“No hay para el hombre más forma razonable de guardarse de esta inseguridad mutua que la anticipación; y esto es, dominar, por fuerza o astucia, a tantos hombres como pueda hasta el punto de no ver otro poder lo bastante grande como para ponerla en peligro” Hobbes
En este capítulo se identifican los elementos de la representación social sobre la violencia en los jóvenes del centro de orientación, describiendo en este, la relación entre los diferentes contextos violentos habitados por los sujetos y sus procesos formativos alrededor de la misma; se describen así elementos culturales y sociales, anclados a las posturas individuales y a las percepciones de lo ciudadano que permiten aproximarnos dentro de la investigación al núcleo central de la violencia en los jóvenes, señalando en este, la importancia del espacio como manifestación subjetiva y material de muchas; junto a esto, quedan develadas varias circunstancias descritas como elementos periféricos de la representación de la violencia, circunstancias varias que pueden acercar al joven a hechos y manifestaciones violentas, o también construir un ser naturalizado a estas prácticas.
Aproximación a la violencia en los jóvenes
La sensibilización frente al acto y el discurso violento adquiere dimensiones interpretativas que requieren la interpolación de la validez de estas acciones, pesando más que los discursos en contra del fenómeno mismo. Oculta, bajo la apariencia igualitaria y democrática de la sociedad moderna, la violencia se desarrolla como fenómeno y como medio; presente en los diferentes contextos sociales. La violencia se desarrolla inequívocamente en la personalidad de los sujetos, adquiere un sentido y un significado especifico, describiendo así la cultura a la que se pertenece, debido a que esta es la manifestación subjetiva materializada en la relación con otros. Las acciones y discursos violentos están cruzados por el interés paternalista de controlar las interacciones de grupo, puesto que en la actualidad el fenómeno violento ha adquirido una importancia sin igual para las medidas Estatales de dominación de las pasiones e instintos humanos que puedan trasgredir la obediencia civil y pública.
El control social está regido por comportamientos que inscriben las acciones en tres lugares diferentes; primero las acciones de aceptación, determinadas por el grupo y llevadas a cabo por el sentimiento colectivo; las segundas son las acciones limítrofes o de advertencia, estas describen
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los comportamientos tanto esporádicos y selectivos que ejecutan los sujetos en medio de situaciones que les permiten adelantar ya sea un acto violento o un acto ilegal; por ultimo están presente las acciones trasgresoras que señalan a todos aquellos sujetos que se desarrollan en contravía de toda organización social, se pueden ubicar en esta denominación perspectivas sociópatas o terroristas , quienes elevan el estandarte de las representaciones de la violencia. Las dos primeras denominaciones no categorizan estrictamente a los sujetos violentos, estos pueden estar presente en cualquiera de las determinaciones ya que la violencia como medio determina una aceptación, naturalización y agudización de la misma.
La violencia aparece como fenómeno de interacción recrudecido por las dinámicas actuales de sociabilidad, a su vez aparece como medio para la consecución de fines dentro de un grupo, que lucha por los intereses sectoriales e individuales; las relaciones de poder dan origen a la lucha de contrarios quienes en la eterna disputa por la estabilidad y reafirmación recrean las condiciones inermes a las que están anclados todos los sujetos dentro de las dinámicas violentas. Una sociedad violenta se modifica en el ejercicio coercitivo de la actividad humana, permitiendo la reglamentación frente a códigos de conducta, modos de vida y sentimientos colectivos; “[...] la extrema forma de poder es la de todos contra uno, la extrema forma de violencia es la de uno contra todos” (Arendt, 2005, pg. 57), de esta manera, la violencia se manifiesta de nuevo como fenómeno indiscutido de sociabilidad que dentro de la modificación ya mencionada adquiere grados estigmatizadores como suceso heredado de las transformaciones sociales7, o también presenta movimientos de naturalización y aceptación que describen las realidades contemporáneas y paternalistas frente al fenómeno.
