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Revisiones de la SPE 1 Teoría de la marcación

6. La interfaz fonética-fonología a lo largo de la historia

6.12. Revisiones de la SPE 1 Teoría de la marcación

En la revisión de SPE se presenta la teoría de la marcación (markedness), que consistía en un conjunto de convenciones de marcado (marking conventions) o definiciones de los valores de marcado y no marcado para los rasgos fonológi- cos en contextos concretos. Por ejemplo, el valor no marcado del rasgo [sonoro] en una obstruyente seguida por otra obstruyente es cualquier valor que concuer- de con la sonoridad de la siguiente. Estas definiciones se presentan como univer- salmente válidas. Es aquí cuando comienza a tener un papel fundamental el fac- tor de la naturalidad. La mayor naturalidad de la lengua se reflejará directa- mente en la mayor sencillez de sus representaciones.

Aun así, la teoría de la marcación no tuvo repercusiones prácticas. Este he- cho parece deberse a que el conjunto de las convenciones de marcado requeridas para dar cuenta de los hechos de una lengua, no tiene utilidad comparable en otras lenguas. Por lo tanto se puede deducir que el contenido fonético de las len- guas revela una inadecuación fundamental en el programa logicista para la fono- logía, tal como se esboza en la SPE. Por lo tanto el programa de la SPE es in- completo para dar razón global a todos los problemas de los patrones fónicos de las lenguas naturales.

Al mismo tiempo, en el mundo de las matemáticas se presenta el teorema de Gödel, que demuestra matemáticamente la insolventabilidiad de cualquier siste- ma que esté fundamentado en última instancia en axiomas. A todo esto hay que sumar el triunfo paulatino de la concepción modular de la mente que lleva a pensar que también la estructura fónica deba ser enfocada simultáneamente desde diversas perspectivas independientes.

Aunque la teoría generativa sea incompleta y abstracta es la que presenta menos problemas respecto a los sistemas anteriores. No obstante, según Ki- parsky las representaciones fonológicas no estaban lo suficientemente constreñi- das a la naturaleza de las formas superficiales a las que correspondían. Uno de los ejemplos clásicos para corroborar esta postura es el caso de la armonía vocá- lica.

Un ejemplo muy válido de armonía vocálica es el que encontramos en las vocales del turco (Problemas de Fonología). Debido a este fenómeno de armonía vocálica es posible predecir si la vocal de los sufijos del genitivo {-in, -ɨn, un, -ün} o del plural {-ler, -lar} será [+ retraída] o [– retraída] en función del rasgo

de la vocal de la raíz a la que se le adjunta este sufijo, que concuerda es el rasgo [± retraído], por ejemplo: ip (nom. sig.), ipin (gen. sg.), ipler (nom. pl.) y iplerin (gen. pl.) que son todos [– retraídos], o el siguiente ejemplo en el que concuerda en el rasgo de [+ retraida]: son (nom. sig.), sonun (gen. sg.), sonlar (nom. pl.) y sonlarɨn (gen. pl.).

Par dar cuenta de estos tipos de casos, Kiparsky propuso que las gramáticas deberían estar sujetas a una condición de alternancia, que garantice que los fo- nemas que son siempre el mismo tuvieran una única representación fonológica, y que los morfemas que siempre difieren tuvieran distintas representaciones fono- lógicas. La primera parte de esta condición impide que se codifique una diferen- cia constante con efecto fonológico, como una diferencia en la constitución fono- lógica (como en los casos de armonía vocálica); es decir, evita la representación en la que una distinción subyacente se neutraliza siempre; mientras que la se- gunda parte impide que una diferencia fonológica constante sea sustituida siste- máticamente por algún diacrítico no fonológico. Como sucede en finés cuando se diferencian palabras con vocales anteriores y vocales posteriores, porque de no ser así pouta y pöytä podrían representarse ambas como /pOUtA/, uno marcado con el rasgo arbitrario [+B] y otro [–B]. En otras palabras, intenta evitar el he- cho de que alguna distinción fonológica constante no se representa fonológica- mente.

A raíz de estas consideraciones, una corriente de lingüistas siguió defendien- do los análisis abstractos de SPE, como Hyman, Brame o Vago, mientras que otro grupo de lingüistas intentó solucionar el problema de la desmesurada abs- tracción buscando otras vías, no tan sólo la prohibición limitada de la condición de alternancia.

