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2.17 RIESGOS GEOLÓGICOS Y GEOMORFOLÓGICOS

La geología del cantón Otavalo está determinada por el aporte de todos los centros de emisión volcánica de la provincia de Imbabura. Son seis los centros volcánicos de emisión Pleistocénica, los mismos que han dado lugar a potentes depósitos de flujos piroclásticos y avalanchas de escombros, los cuales han modelado geomorfológicamente la zona de estudio.

El primer aporte volcánico corresponde a los volcánicos Cotacachi, representados principalmente en la Unidad TD, tobas dacíticas Cuicocha, de finales del Plioceno y cuyo aporte llega desde el occidente del cantón Otavalo, cubre las parroquias de Selva Alegre y Quichinche. Desde el noreste, en cambio, se produce un segundo y tercer aporte de los productos eruptivos de tobas dacíticas del Imbabura (TD), y del Cubilche (TCub), de edad geológica similar. El tercer aporte extrusivo se relaciona directamente con los remanentes volcanoclásticos andesíticos del complejo volcánico Cusin (AA Cus), aporte que viene directamente del SE del cantón. Para finalizar, quizá el aporte más representativo y el mayor en extensión se refiere a los productos depositados del complejo Mojanda, cuya dirección predominante de flujo, tiene que ver con los depósitos riodacíticos Mojanda (RD Moj), que se dirigen hacia el centro del cantón en dirección S a N, y más hacia el occidente, se tiene el aporte del remanente volcánico Cushnirrumi (RD Csh), con productos riodacíticos. Tal parece que los flujos volcánicos Fuya Fuya, más al Sur de Mojanda, no llegaron a desplazarse apreciablemente dentro de la zona de estudio.

El valle de Otavalo se distribuye uniformemente a lo largo de una dirección NO – SE con depósitos cuaternarios (QA) de aproximadamente 100 kilómetros cuadrados de superficie.

Hacia el Occidente del cantón, se puede encontrar un paquete de rocas volcanoclásticas de las formaciones Yunguilla, Piñán, Silante y Macuchi, de edad Pre-Cretácica, con rumbos de emplazamiento preferenciales N-NE

2.18.- RIESGOS Y AMENAZAS

En el Ecuador se han registrado un total de 1.419 eventos desastrosos, 54 eventos han incidido, significativamente en la provincia de Imbabura, afectando en distinto grado a las poblaciones y a la economía de cada uno de los seis cantones que la conforman, entre ellos Otavalo y Cotacachi. Históricamente, la zona ha recibido el impacto de 18 eventos de carácter sísmico (Dirección Nacional de Defensa Civil, 1.992), causando severos daños en toda la región norte, más que cualquier otro tipo de desastre; entre ellos se cuentan:

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• Un grave terremoto en la provincia de Imbabura (1.868), que ocasionó 20.000 muertes y la destrucción de la mayoría de las viviendas.

• Un fuerte sismo que afectó a varias provincias del Norte, entre ellas Imbabura (1.987) con un total de 3.500 muertos, más de cinco mil viviendas destruidas y la paralización del oleoducto.

La actividad tectónica en el Ecuador, según el informe de la Defensa Civil (1.988), presenta cierta frecuencia en los últimos 120 años, pues, al menos tres eventos de magnitud se han desatado en el país, involucrando la zona de intervención del plan de ordenamiento territorial. Otra amenaza latente es la cercanía de las comunidades al área de influencia del complejo volcánico del Cerro Imbabura, que con 3.926 msnm “es un cono bastante erosionado, pero que aún muestra un cráter abierto hacia el este que comúnmente se cubre de nieve; muestra varios conos invertidos, donde los de Azaya y Artezón, muestran peligro de erupción. En el primer caso, se podría esperar flujos piroclásticos, que al llegar al lago San Pablo podrían generar olas devastadoras.