Hasta ahora solo hemos descrito sutilmente la inserción de la violencia dentro de dinámicas de regularización y construcción, definiéndose intrínsecamente como legitimas e ilegitimas, y permitiendo así la significación de esta dentro del universo juvenil; es necesario recordar la determinación teórica abordada desde el inicio de la investigación frente a la violencia; definimos al conjunto de violencias como diferentes fenómenos que afectan lo social; la violencia social representa las diferentes variables y perspectivas que puede conocer un individuo dentro de
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dinámicas conflictivas y agrestes, pero mencionar esto nos hace adentrarnos en debates inconclusos que nos llevaran al bucle determinista entre lo bueno y lo malo, entre lo que es y lo que debería ser8.
Las dimensiones de la violencia están regidas por determinismos colectivos que en palabras de Crettiez explican por qué: “la violencia rara vez se puede entender como una explicación monocausal, sean cuales fueren los tipos de violencia” (2009, p.55). Por esta razón el fenómeno posee características particulares que lo inscribe en entornos diferentes con tipos de violencias variables según condicionen los respectivos contextos; la violencia social se inscribe en dimensiones tan variadas como la familia, la esfera pública y la escuela y a su vez están determinadas a las configuraciones históricas de la cultura y de los grupos sociales que habitan en medio de dinámicas de reconocimiento haciendo posible la incidencia del mundo de la violencia en esferas intrínsecas que determinan el nivel simbólico y subjetivo de las acciones y los discursos violentos. Esta, al reafirmarse como medio se constituye en práctica socializadora de entornos diferenciados por distintos niveles de pertenencia y adquisición, aparecen así entornos diferentes, divididos por las condiciones estructurantes.
En específico la población joven se encuentra inscrita en discursos prístinos de violencia, convirtiéndose en aquella masa necesaria de controlar, “[...] se les juzga indiferentes; ellos, carentes de confianza en instituciones políticas y proyectos amañados, optan por salir del espacio público y refugiarse en espacios propios, desarticulados del sistema social” (Muñoz, 2000); este discurso concentra “[...] finalidades conflictivas, hostiles o destructivas” (Santelices, 2010, pg. 16), que repercuten en dimensiones de interacción bajo dinámicas reiterativas, construyendo figuras de representación simbólicas y significativas en torno a las dinámicas del contexto, “[...] el grupo social utiliza un tipo de raciocinio que admite la violencia como instrumento para resolver diferencias, para satisfacer necesidades y para solucionar conflictos” ( Torres, C, 2005, pg. 58). Se debe entender la violencia como una construcción social, que condiciona individual o colectivamente acciones y pensamientos de los sujetos, estas dinámicas pueden ser referidas a las violencias interindividuales9 ,que denotan el movimiento subjetivo de las masas para conseguir
8 Para un análisis conciso referente a las perspectivas psicológicas y biologicistas que abordan la agresión y la violencia consultar en Urdanibia (1979).
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planteamientos yoicos y que describen en sí mismo un fenómeno colectivo; las determinaciones alarmantes las encontramos cuando estas dinámicas violentas explotan inesperadamente en interacciones cada vez más espontaneas e inmediatas, categorizadas según las clases sociales; es decir, las relaciones sociales más inocuas y esenciales generan conflictos nacidos de las esferas de percepción, sensación y sentimiento estallando en actos individuales con una perspectiva colectiva generadora de significados y objetivaciones frente al fenómeno. Se fundamentan así las características específicas de la violencia con poderes arbitrarios al individuo y que están basados en la afinidad de estos a otros sujetos creadores del conflicto.
