AIRÓN
DIOS PRERROMANO DE HISPANIA
Leyendas, romances, mitología, brujería y otras
curiosidades históricas
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2ª Edición
© Miguel Salas Parrilla [email protected]
http://www.telefonica.net//web2/miguelsalas © Maquetación: Jesús Salas Parrilla
ISBN: 84-609-5773-X
Depósito legal: M. 22.906-2005 Impreso en Imprenta Fareso, S.A.
ÍNDICE
Introducción ... 7
1. Testimonios epigráficos y arqueológicos ... 11
2. Noticias sobre el pozo Airón de La Almarcha ... 19
3. Descripción geográfica, geológica e hidrológica del pozo Airón de La Almarcha ... 31
4. Brujería en torno al pozo Airón ... 37
5. El romance sefardí y otros versos ... 41
6. La leyenda de Don Bueso y otras noticias ... 51
7. Toponimia ... 61
8. Etimología, mito y culto ... 97
Notas ...113
A mis padres, Miguel y Angustias, que supieron mostrarme el camino del amor a la sabiduría
INTRODUCCIÓN
Siendo yo un niño, cuando el veintitrés de agosto nos acercábamos en romería a la ermita de San Bartolomé, para traerle durante las fiestas patronales a la iglesia de La Almarcha, contemplaba con envidia cómo otros niños, un poco mayores, subían cerro arriba a ver el pozo Airón; esto es, hacían una visita al santo moderno y al dios antiguo.
Unos años después, yendo de camino hacia Valverde del Júcar junto con mis padres, éstos me señalaron dónde estaba el pozo Airón. Me ha-blaron de los muchos que se ahogaron en él y también que se decía era un ojo de mar porque tenía el agua salada, aunque la salobridad también pudiera deberse a que, según se comentaba, en tiempos cayó dentro de él una carreta cargada de sal.
Durante mis años de estudiante de Bachillerato, en varias ocasiones, visité el pozo Airón en compañía de mis amigos del pueblo con los que comentaba que en la Guía Larrañaga y también en Noticias conquenses, de Torres Mena, se citaban leyendas sobre él, pero nunca llegamos a pro-fundizar en las mismas, quedándonos con la curiosidad insatisfecha.
Cuando en 1978 preparaba el epígrafe “El pozo Airón” para el libro
Almarcha, tuve ocasión de documentarme con la lectura de Noticias con-quenses, de Torres Mena; el artículo “El pozo Airón”, de Miguel Herrero;
cuanto dice sobre él Quadrado y algunas lecturas más. Había dado un paso hacia adelante para saciar mi curiosidad, aunque no quedé totalmen-te satisfecho.
En mis sucesivas visitas a la Biblioteca Nacional, cuando estaba pre-parando otros libros, siempre aprovechaba la ocasión para sacar alguna fotocopia más de documentos antiguos y ampliar datos.
En 1995, año de la sequía en que el pozo Airón se vio cubierto por una capa de sales que formaban una especie de arenas movedizas, tuve ocasión de fotografiarlo en tan lamentable estado. En esas fechas recibí una carta de J.M. Pedrosa, junto con su artículo “El pozo Airón: dos ro-mances y dos leyendas”. Nos entrevistamos en el Círculo de Bellas Artes de Madrid y mi curiosidad se despertó de nuevo deseando ampliar datos, pero otros menesteres me lo impidieron.
Durante treinta y tres años llevo recogiendo datos sobre el dios Ai-rón y sobre pozairones. Ahora, cuando creo que tengo en mi poder la suficiente información, considero que ha llegado la hora de decidirme a publicar esta pequeña obra sobre el dios prerromano Airón, con las leyen-das, romances, versos y curiosidades históricas que he ido recopilando a lo largo de esos años, pues no quiero llevarme a la tumba todos estos co-nocimientos, sino que deseo hacer partícipes de ellos, en primer lugar, a mis paisanos de La Almarcha y también a toda la comunidad de curiosos y científicos que podrán saciar con la lectura de la presente obra su sed de curiosidad sobre Airón y sus misterios.
