• No se han encontrado resultados

ROMA Y LOS «OPPIDA DE ANTIGUO LACIO»: UN ANÁLISIS HISTÓRICO Y DOCUMENTAL.

HISPANIA CITERIOR.

1. ROMA Y LOS «OPPIDA DE ANTIGUO LACIO»: UN ANÁLISIS HISTÓRICO Y DOCUMENTAL.

Para analizar la naturaleza jurídico-administrativa de los [municipia] Latio antiquitus donata vel Latinorum veterum en época republicana debemos disponer de la documentación literaria, arqueológica, epigráfica y numismática suficiente con la que poder determinar distintos escenarios históricos de concesión de latinidad e identificar en dichas comunidades sus consecuencias en el ámbito jurídico, político, económico, social, administrativo y urbanístico. Es por esta razón que de los veinte «oppida de antiguo Lacio» constatados por Plinio para Hispania Citerior425 tan sólo seis proporcionan –a nuestro modo de ver– los testimonios materiales necesarios como para rastrear, con un amplio margen de certidumbre, su posible promoción a colonias latinas, así como su transformación –en época augustea– en municipios del mismo status. Es el caso de Gracchuris, Gerunda, Iesso, Valeria, Ercavica y Lucentum, comunidades que, dada su ubicación en cada una de las distintas regiones que componen la provincia –el valle del Ebro, la actual Cataluña, la Meseta y la costa levantina–, permiten comprender de una forma unitaria la integración jurídico-política de Hispania Citerior, así como reconstruir, diacrónicamente, el proceso de difusión del Latium en época republicana426.

425

Sobre la identidad de estos veinte «oppida de antiguo Lacio» en Hispania Citerior, vid. apartado 1 del bloque temático I.

426

Sobre las distintas posturas en torno a la integración jurídico-política de las provincias hispanas en época republicana, y una reflexión histórica acerca del proceso de difusión del Latium en Hispania

[ 90 ]

No debiera sorprender la posibilidad de que Roma hubiese podido aplicar en Hispania el principal instrumento del modelo de control territorial empleado en Italia y Gallia Cisalpina427, es decir, la colonización latina, y que –por lo tanto– los cincuenta municipios «de antiguo Lacio» hubiesen sido con anterioridad colonias latinas, a la luz del panorama histórico que estamos comenzando a conocer gracias a la investigación desarrollada en las últimas décadas en distintos puntos de la Península Ibérica428. Así, circunscribiéndonos a Hispania Citerior, y en particular a los territorios del valle del Ebro y de la actual Cataluña, junto a los «oppida de antiguo Lacio» de Gracchuris, Cascantum, Osicerda, Iesso, Ausa y Gerunda existieron numerosas civitates peregrinas de presunta condición estipendiaria –caso de Salduie, Contrebia Belaisca, Segeda II, «El Palao» y Aeso429–, cuya documentación arqueológica, epigráfica y numismática presenta evidentes signos de una temprana y profunda aculturación430. Esta circunstancia, explicada como el resultado de un proceso de «aculturación espontánea» en un contexto de peregrinidad431, sería la consecuencia lógica –a

427

A este respecto, vid. apartado 2 del bloque temático III.

428

Para una visión de conjunto sobre las últimas investigaciones en materia de urbanismo hispanorromano, vid. BELTRÁN LLORIS, 1990a; PINA POLO, 1994; PÉREZ ALMOGUERA, 1994a y 1994b; ASENSIO ESTEBAN, 1994 y 2003; MARTÍN-BUENO, 1996; PERA i ISERN, 1997 y 1998; BELTRÁN LLORIS, PINA POLO y MARTÍN-BUENO, 2000; GARCÍA RIAZA y SÁNCHEZ, LEÓN, 2000; BENDALA, 2000-2001; JIMÉNEZ y RIBERA i LACOMBA, 2002; CAU y CHÁVEZ, 2003; GOFFAUX, 2003; SAYAS, 2004-2005; ANDREU PINTADO, 2004-2005, 2006a, 2006b y 2006d; ABAD, KEAY y RAMALLO, 2006; ARMENDÁRIZ, 2006; BELLVÍS, 2006; ORFILA PONS, 2006; MILLÁN y RODRÍGUEZ, 2007; UROZ, NOGUERA y COARELLI, 2008; CARRASCO SERRANO, 2008 y 2012; GUITART i DURAN, 1994, 2008 y 2010; NOLLA, PALAHÍ y VIVO, 2010; OLESTI, 1995, 2005, 2010a y 2010b; BELTRÁN LLORIS, 2006a y 2010d; URIBE, 2009a y 2009b; GONZÁLEZ y SAQUETE, 2011; ARANEGUI, 2011; BARRANDON, 2011; PÉREZ y GARCÍA, 2011; MAR y RUIZ DE ARBULO, 2011.