Los procesos de socialización están ligados a estructuras comunicativas y simbólicas que generan la sociabilidad necesaria para que los individuos instauren sus propias formas de concebirse en medio de un contexto dificultoso o no. Podemos plantear que las condiciones generan y repercuten en el tipo de violencia, esta no es igual para todos los sujetos. A diferencia de lo que todos representamos como un acto violento, los sujetos que los han vivido poseen otras determinaciones del objeto, así describimos procesos de normalización y sensibilidad que se evidencian dentro de las investigaciones sobre la violencia bajo una óptica histórica y de trasformación, que explica nuevas configuraciones entorno a sentimientos y emociones, prácticas y herramientas y estrategias o explicaciones de la violencia.
Los fenómenos que se inscriben en la subjetividad humana y que encuentra su materialización en la comunidad, son fenómenos que atraviesan esferas de inter subjetivación que se encuentran en todas las actividades sociales y que demarcan la actitud de este hacia la comunidad que habita; es decir que las acciones expresan una voluntad o acción política y significativa tanto para la trayectoria del sujeto como para la memoria y la experiencia del colectivo, la violencia se inserta dentro de la esfera de acción individual que determina la sensibilidad presente dentro del grupo.
Los debates y tipos de violencia están inscritos en la necesidad de la exaltación de la fuerza física y la agresividad, una tradición antiquísima que describe los procesos de civilización encontrados a lo largo de la historia y que determina mayoritariamente la violencia en un género, una edad y una condición específica: “Las formas de comportamiento que en la sociedad democrática muy industrializada aparecen cargadas de todo tipo de tabúes y de diversos grados de sentimientos de
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vergüenza y de escrúpulos” (Elías,N.1987,pg.180), es por esto que estamos ante una transformación de las dinámicas violentas; dentro de las dinámicas evidenciamos el remplazo de los rituales y los mecanismos violentos, por lo menos en apariencia; también presenciamos la evolución de estas ante las formas de enfrentamientos, herramientas y resultados.
La existencia errante de los jóvenes; sujetos conformes a la trasformación cultural que les delega la transición invisible del poder y del control de la sociedad de los adultos actuales a ellos mismos, es una condición marcada por las dinámicas que ha recreado el fenómeno violento y permite la incidencia de nuevas formas de violencia admitidas y determinantes dentro del contexto social; es necesario entonces comprender la desigualdad social , cuyas relaciones son dominadas por la frustración, el miedo, el poder y el reconocimiento. La brutalidad se encuentra frente al deseo pacificador y la violencia social que ahora descubrimos es la demarcada dentro de las tipologías de la violencia, pero anclada a sucesos de interpretación sociológica y antropológica, que muestran la construcción de un prototipo, atenuando las representaciones sociales sobre violencia.
La violencia puede constituir jóvenes conflictivos, acostumbrados a la acción sobre el otro para conseguir sus fines, pero no todos los grupos sociales la viven de la misma manera y conocen los alcances prácticos y racionales de los medios violentos, siendo la violencia algo que no caracteriza a toda la población de los contextos nacionales, barriales, públicos, etc. Estamos inmersos en determinantes colectivos que reflejan las condiciones cotidianas, por lo que el contexto se recrea como una cultura violenta especifica en entornos y formas identitarias. En el momento en donde las formas de interacción cruzan por espacios comunes, “[...] la realidad de la vida cotidiana se da por establecida como realidad -esto- No requiere verificaciones adicionales sobre su sola presencia y más allá de ella. Está ahí, sencillamente, como facticidad evidente de por sí e imperiosa” (Berger y Luckmann, 2003, p.39)
Identificación de representaciones sociales en los jóvenes del COJLA
El estudio de las representaciones sociales contribuye a demarcar los universos de interpretación cualitativa dentro de las ciencias sociales; atribuyéndole al mundo de los significados cognitivos un valor trascendental en la formación de dinámicas sociales que repercuten de manera significativa en diferentes procesos de desarrollo, concreción y validación de las realidades. Estos procesos hacen parte de la realidad objetiva que cumple con ciertas características a la hora de su
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inserción como representación; ya sean de distorsión, asimilación o modificación; la inserción de estas realidades objetivadas está anclada a nominaciones sincrónicas de aspecto plural que contribuyen a las realidades múltiples dentro de un mismo grupo, incluso fortalece los análisis individuales sobre la personalidad y la experiencia cotidiana.
