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PARTE 2. ANÁLISIS HISTÓRICO-DESCRIPTIVO: EDUCACIÓN Y

III. Equidad educativa interna: la segmentación del sistema escolar

1.2 La relevancia del problema

Antes de proseguir con el estudio de las causas y la configuración actual de la segmentación educativa en Argentina, resulta necesario justificar este esfuerzo. La relevancia del problema destacado se fundamenta en que constituye un obstáculo para garantizar la equidad educativa24, tanto es así que fue reconocido en el año 2005 por el entonces Ministro de Educación de la Nación, Daniel Filmus, como uno de los grandes ejes de problemas y desafíos que debían ser enfrentados con urgencia (Tedesco, 2005).

A lo largo de las últimas décadas es posible afirmar que la noción de equidad educativa ha cobrado un nuevo sentido. Durante gran parte del siglo pasado se observaba la presencia de exclusión educativa, expresada en la negación del acceso al sistema o la posterior expulsión para gran parte de la población (Balduzzi, 2006). Algunos grupos se encontraban directamente fuera del sistema educativo, o alcanzaban un nivel de instrucción básica sin lograr acceder y completar los niveles medio y superior. Así, para aquellos individuos provenientes de sectores sociales desfavorecidos que lograban, escapando a este condicionante socioeconómico, realizar trayectorias educativas largas y exitosas, la educación se convertía en una herramienta de movilidad social. Sin embargo, desde la década de los ochenta se advierte la presencia de una nueva modalidad de desigualdad educativa: una vez lograda la escolarización básica de la mayor parte de los jóvenes, se observa “un nuevo fenómeno en las prácticas sociales y educativas: la exclusión en el interior de los dispositivos sociales y educativos. Ya no se pone fuera, o en los márgenes. Hay una centralidad de la exclusión: éxtimo (segregación en lo interior)” (Nuñez, 2003, p.9). Es decir, se ha dado un pasaje al interior del sistema de un proceso de selección y exclusión social que antes operaba en una instancia previa. Más allá de una igualdad formal y legal de acceso, existe una falla en un nivel superior de igualdad, ya que no se está proporcionando un programa educativo similar a todos los alumnos (Marchesi, 2000). Esta oferta de servicios de

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Centro de Estudios en Políticas Públicas (CEPP) y Universidad de Buenos Aires. Disponible en: http:// www.fundacioncepp.org.ar/2012/03/presentacion-del-observatorio-de-la-educacion-basica-argentina/

24 Es posible asimismo identificar efectos negativos sobre la eficiencia: en un contexto de escasez de

recursos y demandas sociales crecientes hacia el sistema educativo, la canalización de mejores insumos hacia aquellos en mejor posición inicial permite prever un menor impacto en los resultados educativos globales. Lee (1993, en Mancebón y Pérez-Ximénez, 2007) argumenta también que a medida que las familias con mayor capital cultural y económico –cuya “voz” es más capaz de demandar mejores servicios– se alejan de los centros percibidos como de menor calidad, se refuerza la descapitalización de los mismos. Adicionalmente, el desaprovechamiento de las sinergias que podrían surgir a partir de efectos de pares positivos determina un menor rendimiento de la inversión pública y privada en educación.

calidad diferenciada se ve luego reflejada en la desigualdad de resultados educativos y en la exclusión y marginalidad en el mercado laboral o en el plano socio-político. Así, la segmentación educativa impacta tanto sobre la equidad interna como externa.

La equidad interna se ve afectada porque la segmentación tiende a profundizar la

incidencia de los condicionantes sociales de origen en las trayectorias educativas. Detrás de esta afirmación subyace el supuesto de que los factores endógenos al sistema educativo –los “efectos-escuela”– tienen un impacto significativo en los logros de los estudiantes. Es decir, se considera que los resultados educativos no se determinan únicamente por las condiciones de origen, y que la escuela puede hacer algo más que traducir las desigualdades “de entrada” en desigualdades “de salida”.

Esta no es una suposición trivial, ya que la capacidad de la escuela para revertir la situación desfavorable de los niños de bajos estratos ha sido cuestionada duramente, en especial luego de la publicación en E.E.U.U. del “Informe Coleman” (Coleman et al., 1966). Dicha investigación dio lugar a un extenso debate en torno a la posibilidad de que el rendimiento educativo dependiera principalmente del contexto social de pertenencia de los alumnos, siendo la calidad de los recursos materiales o la capacidad de los docentes poco significativas. Actualmente, puede afirmarse que a pesar de la abundante producción académica orientada tanto a dar soporte como a refutar esta conclusión, aún no se ha arribado a un consenso generalizado.