429 De estas cinco comunidades, tan sólo Aeso aparece en los listados plinianos como una civitas

stipendiaria (Plin., Nat. 3, 23). El resto, a partir de la información suministrada por la documentación

arqueológica, parece no haber perdurado como civitates independientes hasta comienzos del Principado. Sobre la municipalización flavia de Aeso, vid. ANDREU PINTADO, 2003a, pp. 169 y 176; 2004a, pp. VII-VIII, 146-148, 171 y 245-247; 2004-2005, p. 289; 2006d, pp. 182-183.

430 Sobre las instituciones, formas y productos culturales de la koiné romano-itálica presentes en estas

comunidades, vid. infra.

431 Para WACHTEL (1974, pp. 139-141), la «aculturación espontánea» se produciría cuando una

población indígena, libre de todo control directo o débilmente controlada, adoptase espontáneamente elementos de una cultura alóctona. Sobre la noción de aculturación, con referencias a la «aculturación espontánea», vid. REDFILD, LINTON y HERSKOVITS, 1936; HERSKOVITS, 1938; VOGT, 1954; DUPRONT, 1965; WACHTEL, 1974; GRUZINSKI y ROUVERET, 1976; VEYNE, 1979; SHELDON, 1982; DE LA GENIERE, 1978; BRANDT y SLOFSTRA, 1983; ALMAGRO-GORBEA, 1983; ALVAR, 1990; MILLETT, 1990; BELTRÁN LLORIS, 1993; LE ROUX, 1995; GONZÁLEZ WAGNER, 1998, 2001 y 2005; BRAVO JIMÉNEZ, 2002; PELEGRÍN CAMPO, 2003; MEZQUÍRIZ, 2007-2008; SISANI, 2008.

[ 91 ]

nuestro modo de ver– de la presencia sobre el terreno de un nutrido grupo de comunidades privilegiadas que estuvieron actuando como focos de ignición de la romanización cultural, política y jurídica432. De igual modo debió suceder en época Flavia, cuando la concesión de ius Latii universae Hispaniae del emperador Vespasiano433 habría sancionado jurídicamente la romanización cultural de numerosas civitates stipendiariae situadas en las inmediaciones de los municipios y colonias augusteas en amplias regiones de las tres provincias. En opinión de Andreu Pintado434, ése habría sido el momento en el que «comunidades que (…) ya venían funcionando a la romana desde hacía tiempo y, de un modo especial, a la sombra de los municipios de Augusto, asumieron ahora su nueva condición municipal y sus nuevos ciues quedaron adscritos a la Quirina tribus. Esos municipia Flauia surgirían de comunidades antiguas influidas, seguramente, por los patrones de la obra de Augusto. Así Laminium, por citar un caso seguro, o Baesucci, (…), debieron haber perfeccionado sus formas jurídicas de gobierno por influjo de los municipios augústeos de Ilunum o de Sisapo (…), del mismo modo que Consabura o Toletum pudieron hacerlo por influencia de Segobriga o Ercauica». La Hispania republicana, de acuerdo con esta idea, no habría constituido un territorio baldío para la romanización cultural y jurídica de sus comunidades, en el que los «oppida de antiguo Lacio» se hubieran erigido como meros islotes de romanidad en un inmenso mar de peregrinidad, sino que desde un momento muy temprano –mediados del siglo II a.C.– las comunidades habrían

432 Este mismo fenómeno está documentado en la Gallia Cisalpina. Según DAVID (2002, pp. 63-66), la

política de colonización desarrollada por Roma en esta provincia comportó «da un lato una maggiore omogeneità culturale e politica dell’Italia sotto la dominazione unica e riconosciuta di Roma, dall’altro l’aumento del peso, della profondità e della estensione di tale dominazione». El resultado –en opinión de este mismo autor– «la fusione étnica e l’unificazione culturale dell’Italia».

