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3. Marco Teórico

5.1. Motivos para donar: de la TAP a la Teoría del Don

5.1.5. Contextos sociales de la acción: familia y comunidad

5.1.5.1. El rito de paso

Podríamos inscribir la hemodonación dentro de los rituales de in- tercambio no lucrativos descritos por Mauss (1979), con escenario, ofi- ciantes y protagonistas perfectamente identificados, aunque con unas características propias, particulares y distintivas. A través de la ceremo-

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nia de la hemodonación el donante primerizo, acompañado por uno ini- ciado y guiado por los oficiantes, sufrirá una despersonalización que dará paso a una afirmación de pertenencia a esa comunidad de donan- tes, con lo que adquirirá una nueva personalidad, unos derechos y unos deberes exclusivos.

Cuatro de nuestros entrevistados (IM-h30-r27-p20, IP-h19-r6-p18, IP-m22-r7-p18, CM-m21-u1-p20) tal y como expresaron ellos mismos, estaban esperando alcanzar la mayoría de edad para poder convertirse en donantes, para satisfacer lo que algunos han dado en llamar necesi- dad de comunidad, definida por esas ganas de contribuir a la sociedad como miembro activo.

“El recuerdo que yo tenía… el de mis abuelos que son personas a las que respetas mucho… qué los tíos también van… y que buena parte del núcleo de la familia va… van varias personas… pues eso… eres una más… y sobre todo porque como tienes una edad que no te lo permiten… pues es otro factor gordo decir… mira… ya he llegado… ya tengo los 18… ya puedo hacerlo… e ir la primera vez… soy uno más… estoy aportando algo… algún valor a la socie- dad… y he llegado a esta mayoría en que me lo permiten hacer… pues va- mos… un paso más en mi vida…” (IM-h30…)

“Pues yo lo hice… por la razón que mi padre me dijo de ir… porque ya cumplía con la edad…con 18 recién cumplidos… yo los cumplo el 28… y había una donación el día 29… y ese día fui a donar… di… y luego estábamos con mi padre sentados fuera y nos hicimos el bocadillo… la verdad es que como es un ambiente familiar…” (IP-h19…)

“Y fui con mi prima de hecho la primera vez… porque tenemos la misma edad, pero al ser ella más mayor por unos meses pues ya había donado… y me dijo que quería volver a ir…”(IP-m22…)

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“Porque yo quería… porque como mi padre siempre donaba, pues yo quería hacerlo… porque seguro que es superbueno ayudar a la gente… y decía cuando tenga 18 años iré a donar… y también porque mi padre donaba… y entonces mi padre estaba supercontento, superorgulloso…” (CM-m21…)

La edad actual de estos cuatro donantes 30, 19, 22, y 21 años, les sitúa entre los más jóvenes de la muestra, siendo aquellos que po- dríamos decir que han vivido el ambiente de donación desde la cuna, y cuya primera donación la hicieron con 21, 18, 18, y 20 respectivamente. En los tres primeros casos citados contaron con familiares (padres, pri- mos), que actuaban de padrinos, como las personas ya iniciadas que les introducían en la comunidad de donantes mediante aquella ceremonia, y en el cuarto caso la donante no recurrió a ser arropada por algún miem- bro de su familia para ser presentada en sociedad, sino que donó en Valencia acompañada por sus amigos y fuera de su medio habitual, sin informar de ello a sus familiares, como un acto personal de autoafirma- ción siendo, tal y como nos describe Queniart (2013) en un estudio sobre la donación entre los estudiantes universitarios canadienses, la otra cara de la misma moneda.

Uno de nuestros informadores clave, perteneciente a la Junta Di- rectiva de la Asociación, nos explicaba que el núcleo del donante en Ontinyent era una familia bastante tradicional, y que al llegar a los 18 años los hijos además de poder salir de fiesta por la noche, se conver- tían en donantes bajo la égida de los progenitores que ya lo eran, adqui- rían el compromiso de sus padres, con lo que esa afición solidaria (tal y como él la definía), se escampaba alrededor a través de la familia.

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En el ritual, a la sangre se le concede el valor de un objeto pre- cioso, al que se sacraliza al atribuirle unos poderes sobrenaturales, co- mo menciona Godelier (1998), y teniendo en cuenta lo valioso que es lo que donas, te pone a ti mismo en valor ante otras cosas por su anonima- to. En palabras de nuestros donantes entrevistados vemos como se sin- tieron tras su primera donación:

“Pues imagínate que con un brazo salvamos tres vidas ¿no? Jolín tío salvas tres vidas…”.9 CM-m21-u1-p20

“Un poco importante en ese momento…un poco especial en ese mo- mento…”. IM-h26-r9-p24

Tal y como señala Boarini (2009), en la donación de sangre hay una renuncia, una desposesión, y un abandono consentidos, lo que for- maría parte de lo que hemos dado en llamar el coste de la donación, el cual algunas personas de las que se niegan a donar, según nos relata otro de los donantes más jóvenes de la muestra acerca de unos amigos a los que intentó convencer, no estarían dispuestas a asumir:

“Cuando se la llevan… ya es como que me despido de ella…”. IP-m22- r7-p18

“Mi sangre es mía y me da no sé qué que me la quiten…” IM-h26-r9-p24

Por el contrario, CM-m21-u1-p20 mencionó que no entendía por qué no se podía saber quien recibía su sangre, y si todavía se podría dar brazo a brazo en caso de emergencia, lo que repercutiría en la pérdida de la característica de “Universal”, es decir sin posibilidad de vínculo,

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que define la donación de sangre en España. En un intento de desano- nimizar la hemodonación, cosa que también pudimos constatar mediante nuestra observación discrecional entre algún donante de plaquetas diri- gidas10, y ser reconocida por el donatario, que quedaría debiéndole el favor, sometido por su deuda para con ella, en una relación de poder del que da sobre el que recibe descrita ya por Mauss (1979) en su Teoría del Don. Como señala Godelier (1998), la cosa donada arrastra consigo algo que forma parte de la identidad de la persona, sin ser verdadera- mente alienada, lo que conlleva que la deuda contraída por el donatario no se pueda anular ni siquiera con un contradon idéntico.