. Y allí mismo, como dos vulgares mamporreros riñeron grandes de España, con resultado de dos muertes: uno defendiendo el derecho del atribulado esposo al débito conyugal, otro, de alcahuete real.
Para determinar que es Puig Moltó el abuelo de Alfonso XIII y origen de la genealogía subsiguiente, los investigadores han recurrido el archivo del Vaticano, donde las cartas al Papa del nuncio en
De modo que algunos cruces intermedios parecen haberse colado en la estirpe del Rey David.