Estar inmerso en nuestra propia comunidad primaria no es contrario ante un estatus multicultural; por el contrario profundiza el sentido y significado de nuestra procedencia cosmopolita. (Canagarajah, 1999, p.183)
Actualmente existen varias razones para la necesidad de un idioma global y contactos internacionales donde David Crystal plantea que ha sido gracias a dos desarrollos por separado: primero los académicos no podrían hablar tan fácilmente entre ellos sin la tecnología de las comunicaciones modernas y segundo los contactos y reuniones de negocios internacionales tampoco se llevarían a cabo tan sencillamente sin la tecnología de la aviación. “La disponibilidad de ambas herramientas en el siglo veinte ha, más que cualquier otra cosa, provisto de las circunstancias necesarias para que un idioma global crezca. La gente se ha convertido más móvil tanto física como electrónicamente. (Crystal 1997, p.11)
Ahora empecemos a pensar ¿qué repercusiones trae consigo un lenguaje dominante? Como premisas principales se plantea primero “el lenguaje es el medio más importante de mostrar a dónde se pertenece y de distinguir un grupo social de otro. Por todo el mundo podemos ver evidencia de divergencia lingüística en vez de convergencia” (Crystal, 1997, p.19) y segundo que “así como el trasfondo personal del aprendiz influencia cómo se aprende algo, lo que se aprende moldea la persona: su conciencia, identidad y relaciones están implicadas en la experiencia educativa” (Canagarajah, 1999, p.16) donde el papel de la educación es proveer a los individuos de herramientas para participar de una iterculturalidad aceptable y estar inmersos en los procesos de globalización rampantes.
Los lenguajes funcionan como sistemas de exclusión. Sólo quien posee el lenguaje que utiliza una comunidad (el lenguaje que la constituye y que le da identidad) puede establecer comunicación con los miembros de esa comunidad y ser reconocido por ellos. Quien no maneja los códigos de la comunicación con una determinada comunidad está excluida de ella. Las formas de exclusión son, claro está, formas de poder. La educación cumple así, a todos los niveles, la tara de hacer posible la participación de los individuos en el destino de las comunidades. (Hernández, 1996, p.41)
Esta realidad nos presenta una serie de dudas. Según David Crystal podríamos contar como riesgos que aquellas personas y por qué no países que se benefician de dicha lengua a su disposición, especialmente como lengua materna, van a poder pensar y trabajar con más facilidad en él y así también manipularlo para su ventaja. Esto por ende podría repercutir entonces en una aún mayor brecha entre los que poseen la lengua y los que no, los ricos y los pobres. Ahora, también plantea que dicho control y ventaja de los que son eficientes en inglés se consigue actualmente por una minoría de personas no nativas lo cual indica que puede cambiar el escenario y que no hay nada inevitable en este escenario. (Crystal, 1997, pp. 12-14)
Por otro lado Pedró y Rolo plantean que “el mayor riesgo conlleva la globalización para los países de América Latina consiste en aumentar los fenómenos de exclusión social.” (Pedró y Rolo, 1998, p. 280) Además hablan de cómo es solo una pequeña capa de la población la que se ha visto inmersa realmente en estos procesos de intercambio y beneficio por lo cual es imprescindible desarrollar políticas compensatorias orientadas a contrarrestar la desigualdad de oportunidades y posibilidades, apoyando así el avance hacia la justicia social para minimizar dicho efecto negativo que traen consigo estos procesos de globalización del lenguaje y también de la cultura y mercado.
