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Repercusiones del Estrés sobre el Bienestar Físico y la Salud

3.6. EL IMPACTO DEL ESTRÉS ACADÉMICO

3.6.1. Repercusiones del Estrés sobre el Bienestar Físico y la Salud

Dentro de los trabajos de investigación sobre estrés académico, sus efectos fisiológicos

han sido abordados por distintos estudiosos desde finales de los años ochenta del pasado siglo, analizando a los estudiantes en situación de examen en aspectos como el aumento de la tasa cardíaca, la presión arterial, la presencia en sangre de sustancias como la epinefrina y la norepinefrina, hidrocortisona, alteraciones respiratorias, gastrointestinales, infecciosas, etc. (Herbert, Moore, De la Riva y Watts, 1986; Abbott y Sutherland, 1990; Palmero, 1992; Moreyra y Panza Doliani, 2002; Marty et al., 2005).

Otros estudios, como el de Glaser et al. (1993) o el de Kiecolt-Glaser et al. (1986), al que ya hemos hecho referencia, confirmaron cambios en la respuesta inmune en estudiantes estresados. Estos cambios informan de una depresión del sistema inmunitario y, por lo tanto, de una mayor vulnerabilidad del organismo a las enfermedades. La investigación del equipo de Glaser concluyó que los estudiantes presentaban una baja actividad de linfocitos T (responsables de coordinar la respuesta inmune celular) y de su respuesta a los mitógenos (factores que actúan en el ciclo celular estimulando la división celular). Los linfocitos “T” tienen la función de avisar al sistema inmunitario que un microorganismo agresor ya fue destruido, por lo que tendría que cesar el ataque; pero lo que sucede es que estas células inmunitarias poseen muchos receptores para la adrenalina, y si aumentan sus niveles y se mantiene alta, por ejemplo porque hay exámenes o periodos de trabajo intenso, los linfocitos se hiperactivan e intentan frenar ataques contra agresores que sí existen, por ejemplo el virus de la gripe o las bacterias que causan una infección en la piel (Moreyra y Panza Doliani, 2002; ver Lipcovich, 2002).

En un trabajo de Viñas y Caparrós (2000) con una muestra de 120 alumnos de Psicología de la Universidad de Girona, de una media de edad de 20,82 años, analizaron la posible relación entre las estrategias utilizadas por los estudiantes para afrontar el periodo de

exámenes y los síntomas somáticos auto-informados. Según los autores, los resultados obtenidos indicaron que las estrategias centradas en el problema o afrontamiento activo se relacionaban con un mayor bienestar físico; al contrario de lo que ocurría con los estudiantes que optaban por manejar estrategias paliativas, como el afrontamiento focalizado en la emoción o el escape conductual o cognitivo, que declaraban un mayor grado de malestar, principalmente con quejas somáticas gastrointestinales. Los autores informaron también del recurso por parte de los estudiantes al consumo de alcohol o drogas, lo que podría ya de por sí aumentar su estado de malestar, además de su repercusión nociva en la salud del organismo.

Moreyra y Panza Doliani (2002) llevaron a cabo en un estudio35 con alumnos de la Universidad Nacional del Litoral en Argentina que tenían que presentarse a un examen trascendente para obtener el título de licenciatura. Los investigadores analizaron el comportamiento orgánico de 36 estudiantes voluntarios de la Facultad de Ciencias Veterinarias que iban a realizar de forma oral su examen final ante un tribunal. Cada uno fue sometido a tres chequeos clínicos y análisis de laboratorio: 15 días antes del examen, el mismo día del examen y 15 días después. En cada oportunidad, los alumnos se sometieron a un hemograma completo y a una revisión clínica, que permitieron establecer el ritmo cardíaco y respiratorio, y el estado general de salud. Se observaron alteraciones orgánicas asociadas al temor ocasionado por la situación de evaluación. Los investigadores confirmaron la presencia de cambios en variables clínicas como frecuencias cardíaca y respiratoria, en presión arterial y en valores hematológicos. Según los autores, cuando se alteran estos valores, el organismo está menos capacitado para responder a agresiones víricas o bacterianas; una vulnerabilidad provocada por efecto de la excesiva secreción de tres hormonas: la adrenalina, la hormona tiroidea y la llamada “hormona del estrés”, el cortisol. Los datos clínicos revelaron que los

35Este trabajo, bajo el título “Cambios orgánicos asociados con el temor durante las evaluaciones en la universidad”, recibió el premio

Profesor Braulio A. Moyano al mejor trabajo de Neurociencia Cognitiva, otorgado por la Asociación Argentina de Investigación en Neurociencia en setiembre de 2002.

niveles de cortisol subieron el día del examen, y 15 días después aún se mantenían elevados. En general, los alumnos informaron de una amplia y variada sintomatología que incluía alteraciones en el sueño, cambios en el apetito, en el humor, en el ritmo cardíaco, en el período menstrual, problemas digestivos, temblores, infecciones en la piel y respiratorias, procesos gripales o conjuntivitis.

Un estudio más reciente de Marty et al., (2005), al que ya hemos hecho referencia, anunció que se producía una correspondencia entre el estrés y la aparición de infecciones como el resfriado común y el herpes en los estudiantes.

Desde la perspectiva de la Psicología de la Salud, Martínez-Correa, Reyes del Paso, García-León, y González-Jareño (2006) parten del concepto, ya formulado por Eysenck (1994), de que factores de la personalidad como el optimismo o el pesimismo disposicional se relacionan con la incidencia menor o mayor de la enfermedad física. La muestra de su estudio estaba formada por 200 estudiantes de primer curso de la a Universidad de Jaén, y su objetivo era “el análisis de la relación del optimismo/pesimismo disposicional con la sintomatología física auto-informada, así como la naturaleza de los mecanismos que subyacen a tal vinculación” (p. 69). Los datos obtenidos mostraron que los estudiantes optimistas manifestaron durante el último año una sintomatología física inferior que la de los estudiantes pesimistas, que se quejaron de más síntomas somáticos, lo que permitió confirmar que el pesimismo disposicional se asocia con un peor estado de salud física que el optimismo disposicional. Estos resultados podrían explicarse por el diferente manejo de la estrategia de afrontamiento pasiva autocrítica que se focaliza en la emoción y no en la acción, y que es característica del pesimismo disposicional.

A pesar de todos estos estudios se ha señalado que no es tan clara la relación causa- efecto entre los estresores académicos y las respuestas fisiológicas, ya que los datos de los estudios parecen apuntar a “cambios más complejos en este tipo de respuestas” (Muñoz, 2004,

p. 83) que están modulados por factores como el sexo, la edad, la herencia genética, la personalidad, la evaluación y el afrontamiento.