Las estructuras de las representaciones sociales sobre violencia están unidas a la capacidad de identificación de los significados que circulan alrededor de la misma, la metodología de las representaciones varía de acuerdo con la postura del investigador sobre el objeto y el sujeto mismo, contribuyendo a la escogencia de diferentes variables de investigación dentro de las representaciones. El enfoque abordado para describir estos significados sobre la violencia será el descrito en Abric (2001), en donde describe que las representaciones sociales están formas por un conjunto de creencias, opiniones y actitudes sobre un objeto; que obligan al investigador a trabajar en una interpretación de doble sentido al tener clara las limitaciones de este corpus de contenidos, fijados a otra rama muy importante dentro de las representaciones, la cual es la estructura de las mismas, concibiendo así los conceptos de núcleo central y elementos periféricos, apartados de las teorías de la atribución de Heider (1958), durante esta época se fortalecen las medidas para incluir dentro de la psicología social no solo aspectos cognitivos sino de índole social, la dimensión social aparece como elemento decisivo en la interpretación de las representaciones, describiendo la investigación en doble línea que describe Abric.
Las nociones de núcleo central y elementos periféricos descritos en las obras de Abric, Juegos Conflictos y Representaciones Sociales, y Cooperación, Competición y Representaciones Sociales, son conceptualizados como “el elemento más estable de la representación, el que garantiza la perennidad en contextos móviles y evolutivos” (Abric, 2001, pg. 21), así se describe el núcleo central, como el fundamento de los significados y los discursos entorno a las dinámicas colectivas o individuales que permite la identificación unánime de del objeto de representación, así mismo este planteamiento deja abierta la puerta para estudios comparativos para la variabilidad de núcleos centrales de la misma representación. Por otro lado, los elementos periféricos son descritos como: “[...] lo esencial del contenido de la representación, su lado más accesible, pero también lo más vivo y lo más concreto” (pg. 23), estos elementos constituyen los contenidos necesarios para modelar el núcleo de la representación, para describir la injerencia de las
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informaciones alrededor del objeto y cómo constituye al sujeto de acuerdo con esquemas de modificación.
Tanto el núcleo central, como los elementos periféricos son inmiscuidos a condiciones históricas, sociológicas e ideológicas que fundamentan el grado de apropiación y desarrollo dentro y fuera de las representaciones, tanto del mismo grupo, como de un individuo. Esta línea metodológica también se vincula a los planteamientos de Moscovici (1979), quien plantea las pesquisas filosóficas y etimológicas entorno a las dimensiones irreductibles de las representaciones, como conjunto de elementos específicos que describen lo que se sabe del objeto de investigación, lo que llega a los sujetos por medio de su experiencia y sus sentidos (información), también tenemos presente la forma como se instauran los elementos de la representación en las dinámicas colectivas, esto concluye en formas de asimilación y anclaje sobre lo que se cree de esta representación ( campo de la representación) y por ultimo nos obligan a determinar también las formas de comportamiento frente a la representación (actitud).
La funcionalidad de interpretar y analizar las representaciones sociales sobre violencia en la población juvenil nos llevara a las determinaciones condicionales que permiten el desarrollo de la misma representación, por ende también estaremos adentrándonos en esferas intra- subjetivas que describen la obligación del sujeto por adquirir modos y habitus específicos para la entrada y permanencia dentro de las representaciones, como lo plantea Jodelet (2008, p. 52): “La esfera de la intersubjetividad remite a situaciones que, en un contexto determinado, contribuyen a establecer representaciones elaboradas en la interacción entre sujetos, especialmente las elaboraciones negociadas y producidas en común”, por ende, la observancia de estas instancias de interacción describirá el conjunto de limitaciones como grupo social frente a problemáticas de orden emocional y subjetivo, materializado en prácticas cotidianas.