Por otro lado Crystal también plantea como posible riesgo de un idioma global una pereza y desgano por aprender otros idiomas favoreciendo así por consiguiente la industria cultural y económica de los países de habla inglesa y un desconocimiento de otras identidades culturales y formas de vivir. Esto por consiguiente produce una dominación mayor de los discursos imperantes actualmente que circulan por el inglés, discursos de las potencias económicas , ideológicas y militares actuales. “Aprender un idioma no se puede considerar como una actividad completamente inocente, porque implica la posibilidad de dominación ideológica y conflicto social. (Canagarajah, 1999, p. 14)
Con esto en mente debemos encontrar el posible potencial del inglés para los países de tercer mundo, y que no dominan el inglés en su gran mayoría, y cómo insertarlo como parte fundamental del desarrollo académico y escolar sin obviar sus riesgos, pros y contras sino más bien entendiendo su coyuntura y aprovechándolo al máximo. “La intención no es rechazar el
inglés, pero reconstituirlo en términos más incluyentes, éticos y democráticos para provocar
resoluciones creativas para los conflictos lingüísticos en la periferia.” (Canagarajah, 1999, p.2)
debe pensar un idioma internacional bajo tres premisas:
1. Sus aprendices no tienen que interiorizar las normas culturales de los nativos de dicha lengua
2. La propiedad de una lengua internacional se ‘des-nacionaliza’
3. La meta de enseñar un idioma internacional es permitir a sus aprendices comunicar sus ideas y cultura a otros
(2002, p.12)
En cuanto esto es cierto, debemos comprender que la adquisición de una legua nos sumerge por ende en una manera de pensar y ver el mundo particular, propia de las naciones o discursos que hacen uso de ella. Aun cuando no estudiemos en profundidad la cultura y valores de una nación en particular, el inglés como idioma global implica una serie de aportes propios de globalización, internacionalización de la información, el mercado y la cultura, entre otros, lo cual plantea metas y objetivos que se deben analizar juiciosamente. “Lograr nuevas identidades y discursos incluye un proceso doloroso entre ideologías e intereses en conflicto. Si hemos de apropiar el lenguaje para nuestros propósitos, la historia opresiva y los valores hegemónicos que se asocian con el inglés deben tenerse en cuenta y examinados cuidadosamente.” (Canagarajah, 1999, p.12)
La palabra no se reduce a gesto pero se inicia en él, y por él descubrimos que el lenguaje no es traducción de ideas sino una forma de habitar el mundo, de hacerse presente en él, de compartirlo
con otros hombres. (Martín, 2003, p. 38)
Ahora, es imprescindible pensar una lengua extranjera, apropiarse y comprender los discursos que por ella fluyen sin pensar en adquirir cierto bagaje cultural que le pertenece. Además,
tampoco debe ser el objetivo ya que por el inglés pasa gran cantidad de información útil para los usos requeridos por la mayoría de los estudiantes del inglés. “Muchos individuos aprenden inglés, no porque quieren ser bilingües o aman dicha lengua, ni porque la creciente industria privada se les ha ‘vendido’ la idea, sino porque quieren acceder a información científica y tecnológica, al comercio económico global o a la mayores niveles educativos. (Lee, 2002, p.21)
Sarah Lee además plantea que la cultura es necesaria gracias a que es parte integral de la interacción entre lenguaje y pensamiento donde el estilo de vida se expresa en el lenguaje además de la visión de mundo que reproduce, es entender que un lenguaje engloba el sistema conceptual de la cultura que lo utiliza por lo cual es ingenuo pensar tan solo en los usos pragmáticos y utilitaristas de un lengua como medio de comunicación. (2002, p.85)
Cuando se define el lenguaje como un sistema semiótico que codifica las ideologías que posee el poder para reproducir sus estructuras políticas y económicas, la conexión con el imperialismo se percibe de manera más directa. La supremacía del inglés no es solo el resultado de las
desigualdades políticas y económicas entre el centro y la periferia, sino que también es la causa de
dichas desigualdades. (Canagarajah, 1999, p.41)
Pero, gracias a que el inglés pertenece a gran cantidad de países a lo largo y ancho del globo implica que no se necesita enfocarse en un país o costumbres particulares, lo cual puede disminuir sus riesgos de hegemonía ideológica. Además, al ser usado como idioma global se puede abogar por una educación donde se incluya información y referencia de distintas culturas y costumbres y aprender a interactuar así con personas de distintas nacionalidades. Con esto además estaremos promoviendo el pensamiento crítico frente a la diferencia y los procesos mundiales que se llevan a cabo actualmente y tendremos una mayor capa de la población capaz de comprender el entorno actual nacional y global cambiante y así hacer
mejor uso de él.
Sarah Lee plantea además que al tratar de entender otra cultura, se pone a un lado un ‘realismo ingenuo’ el cual pretende que todo el mundo piensa y define el mundo y la sociedad de la misma manera y que el amor, la religión, la comida, la religión y aún la muerte significan lo mismo para todo el mundo. (2002, p. 83) Esto fomenta un pensamiento crítico frente a la diferencia y aún puede permitir entender mejor la identidad nacional y personal al comprender y hacer un juicio crítico de nuestro comportamiento y pensamiento lo cual puede promover además el respeto al otro y a sí mismo.
