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9.3-Resolución de conflictos interpersonales

El proceso de reencuadre también resulta de gran utilidad en la resolución de conflictos interpersonales. Aplicando el reencuadre a una relación con- flictiva que tengamos con otra persona, podremos descubrir de qué manera específicamente nuestro comportamiento refuerza el de la otra persona y vi- ceversa. En el protocolo que expondremos a continuación utilizaremos tres posiciones perceptivas (“yo”, “el otro” y metaposición o fuera de la escena, observándola), lo que nos dará la oportunidad de observar desde diferentes perspectivas esa conducta que nos resulta conflictiva.

Protocolo para la resolución de conflictos interpersonales o me- taespejo

• Identificar a la persona con la que tenemos dificultades para comunicar- nos. Cuando la hayamos identificado, entraremos en primera posición (“yo”) y la visualizaremos frente a nosotros.

• Identificar comportamiento conflictivo de la otra persona: una vez ha- yamos conectado con la imagen de la otra persona, nombraremos el com- portamiento concreto que obstaculiza la comunicación. ¿Cómo se comporta conmigo?

• Salir de la primera posición y pasar a metaposición (3ª posición), desde donde observamos desde fuera la interacción entre nosotros y la otra persona.

• Identificar comportamiento conflictivo propio: desde metaposición nombraremos el comportamiento concreto que obstaculiza la comunicación. ¿Cómo me comporto con él/ella?

• Tomar conciencia (aún en metaposición) de cómo nuestra forma de ac- tuar refuerza o desencadena el comportamiento de la otra persona. En este punto nos preguntaremos: “si no estuviera yo, ¿cómo actuaría él/ella? ¿segui- ría con las mismas reacciones?”

• Pensar en maneras alternativas de actuar. Para ello conectaremos con nuestra parte creativa.

• Descubrir intención positiva: una vez nos ha quedado claro que existen alternativas a nuestro comportamiento en este contexto concreto, pasaremos a descubrir cuál es la intención positiva de mantener esta conducta. “¿Qué me impulsa a seguir actuando de esta manera?, ¿qué provecho saco de esta situación?”

• Establecer el reflejo: al haber descubierto la intención positiva de nuestro comportamiento hemos podido desbloquear cierta información que perma- necía en la sombra. Ahora, desde metaposición, podremos tomar conciencia de cómo nos tratamos a nosotros mismos en esa interacción. También cabrá preguntarse “¿en qué medida la manera en que yo mismo/a me trato a mí mismo/a es un reflejo de lo que hace la otra persona, de su conducta?”.

• Entrar a segunda posición (“el otro”): desde esta posición nos visualiza- remos a nosotros mismos desde la perspectiva de la otra persona. ¿Cómo se ve desde aquí tu comportamiento? ¿Qué necesitas o que quieres para ti?

• Volver a primera posición: al volver a la posición de nuestro “yo” inte- graremos las alternativas de conducta, así como los recursos y los cambios de percepción que se han producido durante el proceso. ¿Cómo han cambiado tus reacciones? ¿cómo ha cambiado tu punto de vista? ¿cómo percibes ahora a la otra persona? ¿y a ti mismo/a?

9.4-Negociación

Negociar consiste en comunicar con el objetivo de llegar a una decisión común que pueda ser aceptada de manera congruente por todas las partes im- plicadas. Cuando negociamos, estamos participando en el proceso de obtener lo que queremos de los demás dándoles a ellos lo que quieren. Las negocia- ciones tienen lugar cuando nos encontramos frente a intereses encontrados.

Como bien dice el refrán, “del dicho al hecho, hay un trecho”; si bien es fácil de definir, la negociación constituye uno de los aspectos más complica- dos de la comunicación humana. En este proceso hay un delicado equilibrio entre la integridad, los valores y los objetivos propios y los de las demás per- sonas implicadas. En toda negociación habrá valores e intereses compartidos y otros serán opuestos, de ahí la dificultad de alcanzar el equilibrio.

