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Ritmo extenuado

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Los trabajos noc tur- nos y a turnos reper- cuten de manera nega- tiva en la salud de los empleados.

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La desincronización del reloj interno pue- de producir alteraciones del sueño y del metabo- lismo, así como úlceras, enfermedades cardio- vasculares y un mayor riesgo de padecer cáncer.

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El regulador del tiem- po en el cerebro fun- ciona de forma diferente en cada persona. Por ello, los horarios laborales deberían consensuarse según el cronotipo indi- vidual.

ver el color. Dos años más tarde, David Berson y sus colaboradores, de la Universidad Brown en Providence, descubrieron el lugar exacto don- de se halla el fotopigmento melanopsina: en las células ganglionares retinianas, unas neuronas específicas del tejido nervioso que actúan como centros de conexión (por entonces todavía se desconocía su sensibilidad a la luz).

Conforme a lo anterior, nuestros ojos poseen no dos, sino tres tipos de células sensoriales: conos y bastones para la visión, y células gan- glionares de la retina que contienen melanop- sina con el objetivo de regular el reloj interno. Cada vez que una luz con cierta longitud de onda incide sobre dichas células ganglionares foto- receptoras o fotosensibles, estas envían señales al cerebro a través del nervio óptico hacia un fascículo neuronal compuesto de unas 10.000 células y que se encuentra en cada uno de los dos hemisferios cerebrales. En ambos se sitúa sobre el cruce de los nervios ópticos izquierdo y derecho (quiasma óptico), por lo que recibe el nombre de núcleo supraquiasmático (NSQ).

El NSQ informa a cada célula del cuerpo, me- diante impulsos nerviosos y moléculas mensa- jeras en el flujo sanguíneo, sobre la hora que es. De esta manera, dicho núcleo regula la actividad de todos los tejidos y órganos a modo de reloj central del organismo [véase «Un órgano oculto en los ojos», por Ignacio Provencio; Investiga- ción y Ciencia, julio de 2011].

Todavía se desconoce en detalle cómo se de- sarrolla el proceso. Pero se sabe que el ritmo de cada persona funciona de un modo algo distin- to. La predisposición individual del reloj interno se caracteriza por el cronotipo (del griego chro-

nos, es decir, «tiempo») de cada persona. Existen

individuos madrugadores que no necesitan el despertador por la mañana, tampoco suelen permanecer levantados hasta muy tarde (per- sonas matutinas), mientras que otros prefieren dormir hasta bien entrado el día y trasnochar (personas vespertinas) [véase «Ritmos biológi- cos y personalidad», por A. Muro, M. Gomà y A. Adan; en este mismo número].

Para determinar el cronotipo de una persona sirve su «punto medio de sueño» (punto medio entre la hora de dormirse y la de levantarse) en los días no laborables. Si, por ejemplo, se acuesta a las 23.50 horas, se queda dormido al cabo de unos diez minutos (alrededor de medianoche) y se levanta a las ocho de la mañana, pertenecería al tipo matutino. En este caso, el punto medio de sueño se sitúa alrededor de las cuatro de la madrugada. La dispersión estadística de los cronotipos en la población dibuja, en general, una curva de campana típica. No obstante, las personas disponen de un horario interno e in- dividual que puede variar respecto al externo establecido en el ámbito social, por ejemplo, cuando los ritmos circadianos se desplazan a causa de horarios laborales irregulares.

PRODUCCIÓN SIN PAUSA En numerosos ámbitos labora- les, como la industria siderúr- gica, los turnos son imprescin- dibles.

Los expertos

recomiendan

planificar

de forma

individual

las franjas

horarias

laborales,

teniendo en

cuenta los

respectivos

cronotipos

© I STO C K PH OTO / J O SE M O R A ES

¿Cómo afecta el trabajo nocturno al ajuste del ritmo biológico? Nuestro reloj interno puede compararse con un columpio que no dejamos de balancear. Según el punto de la oscilación en el que el columpio recibe un empujón, es posible proporcionarle velocidad, ralentizarlo o mantenerlo en un vaivén constante. En el caso de nuestro reloj interno, el empujón corres- ponde a la luz: según el momento del día, la iluminación va a provocar que el reloj se ade- lante, se atrase o que permanezca inmutable.