Sin embargo, aún reconociendo el papel central que juega el estatus socioeconómico y cultural individual, existe evidencia que indica que las escuelas difieren en su capacidad de propiciar los aprendizajes25. Por ejemplo, en el estudio de la OCDE (2010a) se concluye que en numerosos países una porción significativa de la variación total en la performance en las pruebas PISA se debe a la interacción entre las características de las escuelas y el contexto socioeconómico y demográfico. Factores como la calidad de los recursos humanos y materiales, la forma de organización y administración de las instituciones, el ambiente o clima de aprendizaje, y la composición social del alumnado inciden en los logros educativos. Asimismo, estas relaciones parecen ser más intensas en los países en desarrollo que en los países industrializados. Este sería el caso de Argentina, ya que según el estudio PISA 2009 se ubica en el sexto lugar en términos de la influencia en los aprendizajes de las diferencias entre escuelas, en contraposición a las diferencias de los estudiantes al interior de las mismas (OCDE, op. cit.).

Los recursos institucionales pueden considerarse un factor necesario, si bien insuficiente, para el adecuado desarrollo de los procesos de enseñanza-aprendizaje. Desde la UNESCO (2004), se sostiene que existe evidencia según la cual se requieren recursos suficientes para alcanzar una oferta educativa de calidad aceptable, y que un incremento bien implementado de los mismos puede considerarse una eficaz herramienta de política en los países en desarrollo. Si bien se reconoce que el proceso de aprendizaje es complejo y depende crucialmente de la relación entre docentes y

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En el Capítulo 6 se presenta una revisión minuciosa de la literatura y la evidencia disponible acerca de la influencia de los distintos factores escolares sobre el rendimiento educativo.

estudiantes, se argumenta que este vínculo se encuentra condicionado por la disponibilidad de recursos y las características institucionales. A pesar de que la investigación empírica no ha permitido validar ninguna teoría general respecto a los determinantes de la calidad educativa, distintos estudios encuentran que, especialmente en los países menos desarrollados, el rendimiento educativo se relaciona positiva y significativamente con los recursos materiales, el gasto educativo y la formación docente (UNESCO, op. cit.).

El segundo componente de la segmentación escolar, la segregación del alumnado, también repercute negativamente sobre la equidad educativa interna.

En forma directa, porque existe evidencia acerca del impacto que tiene la composición social de una escuela en el aprendizaje y la performance de sus alumnos26 a través del denominado “efecto de pares” o “efecto-compañero”. El mismo hace referencia a la interdependencia en el comportamiento de los distintos miembros de un grupo27, que en el contexto escolar puede incluso superar al efecto del perfil individual (Cervini, 2003a; Dumay y Dupriez, 2008). Las capacidades, las preferencias y las actitudes de los estudiantes constituyen en sí mismas un recurso del proceso formativo que puede derramarse a todos los que comparten la experiencia educativa, propiciando u obstaculizando el aprendizaje. Así, Binstock y Cerruti (2005) señalan que la “subcultura juvenil” puede incidir sobre las aspiraciones y la motivación de los alumnos, y puede tener una influencia directa sobre la decisión de abandono escolar temprano.

En forma indirecta, la segregación resulta problemática porque refuerza la diferenciación de la calidad de los servicios que ofrecen las distintas escuelas28. La composición social de los centros suele asociarse positivamente con el nivel y la calidad de los recursos que poseen, e influye en las prácticas y procesos escolares, así como en la efectividad de las potenciales políticas para mejorarlos (Valenzuela, Belley y De Los Ríos, 2008; Llach et al., 2006; Dumay y Dupriez, 2008). Esto responde, según Katzman (2001), a que los estratos sociales medios y altos no sólo pueden hacer contribuciones directas para incrementar el financiamiento –a través de los aranceles en los establecimientos privados o de las cuotas de cooperadora en los estatales–, sino que a su vez son quienes tienen mayor “voz” a la hora de pujar por mejorar las prestaciones. Asimismo, las habilidades y el comportamiento de cada estudiante pueden influir en sus compañeros a través de su impacto en las expectativas de los docentes, en el clima

26 Véase la Sección 2 del Capítulo 6.

27 Esto se relaciona estrechamente con la “teoría de la membresía”, que enfatiza el rol que tienen los

factores sociales –como la composición y el comportamiento de los grupos a los que una persona pertenece– en las acciones individuales. En Bowles, Durlauf, y Hoff (2006), se argumenta que estos “efectos vecindario” pueden contribuir a explicar en ciertos casos la inmovilidad en el estatus socioeconómico entre generaciones y, eventualmente, la conformación de trampas de pobreza.