Por lo tanto, como una teoría puramente formal, como la SPE, era incapaz de excluir en principio una amplia clase de análisis evidentemente incorrectos, la teoría era deficiente para la representación completa de la naturaleza de la es- tructura fónica de un leguaje natural. Para lograr una adecuación entre la teoría y la naturaleza de los sistemas fonológicos surge la llamada fonología generativa natural, la que hemos tratado ampliamente arriba.

6.12.2. Fonología generativa natural

La fonología generativa natural es una especie de reacción contra las inade- cuaciones percibidas de la SPE y análogamente contra el programa de Principia Mathematica. Estas inadecuaciones se traducen en la incapacidad de la SPE de representar lo que es natural en los sistemas fonológicos.

Vennemann, en 1971, ya había ideado un principio en el que no debería ha- ber más formulaciones fonológicas que las que se aplican a las formas superficia- les, es decir, las representaciones fonológicas deberían considerarse idénticas en buena medida a las formas fonéticas. Pero fue su alumna, Hooper, la que realizó una formulación más amplia de la teoría de la fonología generativa natural. La noción central en la que se basa es un Condición de generalización verdadera,

que impone que las generalizaciones que se construyan sean transparentes y vá- lidas con respecto la superficie, negándose, de esta manera, que la realidad de las reglas fonológicas tenga siquiera una única excepción. Según esta condición, el alargamiento de la vocal en inglés del que tanto se ha hablado, o la neutrali- zación entre /t/ y /d/ en riter /ra:jDɚ/ y writer /rajDɚ/ en inglés, no podría ser formulado como una regla fonológica porque este alargamiento ni es transpa- rente, ni es válido superficialmente.

En esta concepción natural, al no haber excepciones en las reglas, el peso fundamental de la descripción es llevado por las condiciones de buena formación de las representaciones léxicas, en la medida en la que estas condiciones no ten- gan ninguna excepción y sean válidas superficialmente. Algunas relaciones que no tengan excepciones desde el punto de vista fonológico pueden formularse en forma de Reglas-F.

Como la fonología generativa natural intenta reconstruir las explicaciones fonológicas sin apelar a entidades abstractas o a principios logísticos, estas re- construcciones en ocasiones se presentan en términos poco habituales, mientras que solucionan algunos de los problemas que se planteaban con la SPE o que se habían considerado inaccesibles para la fonología. Sin embargo a la fonología generativa natural no le faltan detractores, como Harris y Gussmann, que alega- ron que esta teoría tiene como resultado destruir lo principal y salvar lo acceso- rio. Aunque, la fonología generativa natural constituye un intento de renovar la fonología generativa desde dentro, en lugar de ser una teoría diferente, no ha tenido mucho seguimiento, precisamente por su visión empobrecida de las reglas fonológicas.

Stampe es uno de los desarrolladores más importantes de la fonología natu- ral, según él, las reglas naturales,—las que dan cuenta de la naturalidad de los sistemas fonológicos—están tanto impuestas por la naturaleza del lenguaje como también son aspectos de las gramáticas de la lenguas concretas. Las lenguas que no están sujetas a la procesos naturales son más complejas que las lenguas que sí lo están. La fonología generativa natural se dedica a intentar articular en qué medida esto es cierto. La base de esta teoría es que nuestra capacidad fonética innata puede representarse en forma de un conjunto de procesos naturales muy generales más otros específicos de cada lengua. En palabras de Stampe, la fono- logía natural intenta dar una explicación a “todo lo que la lengua debe al hecho de ser hablada” y “excluir el tema de las alternancias motivadas morfológicamen- te y no motivadas” como el Umlaut en alemán.

El objetivo de esta teoría se parece en parte a los estudios realizados por Jakobson sobre el lenguaje de los niños, tratando ambas de esbozar los princi- pios relacionados con la naturaleza del lenguaje.

Dressler, uno de los máximos representantes de la corriente generativa natu- ral, ha estudiado algunas de las afirmaciones de la fonología natural en el domi- nio del cambio histórico y ha señalado varias dificultades, por ejemplo, que en la

fonología natural se da por supuesto la existencia de una jerarquía de naturali- dad que rija los sistemas vocálicos, según la cual las vocales anteriores labializa- das deberían ser sustituidas bien por las vocales posteriores labializadas o bien por las vocales anteriores deslabializadas y no al contrario. Sin embargo, Dress- ler observa que en la historia del francés y del islandés se da el cambio histórico de /u/ >/ü/, sin estadios intermedios y además, siendo un cambio libre de con- texto, lo que hace que la teoría natural haya de ser revisada, así tener que afir- mar que los cambios naturales son en cierto sentido, calles de dos direcciones. Si esto es verdad, se debilitaría enormemente el contenido empírico de la teoría.