Identificación de las representaciones sociales sobre violencia
Para determinan cuales son las representaciones sociales de la violencia en los jóvenes del COJLA, se implementaron una serie de herramientas de recolección de información que nos sirvieron para construir el cuerpo de información necesario para aproximarnos a la identificación de estas representaciones. Las herramientas fueron aplicadas a lo largo de un periodo de 6 ( seis) meses dentro de la institución educativa ; la densidad del material y su especificidad cualitativa obliga a un fuerte trabajo de análisis de contenido, este proceso fue realizado entorno a un total de 13
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entrevistas semiestructuradas, un ejercicio de asociación libre, los diarios de campo recogidos por el docente-investigador y un cuestionario acompañado de una categorización inicial para determinar la procedencia de muchos de los jóvenes; aclarados los elementos10 podremos dar inicio a los resultados la investigación.
Dimensiones y reflejos, una violencia alexitimica11: La determinación sobre la violencia debe
incluir obligatoriamente un componente que se dedique a reflejar lo que se siente sobre ella, sobre cómo se forman las diferentes actitudes frente a la representación; sobre la actitud encontramos que este componente: “dinamiza y orienta decisivamente las conductas hacia el objeto representado, suscitando un conjunto de reacciones, emociones e implicando a las personas con mayor o menor intensidad” (Ibáñez,1997, pg. 47). Las acciones y sentimientos que se inscriben dentro de la esfera actitudinal describen patrones culturales de formación de sujetos anclados tanto en sus relaciones inter- subjetivas como también en sus esferas de significados individuales. Dentro de las primeras determinaciones para hablar sobre la violencia en los jóvenes encontramos la descripción hecha entorno a los sentimientos que brotan tanto individual o colectivamente, frente a cualquier acto perpetuado por los mismos o contra ellos, esta figura emotiva y sentimental no gusta de ser revelada en la simple interacción mutua, obedece a estructuras ocultas del sujeto que pretenden negar estas esferas; lo que se siente y se piensa entorno a las formas del ser del otro, poca importancia tiene a la hora de perpetuar las diferentes acciones. La simple denominación o presencia evidente de lo que se siente dentro de formas y relaciones violentas puede acarrear la perdida de estatus y de la posición lograda dentro del grupo, esto presenta variables entorno a las figuras familiares; que sí permiten un acercamiento de los sujetos a poseer figuras emotivas en sus vidas.
10 Para agilizar el proceso de interpretación se utilizara a lo largo de todas las siguientes paginas estas abreviaciones: Asociación libre (AL), Diario de Campo (DC) acompañado del número correspondiente a la semana en que se ubica (en total son 20 semanas, 20 diarios de campo), Entrevistas (E) acompañada del numero de la entrevista, seguida por el numero de la pregunta ( ej. E11, 4. ), por último el Cuestionario (C ), acompañado por el número que corresponde a la pregunta de interés.
11 La alexitimia es entendida como una incapacidad para expresar sentimiento e identificar emociones. Se designa este título por que la violencia en los jóvenes ha mutado en formas de expresión donde el sujeto actúa bajo la presencia de pasiones o la falta de estas. Para un mayor entendimiento sobre la alexitimia revisar: Marty, P. 1995; Fernández, F. 2011; Moral, J. 2005; Shipko, S. 1982.
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Por otro lado, la esfera de sentimientos inscritos dentro de las actitudes refleja los supuestos de los jóvenes entorno a sus modos de vida y sus dinámicas particulares, obligando a optar por un estilo diferenciado en sus prácticas y en sus percepciones frente a la sociedad; aparece así la violencia como condición obligada.
La actitud hacia la violencia está determinada por los supuestos que nacen de la interacción entre los diferentes grupos sociales, esta actitud “pragmática individual” (Vergara, 2008, p. 72)