La principal habilidad en una negociación consiste en ser capaces de ajus- tar los objetivos. Se trata de que todas las personas implicadas obtengan lo que desean, aunque no sea exactamente lo mismo que pedían al comenzar la negociación. Para toda negociación será de gran ayuda partir de la presuposi- ción de que la manera más eficaz de lograr nuestro objetivo es asegurándonos que todos los demás obtienen también el suyo.

Todo lo expuesto anteriormente acerca de la negociación con otra personas es perfectamente aplicable a la negociación entre dos partes de nosotros mis- mos que están en desacuerdo. Aunque en módulos anteriores ya expusimos la integración de polaridades (que también son dos partes en desacuerdo), en este módulo nos centraremos más en el propio proceso de negociación entre ambas partes como medio para integrarlas.

Cuando albergamos en nuestro interior dos “partes” que están en clara con- tradicción o se obstaculizan o bloquean mutuamente, nos encontramos ante una situación susceptible de ser sometida a un proceso de negociación. Mu- chos de nuestros problemas cotidianos se originan en estos desacuerdos inter- nos: “Me gustaría ahorrar, pero constantemente me sorprendo malgastando el dinero” o “Siempre que pretendo salir a hacer ejercicio acabo sucumbiendo a la tentación de quedarme viendo la televisión”. Si bien lo anteriores son ejem-

plos de conflictos leves, esta misma situación en la que existen dos estructuras excluyentes dentro de una misma personalidad, puede generar consecuencias más graves.

Si nos encontramos ante una situación de estas características, en la que dos fuerzas o aspiraciones se obstaculizan mutuamente e impiden hallar la solu- ción más conveniente para nosotros, disponemos de un recurso más sencillo que el reencuadre en 6 pasos expuesto anteriormente. Este recurso consiste en entablar contacto con las dos partes en conflicto y forzarlas a negociar con el objetivo de que lleguen al acuerdo de no volver a impedirse recíprocamente el cumplimiento de sus funciones.

Este modelo de negociación, al igual que el reencuadre, nos permitirá ave- riguar la función de cada una de las dos partes responsables de las conductas enfrentadas. La diferencia que existe con respecto al reencuadre reside en el hecho de que, en lugar de buscar alternativas de comportamiento, se estable- cerá un acuerdo entre ambas partes, que estas asumirán plenamente.

Cuando pongamos en práctica este modelo con otras personas, nuestra la- bor como especialistas será la de guiar hábilmente la negociación, como si es- tuviéramos mediando en un conflicto entre seres humanos, sacando a relucir todo nuestro potencial creativo y empático.

Modelo de negociación

• Determinar el problema: ¿sueles vivir situaciones en tu vida en las que

queriendo hacer X acabas haciendo Y?

• Identificar la parte X: nombrar la parte X (¿qué nombre le darías a la

parte o impulso que te empuja a hacer X?) y determinar su intención positiva adentrándonos en nuestro foro interno (¿qué función cumple X?).

• Identificar la parte Y: nombrar la parte Y (¿qué nombre le darías a la

parte o impulso que te empuja a hacer Y?) y determinar su intención positiva adentrándonos en nuestro foro interno (¿qué función cumple Y?).

• Llegar a un acuerdo: el consultante se dirigirá de la siguiente manera a

la parte Y: “Intenta averiguar si a la parte Y le importa lo suficiente el cumpli- miento de su función como para estar dispuesta, a cambio de que X tampoco interfiera en sus actuaciones, a no obstaculizar las actuaciones de X”. A con- tinuación, el consultante se dirigirá a la parte X: “Averigua ahora si la parte X está dispuesta a no interrumpir a la parte Y, a condición de que Y tampoco le moleste a ella”.

• Revisión ecológica: ¿Hay otras partes involucradas en el asunto? ¿Hay

alguna parte que se beneficie de la interrupción de las funciones de X o de Y? En caso afirmativo, habrá que continuar negociando.

• Asumir la responsabilidad: se pedirá a las partes X e Y que consientan

en implementar el acuerdo establecido durante un periodo de tiempo determi- nado. En caso de que alguna de las partes aún no estuviera del todo satisfecha, dejaremos que exponga sus objeciones y continuaremos negociando.