• No se han encontrado resultados

3. CANTO DE AMOR Y GUERRA Y LA IRRUPCIÓN DE LO POÉTICO:

3.7. La risa, el humor y el fracaso de la ironía

“El limpio cielo del Caribe”, el tercero de los “cantos de guerra” intentaría cuestionar, poner en duda, socavar, subvertir el modelo realista de la cuentística de Jesús Díaz; es decir, la estrategia narrativa privilegiaría el discurso sobre la historia, el lenguaje sobre la trama de los acontecimientos; la forma del relato (el realismo) se sostendría en la crítica del lenguaje como representación de lo real y no en la certeza de la potencia imitativa del mismo.

294

Ibid., p. 41.

295

161

El realismo de Díaz entraría así en una zona donde se va adelgazando la frontera entre el objeto de arte y su crítica: la mimesis del realismo y la mentira de su ilusión serían minadas, quebradas por la distancia crítica que introduce la conciencia en el plano del discurso; en este caso, el humor como procedimiento cercano a la ironía permitiría, mediante la degradación de la risa, la coexistencia de visiones antagónicas (las del discurso los milicianos y las del discurso oficial) sobre la defensa de Cuba en la crisis de los misiles del año 1962, que involucró a la isla en la guerra fría de los Estados Unidos y la Unión Soviética, hasta el borde de un enfrentamiento nuclear; correlato histórico del relato.

Un conjunto de milicianos, de los que forma parte el narrador en primera persona, el mismo de los dos relatos anteriores, identidad que se verifica mediante su recuerdo de la muerte del cabo Heriberto Magaña, miliciano que integra el pelotón de Asma en “La Muerte de Asma” y cuya muerte es narrada en “las condecoraciones de la sangre”; actúa en defensa del territorio de la isla frente a la posibilidad de un ataque aéreo por las aviación de los Estados Unidos.

Pero, la estrategia narrativa, en vez de sostenerse en el verosímil realista derivado del relato del acontecimiento –la descripción del armamento de los milicianos y el del enemigo invasor, y de sus operaciones y maniobras– se decanta por la construcción discursiva del sentido. Así, tendríamos que la “trama” discursiva compuesta por los discursos de los milicianos en oposición al discurso oficial, institucional representado por la voz de Fidel Castro, en una trasmisión por radio fijando la posición del estado cubano sobre el conflicto, contrapone la visión irónica, cuestionadora, critica de los individuos y la visión dogmática, monolítica del poder; en una relación que aun compartiendo la identificación ideológica del nacionalismo instrumentalizado por el poder, se vería rota, fragmentada por el uso del humor y de la risa como mecanismos

162

cercanos a la ironía; que sin embargo no alcanzan a quebrar definitivamente la mirada edificante, moral, convencional que terminaría cristalizando en el patriotismo nacionalista y revolucionario, asumido y compartido por los discursos y prácticas institucionales e individuales.

Desde los juegos de lenguaje, Munse, un miliciano responsable de una batería antiaérea, fatigado de no poder dispararle a un avión enemigo, por la obstrucción del mecanismo detonador, recuerda y asocia las siglas de la aeronave U. S. Navy con el nombre de una niña de Guantánamo296: Usnavi. En medio de la risa recuerda también el continuo despegue y aterrizaje de los aviones en la base naval, asociando la evocación a los nombres de Usnavi y Usmail y a su desengañada, grosera e incivil reacción: “el recontracoño su madre297”. El juego verbal se complementa con las intervenciones de los milicianos: el Fantasma, quien recuerda que “en su barrio un guajiro se llamaba Santoral al Dorso y un japonés Tokagaito”298

; y la del miliciano centroameriacano, el Puma de la Moskitia, quien a su vez afirma que en su región usan nombres parecidos y dice conocer una niña llamada Onecent. El aparente sentimiento antinorteamericano de Munse al mezclar el revés y la impotencia sufridos por la inoperancia de la batería con la presencia, imposición e influencia de la cultura norteamearicana en Guantánamo, expresada hasta en los nombres de los niños, se desliza hacia las orillas del humor con las alusiones a nominaciones semejantes del Fantasma y del Puma de la Moskitia (este mismo miliciano deriva su complemento nominal de la región selvática hondureña homónima y de sus habitantes, la etnia indígena los Miskitas), en las que parecen predominar las referencias a efectos de carácter religioso burlesco y escatológico en un caso y de ingenuidad e ignorancia

296 Ibid., p. 44 297 Ibid., p. 45. 298 Ibid., p. 45.

163

idiomáticas en el otro. La gravedad de la inoperancia militar quedaría así atenuada, suspendida en el juego verbal de la extrañeza nominal referida.

El baile y el canto risa acompañan el manejo y el adiestramiento militar de los milicianos: “El fantasma comenzó a bailar alrededor del tubo mientras cantaba: El Rey de España / mandó un mensaje / el rey de España / mandó un mensaje / diciéndole a Menocal / diciéndole a Menocal / devuélveme mi caballo / que no lo sabes montar”299. La ironía política referida a las antiguas relaciones colonialistas entre España y Cuba se desplaza a la mención implícita de las relaciones del gobierno revolucionario con Estados Unidos y la Unión Soviética y a la dependencia e incapacidad de éste para intervenir en la solución de la crisis de los misiles: “–El Papa mandó otro mensaje –dijo el Peruano. –Eh, y U Thant también –marcó el Puma. –El Rey y el Papa y U Thant y el recontracoño su madre .dijo Munse– se pueden ir al carajo con sus mensajes que la atómica donde cae es aquí”300.