“No es suficiente guiar a nuestros estudiantes para saber acceder a información, también es necesario propiciar un sentido crítico que los podría ayudar a reaccionar de forma adecuada.” (Pineda, 2003, p.23) Este pensamiento crítico por el cual se aboga no implica someterse y estar de acuerdo con las ideologías y discursos de otros como tampoco “aprender sobre otra cultura significa que uno deba aceptar dicha cultura”. (Lee, 2002, p.84) Más bien enseñar la diferencia cultural es importante por el uso masivo del inglés en los intercambios inter- culturales que se producen mundialmente y así también reconocer la diversidad que existe dentro de diversas culturas, espacialmente en esta nueva era donde es muy posible viajar y tener intercambios físicos y tecnológicos también (Lee, 2002, p.83). Por esto, es importante poder reflexionar sobre nuestra cultura frente a otras para poder ser agentes del cambio y una tener una inmersión saludable dentro de estos procesos para lo cual Pedró y Rolo plantean que es en este terreno donde, probablemente, la educación puede contribuir mejor a que la globalización sea más una oportunidad que una amenaza. (1998, p.280)
El acto de ver la propia cultura en la perspectiva de otra cultura de por sí es una gran experiencia la cual posibilita desatarse de sus propios discursos, adquirir comprensión reflexiva y desarrollar una actitud crítica frente a las cosas. La tensión de los choques interculturales puede producir nuevo
conocimiento y generar nuevos paradigmas para entender la naturaleza y la sociedad. (Canagarajah, 1999, p.187)
Lo que sí se debe acentuar al aprender inglés es como a través de dicha lengua el estudiante de puede beneficiarse de la información adquirida y de entender el lenguaje global y los discursos que por él fluyen y, claro está, formar parte activa de dichos discursos. Es esa posibilidad de interacción entre múltiples culturas y la capacidad de ser participativos y preactivos globalmente que debe enfatizarse y por lo cual el inglés como idioma global se presenta como una gran opción para incluirse dentro de los objetivos educativos a corto, mediano y largo plazo en una nación y esto gracias también a su capacidad de insertar individuos a la ‘aldea global’ y una interculturalidad aceptable y no pasiva.
Si somos realistas y aceptamos que la información que se lee, escucha y oye mundialmente está mayormente en inglés es preciso entonces poder no solo acceder a ella sino poder formar parte de ella. Debemos reconocer que es más probable que nos escuchen y tengan en cuenta, nuestras costumbres, logros y expectativas si se habla en un idioma que nos pueden entender. Muchos podrían acceder a nuestra cultura y también aprender de ella si encuentran información en inglés, y tanto en turismo como en el ámbito académico se podría tener una voz más potente también ya que se facilitaría el intercambio y no solo una recepción pasiva de información foránea. Además, el inglés en muchos ámbitos también genera confianza y credibilidad gracias a todas las implicaciones ideológicas, discursivas, políticas y tecnológicas que arrastra consigo. “en vez de mantener discursos divergentes fuera del inglés, se promueve una infusión de ellos dentro de la estructura misma del lenguaje para reconfigurar su carácter ideológico.” (Canagarajah, 1999, p.175)
Como conclusión podríamos decir que ser un hibrido cultural no significa ser ajenos a una cultura y etnia particular ni “significa que uno puede vivir libre de compromisos ideológicos.”
(Canagarajah, 1999, p.183) Además Canagarajah añade que una persona ‘fuerte’ y ‘completa’ logra independizarse y una separación de dichos compromisos trabajando a través de los
compromisos y no al rechazarlos.
Entonces, “El reto para las comunidades periféricas es este: mientras las demandas de globalización e internacionalización promueven el aprendizaje del inglés, un igualmente potente tirón de nacionalismo puede motivar resistencia frente al él.” (Canagarajah, 1999, p.76) Por esto es de suma importancia tener fijos los objetivos, entender el contexto social y cultural de los estudiantes y encontrar la manera, soporte y metodología apropiada para su coyuntura específica.