La luz en un momento equivocado puede desviar el organismo de su ritmo natural. Si usted ha cruzado alguna vez varias zonas ho- rarias en avión, debe conocer el fenómeno del

jet lag. El trabajo a turnos y nocturno desajus-

ta el reloj interno de forma similar, mas con la diferencia de que el empleado experimenta una especie de viaje virtual solo a través de las franjas horarias. Asimismo, mientras que el viajero se acostumbra con relativa rapidez al nuevo horario, el trabajador que desempeña turnos rotativos presenta problemas para adap-

tarse: el amanecer y el anochecer permanecen invariables para él.

En 2007 constatamos que el cambio de ho- rario en verano (convención que cumple una cuarta parte de la población mundial) puede propiciar algunos problemas. Para ello analiza- mos los hábitos de sueño de 55.000 europeos, de los cuales seleccionamos a 50 sujetos cuyas actividades habíamos analizado cuatro sema- nas antes y después del cambio de hora. Tal y como observamos, la mayoría de los probandos se acostumbraban en otoño —época del año en que se atrasan los relojes una hora— con mayor facilidad al nuevo horario que en verano: al cabo de una semana, sus ritmos de sueño de fin de semana y de días laborables se ajustaron. Por el contrario, en primavera (cuando se produce el cambio de horario de verano), los voluntarios se regían más por los hábitos de descanso de los días festivos, incluso a las cuatro semanas pos- teriores de adoptar el nuevo horario. En el caso concreto de los trabajadores, debían levantarse una hora antes en los días laborables, por lo que

Las personas con ceguera conservan un

sistema de células fotosensibles de re- ciente hallazgo, por lo que también son vulnerables al trastorno afectivo estacio- nal o depresión invernal. Los individuos con dicho trastorno se enfrentan a graves cambios de humor en otoño e invierno.

Algunos síntomas reveladores son una excesiva somnolencia, la falta de fuerzas y la apetencia de dulces y féculas.

En general, nuestro ritmo circadiano se halla sincronizado con el ciclo de luz y oscu- ridad: en ausencia de estos indicios, nuestra fisiología interna empieza a derivar.

El reloj corporal de los pacientes con trastorno afectivo estacional puede de- sincronizarse al acortarse los períodos y bajar la intensidad de la luz en invierno. Por ello, la exposición a una o dos horas de luz intensa por la mañana a menudo mitiga el trastorno y suaviza sus síntomas. Por otra parte, la relación que se ha de- tectado entre la aparición de cataratas (opacidad del cristalino que conduce a la pérdida de visión) y el desarrollo de la patología estacional sugiere con ma- yor fuerza que la detección ocular de la luz representa una clave en el trastorno emocional cíclico.

Sin embargo, es curioso que perso- nas totalmente ciegas (privadas de los fotorreceptores denominados conos y bastones) puedan sufrir depresión esta- cional. Un decenio atrás, científicos de la Universidad de Cornell sostuvieron que el ser humano era capaz de detectar luz a través de la piel. Para verificar la hipó- tesis, en los Países Bajos se sometió a luz intensa solo la piel de los pacientes de depresión invernal, y se comprobó que el

El trastorno afectivo estacional también afecta a invidentes

© I STO C K PH OTO / K A R IN L A U TERAPIA LUMÍNICA Una de las claves del trastorno afectivo estacional podría hallarse en la fotosensibi- lidad de las células ganglionares retinianas,

disponían de menos tiempo de sueño. Los suje- tos vespertinos mostraban más problemas para adaptar su ritmo de actividad al horario oficial.

El cambio de hora que experimentamos dos veces al año altera el ritmo social tan solo una hora. El trabajo nocturno y a turnos, en cambio, ejerce efectos más notables sobre las personas. Los trabajadores se ven obligados a alterar su orden temporal cotidiano, hecho que debería preocupar, sobre todo, a los sujetos matutinos, quienes suelen sentirse más cansados llegada la noche. Sin embargo, todavía faltan investiga- ciones longitudinales que aclaren el fenómeno. A grandes rasgos, el desplazamiento temporal de la actividad conduce a una sincronización insuficiente con el medio. El reloj interno altera su ritmo, con lo que diversos procesos del orga- nismo se ven perturbados. Esta «desincroniza- ción interna» repercute sobre cada uno de los relojes corporales, los cuales alteran su compás, desviándose del reloj central en el núcleo supra- quiasmático. Las reacciones son comparables al tumulto de una estación de tren en la que cada

reloj marca una hora distinta: para alguno de los pasajeros tomar el tren que le corresponde resulta una cuestión de suerte.

Modelo de dos procesos del sueño

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