Capítulo
5
Comentaba Ambrosio de Morales en el siglo XVI, refiriéndose al pozo Airón de La Almarcha: “El pozo Ayrón, tan celebrado en nuestros cantares...”1, prueba de que en el siglo XVI debieron existir diversos can- tares sobre el mismo de los cuales el cronista real tenía noticia y que pro- bablemente le fueran relatados a Felipe II en su visita a dicho pozo Airón. Por su parte, Torres Mena, ya a finales del siglo XIX, al hablar de La Almarcha, hace la siguiente referencia: “e ignorada del mundo existiría á no ir unido su nombre a los romanceros relatos del pozairón”2. El texto de Torres Mena es importante para datar la fecha en que dichos romances se perdieron de la tradición oral, pues el escritor almarcheño sugiere que el nombre de La Almarcha va unido a dichos romances todavía en el siglo XIX, aunque él no consigna ninguno en su obra, bien porque no los cono- cía o porque no lo consideró oportuno en un libro de carácter geográfico.
Don Ramón Menéndez Pidal reunió a lo largo de su vida multitud de romances, cuyo catálogo publicó Samuel Armistead en tres gruesos volúmenes en 1978. Entre esos romances figura uno que nos interesa especialmente: ”Ya se van los siete hermanos”. Manuel Manrique de Lara, becario de Menéndez Pidal, recogió en 1911 en Salónica (Grecia) varias versiones muy similares que giran en torno al mismo tema. Aquí exponemos el que tomó de labios de la judía sefardí Vita B. Amar y que yo leí, por primera vez, en el artículo de Miguel Herrero “El pozo Airón”. Dice así dicho romance:
Ya se van los siete hermanos, ya se van para Aragón; los calores eran fuertes, agua non se les topó.
Por el medio del camino toparon un pozo airón; echaron pares y nones, al más chico le cayó.
Ya lo atan con una cuedra, ya lo echan al pozo airón; por el medio de aquel pozo la cuedra se les rompió. El agua se le hizo sangre; las piedras son
culebras y alacranes que le comían el corazón. -Asperadvos, mis hermanos, quiero decir una razón: Si vos pregunta la mi madre, la direx, ¡atrás quedó! Si vos pregunta el mi padre, le direx: ¡al pozo airón! Si vos pregunta la mi mujer, la direx: viuda quedó. Si vos preguntan los mis hijos, les direx: huérfanos son3.
Años después, me enteré de que el cantante Joaquín Díaz grabó un disco en el que canta este romance, sin acompañamiento musical, como se cantan las endechas. Compré el disco y me puse en contacto telefónico con el cantante, quien me afirmó que la cinta magnetofónica en que se basó para cantarlo, la obtuvo en el CSIC de Madrid de Mª Teresa Rubia- to, que la conservaba en el archivo sonoro. Posteriormente Joaquín Díaz ha tenido la amabilidad de enviarme una copia de esta grabación original, que es la que transcribo. Según refiere Iacob M. Hassán en el capítulo “Las Coplas de Jusef sefardíes y la poesía oral”, la grabación original se realizó en 1965 en Estambul, por parte de las investigadoras Nika Mo- reno y Elena Romero, que la obtuvieron de un septuagenario: Moïsés Franco4. Dado que esta versión tiene ligeras variantes con el romance conservado en el archivo de Menéndez Pidal, a continuación transcribo este romance, tal como lo canta el viejo sefardí. Dice así la cinta original:
Ya se van los siete hermanos, ya se van para Aragón; ¡y guay qué dolor!, ya se van para Aragón.
Por el medio del camino, l´agua se les escapó; ¡y guay qué dolor!, l´agua se les escapó.
Caminando por los campos, toparon un požo airón; ¡y guay qué dolor!, toparon un požo airón.
Ya’charon pares y nones, al más chico le cayó; ¡y guay qué dolor!, al más chico le cayó.
Ya lo ataron con la cuedra, lo echaron al požo airón; ¡y guay qué dolor!, lo echaron al požo airón.
Por el medio del aquel požo, la cuedra se les rumpió; ¡y guay qué dolor!, la cuedra se les rumpió.
El agua se hizo sangre, las piedras culebros son; ¡y guay qué dolor!, las piedras culebros son. [Culebros y] alacranes, le comen el coražón.
¡y guay qué dolor!, le comen el coražon.
Ya se van los seš hermanos, amargos de coražón; ¡y guay qué dolor!, amargos de coražón.
-Si vos pregunta mi madre, le diréš: “Atrás quedó”; ¡y guay qué dolor!.,: le diréš: “Atrás quedó”. Si vos pregunta mi padre, le diréš: “Sin él quedó”; ¡y guay qué dolor!, le diréš: “Sin él quedó”. Si vos pregunta mi dama, viuda mueva ya quedó; ¡y guay qué dolor!: viuda mueva ya quedó.
