El uso de dispersantes en algunas costas puede resultar útil en las etapas finales de la limpieza. Si la contaminación es alta es importante recoger primero el grueso del hidrocarburo derramado mediante otra técnica de limpieza. La fuerte acción del oleaje puede limpiar naturalmente algunas playas sin necesidad de remover inmediatamente el hidrocarburo.
En la limpieza de costas pueden utilizarse tanto dispersantes de base de hidrocarburo como concentrados, aunque el primer tipo puede tener una mayor penetración en hidrocarburos viscosos gracias al solvente de hidrocarburo. Las tasas de aplicación del dispersantes deben estar en el mismo rango que las utilizadas en el mar. En caso de una contaminación aguda, muchas veces es preferible limpiar las superficies contaminadas con dos o más tratamientos separados, y no tratar de remover todo el hidrocarburo de una sola aplicación.
Es importante en la aplicación contemplar que la playa se lave con agua de mar unos 30 minutos después de la aplicación, minimizando así la penetración del dispersante en el material de playa. En el caso de las
137 playas de cascajos o rodados se recomienda un período aún más costo. En zonas con mareas lo mejor es realizar el rociado del hidrocarburo justo antes del avance de la marea alta. En costas sin diferencias de marea se puede lavar con agua de mar a baja presión teniendo cuidado de no empujar el hidrocarburo hacia el sustrato.
El equipo más apropiado para la aplicación depende del tipo de material de playa que será limpiado, la factibilidad de acceso y la dimensión de la operación.
Los dispersantes pueden ser utilizados también para limpiar rocas, rompeolas y otras estructuras construidas por el hombre. Es necesario utilizar cepillos de mano para facilitar el mezclado y el lavado con chorros de agua a alta presión para limpiar el hidrocarburo de las superficies verticales. La mezcla de agentes gelificantes con el dispersante puede evitar este se escurra por las paredes verticales aumentando así el tiempo de contacto entre el hidrocarburo y el dispersante.
Los hidrocarburos pesados con alta viscosidad pueden desprenderse de las rocas y paredes funcionando el dispersante como un agente liberador. De esta manera muy poca parte del hidrocarburo lavado de dispersará, debiendo ser recogido con medios mecánicos (solventes o recolectores).
Es importante asegurar que el hidrocarburo tratado permanezca dispersado y no reaparezca en la superficie formando una mancha que podría contaminar otras áreas.
Es fundamental también que las personas que trabajen en las operaciones de rociado utilicen ropa adecuada de protección, que incluya guantes, botas, anteojos protectores y barbijos. Las áreas donde se desarrollan las distintas tareas de limpieza de playa debe restringirse el acceso del público.
Consideraciones ambientales
El uso de dispersantes genera mucha controversia debido no sólo a que representa una introducción deliberada al mar de un contaminante adicional, sino que ocasiona el aumento local de la concentración de hidrocarburo en la columna de agua, pudiendo provocar un daño biológico.
Si bien hay gran cantidad de datos de laboratorio, es poca la información que existe acerca de la toxicidad de los dispersantes y mezclas de hidrocarburo/dispersante y sus efectos en organismos marinos en derrames reales, donde la dilución puede reducir significativamente las concentraciones y tiempos de exposición.
Un dato muy útil para decidir si los dispersantes pueden ser utilizados para proteger ciertos recursos sin poner en riesgo a otros, resulta del tipo de dispersante que se decida utilizar y de conocer su potencial de dilución. Los factores que influyen en él son la distancia entre los puntos de aplicación de dispersante y las áreas susceptibles así como la dirección de las corrientes y la profundidad de mezclado de las aguas superficiales. Frecuentemente es posible aproximar tanto la concentración máxima probable de hidrocarburo/dispersante y el tiempo de exposición para un lugar determinado. En áreas donde el potencial de dilución es alto, como en el mar abierto, probablemente las concentraciones altas no
138 persistan más de unas pocas horas y por lo tanto sus efectos biológicos sean poco significativos. En cambio, en áreas costeras de baja profundidad, donde el intercambio de agua es bajo, las concentraciones elevadas pueden persistir por períodos más largos y posiblemente alcancen valores cercanos a los que se sabe causan efectos observables en las pruebas de laboratorio.
Raras veces las circunstancias que favorecen el uso de dispersantes son bien definidas. Frecuentemente es necesario sopesar la relación efectividad-costo y definir cuáles son las prioridades conflictivas para la protección de diferentes recursos del daño de la contaminación. Es importante entonces que se establezca un orden de prioridades para los recursos a ser protegidos y se fijen las circunstancias bajo las cuales pueden aplicarse dispersantes antes de que ocurra un derrame.
Incineración in situ de hidrocarburos en la mar
Son numerosos los ejemplos de hidrocarburos que han sido derramados por los buques y que, de forma accidental, han prendido y se han consumido en gran parte en el incendio resultante.
La incineración intencionada de hidrocarburos derramados sobre la superficie del mar, conocida como incineración situ, resulta ser, en ciertas condiciones, un método potencialmente eficaz para eliminar grandes cantidades de hidrocarburos en un periodo de tiempo relativamente corto. Desde comienzos de los años 70 se han investigado estas técnicas pero rara vez han sido empleadas en casos reales de derrames de hidrocarburos.
Es una técnica con potencial para tratar grandes volúmenes de hidrocarburos, que ofrece ventajas en ciertos casos con respecto a técnicas más convencionales como la contención y la recuperación: desde un punto de vista logístico, resulta relativamente sencilla y reduce las necesidades de almacenamiento, manipulación y trasvase, tratamiento y eliminación de los hidrocarburos o de las aguas oleosas recogidas.
La ignición de una mancha de hidrocarburos se produce cuando la temperatura de la superficie de la mancha alcanza su punto de inflamación (el punto en el que los hidrocarburos se vaporizan en cantidades suficientes como para mantener la combustión). Para que la combustión se sostenga y las llamas se propaguen, la temperatura de la superficie de la mancha deberá alcanzar su punto de incendio, que suele ser unos grados superior al punto de inflamación. Este punto de incendio es la temperatura a la que la velocidad de vaporización es igual o superior a la velocidad de combustión. A medida que progresa la combustión, la mancha se hace más delgada, reduciendo, de este modo, la capacidad de aislamiento de la capa de hidrocarburos. Su extinción se produce cuando se ha incrementado la pérdida de calor hasta el