Drachmann también realiza aportaciones, en la línea de las de Dressler que debilitan la teoría natural, en sus estudios demuestra que fenómenos que se dan en el lenguaje adulto como sustituciones, abreviaciones y fenómenos de armonía vocálica, se dan en sentido opuesto en el lenguaje de los niños.

A esto hay que añadir otra aportación en contra de la fonología generativa natural que aporta Anderson apelando a lingüistas anteriores como Baudouin — que exponía que existían algunos procesos fonéticos claramente arbitrarios que se pueden volver parte de una gramática (fonologización)—. A esta aportación Anderson añade que, estos aspectos arbitrarios afectan incluso a los procesos fonéticos de bajo nivel, como el alargamiento de las vocales en inglés.

Tras lo expuesto, la afirmación de lo que es natural en la lengua adulta se pone seriamente en duda, porque habrá que excluir del estudio fonológico los hechos arbitrarios, que son muchos, y además los postulados que se plantean como naturales no coinciden ni con la lengua de los niños, ni con el cambio his- tórico.

Anderson plantea, para salvar las dificultades que esta concepción entraña, que habría que partir de la modularidad del lenguaje, y admitir entonces que el lenguaje representa la intersección de una serie de dominios distinguibles y que, cada uno de estos dominios está sujeto a sus propios principios.

6.12.3. Fonología autosegmental

Paralelamente a los estudios de fonología generativa natural, la corriente principal de la fonología generativa continuó desarrollando su teoría, dando lu- gar a resultados interesantes, traducidos en la elaboración de nociones más ricas de la representación fonológica porque dan un paso más, sobre todo en lo que a la concepción de los segmentos se refiere, es decir, se empiezan a considerar otros segmentos que tradicionalmente eran eludidos del análisis fonológico por los generativistas, como por ejemplo la sílaba.

Centrémonos en la sílaba un momento: la ausencia de las sílabas en la re- presentaciones fonológicas había sido una decisión que se tomó desde el primer momento de la creación de la fonología generativa con Chomsky y Halle, sin embargo los primeros estudios de los años setenta que intentaron dar cuenta de la tonalidad —en lenguas como los diferentes dialectos del chino, que son tona- les—, comenzaron a exigir que se incluyera la sílaba, porque los diferentes tonos,

tal como explicó Wang, deberían agregarse a la sílaba y no a los segmentos, que se proponían como unidades fonológicas en SPE.

Wang, realizó esta apreciación para el chino mandarín, y partiendo de esto, más tarde, Woo añadió que las sílabas que tienen contornos vocales complejos contienen siempre al menos suficientes segmentos vocálicos (o moras) como para servir de soporte a los tonos en correspondencia biunívoca.

Las afirmaciones de Wang también fueron corroboradas y ampliadas más tarde por Leben, que trabajó con los sistemas tonales de las lenguas africanas, cuyos tonos de contorno también aparecen en sílabas que contienen sólo un seg- mento único, indivisible, de vocal breve, por lo tanto cabe la posibilidad de que el dominio de especificación de algunos rasgos fonológicos tenga un alcance infe- rior a un segmento único y por el contrario, en ocasiones, esa forma fonal puede llegar a extenderse sobre diversas sílabas de una forma.

Todas esta cuestiones fueron desarrolladas más en profundidad por John Goldsmith, autor del que hemos desarrollado parte de su teoría en la primera parte del ensayo. Goldsmith llamó a esta rama de la fonología fonología auto- segmental. Más tarde Clements aportó ejemplos de armonía vocálica, como los de las vocales del turco que veíamos más arriba, procedente del libro de Proble- mas de Fonología, de la misma autora junto con Halle. Estos ejemplos de armo- nía vocálica ejemplificaban otro rasgo fonológico único, cuyo alcance se corres- ponde con las palabras enteras y no con un segmento único.

