D OLORES HUMANOS
REMUNERACIÓN DEL TRABAJO
La Inspección General del Trabajo estimaba a fines de 1938, en 828.000 el número de obreros que ganaban menos de $10 diarios. Si se recuerda que el total de la población activa de Chile es de 1.450.000 personas, la cifra antes citada de gentes que tienen salario inferior al vital, resulta de alcance gravísimo. En 1938 se estimó en Santiago el salario mínimo individual de $16.37. El salario medio pagado en la industria manufacturera en 1937 fue de $14.40, jornal que no llega al mínimo, y eso que la industria manufacturera es de las que retribuye mejor a sus operarios.
El índice del costo de la vida en 1938 era de 196,7, y el índice del alza de salarios de 210. En mayo de 1944 el costo de la vida había subido a 372,9 y el de los salarios estaba lejos de aumentar en esa proporción.
Un estudio serio sobre las condiciones de vida del obrero del campo está por hacerse. La retribución de su trabajo varía de zona a zona, pero queda la impresión general que es baja. Además de mejorarla hay que dar al obrero campesino educación y medios para aprovechar inteligentemente su cerco y garantías.
En un hogar normal el salario del padre de familias debiera bastar para proveer a las necesidades de la familia, hasta que los muchachos crezcan, porque la mujer tiene harto que hacer con atender a su hogar. Su salida a la fábrica o a emplearse destruye la vida de familia y es causa de inmoralidades sin cuento. La fuerte mortalidad infantil en la clase obrera obedece en gran parte a la salida de la madre del hogar para buscar un salario. Hemos visto el caso de una familia de seis niños entregados durante el día al cuidado del mayor, de ocho años, que era responsable hasta del recién nacido.
El trabajo de la madre para completar las entradas necesarias para la vida es un fenómeno harto común. Con frecuencia para ayudarse, sobre todo en las ciudades, lava, cose, incluso va a la fábrica. Una memoria de servicio social da cuenta que el 54% de las obreras de la región estaban obligadas a trabajar como chacareras, viñateras, lecheras o lavanderas. En esa misma comuna el 70% de las mujeres son analfabetas. El trabajo prematuro las alejó de la escuela y las hizo abandonar, después, su hogar, con daño gravísimo de los hijos.
La sociología católica insiste en que ha de asegurarse al padre un salario suficiente para las necesidades de la familia. El salario familiar es de justicia social, claman los Papas. Hay que trabajar con todo empeño a fin de que la sociedad civil establezca un régimen económico y social en que los padres de familia puedan ganar lo necesario para alimentarse ellos, su esposa y sus hijos, según su clase y condición.
¡Ojalá que este criterio orientara las discusiones relativas al salario vital, necesario para mantener una vida familiar normal! Mientras el pueblo no pueda vivir decentemente la raza degenerará, crecerán los vicios. El alcoholismo que tantos estragos hace en nuestra Patria tiene en buena parte una explicación relacionada con la escasez del salario. El pobre bebe por hambre, bebe para compensar ciertas calorías que debiera dar el alimento y bebe también para olvidar las tristezas del hogar hecho insoportable por la pobreza.
¿Cómo podrá alimentarse suficientemente una familia cuando se calcula en 1944 que una dieta modesta y adecuada vale $7,50 al día para el adulto y, por lo menos, $5,50 para el niño. La dieta para una madre embarazada vale $10 diarios, según cálculos del doctor Julio Santa María S.C., dietético de la Beneficencia y uno de los médicos que más se ha preocupado en Chile y en el extranjero del problema alimenticio. Según él la gran mortalidad infantil, a que hemos aludido, se debe en gran parte a falta de leche de la madre.
Esa dieta de $7,50 y $5,50 diarios por persona hay que multiplicarla por lo menos por cinco personas que suelen componer la familia obrera: padre, madre y tres niños y tendríamos que por el concepto de alimentación suficiente necesita una familia obrera por los menos $30 diarios. A esto hay que agregar los gastos de vivienda, vestuario, movilización, alguna modesta recreación, sin hablar de su legítimo derecho de ir guardando algo para la vejez o para poder descansar algún día después de su vida de trabajo.
