otra recomendación
de MenEngage”
de MenEngage donde han comenzado a involucrar a los hombres en programas que han sido especialmente dirigidos a mujeres, como los programas de microcréditos, donde los hombres se sentían celosos y excluidos. Pero si son invitados y convencidos de que eso también es de beneficio para ellos y para sus familias, que eso va a enriquecer y empoderar a sus mujeres en forma positiva, entonces es posible que los hombres apoyen a sus compañeras en su desarrollo económico. Esto es una entrada, una forma de llegar.
Uno de los problemas que tenemos en el trabajo con los hombres es cómo los hacemos llegar a una reunión, a una actividad. La escuela pública es una buena entrada y este tipo de programas económicos y sociales también lo son. También es importante el trabajo con los padres a nivel de las instituciones de salud, por ejemplo. Ahí los hombres también pueden ser atraídos para comenzar a reflexionar acerca de sus roles como padres. Es una oportunidad para reconsiderar sus vidas, sus creencias, para tratar de ser mejores, pensando en el bien de sus hijos e hijas y de las madres de éstos.
Yo sé que Gary va hablar más de la campaña de paternidad MEN CARE2. Solamente decirles que
desde allí se puede mandar mensajes muy importantes en cuanto a compartir más la vida con nuestros hijos, hijas, involucrarse en forma equitativa en el cuidado que necesitan y también gozar más de estas relaciones. Porque si sólo somos proveedores económicos y sólo somos una figura de autoridad, nos perdemos el placer integral de la experiencia
de paternidad, y tenemos también derecho a vivirla en equidad y con respeto, expresando más afecto. ¿Cuántos hombres aquí presentes recibieron un abrazo de su padre, un beso de su padre? ¿Cuántos de los aquí presentes recibieron un “te quiero” de su padre? Muy pocos, posiblemente. Los hombres padres dicen: “Yo quiero a mis hijos a mi manera. Yo, al pagar sus estudios, estoy diciendo que lo quiero”. Seguro que sí, pero los seres humanos también necesitamos esa intimidad, esa ternura, que ha sido muy negada en los hombres.
Para terminar, la décima y última recomendación de MenEngage habla de la importancia de reflexionar acerca de los programas para hombres que han ejercido violencia. Esta
no es exactamente de prevención primaria. Cuando ya hay un programa para hombres que han agredido, estamos hablando de prevención secundaria. No obstante, es una contribución muy importante para la prevención de la violencia, aunque existe un debate al respecto a si son o no son eficientes.
Ayer, Roberto hizo una excelente presentación y análisis acerca de los riesgos y las potencialidades de los programas de tratamiento. Nosotros como Alianza también acabamos de publicar un documento de análisis evaluativo, de revisión de evaluaciones de programas de tratamiento a hombres, donde decimos que estos programas son importantes, pero hay que tener cuidado en cómo se implementan. Además, hay que verlos como un complemento a otros esfuerzos y a otras estrategias nacionales, a campañas, a políticas públicas, etc. Son un componente importante,
2 http://www.men-care.org/
“Otra recomendación
consiste en promover
la participación
de hombres en
los programas de
empoderamiento
económico de las
mujeres”
por todo lo que ha dicho anteriormente mi colega y ustedes han comentado, juegan un papel importante, además que en estos programas se aprende mucho acerca de los miedos de los hombres, de la forma de pensar de los hombres, que nos puede ayudar a trabajar con los hombres de la población en general.
Estas son las recomendaciones de MenEngage. Nuevamente invito a todos los presentes, y a las organizaciones de aquí, a que nos conectemos, a que colaboremos. MenEngage es una plataforma que nos permite estar unidos colaborando y apoyando en alianza con nuestras compañeras mujeres, para poder transformar la sociedad.
Muy buenos días. Es un placer poder compartir con ustedes algunos logros e ideas, particularmente, en relación a las políticas públicas, que van más allá de la prevención de la violencia. Yo quisiera abordar lo que significa pensar en los hombres y en las masculinidades dentro de las políticas públicas.
Pero antes de entrar con algunos datos, quisiera contarles una historia. Mi hija tiene ahora quince años. Un año y medio atrás, ella estaba estudiando gobierno y políticas públicas, donde se trataba el tema de la equidad de género. Cuando llegó a casa me dijo: “Papi, aquí están diciendo que género solo tiene que ver con las niñas y las mujeres”. Y me pidió si podía ir a su clase a dar una charla sobre lo que significa el género. En ese momento, me pregunté cómo plantear el tema a niños y niñas de trece años. Durante la charla, los niños empezaron a decir que los hombres eran más fuertes. Empezamos a hacer una lista de cuestiones relacionadas a la salud como prueba. Por ejemplo, quiénes mueren más temprano —los varones, en promedio, mueren siete años antes—, cuáles son las causas, quién muere más por problemas de corazón, de cáncer, de accidentes de tráfico, por violencia extrema. Y en todos los casos, el resultado era los varones. En ese momento, los ojos se les empezaban a abrir. También les pregunté, ¿por qué nacen más niños que niñas? Pero nadie sabía. Entonces les expliqué que el cuerpo masculino es inferior al femenino y que morimos más, y que para tener suficientes hombres había que producir más cuerpos humanos masculinos. En ese momento en que me miraban fijamente, les expliqué que el género tiene que ver con la calidad de vida y que también es algo importante para los hombres.
Unos días después mandaron unas cartas explicándome cómo les fue en el aula. Uno de los ejemplos que yo les había dado era de Rusia, donde los hombres en promedio mueren once años más temprano que las mujeres. Tal vez es el caso más extremo en nuestro planeta, por motivos de