Alonso-Cortés, en Lingüística, añade un apartado dedicado a la sílaba, en el que se explica que aunque la agrupación de fonemas de la sílaba no tenga una función distintiva como el fonema, la sílaba sí sirve de lugar donde se efectúan ciertos fenómenos fonéticos y fonológicos, como el hecho de que algunas lenguas como el inglés alargue sus vocales dependiendo de la estructura de la sílaba co- mo vimos en ejemplos anteriores. Alonso-Cortés realiza una delimitación entre las dimensiones fonéticas y fonológicas de la sílaba.

En cuanto a la caracterización fonológica de la sílaba, Alonso-Cortés defien- de que es posible, incluso para las lenguas que silabizan de un modo extraño, porque la fonología trabaja con unidades abstractas idealizadas. No ocurre lo mismo cuando nos enfrentamos a la sílaba fonética, algo más compleja de definir porque la sílaba fonéticamente se define por el impulso de energía del aire respi- ratorio, y esta sonoridad está clara para las vocales, pero no tanto para las con- sonantes sonantes, como las laterales, las nasales y las vibrantes; además existen lenguas sin vocales como el bella coola. Desde el punto de vista fonológico, en la estructura de la sílaba se pueden diferenciar tres elementos: la cima o el núcleo, que es condición sine qua non para la existencia de la sílaba, el ataque o prenú- cleo y la coda o el posnúcleo.

Al mismo tiempo que se desarrollaban estos trabajos sobre la tonalidad, Li- berman y Prince realizaron unos análisis sobre el acento de intensidad, plan- teando la hipótesis de que el acento de intensidad no debe ser asignado a los

segmentos sino en relación a la sílaba, considerando a su vez que las sílabas se organizan jerárquicamente. Esta visión de la jerarquía entre sílabas tuvo reper- cusiones muy interesantes en el estudio de los pies y de las palabras prosódicas, y la teoría métrica del acento de intensidad de Liberman y Prince se extendió pronto a otros dominios, partiendo de la premisa primera que aportan estos au- tores de que las sílabas pueden ser consideradas como unidades que determinan una organización jerárquica de los elementos de una estructura mayor.

El estado de la cuestión sobre la inclusión de las estructuras autosegmental y métricas en los estudios de fonología generativa ya fueron tratados en nuestra primera parte del ensayo.

7. Conclusión

En conclusión, tras todo lo dicho, nos vemos en condiciones de afirmar, a pesar de los intentos de algunos autores de hacer de la fonología una disciplina autónoma e independiente de la fonética, que hay una tendencia paulatina a volver a fundamentar la fonología en la articulación, y es que parece ser que la hipótesis de que la fonología tenga una base articulatoria es bastante plausible.

Aunque los sistemas fonológicos tienen muchas cosas en común, la fonología no puede reducirse simplemente a consideraciones fonéticas desde sus constitu- yentes básicos hasta sus reglas especificas, lo que parece fundamentar, al menos en parte, la base fonética de la fonología.

Existe una interfaz entre fonética y fonología, es decir, entre la fonología del signo lingüístico —en el plano de la expresión— y la articulación del signo lin- güístico, aunque la fonología no forma parte de la faz de la expresión. Esa inter- faz se demuestra en la medida en la que los datos fonéticos trascienden a la fo- nología. Esta relación es tenida en cuenta por los últimos estudios fonológicos que consideran conceptos como la naturalidad y la prosodia.

La fonética tiene que formar necesariamente parte de signo lingüístico, por- que éste puede estar representado con otros medios como las manos. Por esta razón se puede concluir que la relación entre fonética y fonología no es directa sino indirecta, ya que se pueden diferenciar signos con cualquier órgano periféri- co —fuera del sistema del lenguaje que es mental—, como las manos o los ojos, aparte de con el prototípico sistema articulatorio.

Además los últimos estudios demuestran que no es tan evidente que haya una especialización del aparato articulador para la emisión de los sonidos. De hecho la diferencia entre comer–hablar y respirar–hablar no es tanta. De lo úni- co que se podría hablar sobre los órganos articulatorios es de una exoadapta- ción, es decir, que los órganos que se emplean en al articulación han sido exoa- daptados, o sea, que han sido aprovechados para realizar una función exterior a su función original.

Como la fonética es un subsistema periférico y por lo tanto fisiológico, y el medio mediante el cual se transmite la información fonológica puede variar, se podría llegar a pensar que la fonología es mental, pero esto no está demostrado todavía: este aspecto está conectado con la problemática relación —aún no re- suelta— entre mente y cuerpo.

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