─ ¿Por qué estamos tan mal, Nassir?─ me preguntó una noche mi esposa.
─ Por la deuda externa, mijita─ le respondí. ─ ¡Pero si yo no me he endeudado!
─Tú no, Cristina, pero los políticos de los gobiernos anteriores sí.
─Ah.... es como el pecado original... la culpa fue de Adán y Eva y nosotros somos quienes nacemos en pecado─ sentenció ella.
El efecto de una mala decisión en materias económicas puede tener incidencias negativas sobre muchas generaciones futuras. Pero una buena decisión de hoy, puede hacer que nuestros hijos nazcan en una situación de privilegio. Para ello, es necesario que las decisiones de inversión se tomen sobre consideraciones económicas racionales y no sobre intereses políticos de personas que privilegian los resultados de corto plazo en función de objetivos electorales.
Ahorrar es dejar que otros usen nuestro dinero para obtener una rentabilidad sobre la cual recibimos una pequeña participación. En todo caso, ahorrar no es tan malo como "gastar", o sea, destinar esos recursos a fines que no permiten tener más riqueza futura, sino menor pobreza ahora y por poco tiempo.
Lamentablemente, es lo que se observa cada vez más frecuentemente como estilo de solución a los problemas políticos del gobierno ¿Cuánto les quedará del bono de $20.000 (US$40) al 40% de las familias más pobres que repartió el gobierno hace un tiempo atrás en Chile?
Inversión sería destinar una parte ínfima del presupuesto de educación a subsidiar a los jóvenes talentos de escasos recursos para que puedan estudiar y
aportar más adelante con sus capacidades al desarrollo de las empresas y el país o asignar recursos para disminuir la obesidad mórbida de los jóvenes para evitar los grandes gastos que deberán enfrentarse a futuro por su impacto en otras enfermedades derivadas de ella o a crear fondos de capitales de riesgo para apoyar a los emprendedores que no tienen acceso a créditos.
Hoy hace falta un Ministerio de Planificación que se dedique a identificar, evaluar y apoyar la implementación de proyectos sectoriales que permitan una mejor calidad de vida permanente a futuro, en vez de pequeños desahogos económicos para tranquilizar el ambiente político y que no solucionan el problema de fondo.
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Matrimonio
Mi matrimonio fue muy bonito. Quisimos con mi esposa hacer algo distinto (casarnos a mediodía) y que nos cantara un profesor de la cátedra de
Administración (gratis). Gracias a mi esposa, la ceremonia fue muy diferentes a todas, al extremo que el sacerdote salió impresionado (y tiritando). Incluso hoy, cuando nos ve, cruza la calle para no conversar con nosotros. Todo eso porque cuando le hace la típica pregunta a la que sería mi esposa de que si me acepta hasta que la muerte nos separe, ella responde:
─ No.
─ ¡¿Qué?! ─dijimos al unísono el cura, los padrinos y yo.
─ No, porque no quiero tener incentivos para cometer un asesinato más adelante.
Las decisiones que se tomen hoy deben considerar los dos elementos básicos de cualquier iniciativa o proyectos: costos y beneficios.
Los beneficios se materializarán si sabemos darle al proyecto cuatro elementos mínimos que componen el concepto de valor:
a) Oportunidad: debe estar en el momento y lugar adecuado, ojalá anticipándose a la competencia. Esto influirá en los costos de distribución.
b) Amplitud: debe ser entregado en la forma que lo determine el mercado segmentado. Si observamos que la población está envejeciendo y aumentando el número de personas que viven solas, se confeccionarán tamaños de envases con una o pocas unidades. Por el contrario, si va a restaurantes u hospitales, deberá ser todo lo contrario. Si se va a abordar a más de un segmento del mercado, esto influirá en los costos del
proceso de envasado, tamaño, almacenaje, distribución, control de inventarios, etcétera.
c) Originalidad: debe fortalecerse el factor diferenciador con los productos competitivos. Esto influirá los costos publicitarios y posiblemente los de investigación si el producto requiere ser continuamente renovado.
d) Consistencia: debe mantenerse el principio de coherencia entre lo que la empresa es (imagen proyectada), lo que dice que es (imagen deseada) y lo que otros creen que es (imagen percibida).
Los clientes comprarán los productos que el
proyecto ofrecerá si aprecia en ellos un valor igual o mayor al precio que pagará.
El objetivo de quien formula un proyecto no debe
ser nunca el de minimizar costos (a menos que existan restricciones de recursos que imposibiliten otra cosa), sino determinar los costos adecuados para que la rentabilidad se maximice.
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Me ahogo
Después de tres horas sin pescar nada a bordo de la lancha de mi consuegro y ante la enésima negativa de él para que nos fuéramos a otro lugar, le pregunto molesto:
─ ¿Sabes algo de estadísticas? ─ No─ me responde indiferente.
─ Se nota─ le digo. Estás como mi yerno que, como no sabe nada de muestreo, cuando mi esposa le pregunta si está salada la sopa, él responde “…a ver tía, prueba una cucharada y le dice: esta sí…prueba otra y le dice: esta también… y así hasta que se acaba la sopa” ¡Si con una sola habría bastado!
─ No hables mal de mi hijo. Además, las estadísticas nunca las he necesitado─ me dice sin inmutarse. ─ Si no sabes estadísticas, te has perdido la mitad de tu vida─ le digo cada vez más molesto.
Acababa de decirle esto cuando nos damos cuenta que la lancha se hunde. Cuando ya estábamos sumergidos hasta la cintura, mi consuegro me mira y me pregunta: ─ Nassir ¿sabes nadar?
─No ─le respondo angustiado
─Entonces te has perdido toda la vida─ me dice y se aleja nadando.
Toda inversión implica apostar.
Como en el juego, siempre se intenta ganar pero, como en toda apuesta, a veces se gana y a veces se pierde. Por eso, en casi la totalidad de los proyectos encontraremos que, independientemente de cuánto hayamos profundizado el estudio, existirá siempre la duda de si será exitoso. O sea, estaremos en presencia de riesgo. Una forma de medirlo es la desviación estándar, la
que expresa la dispersión promedio de los resultados posibles respecto del valor promedio (media) esperado.
Dos proyectos con igual VAN serán aceptados con diferente disposición por los inversionistas si presentan distintas desviaciones estándares. Por ejemplo, si uno de ellos tiene sólo dos desviaciones estándar y otro tiene cuatro. Obviamente, este último tiene la posibilidad de que el resultado alcanzado al implementarlo sea mucho mayor, pero también podría ganar mucho menos (o incluso perder).
El inversionista verá en cuál apostar. Muchas variables son las que condicionan el grado de tolerancia al riesgo: la personalidad del inversionista, el horizonte de tiempo de la inversión, la disponibilidad de recursos físicos y financieros e, incluso, la edad de quien toma la decisión. Generalmente, los inversionistas jóvenes toman más riesgos justamente por trabajar con horizontes de tiempo más largos. Por lo mismo, la tolerancia al riesgo cambia con los años.