Si vos preguntan mis hijos, güerfanicos muevos son. ¡y guay qué dolor!5.
Aunque ambas versiones coinciden en lo esencial, en esta versión (que aunque se recogió en Estambul, puede ser de origen griego a causa del gran movimiento migratorio que se produjo entre Grecia y Turquía tras la Segunda Guerra Mundial), hay algunas variantes interesantes con respecto a la anterior, ya que se explica cuál es la razón por la que el her- mano menor se mete en el pozo Airón: se les había acabado el agua.
Este romance lo cantaban los judíos sefardíes en los entierros y en el día equivalente a nuestro día de los difuntos. En el librito, de 94 páginas, que acompaña a dos cintas cantadas por Joaquín Díaz que editó el Mi- nisterio de Cultura en 1981, bajo el título Temas sefardíes del romancero
sefardí, Paloma Díaz-Mas explica con respecto al uso que se le daba a
este romance:
Se trata de uno de los romances cantados por los sefardíes para en- dechar en los duelos por sus difuntos y en el día de luto nacional de Tiš‘á-beab (nueve del mes judío de ab), fecha en que se conmemora la destrucción del templo de Jerusalén y, por extensión, cualquier desgra- cia sucedida a Israel6.
Aunque, en el epígrafe destinado a la descripción del pozo Airón en mi libro Almarcha, atribuyo el romance al pozo Airón de esta villa, por ser el más renombrado por geógrafos e historiadores entre todos los po- zos “Airón” que se conocen, y que son muchos, una lectura meditada de las cuatro primeras líneas del romance recogido en la colección de Me- néndez Pidal, me hace pensar que no se refiere a ninguna de las lagunas conocidas como pozo Airón, sino a auténticos pozos de agua, que tienen fama de que no se secan nunca. En efecto, los versos 2º y 3º dicen:
los calores eran fuertes, agua non se les topo. Por el medio del camino toparon un pozo airón;
Lo que significa que yendo camino hacia Aragón, a causa del calor y del sudor, los siete hermanos tenían sed, porque el agua se les había aca- bado, como dice la versión cantada por Joaquín Díaz. Deseosos de beber para saciar su sed, los hermanos echan a suerte quién ha de bajar al pozo a llenar el recipiente de agua, cayéndole la suerte (desgracia) al menor. Lo atan a una cuerda, pues el agua debía de estar algo profunda y, antes de llegar a ella, la cuerda se rompe. Entonces es cuando se dan cuenta de su desdicha, el menor ha caído en un pozo Ayrón, y en seguida salen culebras y alacranes que le comen el corazón.
Se observa claramente que no puede tratarse del pozo Airón de La Almarcha el referido en este romance, pues sus aguas son saladas y no son aptas para beber, como demuestran los diversos análisis químicos de las mismas que se han realizado hasta ahora. Tampoco puede tratarse de ninguna otra laguna, pues sus aguas son superficiales por lo que se puede beber a morro de ellas o bien llenar el recipiente con sólo alargar el brazo. Ha de tratarse, pues, de un auténtico pozo de agua dulce. Si este romance no es uno de los famosos cantares o romances sobre el pozo Airón de La Almarcha, esto significa que los que existieron sobre el mismo (de los cuales dan noticia Ambrosio de Morales y Torres Mena) se han perdido definitivamente.
En 1982, los norteamericanos Samuel G. Armistead (catedrático de Literaturas Hispánicas Medievales de la Universidad de California en Davis) y Josph H. Silverman, publican en el Seminario Menéndez Pidal de la Universidad Complutense de Madrid el libro En torno al romancero
sefardí. (Hispasnismo y balcanismo de la tradición judeo-española). En
el apartado dedicado al estudio de la influencia de las baladas griegas en el romancero sefardí, mantienen la tesis de que el romance de Menéndez Pidal recogido en Salónica, titulado “Ya se van los siete hermanos”, no es un texto original que se haya transmitido por vía oral, de generación en generación, desde la expulsión de los judíos de España por los Reyes Católicos, sino que recibe la influencia de una balada griega denominada “El pozo endemoniado” y que dice así:
Cuatro y cinco eran, nueve hermanos. Oyeron (contar) de la guerra y se armaron.
Por el camino donde iban, tuvieron sed. Encuentran un pozo y era muy profundo; cincuenta brazas de ancho y cien de hondo. Echan suertes a ver quien baja
y la suerte le cae al pequeño Constantino: -Atadme, hermanos, y yo bajaré-
Lo atan los hermanos y lo bajan. Procuran sacarlo; no podían.
Otra vez procuran; se rompió la cuerda.
-Idos, mis hermanos, idos a nuestra buena madre. Y si nuestra madre os pregunta qué ha sido de mi, no le vayáis a decir que me ahogué.
