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La relevancia del Medio Oriente para la inserción internacional de Brasil

Uno de los elementos en política exterior que ha marcado un importante contraste a partir de la asunción de Da Silva, en 2003, respecto de la política de su predecesor, Fernando en- rique Cardozo, ha consistido en la diferente concepción acerca del multilateralismo y de la acción multilateral, que transita del énfasis en la acomodación de los regímenes internacio- nales para la participación activa en la producción de reglas y normas de aquellos regímenes, esto es, actuar como parte del grupo de los estados que conforman la agenda internacional. asimismo, aunque con algunos cambios de estilo e intensidades, estas premisas fueron here- dadas por su sucesora, a partir del 2011, la presidente Dilma rousseff. Según el historiador brasilero amado Luis Cervo, el propósito mayor de esta participación “activa y altiva” de Brasil en el mundo consiste, ni más ni menos, en penetrar en las “estructuras hegemónicas” del poder global, de modo de ser “parte del juego de las reciprocidades internacionales, bien como del comando y de los beneficios que de ella se derivan” (Cervo, 2008: 89).

ahora bien, ¿cómo podría pensarse la relevancia del medio Oriente para la estrategia bra- silera de involucramiento en aquellas estructuras hegemónicasdel mundo? en principio, la re- levancia de esta región se explica por su enorme provisión de asuntos a la agenda de seguridad internacional y como un locusde expresión del hard powerde las potencias internacionales. en la actualidad, el conflicto palestino-israelí, el drama del plan nuclear iraní o el fenómeno del terrorismo islámico, entre otros graves problemas de la región, representan asuntos de gran impacto y centralidad internacional, pero que resultan gestionados habitualmente por un pe- queño número de potencias tradicionales, como estados Unidos, gran Bretaña, Francia, rusia, entre otros actores con gran poderío estratégico y militar. Los que, ciertamente, han sabido conservar una índole de cerco sobre la gestión de estos problemas y amenazas a la paz en el medio Oriente, siendo los únicos estados extra-regionales con capacidad y jurisdicción para ejercer sus buenos oficios en la gestión de los procesos de paz, negociación y mediación.

De esta manera, lo que permite dar cuenta de algunas de las razones de la revalorización estratégica que Brasil hace de sus relaciones con los países del medio Oriente, es el interés por saltar y permear este “cerco” sobre aquellos temas de seguridad internacional.

aquella revalorización de la región se vislumbra sobre todo en el período que comienza con la presidencia de Lula, desde el 2003 al 2010, en el cual la diplomacia comercial y la di- plomacia política se estimularían de manera mutua, puesto que fueron los factores económi- cos y comerciales los que, en un momento, se concibieron para dar un nuevo impulso a las relaciones con los países del medio Oriente2.

De esta manera, Brasil apelaría a diversas maniobras diplomáticas procurando involu- crarse en discusiones sobre los proceso de paz en el medio Oriente. Cabe destacar, en este sentido, la iniciativa de Brasil en la promoción de un acuerdo firmado por Irán, por el cual este país se comprometería a enviar parte de su uranio para ser enriquecido en el exterior. el acuerdo, firmado el 17 de mayo de 2010 y promovido por Brasil y turquía, procuraba revivir un moribundo acuerdo que contemplaba que teherán entregase la mayoría de su uranio es- casamente enriquecido, a cambio del suministro de combustible nuclear por parte de las grandes potencias3. Lo que juega a favor de Brasil, según Paulo Botta “es que se trata de un

país que tiene buenas relaciones tanto con Estados Unidos como con Irán, situación que aprovecha para volverse un interlocutor fuerte” (Botta, 2010). Sin embargo, respecto de este asunto, ee.UU. se ha mantenido reacio a la intromisión brasilera.

a esta iniciativa, en el año 2010, se sumarían posteriormente los intentos de Lula en pos- tularse como mediador en el conflicto palestino-israelí. Fue por ese motivo que el presidente Lula viajó a Oriente medio en ese mismo año para reforzar las relaciones bilaterales con Israel y la autoridad Nacional Palestina (aNP). Según el ministerio de relaciones exteriores de Brasil, el país tenía suficientes credenciales para esto, pues es relativamente autosuficiente en petróleo y no tiene mayores preocupaciones de seguridad nacional en la región, ni tiene bagaje colonial en medio Oriente, factores que la darían a Brasil la condición de potencia neutral (maihold, 2010).

en este sentido, el medio Oriente resulta funcional a la doble estrategia de la política ex- terior brasileña: la diversificación de las relaciones internacionales, y por otro, el aumento de la participación de Brasil en asuntos considerados de la alta política en la escena internacional junto a las demás potencias tradicionales.

cuando Brasil asume como miembro no permanente en el CSNU, a partir del año 2011, lo cual comprometió a Brasil a tomar posiciones más elocuentes y compromisos más substan- tivos sobre asuntos en materia de seguridad4.

asimismo, la política exterior de Brasil se sustentó también en principios normativos nuevos, incluso, una propuesta articulada por Brasil como una contribución al avance nor- mativo en el Derecho Internacional en lo que refiere al principio de la responsabilidad de Proteger (rtoP o r2P, en su acrónimo en inglés)5. Como se verá en el siguiente apartado, los

reparos y valoraciones de la diplomacia brasilera en torno a aquel concepto, servirían de guía a su posicionamiento frente a la guerra civil en Libia y las resoluciones pergeñadas en el seno del CSNU en torno a la intervención y el uso de la fuerza en Libia y en Siria.