433 Sobre la municipalización latina de Hispania en época Flavia, vid. McEDELRRY, 1918 y 1919; HOMO,

1948; BRAUNERT, 1966; BOSWORTH, 1973; HIRSCHFELD, 1975; WIEGELS, 1978; GARCÍA IGLESIAS, 1979; PARATORE, 1981; MUÑIZ COELLO, 1984-1985; NONY, 1986; STYLOW, 1986, 1991, 1999 y 2000; CHASTAGNOL, 1987a, 1987b y 1990; GALSTERER, 1987, 1988 y 1996; GONZÁLEZ FERNÁNDEZ, 1989b; MANGAS, 1989, 1990, 1996a y 1996b; LE ROUX, 1990, 1994 y 1996; GUICHARD, 1990, 1993 y 1994; ABASCAL, 1990 y 1996b; CABALLOS, 1993a, 1993b y 2001; VENTURA, 1994; FEAR, 1996; GARCÍA FERNÁNDEZ, 1996, 2000b y 2001, pp. 125-180; ORTIZ DE URBINA, 1996, 2000 y 2001; ALFÖLDY, 1998 y 2001; GALLEGO, 2001; KEAY, 2001; DEL PINO, 2001; MORALES, 2001 y 2002; ANDREU PINTADO, 2001, 2003a, 2003b, 2004a, 2004b, 2004c, 2004d, 2004-2005, 2005, 2006c, 2007a, 2007b, 2008a y 2010; LÓPEZ QUIROGA, 2002; PÉREZ ALMOGUERA, 2002a; RUIZ, 2002; GONZÁLEZ ROMÁN, 2002-2003; SÁNCHEZ LEÓN, 2002-2003; FERNÁNDEZ e IGLESIAS, 2002-2003; MARTINO, 2004; TOZZI, 2004; KREMER, 2006, pp. 136-193.

[ 92 ]

comenzado a asimilar determinados elementos de procedencia foránea, convirtiendo a Hispania un territorio en vías de romanización435. Desde esta perspectiva, los «oppida de antiguo Lacio» habrían sido el punto de partida de todo este proceso, pero también el punto de llegada, pues algunos de ellos pudieron haber obtenido su condición privilegiada una vez alcanzado el grado de aculturación requerido.

El presente apartado, por lo tanto, tiene por objeto reunir e interpretar las distintas evidencias conservadas de la probable existencia de una política de colonización latina desarrollada por Roma en Hispania Citerior en época republicana, a partir del análisis de la documentación literaria, arqueológica, epigráfica y numismática de los «oppida de antiguo Lacio» de Gracchuris, Gerunda, Iesso, Valeria, Ercavica y Lucentum, relacionando dichas evidencias con las dos posibles fases de promoción jurídico-administrativa planteadas, la colonial en época republicana y la municipal en época imperial. A diferencia del proceso municipalizador, vertebrado en dos periodos históricos concretos –durante el segundo y tercer viaje de Augusto a

435 Para una visión de conjunto sobre la romanización en época republicana de las comunidades de

Hispania Citerior, vid. BARRANDON, 2011. Sobre la terminología empleada para referirse al proceso

