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RELATO HISTÓRICO DEL GRADO

In document Ritual Maestro Memphis (página 42-46)

CAPITULO XIX EL CANDIDATO ES PUESTO

RELATO HISTÓRICO DEL GRADO

V.: M. : -Habiendo llegado el tiempo en el que Salomón debía elevar

un templo a la Gloria del Gran Arquitecto del Universo mediante los planos, trazados por una mano celeste, que habían sido entregados a David, su padre, fue ayudado en esta gran empresa por Hiram, rey de Tiro.

Este príncipe le suministró en abundancia los más ricos y preciosos materiales, y le procuró un gran número de excelentes obreros. Pero le hizo un don mucho más precioso, enviándole a Hiram Abif, tirio de nacimiento, el arquitecto más célebre del universo, el más hábil en todas las obras de arte.

Salomón, estando dotado de la más alta sabiduría, reconoció el valor de los talentos y luces de Hiram, y le dio su confianza, estableciéndolo como jefe de todos los obreros que trabajaban en la construcción del Templo.

Hiram Abif los separó en tres clases, a fin de que cada uno pudiera recibir una paga proporcionada a su mérito y a sus talentos. Dio a cada clase signos, toques y palabras diferentes. Los primeros, o Aprendices, eran llamados a la columna J., donde les daba su salario; los Compañeros, a la columna B. Pero introducía a los Maestros en la Cámara del Medio, para ser pagados allí de acuerdo con su grado. Un orden tan bien establecido debía asegurar a cada uno su justa recompensa. Pero el orgullo, la envidia y la codicia arrastraron, por su parte, al desorden, a la confusión, y al crimen.

Tres pérfidos Compañeros concibieron el detestable proyecto de forzar a Hiram Abif a darles la palabra de Maestro para así percibir la paga correspondiente. Con este propósito, se situaron en tres distintas puertas del templo, a la hora en la que, después de que los obreros se habían retirado, tenía por costumbre acudir a la obra para verificar los trabajos.

Hiram, habiendo entrado por la puerta de Occidente, y queriendo retirarse por la del Mediodía, encontró allí a uno de estos Compañeros, que le pidió la palabra de Maestro amenazándole con matarle si se resistía a su petición. Y, ante su rechazo, este infame le dio un brutal golpe de martillo sobre el hombro izquierdo.

Hiram buscó su salvación en la fuga y, queriendo escaparse por lapuerta del Norte, encontró allí al segundo asesino, que le hizo la misma petición. Y, ante su rechazo, este monstruo le dio un brutal golpe de maza sobre el hombro derecho, por el cual fue casi derribado.

No obstante, tuvo aún fuerzas para huir hacia la puerta de Oriente. Pero allí encontró al tercer Compañero que, viéndole ya debilitado por los golpes que había recibido, le requirió imperiosamente la palabra de Maestro. Hiram no pudo por menos que darse cuenta del gran peligro en el que se encontraba si se negaba a tales exigencias, pero optó por el cumplimiento de su deber, antes que por la salvación de su vida. El Compañero, preso de gran irritación, le dio un terrible golpe de mallete en la frente, haciéndole caer muerto.

»Los tres depravados, viendo que Hiram. estaba muerto, decidieron enterrar su cadáver, confiando así que su crimen sería Ignorado. Pero como aún era de día, lo escondieron provisionalmente bajo un montón de piedras, y aprovecharon las tinieblas de la noche para llevarlo a un lugar elevado, en los alrededores del templo, donde lo enterraron. Transcurridos siete días, Salomón, inquieto por la suerte del Maestro Hiram, ordenó a nueve Maestros que lo buscaran por todos los taller, y en el recinto que había trazado para la construcción del templo. Los nueve Maestros se dividieron en tres grupos.

Tres de ellos salieron por la puerta del Mediodía, tres por la del Norte, y finalmente tres por la de Oriente. En su búsqueda, llamaron en vano al Maestro Hiram. Pero los que se habían dirigido por el lado de Oriente, atraídos por el resplandor de una luz extraordinaria que salía de un lugar muy elevado, hicieron los mayores esfuerzos por llegar hasta él.

Una vez allí, agotados por la fatiga y el cansancio, se sentaron un instante, pero inmediatamente se dieron cuenta que la tierra había sido removida recientemente en ese lugar. Se pusieron a excavar, y encontraron un cadáver, que reconocieron, por la lámina de oro triangu- lar con la que aún estaba decorado, como el cuerpo de nuestro Respetable Maestro Hiram.

Entonces lanzaron gritos de dolor, que fueron oídos por los otros grupos de Maestros. Éstos acudieron, y estando todos reunidos, comprobaron que era el cuerpo del Maestro Hiram, que había sido asesinado, y no pudieron por menos que sospechar que los autores de esta muerte abominable eran algunos perversos Compañeros, que habrían querido arrancarle la palabra de Maestro para obtener su salario.

Temiendo que hubiese sido forzado a desvelarla, acordaron no utilizar nunca más la antigua palabra de Maestro, y sustituirla por la primera palabra que se pronunciara entre ellos al exhumar el cadáver de Hiram. Después de este acuerdo, plantaron sobre este promontorio

una rama de espino llamada acacia, para reconocer el lugar en el que lo habían descubierto, y volvieron junto al rey Salomón, para darle a conocer tan triste noticia.

El rey, para testimoniar la tierna amistad que tenía por Hiram Abif, ordenó a estos nueve Maestros exhumar su cuerpo, y transportarlo al templo, y quiso, para honrar su memoria, que fuesen acompañados por todos los demás Maestros.

Los nueve Maestros que habían sido encargados de las primeras búsquedas Regaron los primeros al promontorio que cubría el cadáver del Maestro Hiram. Uno de ellos tomó su dedo índice, pero la piel se separó de los huesos, quedándosele en la mano. Otro lo cogió por el dedo medio, mas la carne se le quedó también entre las manos. Por fin, un tercero intentó levantarlo, cogiéndole por la muñeca, pero al igual que a los dos primeros, la carne se desprendió y le quedó entre las manos. Entonces gritó: M... B.... lo que significa: el cuerpo está corrompido, o, la carne se desprende de los huesos, y continuó con la exhumación del cadáver. Los otros ocho Maestros se reunieron con él para levantarlo, en presentia de todos los demás Maestros y de acuerdo con las órdenes del rey. Luego, llevaron el cuerpo de Hiram al templo con gran pompa, yendo decorados con las marcas de su grado, y con guantes blancos, a fin de testimoníar que eran inocentes del derramamiento de la sangre de Hiram.

El rey Salomón ordeno magníficas exequias en el Templo, y, para honrar su celo y su firmeza, hizo colocar sobre la tumba la lámina de oro triangular en la que estaba grabada la palabra de los Maestros, y confió su cus- todia a sus más íntimos amigos. Habiendo aprobado Salomón la decisión tomada por los nueve Maestros, de no emplear nunca más la palabra de este grado, y de sustituirla por la primera que se hubiera pronunciado al desenterrar el cadáver; todos los Maestros se colocaron en círculo alrededor de la tumba para cumplir su acuerdo. Entonces, el Maestro que había levantado el cuerpo de Hiram dió la palabra M... B.. al que estaba a su derecha para hacerla pasar de Maestro en Maestro hasta que fuera conocida por todos. Estas palabras han perdurado entre. los Maestros para reconocerse entre sí.

CAPITULO XXII

In document Ritual Maestro Memphis (página 42-46)

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