8. Construir Pais desde lo Pequeñito: Un Espacio de Comunicación para un Imaginario Colectivo Alternativo
8.4. Resolución no agresiva de conflictos
Una cultura permeada por la violencia y la agresión cultiva la idea de que la diferencia es el eje primario desde el cual se distribuye el poder. Las diferencias de género, clase o edad organizan a los sujetos en torno a líneas de poder. En una sociedad obsesionada con tener poder para asegurar los derechos básicos, encontrar cualquier tipo de diferencia en la interacción cotidiana dispara la necesidad de dominar al otro por ser diferente. La diferencia -cualquiera que ésta sea- se percibe como una oportunidad de ganar (o perder) poder.
En este contexto, el Colectivo insiste en una forma diferente de relacionarse con la diferencia y resolver el conflicto. La diferencia dentro del Colectivo se percibe como aquello que hace único a cada uno de sus miembros. La idea es que un programa de televisión, por ejemplo, resultará mejor si el equipo de producción puede incluir diferentes ángulos, diversos talentos y diferentes perspectivas. La diferencia es una fuente de potencial, un manantial de recursos, no algo para exterminar mediante la competencia. Desde esta perspectiva, a los nuevos miembros se les enseña que los medios son excelentes herramientas para reconocer la diferencia. La cámara de televisión es una herramienta para detectar las diferencias culturales y las distintas experiencias e historias de los miembros de la comunidad. El objetivo de producir televisión es capturar esas diferencias y ponerlas en la arena pública, donde puedan ser parte del capital cultural de la comunidad. (Soraya Bayuelo, comunicación personal, Junio 6, 200).
Colombia ha experimentado un pseudo estado de guerra y conflicto armado por más de 50 años. Uno de los efectos más devastadores de la constante presencia de la guerra ha sido la normalización del uso de la fuerza para solucionar conflictos de cualquier tipo. Durante la década de 980, por ejemplo, los narcotraficantes reclutaron y entrenaron pequeños ejércitos de jóvenes para su propia defensa y para asesinar a cualquier individuo con quien tuvieran problemas; usaban a estos sicarios, o asesinos a sueldo, para matar a sus rivales, arreglar negocios que se dañaban, o cobrar deudas. Pero la contratación de sicarios se esparció a otros escenarios de la vida diaria; pronto la gente empezó a utilizar sus servicios para desalojar inquilinos indeseados, o incluso para resolver triángulos amorosos. Las tarifas de los sicarios bajaron tanto que incluso los taxistas los usaban para matar a clientes que no pagaban por el servicio. Igualmente, se ha documentado cómo la incursión de grupos armados en una región trae consigo una serie de muertes que se quieren hacer aparecer como asesinatos políticos cuando en realidad son el resultado de soluciones de conflictos personales por la vía violenta (Riaño Alcalá 2006, Ramírez 200). El uso de la fuerza y la violencia para resolver conflictos de la vida diaria permea el tejido social, se hace parte del sentido común.
Al interior del Colectivo el mensaje es muy claro: todos somos diferentes; por lo tanto, el conflicto es normal. La diferencia es un recurso, no una debilidad; aprender a apreciar la diferencia hará al Colectivo más fuerte, más rico. El conflicto no es algo que debamos temer, sino algo normal que podemos manejar con el dialogo y la mediación.
En uno de los talleres del Colectivo a los que asistí, tuve la oportunidad de observar de primera mano cómo se resolvía un conflicto. Treinta chicos entre los 0 y los 6 años llegaron un sábado en la mañana para asistir al taller. Soraya pronto notó que dos chicas de 2 años, que habían sido muy amigas durante años, ese día casi ni se hablaban; aunque normalmente trabajaban juntas, en esta oportunidad hacían grandes esfuerzos por evitarse. Durante la mañana, Soraya llamó a cada una por aparte y le preguntó qué estaba pasando. Más tarde me comentó que las niñas habían tenido una pelea y que una de ellas se había comportado de manera bastante cuestionable con su amiga (no me comentó nada más, pues no quería traicionar la confianza de las niñas). Soraya escuchó ambas versiones del conflicto. Les dijo a ambas chicas que era importante, para ellas y para el bienestar de todo el grupo, que pudieran resolver su conflicto por sí mismas; les dijo que sólo ellas podrían solucionarlo; también les dijo que no había nada que ella pudiera hacer, excepto sugerirles que discutieran su problema. Le propuso a la chica que se había portado de manera cuestionable que reflexionara sobre su comportamiento y que decidiera si su amiga merecía una disculpa o no.
El taller terminó con una plenaria en la que cada muchacho/a hablaba de lo que había aprendido desde el día que había llegado al Colectivo. Cuando le llegó el turno, una de las chicas del conflicto tomó el micrófono y dijo que una de las cosas que había aprendido en el Colectivo era que un conflicto se puede resolver reflexionando sobre él y hablando; dijo que había reflexionado sobre su comportamiento hacia su mejor amiga, que veía que era reprochable, y que deseaba disculparse. Estaba visiblemente conmovida e inmediatamente después de que terminó, estalló en llanto con tal fuerza que pensé que estaba a punto de sufrir un colapso. Soraya corrió rápidamente hacia ella y la abrazó. Luego también se acercó su amiga y las dos niñas se abrazaron llorando.
Más que presentar una historia conmovedora, quiero resaltar cómo el Colectivo, más que transmitir mensajes sobre manejo pacífico de conflictos o técnicas de reconciliación, abre un espacio de comunicación en el que poco a poco se puede crear una cultura de paz en las interacciones diarias. La forma en que el Colectivo percibe la comunicación para la paz contrasta enormemente con el enfoque tradicional de diseñar y desarrollar campañas de comunicación con la intención de persuadir a la gente de resolver los conflictos de manera pacífica (Rodríguez 200). Por el contrario, el Colectivo crea cuidadosamente un espacio de comunicación, un espacio cultural en el que las personas se convierten en agentes activos en el proceso de pasar la resolución de los conflictos del campo de la violencia y la agresión al campo del discurso.20
20 Debo agradecer a mi amigo y colega Jair Vega por articular esta oración en forma
de una cita que describe muy bien lo que los medios ciudadanos están logrando en términos de construcción de paz en Colombia.
En resumen, el Colectivo surge de una comunidad en la que las prácticas y relaciones cotidianas se tejen con hilos de “respeto, pluralismo, confianza, solidaridad, libertad, amistad, alegría, amor, pertenencia y creatividad” (Colectivo de Comunicación Montes de María Línea 2 2003).