28 Esta diferenciación entre efectos directos e indirectos de la segregación escolar se relaciona con la

distinción que presentan Dupriez (2010) y Dupriez y Dumay (2006) entre el efecto de pares y el efecto composicional. Según estos autores, la influencia de las características del grupo de compañeros sobre el desempeño individual no puede reducirse a un efecto directo de pares, que responde a los procesos de influencia, comparación e identificación entre los estudiantes. El efecto de la composición estudiantil es más amplio e incluye a las influencias indirectas sobre las dinámicas de organización de la escuela y la enseñanza, las expectativas de los docentes, y otros factores relacionados con la calidad de la oferta.

disciplinario, y en el desarrollo de distintas prácticas pedagógicas y organizativas (Hoxby, 2000; Alegre, 2010).

Entonces, la concentración de los jóvenes más vulnerables en ciertas escuelas limita su posibilidad de beneficiarse de efectos contextuales positivos. Esto conduce a que los sistemas educativos segregados y estratificados tiendan a presentar una asociación más marcada entre el éxito de las trayectorias escolares y el nivel socioeconómico de pertenencia de los individuos (Dupriez y Dumay, 2006; Gorard, 2009). Por ejemplo, a partir de la información provista en OCDE (2010a), puede observarse una correlación negativa y significativa entre el grado de inclusión social de los sistemas y el porcentaje de la varianza en la performance en la prueba de lectura PISA 2009 explicado por el contexto socioeconómico de origen. El desempeño promedio de los sistemas educativos también podría verse negativamente afectado por la segregación social, según se concluye en OCDE (2005).

Cabe señalar que el impacto de la procedencia social promedio de los centros no se reduce a los resultados escolares inmediatos, sino que alcanza a la escolarización superior y a la esfera laboral (Orfield, 2001). En este sentido, los análisis realizados por Brunello y Checchi (2006) apoyan su hipótesis de que en los sistemas educativos más estratificados se refuerza el rol de la clase social en el nivel educativo y en los resultados laborales alcanzados. Para el caso de Argentina, Sendón (2005) presenta evidencia acerca de la importancia de la integración social en la escuela para equiparar algunos rasgos de las trayectorias post-secundarias. Encuentra que cuando los alumnos de menores recursos se integran a escuelas de segmentos más altos, tienden a demandar más educación luego del egreso.

La equidad educativa externa también se encuentra afectada por la

segmentación a través de diversas vías. En principio, puede afirmarse que si existe menor equidad interna también se verá reducida la capacidad de la educación de favorecer la equidad socioeconómica en otros ámbitos. Al mismo tiempo, la segregación del alumnado repercute directamente en la equidad educativa externa al atentar contra la función de cohesión social que pretende tener la escuela, como espacio de intercambio enriquecedor entre niños de distinto contexto de origen29. Se ve entonces dificultado el rol que puede cumplir la misma en la distribución de activos de capital social y en la creación de redes de estudiantes de composición social heterogénea (Sendón, 2005; Katzman, 2001) que favorecen la movilidad social ascendente (CEPAL, 2001). En este sentido, Gorard (2009) señala que la segregación escolar puede afectar los patrones de integración residencial y social más generales, impactar en las actitudes y aspiraciones post-escolares de los alumnos, e influir en la salud y los niveles de delincuencia de una sociedad. Finalmente, si la conformación de circuitos educativos de

29 Respecto a esta cuestión, resulta especialmente interesante el trabajo de Katzman (2001), quien enfatiza

que la segmentación educativa reduce la posibilidad de formar capital social y ciudadano para los más desfavorecidos, y al mismo tiempo inhibe el surgimiento de sentimientos de solidaridad y reciprocidad entre los distintos segmentos sociales. Como un espacio privilegiado para propiciar la interacción entre desiguales en condiciones de igualdad, la escuela puede contribuir a la integración social, siendo el aporte de la experiencia estudiantil tanto más rico cuanto más semejante sea la composición social de la comunidad de cada escuela a la de la comunidad nacional.

calidad diferenciada se traduce en credenciales de valor disímil en el mercado laboral, la segmentación constituye un obstáculo adicional para que los sectores más pobres puedan mejorar su posición a través de la inversión en educación.

En suma, se ha argumentado aquí que el sistema educativo es capaz de implementar dispositivos propios para contrarrestar en parte las diferencias económicas, sociales, y culturales de los alumnos. A través de los factores endógenos al sector –como los recursos, las prácticas pedagógicas, o la forma en que se distribuye el alumnado–, la educación tiene la capacidad de reducir, reproducir o incluso ampliar las desigualdades sociales de origen. Así, el fenómeno de la segmentación educativa contribuye a que las disparidades iniciales de la población se refuercen y perpetúen luego de su paso por el sistema educativo. Por lo tanto, se considera que resulta una cuestión prioritaria en la búsqueda de una mayor igualdad de oportunidades entre los distintos grupos sociales.