romanizador, vid. LE ROUX, 2004a; BANDELLI, 2009b. Sobre las causas, naturaleza y características de dicho proceso, vid. BROUGHTON, 1929 y 1959; SÁNCHEZ-ALBORNOZ, 1949 y 1965; DE PALOL, 1960; VIGIL, 1963; BLÁZQUEZ, 1964, 1989 y 1992; PFLAUM, 1972; WACHTEL, 1974; DELCOR, 1976; BRUNT, 1976; ÉTIENNE et alii, 1976; ROLDÁN, 1976 y 1980; BÉNABOU, 1976a y 1976b; THÉBERT, 1978; NOLLA y NIETO, 1978; TRANOY, 1981; SHELDON, 1982; MARTÍNEZ GÁZQUEZ, 1982-1983; SLOFSTRA, 1983; NOLLA y SANMARTÍ, 1984; MAYER y RODÀ, 1984 y 1986a; SALINAS, 1986-1987; CURCHIN, 1987, 1996, 1997 y 2004; ALFÖLDY, 1987, 1988 y 2005; GOZOLI, 1987; RODDAZ, 1988 y 2003; MIRET, SANMARTÍ y SANTACANA, 1988; TSIRKIN, 1988, 1989, 1992, 1993, 1994 y 1996; PLANA y BARTI, 1989; FERNÁNDEZ-MIRANDA, MANGAS y PLÁCIDO, 1990; ALVAR, 1990; GUERRERO, 1990; MILLETT, 1990; DESIDERI, 1991; RUIZ DE ARBULO, 1991 y 2002-2003; MAYER, 1992; OLESTI, 1993, 1994b, 1995-1996, 2000 y 2010a; GARCÍA-GELABERT, 1993; BELTRÁN LLORIS, 1993, 1996b, 1999b, 2003a, 2006 y 2010d; RIPOLLÈS, 1994-1995; PERA i ISERN, 1994 y 1997; CHAVES, 1994; PINA POLO, 1994; VILLANUEVA, 1994; MENELLA, 1995; PACI, 1995; UNTERMANN, 1995; LE ROUX, 1995 y 2004a; WHITTAKER, 1995; HINGLEY, 1996; BLÁZQUEZ y ALVAR, 1996; HOPKINS, 1996; GALLIOU, 1996; KEAY, 1992, 1995, 1996 y 1997; WOOLF, 1992, 1994, 1006, 1997, 1998, 2001, 2002 y 2007; FREEMAN, 1993 y 1997; HIDALGO y PÉREZ, 1998; BENDALA, 1998, 2001-2002, 2002, 2005, 2006a, 2006b y 2012; SAYAS, 1998 y 2010; BLAGG y MILLETT, 1999; McMULLEN, 2000; HUSKINSON, 2000; BELTRÁN LLORIS, MARTÍN-BUENO y PINA POLO, 2000; FENTRESS, 2000; OTIÑA y RUIZ DE ARBULO, 2000; FRANCE, 2001; KRAUSSE, 2001; WEBSTER, 2001; CANTO, 2001; GÓMEZ PANTOJA, 2001; DONDIN- PAYRE y RAEPSAET-CHARLIER, 2001; KEAY y TERRENATO, 2001; GOLDHILL, 2001; ARASA i GIL, 2001 y 2002; BRAVO JIMÉNEZ, 2002; GUZMÁN, 2002; DAVID, 2002; MADSEN, 2002; HERNANDO, 2003; PELEGRÍN CAMPO, 2003; CARRASCO SERRANO, 2003, 2008 y 2009-2010; LOZA, 2003; GOZALBES, 2004; SEBAÏ, 2005; LIZÉ, 2006; CECCONI, 2006; TRAIANA, 2006; BELLVÍS, 2006; OLIVARES, 2006; GOZALBES y GONZÁLEZ, 2007; GIORCELLI, 2007; PEIGNARD-GIROS, 2007; MEZQUÍRIZ, 2007-2008; SISANI, 2007 y 2008;COARELLI, 2008; LE BOHEC, 2008; RUBIO, 2008; DOPICO et alii, 2009; PEREIRA, 2009; VERBOVEN, 2009 y 2012; BANDELLI, 2009b; ROMAN, 2009; SANMARTÍ, 2009; TORRECILLAS, 2009; LAUBRY, 2009; PICHON, 2009; NÚÑEZ et alii, 2009; NOLLA, PALAHÍ y VIVO, 2010; BURCH et alii, 2010; NAVARRO, 2010; PALAHÍ, 2010; MATTINGLY, 2011.

[ 93 ]

Hispania (26-25 y 15-13 a.C.) y a comienzos del reinado de Vespasiano (70-74 d.C.)–, el proceso colonizador debió producirse en etapas diferentes, estando vinculadas cada una de ellas a los principales acontecimientos protagonizados por Roma durante los tres últimos siglos de la República en Hispania. Como complemento al panorama conocido en estas civitates, consideraremos el alto grado de aculturación observado en Salduie, Contrebia Belaisca, Segeda II, «El Palao» y Aeso, comunidades que, pese a no disfrutar de un estatuto promocionado en época republicana, presentan las instituciones, formas y productos culturales típicos de un horizonte privilegiado, circunstancia que podría explicarse –a nuestro juicio– por la probable influencia que pudieron estar ejerciendo sobre ellas las posibles colonias latinas que parecen subyacer bajo los «oppida de antiguo Lacio» de Hispania Citerior.

1.1. DOCUMENTACIÓN LITERARIA.

Las referencias históricas a Gracchuris, Gerunda, Iesso, Valeria, Ercavica y Lucentum en las fuentes literarias son escasas, e incluso en algunos casos inexistentes. Ninguna de ellas, a diferencia de lo sucedido con Carteia –Latinam eam coloniam esse libertonorumque apellari436–, suministra información directa sobre su estatuto jurídico- administrativo en época republicana. No obstante, esta carencia de datos es suplida por los indicios –en algunos casos concluyentes– proporcionados por el resto de fuentes documentales, principalmente en el ámbito de la arqueología437.

De entre los seis «oppida de antiguo Lacio» seleccionados en nuestro estudio, parece ser Gracchuris la ciudad cuya latinidad más tempranamente se remonta en el tiempo. Fundada por Ti. Sempronio Graco en el año 179/178 a.C. –veintisiete años

436

Liv., 43, 3, 1-4. Sobre la condición jurídica de Carteia, vid. SAUGMAGNE, 1962; HUMBERT, 1976; PENA, 1988; LÓPEZ BARJA, 1997 y 2007, pp. 16-126; WULFF, 1989; LÓPEZ MELERO, 1991. Sobre su contingente poblacional, procedimiento fundacional y significación histórica, vid. bloque temático III.

437 El silencio de los textos respecto a estos «oppida de antiguo Lacio» parece residir, con independencia

del estado de conservación de nuestras fuentes, en la condición peregrina que ostentaron las colonias latinas en época republicana –al menos hasta la creación del expediente transpadano en el año 89 a.C.– , así como –en opinión de GARCÍA FERNÁNDEZ (2001, pp. 27 n. 34, 80 y 89)–, en el carácter no romano de sus contingentes poblacionales, y en la aplicación de un procedimiento fundacional un tanto sui

generis. Sobre la condición peregrina de las colonias latinas republicanas, vid. Gai., Inst. 1, 79; 1, 131;

Liv., 43, 13, 6; GARCÍA FERNÁNDEZ, 2001, pp. 14, 43 n. 29, 93, 105 y 157-158; 2007, p. 318-320; 2009a, pp. 380 y 384; 2011, p. 54 n. 26; MATTIANGELI, 2010, pp. 20-21, 28, 53 y 135.

[ 94 ]

después de la fundación de Italica (206 a.C.) y ocho años antes de la fundación de Carteia (171 a.C.)438–, podría considerse la segunda colonia latina fundada en Hispania por Roma, y la primera colonia «romana» bautizada con el nombre de su conditor439. Según conocemos por Livio440, Ti. Sempronio Graco, al término de sus campañas en Hispania Citerior, fundó la ciudad de Gracchuris para conmemorar su victoria sobre los celtíberos, acción por la que obtuvo –además– la celebración de un triunfo. Dicha ciudad, de la que desconocemos a ciencia cierta su procedimiento fundacional y contingente poblacional441, no fue establecida ex nihilo, sino a partir de una comunidad preexistente cuyo nombre, Ilurcis, es suministrado por Festo442. Pese a omitirse el estatuto originario de Gracchuris, y puesto que Roma no fundaba ciudades ex novo carentes de un estatuto jurídico-administrativo determinado443, cabe suponer –descartando un estatuto de ciudad libre, federada o estipendiaria444–, que de los estatutos disponibles para este momento –colonia Romana, colonia Latina y municipium Romanum–, habría sido el de colonia Latina el que mejor se adecuara a las

438 App., Iber. 38; Liv., 43, 3, 1-4. Sobre este asunto, vid. bloque temático III. 439

Festo, p. 97 M=Festo, p. 86 L: Gracchuris, urbs Iberae regionis, dicta a Graccho Sempronio, quae antea

Ilurcis nominabatur. Sobre las ciudades romanas de Hispania bautizadas con el nomen o cognomen de su

fundador, vid. infra y bloque temático III.

440 Liv., Per. 41: Tib. Sempronio Graccus procos. Celtiberos victos in deditionem accepit monimentumque

operum suorum Gracchurim oppidum in Hispania constituit.

441 A este respecto, el verbo utilizado por el epitomista de Livio es constituere, verbo cuyo significado, si

bien puede aludir al procedimiento constitucional de «fundar» o «instituir» una ciudad, está haciendo referencia –en este caso– a la acción de «levantar», «poner en pie» o «construir» una ciudad, lo que explicaría muy bien el recurso a los conceptos de oppidum, monumentum y opus, en vez de civitas o

colonia. En este último caso, si el pasaje estuviese mencionando la fundación de una ciudad desde un

punto jurídico-político, no albergamos ninguna duda de que el verbo utilizado no habría constituere, sino deducere. Además, es preciso tener en cuenta la extinción de la colonización latina desde época augustea, así como el vaciado de contenido que sufre la colonización romana, quedando esta última condición como un estatuto honorífico atribuido a cualquier comunidad sin necesidad de una deductio, sino a través de una constitutio. Sobre la paulatina municipalización del expediente colonizador, vid. GARCÍA FERNÁNDEZ, 1991, 1996, 1998 y 2001; HUMBERT, 2006.

442

Festo, p. 97 M=Festo, p. 86 L.

443

Sobre este asunto, vid. bloques temáticos I y III.

444 A nuestro modo de ver, es altamente improbable que Roma fundase, en ámbito no griego, ciudades

peregrinas de condición libre o federada. Por su parte, la condición de civitatas stipendiaria no habría sido atribuida nunca a una fundación romana, sino a una civitas preexistente tras un acto de deditio. En este sentido, vid. GARCÍA RIAZA, 2003a y 2011a; ÑACO, 1999a, 1999b, 2001, 2006, 2009; TORREGARAY, 2006 y 2011; CADIOU, 2008.

[ 95 ]

características constitucionales de este tipo de ciudades. En este sentido, parece poco probable que un general romano de la talla e importancia de Ti. Sempronio Graco decidiese atribuir su nombre a una ciudad carente de estatuto o, en el peor de los casos, con un estatuto estipendiario. Además de constituir una fuente de desprestigio permanente, el hecho de que no quedase en una mera anécdota, sino que estableciese el inicio de una tradición republicana, redunda en la gloria y honor que este tipo de práctica debía reportar tanto para las ciudades beneficiadas como para los generales benefactores. Pese a la importancia que debió tener la ciudad en la integración y pacificación de las regiones más septentrionales del valle del Ebro, así como en la conquista del Alto Ebro y el Sistema Ibérico, Gracchuris no vuelve a aparecer en las fuentes hasta época sertoriana. Según Livio445, y en el año 76 a.C., Sertorio habría ascendido por el valle del Ebro castigando a las comunidades progubernamentales. Entre ellas se encontraba Gracchuris, ciudad cuyo territorio, junto con el de Cascantum y Bursao, habría sido arrasado por las tropas sertorianas – proefectus inde in Bursaonum et Cascantinorum et Graccuritanorum fines, evastatis omnibus proculcatisque segetibus (…). Quizás en un ejercicio de interpretatio, quizás como un indicio de la temprana integración de estas comunidades en el modelo de la civitas, Livio recurre a los términos agros y fines para describir la naturaleza territorial de estas civitates. Este hecho, unido a que Gracchuris y Cascantum fueran «oppida de antiguo Lacio», y a la probable existencia de un catastro romano en las inmediaciones de Gracchuris446, podría ser considerado como un indicio importante que corroborase su condición de comunidad privilegiadas en general, y de colonia latina en particular. Además, la estrategia utilizada por Sertorio para inestabilizar la región –haec secum agitans Sertorius praeter Hiberum amnem per pacatos agros quietum exercitum sine ullius noxa duxit– habría sido empleada por César entre las colonias latinas de la Gallia Cisalpina en el año 68 a.C., con el objetivo de soliviantar sus ánimos en su deseo de beneficiarse de una concesión de la civitas Romana –colonias Latinas de petenda

445 Liv., frg. ex lib. 91. Para una relectura de las motivaciones y principales episodios de la guerra

sertoriana, vid. apartado 3 del bloque temático III.

446 GÓMEZ-PANTOJA, 1977 y 1979; ARIÑO, 1986; ARIÑO, GURT y PALET, 2004, pp. 50, 53, 57 y 103-

[ 96 ]

civitate agitantes447. De haber existido colonias latinas en esta parte de Hispania, y con independencia de que algunas de ellas hubieran podido apoyar al bando progubernamental, los motivos de su apoyo a Sertorio durante la guerra que protagonizó no debieron ser distintos de los patrocinados por César entre las colonias latinas de la Gallia Cisalpina durante los años de la causa Transpadanorum448.

No perteneciente estrictamente a Gracchuris, pero relacionable con la obra reorganizadora de Ti. Sempronio Graco al término de sus campañas militares, es un pasaje de Apiano que hace referencia al reparto de tierras entre las comunidades celtibéricas449. Si bien Gracchuris no es aludida directamente en el texto, la fundación de la ciudad y la existencia de un posible catastro en sus inmediaciones permiten relacionar dicho pasaje con las labores de agrimensura desarrolladas por Roma en la zona, así como con el posible estatuto de colonia latina que debió disfrutar la ciudad desde sus momentos iniciales.

Un origen similar a Gracchuris debió de tener la ciudad de Valeria, considerada en la historiografía moderna como una fundación de C. Valerio Flaco450. Pese a que la explicación de su nombre desde esta perspectiva es totalmente verosímil, no podemos descartar que el topónimo Valeria –procedente del verbo valere– hiciese referencia a su cualidad de «fuerte», «poderosa», «vigorosa» o «valerosa», como propusiese Riese para la adjetivación de la legio XX Victrix Valeria451. De hecho, el término valerius juega un papel importante en la res militaris, pues durante las operaciones de reclutamiento se daba prioridad a los individuos portadores del nomen

447

Suet., Caes. 8.

448 Cic., De off. 3, 22, 88; Sall., Hist. Frg. 1, 77, 14-15; Caes., Suet. 8-9; Dio. Cass., 37, 9, 3. Sobre este

asunto, vid. LURASCHI, 1979, pp. 215-217; BUCHI, 1989, pp. 208 y 278 n. 125. Para una lectura en clave romana de la guerra sertoriana, vid. apartado 3 del bloque temático III.

449

App., Iber. 43. Sobre este asunto, vid. PENA, 1998, p. 154; ARIÑO, GURT y PALET, 2004, p. 124; infra.

450 LARRAÑAGA, 1955, 153-155; OSUNA, 1978, p. 18. GIMENO (2009, p. 176) ha llamado la atención

sobre el hecho de que si el nombre de la ciudad hubiese procedido del nomen de su fundador –C. Valerio Flaco– cabría esperar «una frecuencia mucho mayor del gentilicio Valerius, como ocurre en otros lugares asociados a intervenciones o fundaciones de personajes relevantes en época republicana». En este sentido, según la autora, sólo conservamos seis testimonios, cinco procedentes del oppidum y uno del ager.

451

[ 97 ]

Valerius452 como un nomen boni ominis. Asimismo sucedía con las fundaciones coloniales, cuyos nombres eran elegidos, en algunos casos, como señal de buen augurio. Entre ellos se encuentran Valentia, Pollentia o Potentia453, cuyo significado y etimología, en el caso de Valentia, están muy próximos al de Valeria. Sea como fuere – tanto su vinculación con el nomen Valerius de C. Valerio Flaco como su