Como decía el Dr. Santa María: “Se impone en Chile crear la conciencia de que existe una subalimentación trágica, si queremos salvar nuestra raza”. La población francamente tuberculosa del país fluctúa entre 140.000 y 200.000 personas, de las cuales mueren unas 25.000 cada año. Encuestas de la Escuela de Servicio Social “Elvira Matte de Cruchaga” nos revelan que un 70% de las mujeres que trabajan a domicilio en la costura son tuberculosas; nos revelan también que un 20% de los obreros sin hijos tienen un déficit de peso; un 32%, de los que tienen uno a tres hijos; y sube esta proporción al 54% entre los que tienen más de cuatro hijos.
Al conocer estos antecedentes un católico seguirá con simpatía los esfuerzos por el alza de jornales; no se irritará al ver que cada año es necesario hacer reajustes en el salario vital sin que esto signifique un pronunciamiento sobre la oportunidad de tal o cual medida en concreto; ese es aspecto técnico, pero su corazón estará ganado para el que sufre, sentirá con él; aspirará sinceramente a su mejoramiento dentro de lo que permitan las posibilidades del país, pero sin jamás olvidar que el salario no es una mercancía sino el medio de vida para una persona, que tiene derecho a una existencia conforme a su categoría de hombre y de hijo de Dios.
El dolor de la pobreza del obrero es el que más aparece, pero hay otros dolores más ocultos: el de esas pobrezas que tienen que disimularse y que no declaran huelga, ni presentan pliegos de peticiones; el de tanta gente que vive de unos cuantos bonos que se han depreciado hasta no valer casi nada, de una jubilación suficiente hace diez años, misérrima ahora, el de los empleados atascados a un sueldo del todo insuficiente que no pueden celebrar matrimonio porque no pueden afrontar esa nueva vida, o tiemblan ante las cargas familiares, que muchos rehúsan abiertamente, aún por medios ilícitos, que no pueden dar educación cristiana a sus hijos porque no pueden pagarla y se ven obligados a enviar a sus hijos donde la educación es gratuita, aunque sus padres quisieran darles una orientación más conforme con sus creencias… ¡Cuántos dolores ocultos de esta especie que quienes viven en la abundancia no sospechan!
En cuanto a los empleados públicos el 50% gana menos que los particulares. Cierto es que el Presupuesto de la Nación está abultado, que hay una burocracia excesiva. pero que la primera reacción de nuestro espíritu sea la de comprensión para quienes están atados a una vida muy dura.
Una palabra siquiera al terminar este aspecto económico que tantos dolores ocasiona, sobre aquellos que nada tienen, que nada ganan, que viven exclusivamente de la mendicidad o de la limosna de personas que socorren estos dolores, pero rara vez en forma que pueda ser suficiente. ¡Qué tragedias las que se pueden constatar al visitar a los pobres de las Conferencias de San Vicente. Recordamos a una anciana y a sus dos hijas tuberculosas, de las cuales una hacía años que vivía tendida en su pobre jergón. No podíamos menos de pensar: lo que desperdician tantos sería la vida para esta pobre madre. ¡Con lo que gastan las mujeres en cosméticos y los hombres en licor, cuántos pobres podrían vivir! ¡Si pudiésemos llegar a una nivelación más humana!
¡Cuántas personas bien intencionadas desean hacer una acción patriótica, hablan continuamente de chilenidad! ¡Cuántos están perplejos ante el porvenir de nuestra nacionalidad en la nueva estructuración de la post-guerra! Sentimientos bien legítimos por cierto, pero, ojalá que se tradujeran desde luego en un trabajo en pro del mejoramiento de la vida de nuestros conciudadanos. Se impone un alza de salario en la medida que dependa de nosotros, pero sobre todo un trabajo serio, hondo, constante de todos los que tienen cultura para enseñarle al obrero a vivir en condiciones más humanas, para que pueda adquirir una especialización que lo capacite para ganar un salario más abundante, y en todo caso para que la lucha de clases hoy encendida se transforme en colaboración
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