Sólo decidle que me casé
y que tomé a la hija de un brujo, la niña de una hechizera. La ropa que me está haciendo, que la venda
y que procure casar a mi prometida7.
Los profesores norteamericanos apoyan su tesis en que los judíos, tras 500 años conviviendo con una variedad de etnias balcánicas, habrían de recibir en su poesía tradicional el influjo de las baladas de dichos lugares. Además, estos romances no fueron recogidos en ninguno de los roman- ceros hispanos, de lo que concluyen que su origen se debe a la influencia de las baladas griegas, considerando el romance del pozo Airón “como un espléndido ejemplo de cómo emigran las baladas de una tradición lin- güística a otra”8 y añaden que el poema no ha sido traducido palabra por palabra, sino “fórmula por fórmula y tópico por tópico”.
Pero la teoría de Armistead y Silverman sería refutada por J.M. Pe- drosa en su artículo “El pozo Airón: dos romances y dos leyendas”, don- de argumenta que la transmisión oral del texto discurre al revés. Existe numerosa toponimia en España sobre el pozo Airón y el romance “Ya se van los siete hermanos” debió de ser el que influyera en los romances similares que encontramos hoy día entre los judíos sefardíes de Grecia y Marruecos:
Ello confirma la estrecha dependencia de ambas fábulas de un prototi- po común, presumiblemente español. ¿Presumiblemente? Eso parecen indicar las coincidencias toponímicas onomásticas que se aprecian en- tre ambos documentos y que sólo pueden ser de procedencia española, aunque lo cierto es que los orígenes, a su vez, de ese supuesto prototipo español, parecen estar conectados con otras ramas baládicas europeas y perderse en la oscuridad de nuestra prehistoria literaria9.
Para comentar esta conexión de temas europeos, Pedrosa relaciona nuestro romance con la balada francesa titulada Le roi Renaud, expuesta en otro capítulo, que tiene similitud con la leyenda de don Bueso y el pozo Airón.
Pedrosa cree que la leyenda original procede de España: “La leyen- da de Almarcha, al situar en territorio español algunos de los motivos básicos de ambas ramas de la fábula, parece constituirse en documento crucial para entender sus orígenes y evolución”10.
Ahora bien, si el romance procede de España, ¿cómo es que no se recogió en ninguno de los romanceros españoles y hemos de encontrarlo en diversos lugares de dispersión de los judíos sefardíes, como Salónica (Grecia), Tetuán (Marruecos) y Estambul (Turquía)?
Pedrosa opina que:
también debió existir un canto en pareados hexasílabos sobre el pozo Airón que no dejó rastros en la tradición antigua y que apenas los dejó en la moderna (en Tetuán y, aún mas borrosamente, en Tejerina), aun- que una forma refundida en octosílabos sí sobrevivió con más fuerza entre los sefardíes de Salónica11.
El prototipo medieval del romance debió ser un poema en hexasíla- bos pareados y esta estructura elemental debió de ser despreciada por las fuentes documentales del siglo XVI, razón por la cual no fue recogido en los romanceros españoles.
El tema del pozo Airón siguió siendo tema de inspiración poética en siglos posteriores. De los inicios del siglo XVII datan dos entremeses de Luis Quiñones de Benavente (1589-1651), que traen unos versos relati- vos al pozo Airón de Medina del Campo. Un fragmento del entremés El
borracho, dice al respecto:
En la torre de Babel, junto a Medina del Campo, a una dama hermosa y rica en el pozo Airón echaron. Nunca más salió a ver luz; y lastimados del caso, pretendieron cierto día, sacarla cinco soldados. Entraron los dos por ella;
mas estaba tan abajo, que alcanzarla no pudieron pero los tres que quedaron ... Digo
que los dos desesperados metieron los tres de ayuda. ¿Sacáronla?
La sacaron12.
En el entremés El Barbero, refiere el mismo tema, aunque varían li- geramente los versos que lo describen:
Es el caso,
que allá en el pozo Airón, junto a Medina del Campo, cayó una hermosa doncella, y como estaba tan alto, nadie se atrevió a sacalla mas lastimados del caso de aquella pobre doncella, quisieron cinco soldados entrar a sacalla ...
Pues como le digo a usted, aquestos cinco soldados llegaron al poco, y luego los dos de ellos más osados entraron dentro, y en fin, no pudiendo más, llamaron a los otros tres que le ayudasen; entraron dentro, y entrados, con su favor y ayuda ... ¿Sacáronla?
La sacaron13.
Miguel Herrero refiere en el mencionado artículo que, tras muchas averiguaciones, logró identificar este pozo Airón de Medina del Campo:
Efectivamente, existe a cinco kilómetros de Medina, saliendo por la carretera de Rueda, a mano izquierda, una especie de sima o cueva, conocida en toda la comarca con el nombre de Pozo Airón, del cual se cuentan varias consejas acerca de su profundidad y comunicaciones subterráneas con distintos lugares14.