La referencia a las relaciones de poder marcaría la intencionalidad política de la ironía, en este caso asociada al nacionalismo de los milicianos, quienes con sus bromas, chanzas, burlas develan el papel secundario del gobierno cubano en el conflicto, negociación y solución del desmantelamiento de los misiles soviéticos instalados en la isla; al enumerar y vincular los mensajeros y los mensajes del pasado colonial y del presente de dependencia política y económica; relaciones de poder y de subordinación que a través del tiempo histórico tendría como blanco o posibles víctimas al mismo sujeto que ironiza: los milicianos. 299 Ibid., pp. 49-50. 300 Ibid., p. 50.

164

Vulnerabilidad que sería remarcada por la conjugación del supuesto verbo “yo mando un mensaje” propuesta por Munse. A la respuesta negativa del miliciano Aceña, quien niega la condición de verbo de la frase, Munse responde: “Yo mando un mensaje Tú mandas un mensaje Él manda un mensaje Ustedes mandan un mensaje Ellos mandan un mensaje”301

. Y ante la pregunta de Aceña por el Nosotros, remata: “-Nosotros nos jodemos, comemierda”302

. Al ritmo de La Chambelona303, tocada por la imitación de una trompeta por parte del narrador, identificado como Ruta por el Fantasma, el relato abandonaría la ironía política para desplazar el efecto irónico a espacios colindantes con la burla personal y la degradación de orden sexual, en sintonía con el machismo secular cubano. Ruta, interrogado por el Fantasma, niega conocer la conjugación del verbo “dimicular”304

; provocando la respuesta espontánea e ingenua del primer armero, “tan percudido de pólvora que parecía salido del ánima del cañón”: “yo dimiculo, tú…”305

. La escena culmina con la risa colectiva y la interpretación literal y humorística que hace el Fantasma de la respuesta del armero: “–¡Teniente¡ ¡Éste dice que dio su culo¡”306

.

Así, el carácter subversivo de las diversas formas y relaciones de poder implícito en la ironía política, presente en la estrategia discursiva, tanto en el horizonte de la lengua (verbal) como en el de la forma (textual), con sus múltiples relaciones entre el enunciado, el texto y el contexto, y sus autores: el irónico y el intérprete; alcanzaría en los fragmentos aludidos el intercambio de significados derivados de la interacción literal de “lo no dicho” (el cuestionamiento implícito) y “lo dicho” (el referente explícito), por los milicianos sobre el papel real de Cuba en la crisis de los misiles. Quizás, se

301 Ibid., p. 50. 302 Ibid., p. 50. 303 Ibid., p. 50. 304 Ibid., p. 50. 305 Ibid., p. 51. 306 Ibid., p. 51.

165

podría señalar que la intencionalidad política de la ironía, aun cuando no anula totalmente la ambigüedad del sentido, si la adelgazaría al pasar de una mirada política, pública, colectiva, crítica de las relaciones colonialistas y de dependencia históricas de Cuba, a una mirada personal, privada del carácter machista de las relaciones masculinas.

Esta aparente pérdida de la complejidad irónica del texto, pareciera justificarla el relato con el último juego verbal establecido entre la recepción radial que realizan los milicianos de un discurso de Fidel Castro sobre la posición oficial del gobierno revolucionario sobre el conflicto de los misiles. A las dificultades de la sintonización del discurso, a la escucha fragmentada del mismo, los milicianos alternan (y alteran) con sus comentarios humorísticos, burlones, improvisados el sentido solemne, serio, grandilocuente del discurso de Castro:

“(…) –Baterías antiaéreas. defensas militares y retratan

no sólo las instalaciones desmanteladas de

–Los cohetes

proyectiles estratégicos sino todo nuestro territorio,

–A la puta.

palmo a palmo y pulgada a pulgada.

–¡Jijunagranputa!

Esto lesiona esencialmente

la seguridad

–De Cuba

de nuestra nación y ultraja la dignidad

–De Cuba

de nuestro

–Pueblo

pueblo, no se intenta sólo

–¡Lo ligué, asere¡

obtener ventajas para fines –¡lo ligué!

militares y subversivos mediante

–¡Sio!

166

–A callar las gallinas. (…)”307

El juego y al alternancia entre lo cómico y lo serio de la intervenciones de los milicianos y del discurso de Castro, en medio de la fragmentación producida por las dificultades sonoras del canal y la frecuencia de la radio, provoca las visiones antagónicas de lo oficial y lo no oficial, causando un efecto irónico cercano a la mirada sentimental, festiva y divertida de los milicianos. Efecto que no lograría la intencionalidad política de la ironía al restaurarse, al final de la alternancia de los discursos, la visión nacionalista, patriótica, militar, revolucionaria representada en la sintonía, la identificación de los milicianos con la voz y el símbolo de Fidel Castro, Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, como responsable único del editorial escuchado por la radio, y aplaudido con unos “¡Viva Cuba libre carajo!”308, “¡Viva Nicaragua libre!”309 y “¡Viva Perú libre!”310 al grito de “¡Viva Fidel¡”311. La escucha e interpretación literal final del discurso de Castro, por los milicianos, con su carga y reacción afectiva deriva en la vehemencia del compromiso ideológico y el consecuente fracaso del irónico filo político.

El relato culmina con las referencias del Peruano a Arguedas y Vallejo, en una posible abertura de los “cantos de guerra” a miradas alternativas de la guerra, como podrían ser las visiones del mito y de lo poético: sólo así se comprendería la apresurada negación de la escritura del narrador y la imagen de la limpieza, la ausencia de aviones enemigos en el cielo del Caribe, con la que se cierra el cuento; y que justificaría la relevancia del Peruano y su integración en el contexto del nacionalismo revolucionario cubano.

307 Ibid., pp. 53-54. 308 Ibid., p. 55. 309 Ibid., p. 55. 310 Ibid., p. 55 311 Ibid., p. 56.

167