En el segundo caso, el de la loma Artezón, de la que podrían bajar flujos piroclásticos hacia zonas pobladas y dependiendo de su fuerza, podrían llegar incluso a la ciudad de Ibarra. Se podrían esperar también flujos de lava, caídas de rocas y mantos de cenizas peligrosos. El sistema se encuentra interrelacionado con los cercanos volcanes Cotacachi y Cayambe, cuya influencia directa tampoco merece descuido ante una posible activación. Entre los eventos de origen natural ocurridos en el Ecuador, son los terremotos los que han ocasionado peores consecuencias, no solo por el número de víctimas sino también por los costos ambientales y económicos.

Por otro lado, se han presentado en menor escala períodos de sequía como efecto secundario del Fenómeno del Niño. También es notable el incremento de lluvias de intensidad o de prolongada duración, que han causado daños por las crecientes en los ríos y quebradas; a su vez, inundaciones y deslaves, por la presencia de terrenos inestables o producidos por el movimiento de tierras durante la construcción de caminos, canales de riego y el abandono de las técnicas tradicionales de labranza en las actividades agrícolas. Al respecto, en la siguiente imagen N° 2, se observa un derrumbo efectuado en la vía de ingreso a la comunidad de Minas Chupa, y a los niños de la escuela conjuntamente con la señorita profesora y padres de familia en minga limpiando el derrumbo. Además nos narra uno de los entrevistados:

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Foto N° 2. Se observa a niños trabajando en minga de la limpieza del derrumbo suscitado en el ingreso a la comunidad de Minas Chupa en el mes de de mayo de 2011. Elaborado por: Ramiro Bolaños

“Pasó el caso en la comunidad de Minas Chupa, donde se hizo un deslave en más o menos una

hectárea de terreno, entonces no sabíamos ni qué hacer, ni a quién acudir. Se tiene la costumbre

de tomar la iniciativa por parte de la señorita de la escuela; los niños y padres de familia de acudir

al derrumbo con palas y picos y realizar la minga de limpieza del material que obstaculiza la

carretera lastrada, a fin de dar paso a los comerciantes de leche y habilitar la conectividad con el

resto de la comunidades, ya que las autoridades no se hacen presentes en la zona alta y el riesgo

de deslizamientos es inminente en la época de invierno”.

Por su parte, la Dirección Provincial de Defensa Civil, durante los últimos 5 años registró 24 eventos en la zona, con múltiples deslaves, siendo el de mayor impacto el producido en Ramos Danta, Cantón Pimampiro, en 1.999, cuando un gran volumen de material se precipitó al río Blanco provocando su represamiento. Si bien los eventos mayores llaman la atención, al agrupar un sinnúmero de eventos menores relacionados con las mismas épocas invernales, como inundaciones caseras, derrumbes y deslizamientos en tierras de cultivo o tramos de la red vial; producen igual o mayores pérdidas. Todo lo anterior impacta negativamente en el territorio y en los escasos recursos financieros que se destinan al desarrollo local.

Si bien la provincia de Imbabura y específicamente el cantón Otavalo, no ha sido mencionado en el análisis nacional, como una de las zonas de mayor riesgo ante los posibles efectos directos del fenómeno “El Niño” es importante recordar los eventos

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producidos en las dos últimas décadas: (1.982-1.983), (1.986-1.987), (1.997-1.998), modificando el régimen hidrológico, presentando lluvias o sequías prolongadas.

En las dos últimas décadas en el cantón Otavalo, se han presentado inundaciones del área oriental de la ciudad de Otavalo; así como también inundaciones en González Suárez y deslaves en el sector de Pijal. Si bien los daños no se comparan con aquellos de la Costa, la experiencia de inundaciones y deslaves en los sectores mencionados nos debe llevar a prever que dichos efectos podrían repetirse, ya por presencia del fenómeno del Niño o por picos en los ciclos hidrológicos normales (Plan Cantonal de Defensa Civil ante la hipótesis de sequía en el cantón Otavalo, COE cantonal, marzo 2.008).