Cita, por último, Miguel Herrero al pozo Airón con el significado de irreversibilidad, algo así como “el castillo de irás y no volverás”. En este sentido habla del pozo Airón Miguel de Cervantes en Adjunta al Parna-
so. Privilegios, ordenanzas y advertencias que Apolo envía a los poetas españoles (1.614). Esta obra, que es en prosa y no en verso, no ha de
confundirse con Viaje del parnaso a la cual atribuye la cita M. Herrero; es un escrito que va después de esa obra. Escribe Cervantes en Adjunta
al Parnaso:
Item, se da por aviso particular que si alguna madre tuviere hijos peque- ñuelos, traviesos y llorones, los puede amenazar y espantar con el coco, diciéndoles: Guardaos, niños, que viene el poeta Fulano, que os echará con sus malos versos en la sima de Cabra o en el pozo Airón15.
La influencia del pozo Airón en la poesía llega hasta Góngora (1561- 1627), quien a finales del siglo XVI, en una procaz rima, escribe al res- pecto:
Amaina el toldo, pálida podenca, que bien conozco el galgo que te tumba, y sé que el pozairón se te derrumba del continuo escanciar a la flamenca16.
Lo que quiere indicar que el hablante poético reprocha a una mujer sus remilgos y la recrimina porque suele ser más receptiva sexualmente cuando abusa del alcohol.
Puestos a establecer relaciones de literatura comparada, ignoramos qué influencia pudo tener en el romance español “Ya se van los siete her- manos” la leyenda de José, relatada por la Biblia, a quien sus envidiosos hermanos arrojaron a un pozo seco para deshacerse de él. Arrepentidos de su criminal intención, le sacaron para venderle por veinte monedas de plata a unos camelleros ismaelitas que, a su vez, lo revendieron como esclavo en Egipto a un adinerado conocido como Putifar. Como se ve por la leyenda de José, el tema de dejar abandonado, por envidia, al hermano menor en un pozo es antiquísimo.
Después de la publicación de la primera edición del libro, entré en contacto con el profesor de la Universidad de Salamanca, Pedro M. Cá- tedra. Éste me proporcionó un par de poesías sobre el pozo Airón, una del siglo XV y otra del XVI, prueba de que existieron famosos cantares
sobre Airón tal como manifiesta José Torres Mena en su obra Noticias
conquenses.
Pedro Cátedra, en su estudio preliminar a La vida y la muerte o vergel
de discretos de Francisco de Ávila (S. XVI) da el siguiente poema:
Con temor temorizado del castillo me partí. Por gran danyo que yo vi con el tiempo afortunado. Medio dia era passado vime cerca el pozo ayron, vi una fiera visión,
de la qual fuy assombrado17.
Parece que habiendo partido del Castillo de Garcimuñoz, en época de peste, el protagonista ve a la muerte en el pozo Airón de La Almarcha. La describe como un hombre lleno de vello, con un arco en el cuello y las flechas en la cintura, para herir con ellas. El protagonista pretende huir, pero la muerte le amenaza con sus flechas y se establece un diálogo entre ambos en el que la muerte le amenaza que cuando llegue su hora, tarde o temprano, recibirá sus flechas mortíferas. La poesía termina con la invocación a Jesucristo por parte del protagonista para que le libre del infierno.
Por su parte Brian DUTTON, en El cancionaero del siglo XV, editado en 1991 en Salamanca bajo la dirección de Pedro Cátedra, nos ofrece El
quexo de la mula de Juan Muniz que fizo Antón de Montoro, que se guar-
da en un cancionero de la Biblioteca de París y que Napoleón se llevó de España. Dicha composición poética, en la que alternan la redondilla y la cuarteta, dice así:
Vos señor de nobles proes de virtudes mas que Rico yo vos ruego & suplico que fagays como quien soes desde que vos me quitastes non se me parta calanbre. Volvedme do me sacastes o mandad matar mi fanbre. Vos muy amador del Rey donde bondat se profiere non querays que desespere
& me buelua de otra ley que sy con grant compasión non vos duele mi palabra yo me yre a pozo ayron o la la grant syma de cabra18.
Parece ser que los dos últimos versos son los que inspiraron a Miguel de Cervantes, quien en Adjunta al Parnaso indica que las madres pueden asustar a sus hijos traviesos y llorosos con echarlos a la sima de Cabra o al pozo Airón, lugares de donde no se puede salir.
Por su parte, el santanderino Rodrigo de Reinosa, a finales del siglo XV escribe Las coplas de las comadres. En un fragmento de una de ellas también encontramos referencia al pozo Airón. Dice así: