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3.4 Del periodismo especializado al periodismo económico online

3.4.1 Alcances del periodismo económico

3.4.1.2 Los riesgos de la simplificación de la información económica

El campo de acción del periodista económico descrito anteriormente requiere indudablemente de una especialización en temas como macroeconomía, negocios, finanzas y políticas públicas, puesto que tiene que estar a la altura de sus fuentes para indagar sobre los hechos, así como del público para distinguir sus intereses e informar con suficiente argumentación técnica. Los destinatarios de la información económica abarcan una gama bastante amplia según sus competencias. Grosso modo, están los teóricos de la economía, los responsables de las políticas económicas, los miembros del sector privado, las organizaciones sindicales y los ciudadanos de a pie. De ahí que solo mediante el filtro de la especialización, el periodista podrá publicar información relevante

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para la toma de decisiones de su público. Y de tal manera que alcance el estatus de “conocimiento, [el cual] está formado por bases de datos que han pasado por el tamiz beneficioso de la información económica, de la misma manera que la información económica se convierte en la potencia de la economía ya que, sin su difusión, sus logros no hubieran sido posibles”, explica Rosa del Río, catedrática en información económica de la Universidad Complutense de Madrid (Del Río, 2004, p. 15)21.

Ángel Arrese, catedrático de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra de España, comenta –en un artículo titulado Entre la simplificación y el rigor– que el periodismo económico se enfrenta a un “triple fenómeno de simplificación [que] actúa sobre un tipo de información sujeta a especiales exigencias de rigor” (Arrese, 2006, p. 44). Para el experto, estos son los tres procesos del rutinarios: 1) “la simplificación propia del quehacer periodístico, sujeto a todo tipo de limitaciones espacio-temporales, profesionales y lingüísticas”; 2) “la simplificación que deriva del carácter abstracto del conocimiento económico” que proviene de una diversidad de fuentes y requiere pasar por un proceso de síntesis mediante el uso de modelos y herramientas gráficas; y 3) la simplificación concerniente a “la obligación de acercar y hacer atractivos para los destinatarios unos asuntos de por sí grises, muchas veces excesivamente técnicos y a menudo poco interesantes” (Arrese, 2006, p. 44).

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Respecto a estos procesos, la lección de las redacciones especializadas en economía es única. Arrese la apunta: “Por su especial sensibilidad y por los efectos inmediatos que pueden tener en los mercados, las noticias económicas y sus explicaciones requieren la máxima pulcritud en el uso de términos, en la utilización de datos y, en general, en cada uno de los elementos que las conforman” (Arrese, 2006, p. 44). Sin embargo, la realidad no siempre es generosa y esa situación abre el viejo debate en entre periodistas y economistas: ¿Quién vela mejor por la calidad de la información económica? ¿Quién genera mayor interés en la población por este tipo de contenidos? Según Arrese, el problema radica en la las inadecuadas formas de cobertura de las noticias económicas que describe en las siguientes características:

Corto y largo plazo (o “la economía del sube y baja”)22

Arrese cita el Premio Nobel de Economía, Paul Krugman, quien encontró que hay tres formas de escribir sobre economía, las cuales anotó en su libro The Age of Diminished Expectations. Están los “escritos en griego”, referidos a los textos teóricos elaborados por economistas e investigadores, muchas veces sustentados en farragosos modelos matemáticos. Estos difieren enormemente de los que se agrupan en la “economía del sube y baja”, que es como Krugman llama a las publicaciones en los medios de comunicación. Y con igual tono crítico se expresa de la “economía de aeropuerto”, conformada por los best sellers sobre economía y negocios, que buscan el efectismo analizando casos

22 Los subtítulos sobre las formas de cobertura son tomados del autor citado: Arrese, 2006, pp.

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extraordinarios o proyectando catástrofes sin rigor técnico (Arrese, 2006, p. 45). Para el Premio Nobel de Economía, ninguna de estas modalidades ayuda a que la sociedad se informe adecuadamente sobre los procesos económicos. Como explica Arrese, en el caso de los medios de comunicación, las limitaciones corresponden a un punto de vista cortoplacista, a menudo enfocado en series estadísticas, cifras macroeconómicas y balances coyunturales, cuando lo idóneo es “el análisis de las interrelaciones entre “indicadores económicos y acontecimientos en el tiempo (procesos encadenados), más que información sobre hechos aislados” (Arrese, 2006, p. 45).

Consecuencias directas e indirectas

Los acontecimientos económicos deben informarse de manera amplia, incluyendo las consecuencias directas, correspondientes a las decisiones y resultados de las personas, las empresas y los funcionarios públicos; y las consecuencias indirectas, relacionadas al impacto de estas acciones en la sociedad. “Sin embargo –lamenta Arrese–, en las noticias económicas habitualmente no se atiende a estas múltiples dimensiones de los fenómenos económicos: por lo común son analizados en forma simple, por sus causas y efectos más evidentes” (Arrese, 2006, p. 46).

La categoría y la anécdota (realidades estadística e individual)

Extremar el enfoque de las noticias económicas en los empresarios exitosos, las historias de casos ejemplares y las finanzas personales conlleva fácilmente

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a que se distorsione la realidad y se escondan los complejos sistemas económicos. Arrese no duda en advertir este riesgo, puesto que esta visión de informar solo tiene asidero cuando adquieren “sentido en el marco de fenómenos generales, representativos de la agregación de decisiones colectivas o institucionales” (Arrese, 2006, p. 46). Igual ocurre con la presentación de variables económicas desligadas del acontecer de la ciudadanía. “Pasar sin más ni más de anécdotas a categorías o tomar la parte por el todo es un peligro constante”, alerta el catedrático (Arrese, 2006, p. 46).

Consensos reales e irreales (el mercado, los economistas, los analistas) “Al tratar de mostrar interpretaciones variadas de la actualidad económica – escribe Arrese–, los medios de comunicación pueden dar la impresión de que todo es opinable, sobre todo cuando no es difícil encontrar visiones interesadas que defienden casi cualquier postura, al margen del consenso científico” (Arrese, 2006, p. 47). No es extraño, entonces, que aparezcan especialistas contratados por terceros para introducir en el debate mediático temas que benefician a particulares. La otra cara de la moneda es cuando los periodistas dan cuenta de consensos donde no los hay. Para estos casos, recurren a muletillas como “los expertos”, “los economistas” y “los analistas”, pero la verdad es que son escasas las fuentes que coinciden. La recomendación de Arrese (2006) es conocer los principios científicos fundamentales de la economía y las áreas abiertas a distintas posturas teóricas.

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Lógicas económica y humana (economicismo y humanismo)

Es necesaria una visión multidisciplinaria de la economía. Arrese reconoce que “muchas veces el análisis de la actualidad económica carece de la necesaria referencia al sentido político, social y humano que lo subyace y, por tanto, a su relación con el resto de la actualidad” (Arrese, 2006, p. 47). La idea es aprovechar los conocimientos de los economistas que analizan la realidad como “un juego de utilidades en busca del equilibrio más eficiente” y enriquecerlos con una mirada más amplia, con aportes de otras ciencias (Arrese, 2006, p. 48). Según Arrese, ese es el gran reto del periodismo económico.

Lo grande y lo pequeño (lo oficial y lo real)

Es una realidad la escasez de información de sectores poco cuantificables como la actividad económica no lucrativa, cuya finalidad no son las utilidades, sino el emprendimiento de proyectos de desarrollo social. Este diagnóstico hizo posible el incremento de fuentes institucionales especializadas en este tipo de información, las cuales son recomendadas por las agencias de relaciones públicas. El comunicador español Carlos Soria –directivo de la consultora Innovation International Media Consulting Group–, halló tres “enfermedades” del periodismo económico relacionadas al tratamiento de la información de las instituciones. Arrese fue quien citó a este experto y resumió las su diagnóstico de la siguiente manera: “la ‘notitis’ (la dependencia de lo que se comunica oficialmente), la simulación (la información sobre acciones aparentes presentadas por las fuentes); y la filtrodependencia (la manipulación de

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exclusivas por parte de los filtradores)” (Arrese, 2006, p. 48). Arrese cree que “esas enfermedades son consecuencia del creciente peso de las fuentes profesionalizadas”, por lo que “hay que aprender a convivir con ellas, pero también a explotarlas mejor, y superarlas” (Arrese, 2006, p. 48).