SECCION II: Organización Industrial
II.II. 3 Relaciones Verticales
Existen múltiples formas que puede asumir la coordinación de las transacciones entre los distintos eslabones de la cadena productiva, de los cuales el mercado y la organización interna (integración vertical o jerarquía) son las dos estructuras extremas. De este modo, el estudio de las estructuras de gobernación implica la identificación de los distintos mecanismos empleados para regular las transacciones, así como la explicación de las razones que justifican su adopción por parte de la empresa.
Sin embargo, las decisiones de integración vertical y la adopción de una estructura de gobernación incluyen aspectos muy diversos tales como las relaciones de intercambio, el número de etapas, y de actividades productivas dentro de cada una, que se van a integrar, el mecanismo a utilizar para coordinar la realización de estas actividades, etc. Esto ha dificultado la definición del concepto de integración vertical, causa por la cual los diferentes autores que han estudiado este tema se han referido a distintas formas de coordinación de las actividades bajo la denominación común de integración vertical, pero desde conceptos diferentes de lo que se está definiendo con dicho término. En consecuencia, no existe acuerdo acerca de qué aspectos de entre los señalados por (Perry, 1989) -propiedad, control y realización de intercambios de forma interna- definen y caracterizan la integración vertical.
En este sentido, García Merino et al. (1998) establecen que, aunque el término se ha aplicado generalmente a todos los vínculos verticales -con independencia de que tengan lugar dentro de las empresas o impliquen relaciones de mercado entre empresas independientes-, lo más frecuente ha sido que se aluda a esas operaciones de mercado como “coordinación vertical o de mercado” y se emplee la expresión de integración vertical para los vínculos que se desarrollan dentro de la empresa.
Adicionalmente, los autores presentan tres razones que han contribuido a la mayor amplitud del término, aportando ambigüedad al concepto. Primero, su consideración como una combinación de decisiones seleccionadas por la dirección, originalmente la integración vertical era considerada como una consecuencia de las imperfecciones del mercado en el que no se reconocía participación alguna a las empresas. Sólo con la consideración del comportamiento estratégico y el consecuente proceso de toma de decisiones en la empresa, esto es el reconocimiento del activo rol de las organizaciones y del management, ha sido posible introducir una mayor variedad y flexibilidad en este mecanismo de coordinación económica. En este sentido, Harrigan (1985) es el primero en establecer una diferenciación de las decisiones claves -número de etapas, amplitud, grado y forma- en la determinación de la estrategia de integración vertical de cualquier empresa. Es por ello que limitar la consideración de este proceso al sentido tradicional sería erróneo.
Segundo, la determinación de la dirección de la integración vertical. Una vez determinado el campo de actividad de una empresa, en base a su habilidad clave, surge en el análisis de los elementos que componen su estrategia aquel relacionado al crecimiento indicando las direcciones seleccionadas por la empresa, tanto dentro como fuera de su industria, y los métodos por los que puede recorrerla. La diversificación, en la que se encuadra la estrategia de integración vertical, es utilizada por las empresas debido a que éstas tienden a orientarse hacia sus competencias reales. La empresa, cuyos límites vendrán determinados por las decisiones que, conscientemente, adopte la dirección necesitará buscar fuera de los mismos otras competencias que, desarrolladas y controladas por otras organizaciones, sean complementarias a las suyas en el proceso de producción y/o comercialización. Las posibles direcciones que, para esta estrategia de diversificación y búsqueda de competencias complementarias, se le presentan a la empresa son dos: hacia atrás, esto es hacia las fuentes de aprovisionamiento de materias primas o bienes intermedio en etapas anteriores de la cadena -también denominada integración “aguas arriba”-; y hacia delante, es decir hacia etapas posteriores en la cadena, venta o distribución de productos finales -también denominada integración hacia “aguas abajo”-.
Tercero, la progresiva incorporación de diferentes métodos de desarrollo. Es cada vez mayor el peso que se le otorga a las formas intermedias de organización o interdependencia entre las empresas de la cadena, especialmente a una nueva forma
basada en la cooperación contractual que incorpora a las dos vías de crecimiento tradicionales -patrimonial y financiera-. Se han propuesto en la literatura tres opciones de crecimiento: las dos clásicas -crecimiento interno y externo- y una tercera de tipo cooperativo, cuyo soporte es la existencia de alianzas o contratos a largo plazo. Estos tres métodos se complementan y permanecen en el tiempo. El crecimiento patrimonial, caracterizado por la acumulación por un mismo propietario de activos, ha sido sucedido por un crecimiento financiero, en el que subyace el mecanismo de la toma de control, y da lugar a un crecimiento por cooperación contractual.
Esta última alternativa, que tiene lugar cuando un empresario confía a otro la realización de una parte de las tareas necesarias para la producción o distribución de los bienes o servicios, se sustenta básicamente en las dimensiones de intercambio y competencia, que reemplazan a la jerarquía y la dependencia. Además, se apoya en un reparto cooperativo del poder de administrar y se desarrolla por la generalización de procedimientos contractuales en funciones de producción y comercialización que eran consideradas internas a la empresa. Con el desarrollo de las relaciones contractuales a largo plazo se desvanece la distinción entre las empresas, con lo que lo exterior penetra en la empresa e irrumpe en la gestión fuera de los lazos de propiedad.
El desarrollo de las relaciones de interdependencia permite extender el uso del término “integración vertical” a ciertas relaciones verticales, aquéllas que se producen entre organizaciones que desarrollan sus actividades en etapas complementarias de la cadena de producción o comercialización. Ampliación del término que se produce cuando se considera que dichas relaciones integran el conjunto de decisiones estratégicas adoptadas por cualquier empresa para diseñar su estrategia de comportamiento en la cadena y la dependencia que produce la complementariedad entre empresas, convierten a estas relaciones en una forma más de integración vertical.
De lo anterior se deduce, entonces, la necesidad de adoptar una definición clara de lo que se entiende por el concepto de integración vertical y distinguiéndola de otros mecanismos alternativos de coordinación de las transacciones comerciales. Para ello se presentan primero las distintas dimensiones que abarca la noción de integración vertical y luego los esquemas de organización que se derivan de ellas, finalizando con una definición amplia del concepto de integración vertical.