He pretendido enfocar el problema desde diversas perspectivas: noti-cias de historiadores, geógrafos y viajeros; descripción geográfica y aná-lisis de sus aguas; estudio de sus leyendas, romances y mitos; así como dar una visión de la dispersión geográfica del culto a Airón, este dios indígena que fue respetado por los romanos, y cuyo culto perduró hasta bien entrada la Edad Media.
Aunque, a lo largo de tantos años, he realizado un gran esfuerzo de documentación, no pretendo agotar el tema. Detrás de mí vendrán otros a los que este estudio les resultará útil y que profundizarán todavía más en sus diversos enfoques e incluso abrirán nuevas vías de investigación. Les animo a que sigan en el camino, pues el tema es proclive para ello. Buena prueba de ello es que entre la primera y la segunda edición el número de topónimos conocidos ha pasado de 60 a 100.
Doy las gracias a cuantas personas, que han sido muchas, me ayuda-ron a que este libro salga a la luz. En primer lugar a mi hermano Jesús, que realizó la mayoría de las fotos e hizo en su ordenador la maqueta del libro. Un agradecimiento muy especial para mi amigo y compañero de trabajo Fernando Rayo Tierno, oriundo de La Almarcha, que se entu-siasmó con el tema, me buscó datos, corrigió el texto sucesivas veces y
me dio valiosas sugerencias. También quisiera tener palabras de agrade-cimiento para Yolanda Estefanía Aparicio, directora de la Biblioteca del Museo Postal y Telegráfico, donde halló valiosos datos y con la que leí varias veces el libro; a José Manuel Pedrosa, que me entregó su artículo sobre el pozo Airón, me proporcionó información y me animó a seguir en la tarea; a Alberto Lorrio, profesor de la Universidad de Alicante, que me hizo llegar su artículo sobre el “Deus Aironis” y una fotografía del ara votiva de Uclés; a Juan Carlos Olivares Pedreño, de la Universidad de Alicante, con el que tuve varias conversaciones telefónicas, me envió valiosa información, realizó el mapa con la distribución de los topóni-mos y me dio numerosas sugerencias; a don Joaquín Vallvé Bermejo y a don Francisco Ruiz Girela, que me orientaron en etimología árabe y me hicieron llegar la crónica Muqtabis V; a los profesores de Historia de España Antigua J. Mª Blázquez y Martín Almagro Gorbea, con los cuales mantuve conversaciones telefónicas que me aclararon dudas; a Julio César Aparicio y a Federico Rodríguez, del Instituto Geográfico Nacional, que me entregaron el rastreo de topónimos, realizado sobre el mapa 1:25.000 de España, que me permitió incrementar el número de topónimos; a la boticaria de La Almarcha, Ana Martínez García, que me buscó información para realizar el análisis de las aguas del pozo Airón; a José Manuel Castillo Martín, que me facilitó el análisis de las aguas del pozo Airón de La Almarcha; al concejal de Valeria, Julián Torrecillas Moya, que me recibió en su pueblo, me mostró las ruinas de Valeria y la Iglesia de la Sey donde se halla el pozo Lairón; a Emilio Poveda y a Pedro Rodríguez, que me dieron información para el estudio geológico; al profesor de Geografía en la Universidad Complutense de Madrid, Pepe Carpio, que me ofreció algunos datos geográficos y me hizo llegar una nota de un compañero de Facultad sobre el origen del pozo Airón; a Marc Martínez, del Instituto Geominero de España, que me ayudó a interpretar la hoja 662 de dicho Instituto; a Rosario Cebrián, conservadora de Mu-seo de Segóbriga, que me facilitó un CD con el ara votiva dedicada al dios Airón que se conserva en dicho Museo; a Heliodoro Cordente, que me envió información sobre el proceso inquisitorial contra las brujas de Belinchón; a los profesores Antonio Arnaiz y Joaquín Caridad Arias, que me respondieron por correo electrónico a la pregunta que les hice sobre la etimología del teónimo Airón; a Pilar Ruiz, que me ayudó a diseñar la maqueta del libro; a Otilia Martínez Monge, que realizó la plumilla sobre la leyenda de don Bueso; al fotógrafo de Vitigudino, Jacinto Iglesias, que
me facilitó la fotografía de la cascada del pozo Airón de Pereña; a los muchos historiadores locales y secretarios de Ayuntamiento que atendie-ron mis llamadas telefónicas e hicieatendie-ron las averiguaciones oportunas para confirmar o ampliar datos; y a todos cuantos, de una u otra forma, me han facilitado la tarea de estudio de este tema con su ayuda desinteresada. A todos ellos, gracias.
Testimonios epigráficos y arqueológicos
Capítulo
1
El dios Airón es uno de los 320 dioses indígenas que según J. Mª. Blázquez recibieron adoración en la Celtiberia prerromana, aunque hay que advertir que muchos de esos nombres sólo son topónimos que in-dican el lugar donde la divinidad era adorada, por lo que el número de divinidades se reduce considerablemente.
Según indican diversos historiadores (Rada y Fita 1889, Quintero Atauri 1913, Blázquez 1977, Almagro Basch 1984, Lorrio 2002), el dios Airón parece que es una divinidad indígena que recibiría culto junto a pozos naturales, lagunas y simas.
Otras divinidades vinculadas con las aguas son: Ameipicer, Aturrus, Bormanicus, Castaecae, Durbedicus, Edovius, Frovida, Reve, Coventina, etc., pues se han hallado inscripciones referentes a ellos en Guimarães, Braga, Campos, Caldas de Vizela, Santa Eulalia de Barrosa, Caldas de Reis y en otros lugares del noroeste de la península Ibérica1.
Muy poco es lo que se sabe sobre estos dioses y muy poco también es lo que sabemos sobre Airón, ya que apenas existen referencias literarias de historiadores romanos sobre nuestros dioses indígenas. Los poblado-res de la península en aquellos tiempos adoraban los elementos naturales, pues pensaban que éstos influían en sus vidas. El sol, la luna, montañas, árboles, fuentes y ríos se convirtieron en objeto de su veneración. Fuen-tes, manantiales, pozos, lagos y ríos eran adorados, si se pensaba que te-nían alguna virtud curativa o de ellos existía alguna leyenda que infundía
temor, y ambas cualidades coinciden en la pequeña lagunilla existente a kilómetro y medio del pueblo conquense de La Almarcha, conocida como el pozo Airón.
Es fama que el fango del fondo y que sus mismas aguas poseen virtu-des medicinales que curan cualquier tipo de enfermedad de la piel. Desde mediados del siglo XIX, cuando la Dermatología no estaba tan avanzada, venían por el verano personas de diversos lugares, que ataban una cuerda a una estaca clavada en el suelo y, agarrados a la cuerda que previamente se habían atado a la cintura, se bañaban en el pozo Airón; eso sí, estando presentes familiares o amigos que pudieran tirar de la cuerda para sacar al bañista de la laguna en caso de peligro, pues en las mentes de los ha-bitantes de la zona existen miedos ancestrales sobre los peligros del pozo Airón, que tienen su base real en que la ova que crece en la laguna difi-culta la natación y cuando se pretende hacer pie para salir, el lodo mile-nario obstaculiza la salida del bañista y puede ocasionar que éste termine hundiéndose en el cieno. A estos miedos ancestrales se une la realidad histórica de que son muchos los ahogados a lo largo de los siglos en las aguas del pozo Airón de La Almarcha, bien por no saber nadar o por no haber tomado las precauciones necesarias.
Además se atribuye a Airón el carácter de un dios maléfico, misterio-so, de tipo subterráneo e infernal que probablemente exigiera sacrificios de productos de la tierra, de animales e incluso humanos para ser apla-cado, ritos estos que son una mera conjetura, no confirmada todavía en España por testimonios arqueológicos, pero que sí han sido confirmados en la excavación de varios pozos celtas de Francia, donde se han hallado restos de animales y hombres sacrificados al dios del pozo.
Ya hemos mencionado que no contamos con ningún documento es-crito de historiadores romanos que nos hable del dios Airón. Con lo que sí contamos es con un documento epigráfico, un ara votiva dedicada a esta divinidad encontrada a comienzos del siglo XIX en unos terrenos cerca-nos a Fuente Redonda, en el término municipal de Uclés. Quintero Atau-ri, historiador, arqueólogo y cronista de Uclés, identifica la procedencia exacta del ara como el lugar de la “Aldehuela”, cerca de Fuente Redonda.
Martín Almagro Basch, que realizó un estudio epigráfico de esta ara, la describe en su libro Segóbriga. Inscripciones ibéricas, latinas y latinas
Ara de piedra granítica, cuyo campo epigráfico presenta tonalidad rosa-da. En su parte superior y lado derecho ha sufrido notables desperfectos que afectan a varias de sus letras. La A última de la línea tercera tiene perdido su trozo derecho por rotura del borde de la lápida. Sus dimen-siones son: 75x38x27 cm. El tamaño de sus letras de factura tosca e irregular, oscila entre los 8 y los 5 cm. de altura. La dureza de la pie-dra ha hecho que las letras sean perfectamente legibles aún en nuestros días2.
Las inscripciones que contiene dicha ara dicen así: DEO A IRONI FECIT FA MILIA OC VLES VSE CTITINIV CRISPINV
La transcripción de dicha inscripción que realiza Martín Almagro, tras considerar otras transcripciones de Blázquez, Fita y Hübner, es la siguiente:
DEO AIRONI FECIT FAMILIA OCVLE(N)S(IS) VSE(TANA?) C(AIVS) TITINIV(S) CRISPINV(S)
La traducción al castellano de este texto latino, una vez completado el texto abreviado, es: “Al dios Airón erigió la familia usetana oculense. Cayo Titinio Crispino”.
En la inscripción epigráfica, que parece del siglo I después de Cristo, se lee claramente en dativo de singular “DEO AIRONI”, con lo que se demuestra que Airón fue un dios, y no un simple genio protector de fuen-tes o pozos.
Una vez descubierta el ara votiva, comenzó para ella una serie de traslados que bien merecen su relato. Tras su descubrimiento, fue trasla-dada a Uclés, donde quedó incrustada en una tapia del convento de las religiosas Dominicas. En un texto en que comenta la excursión arqueo-lógica realizada en septiembre de 1888 a Cabeza del Griego (Segóbriga) y Uclés, Fidel Fita da la noticia de que en 1880 Román García Soria la arrancó de la tapia y la depositó en el naciente Museo de Uclés. Pero no terminó allí su peripecia. Según cuenta Almagro:
Pocos años después, el 20 de abril de 1891, un Acta del Museo Arqueo-lógico Nacional nos da cuenta de la entrada en el mismo del referido monumento, que fue registrado con el n.º 16583 correspondiente al In-ventario General. Rivero la recogió en su Lapidario con el núm. 41. En el Archivo Fotográfico del citado museo lleva la signatura: K 2151/10. Finalmente, en 1972, el ara fue traspasada al Museo de Segóbriga, don-de está señalada con el número V. 15. Hübner trae la inscripción en CIL II, 5888, y J. Vives en el núm. 714 de su colección de inscripciones3.
El hecho de que esta ara (que no es de granito) se encontrara junto a la laguna de Fuente Redonda, donde nace un afluente del río Bedija, y que sea un ara votiva de agradecimiento, nos sugiere que este dios, con fama de infernal, a veces también hacía favores como se los debió hacer a la familia usetana de Cayo Titinio Crispino, una familia emigrante, pues los usetanos eran una tribu que habitaba Ampurias. Esta familia debió acu-dir a las aguas de Airón para curar alguna enfermedad, razón por la cual dedicó esta ara votiva al dios en agradecimiento a los favores recibidos. Tenemos nuestras dudas, al igual que ya se apunta en la transcripción de Fita y Almagro, de que la traducción del término latino “VSE” sea “usetana”; probablemente sean las iniciales de un nombre gentilicio para nosotros desconocido.
Fuente Redonda pudo ser un santuario dedicado al dios Airón, pues Quintero Atauri, en 1904, en su libro Uclés. Residencia de la Orden de
Santiago, al hablar de las aguas que abastecen al pueblo, dice: “Para el
consumo del pueblo tiene buen agua potable, conducida por cañería de hierro desde el manantial de Fuente Redonda” y en la nota 1ª a dicho texto, explica a pie de página que esta fuente se llamaba “así por estar ro-deado de una construcción de cantería de forma circular, en gradería. Hoy está casi cegada por falta de cuidado”4. Y añade unas páginas después:
La divinidad Airón debía ser popular entre lusones, porque aun hoy es corriente entre los campesinos de la región amenazar a los hijos con lle-varlos al pozo Airón, y en la misma provincia de Cuenca existe un pozo con este nombre, lo mismo que sucede en Hontoria del Pinar5.
El culto que el dios Airón recibió en Uclés debió ser importante, así se explica que en tiempos de los romanos -o probablemente antes- se hiciera semejante obra un poco más allá del nacimiento del manantial. En rea-lidad el manantial que aporta sus aguas a Fuente Redonda se ubica unos cuarenta metros más arriba, junto a la carretera y la arqueta que cubre el sondeo que a comienzos del siglo XX proporcionaba el agua potable a Uclés. Tras visitar Fuente Redonda en varias ocasiones, interpretamos que se trata de una laguna artificial, de unos quince metros de diámetro, y metro y medio de profundidad, con aguas cristalinas y potables, construi-da por la mano del hombre. ¿Por qué se construyó esta laguna, revesticonstrui-da de piedra de cantería en todo su perímetro, excepto en la entrada y salida de las aguas? La primera hipótesis que se plantea es que sirviera como un simple depósito de agua para el aprovisionamiento del poblado de la “Aldehuela” que estaba ubicado al lado. El graderío existente también sugiere que probablemente se practicaran en ella ritos de inmersión en honor a Airón.
Otra prueba de la importancia del manantial se halla en el topónimo Uclés. Según expone Antonio Marqués de Faria (2003), el origen del topónimo Uclés proviene del término latino oculis, que significa “ojos”. Fuente Redonda sería el “manantial”, “ojos del agua”, lo que se explica por considerársele nacimiento del Bedija, aunque el nacimiento real está un poco más lejos, cerca de Rozalén del Monte6. Es curiosa la coinciden-cia; pero Quintero Atauri, en el libro mencionado, sostiene que su origen puede ser “Ocilis”; tal vez el origen sea el ablativo de plural latino oculis, lo que puede interpretarse como “población ubicada en los ojos o naci-miento de un río”.
Otro de los lugares donde el dios Airón pudo recibir culto fue en la ciudad romana de Valeria (Cuenca). Aquí encontramos actualmente uno de los ninfeos del Imperio Romano mejor conservados. Según Ángel Fuentes, el de Valeria era un edificio de culto a las aguas, más que un edificio de ornato. Consta de siete nichos semicirculares alternados con exedras rectangulares. De estos nichos emergían catorce fuentes o bocas
pareadas en siete grupos manando agua. El agua llegaba al ninfeo a través de un acueducto, que proviene de un paraje conocido como “Las viñas”, y pudo padecer problemas de abastecimiento; por ello, Valeria creció ha-cia la zona en la cual se ubica la población actual, donde el nivel freático de las aguas se encuentra a tan solo tres metros de profundidad. Comenta, a este respecto, el arqueólogo Ángel Fuentes en el libro Ciudades
roma-nas en la provincia de Cuenca:
Creo que el centro de este “barrio” periférico o suburbano lo constituía un templo dedicado precisamente a una divinidad infernal de las aguas: el templo de Airón, dios indígena bien conocido por la toponimia en otras zonas de la Meseta y en la provincia de Cuenca en Uclés a través de un epígrafe7.
Los restos de este templo, que todavía permanecía abierto al culto en el siglo IV d. C., se reutilizaron en la construcción de la actual iglesia del pueblo, en la que encontramos embutidas en sus paramentos: columnas, capiteles, cornisas, ménsulas, estelas funerarias y grandes piedras de ori-gen romano, así como otras de oriori-gen visigodo.
El templo romano, que pudo estar dedicado al dios Airón, atraería entre los siglos IV y V d. C. al grueso de la ciudad. Lo cierto es que en la nave norte, de las tres que posee la actual iglesia de la Sey, se ubica un pozo Airón que tiene fama entre los habitantes de la villa de que no se seca nunca, aunque los restantes pozos lo hayan hecho.
Llevado por la curiosidad, hace años visité la actual iglesia de la Sey (contracción de sede, que recuerda a la antigua sede episcopal que fue Valeria, de lo que queda constancia por el nombre de sus obispos, que asistieron a los concilios de Toledo: Juan, Magnencio, Eusebio, Tagon-cio, Esteban y Gaudencio). Los “viejos del lugar” que hicieron de guías insistían en sus explicaciones en dos ideas. Una anciana repetía continua-mente: “aquí tenemos al Lairón” (versión popular de Airón, que se forma por contracción de “El Airón” desapareciendo la e inicial) y cuando al fin le pregunté por él, me explicó que se trata de un pozo que siempre tiene agua. Por su parte, los ancianos que me acompañaban no hacían más que repetir: “y debajo de esta iglesia hay otra”. Cuando les pregunté en qué argumentos basaban su afirmación, me respondieron que a la altura del altar mayor, y en la nave norte, cuando se pisa fuerte, se percibe una es-pecie de sonido a hueco.
Mientras que las excavaciones arqueológicas en el interior de la igle-sia no lo demuestren, no sabremos cuál de las dos hipótesis siguientes es la correcta: si, como sugiere el arqueólogo Ángel Fuentes, la actual iglesia de la Virgen de la Sey está construida sobre un templo romano dedicado al dios Airón, cuyos materiales de derribo se reutilizaron en la nueva iglesia; o si, como sugiere Julián Torrecillas en su página Web sobre Valeria, lo que hay debajo de la actual iglesia es la basílica visigó-tica que fuera sede del episcopado valeriense. A mi modo de ver, ambas explicaciones son posibles. Primero existiría un templo romano dedicado al dios Airón. Con la llegada del cristianismo, éste sería destruido y sus materiales servirían para construir una basílica visigótica, pues es sabi-do que los cristianos edificaron muchas de sus iglesias sobre santuarios donde antes se adoraba a dioses paganos. Con la llegada de los árabes a España, la basílica de la sede episcopal, a su vez, fue destruida y, tras la conquista de Cuenca por Alfonso VIII, se edificó la actual iglesia en el mismo lugar donde antes había existido un templo dedicado al dios Airón y después una basílica visigótica; ello explica la mezcla de elementos romanos y visigóticos que encontramos en la actual iglesia de la Virgen de la Sey.
De lo que no cabe la menor duda es que en la nave norte de la actual iglesia de Valeria existe un pozo, llamado Airón por unos y Lairón por otros, al cual se le conoce desde tiempos inmemoriales; y este pozo tiene fama de que su agua no se agota nunca por muy seco que sea el año.
Mucho debió costar al cristianismo erradicar el culto a las aguas que abarcaba toda la meseta castellana, Portugal y también Francia. Después de la implantación del cristianismo, se siguió practicando el culto a las fuentes (delante de las cuales se encendían antorchas y se les ofrecían preferentemente pan e incienso)8, de ahí la insistencia de los concilios de Toledo y de Braga en prohibir su culto.
Pero ninguna revolución religiosa logró terminar del todo con esta devoción popular que probablemente se originó en el neolítico, y que se mantuvo durante la Edad Media a pesar de las recomendaciones religio-sas para que se abandonase su culto9.
En este capítulo me propongo examinar todas aquellas noticias que a lo largo de los años nos han dejado geógrafos, historiadores y viajeros sobre el pozo Airón de La Almarcha, por ser éste el más famoso entre todos los pozos “Airón” de la península Ibérica y al que se refieren la ma-yoría de los geógrafos e historiadores cuando hablan del “pozo Airón”.
La primera cita de que disponemos nos la proporciona el Infante don Juan Manuel, dueño del señorío de Villena, que solía vivir, junto con su esposa doña Constanza, durante largas temporadas en la vecina villa del Castillo de Garcimuñoz a cuya jurisdicción pertenecía entonces el lugar de “El Almarcha”. En su obra Libro de la caza, compuesta a comienzos del siglo XIV (1325), nos da esta escueta referencia:
el aRoyo del almarcha sale del almarcha e entra en xucar de yuso de vcero e pasa çerca del poso ayron. Eneste aRoyo ay parada de anades e logar para las caçar con falcones. Pero e enel malos pasos1.
El hecho de que don Juan Manuel, tan sólo ciento cincuenta y un años después de la reconquista de estas tierras, siga manteniendo el nombre de Ayrón nos hace pensar que, por tratarse de un dios, este nombre se ha mantenido inalterable desde el neolítico a pesar de la ocupación del territorio por diversos invasores -celtas, romanos y árabes- que siempre respetaron el nombre del dios y lo transmitieron, de generación en gene-ración, rodeado de un halo de misterio y temor.
Jean de Vandenesse, holandés que acompañaba al emperador Carlos V, menciona en su obra Journal de voyages de Charles Quinte de 1514
Noticias sobre el pozo Airón de La Almarcha
a 1551 cómo el emperador Carlos V, el 26 de abril de 1528, cuando iba
de camino a Valencia para jurar los fueros del reino, se aparta del camino real que va de Madrid a Valencia para ir a visitar el pozo Airón, por ser cosa muy señalada en su tiempo. Y de nuevo, el 21 de diciembre de 1542, viniendo de Valencia, al pasar por La Almarcha también fue a visitarlo. Esta vez, el emperador almorzó en La Almarcha, donde los lugareños le agasajaron con un asado de jabalí y un estofado de perdices2.
Años después, en las Relaciones topográficas (1558) que Felipe II mandó hacer a las diversas villas de sus reinos, los vecinos de la villa del Castillo de Garcimuñoz respondieron así a la pregunta número 21, que versaba sobre las aguas del pueblo:
A los veinte e un capítulos dixeron: que la dicha villa tiene bastante agua, e que hay cuatro fuentes señalada de donde se provee el dicho pueblo de agua; e que hay un lago que se llama El pozo Airón, que es la cosa más señalada de esta tierra, el cual no cría cosa alguna de pescado, sino es sabandijas ponzoñosas; e que el sabor y color es como de la mar, y es tan profundo que hasta agora no se sabe el fondo de él. Es en forma redonda e muy ancho, e que el agua es de tal sabor que ni los hombres, ni bestias, ni aves, ni ningund animal bebe de ella, por ser el agua como la de mar y en tierra se dice comúnmente ser ojo de mar; y aunque de él se dicen muchas cosas fabulosas esta es la verdad; e por cosa notable el emperador don Carlos Quinto pasando a Valencia lo fue a ver por ser cosa muy nombrada, y el rey don Felipe, nuestro señor, asimismo. Cae a media legua de esta villa, en su jurisdicción, a la parte del norte; y esto dixeron al dicho capítulo3.
Ambrosio de Morales, cronista real de Felipe II e inspirador de las
Relaciones topográficas, de las cuales luego obtuvo mucha información
para su libro Antigüedades de las ciudades de España (1575), hace la siguiente referencia:
El pozo Ayrón, tan celebrado en nuestros cantares, es un lago no muy grande, mas muy hondo, cerca de la villa llamada Castillo de Garci Muñoz, en la Mancha. No se le conoce tampoco fuente ni manantial, y sustenta en todo tiempo su lleno de una manera. Y por ser aquella tierra tan seca, es mas notable y extraña aquella abundancia de agua allí que-da y estantía4.
El hecho de que Ambrosio de Morales, que por su cargo de cronista real era una persona muy ilustrada, diga “tan celebrado en nuestros
can-tares”, es una prueba concluyente de que en el siglo XVI existían diversas canciones o coplas sobre el pozo Airón de La Almarcha. No sabemos cuál es la razón por la que no fueron recogidas en los romanceros, considera-mos probable la explicación dada por J.M. Pedrosa de que estos cantares estuviesen en pareados hexasílabos, metro que despreciaron las colec-ciones de romances antiguas. Prueba de que hubo romances sobre el pozo Airón es que en el Archivo de Menéndez Pidal existen varias versiones de un romance recogido en Salónica (Grecia), en la comunidad de judíos sefardíes. Dado que el texto se comenta en otro capítulo, sólo exponemos su inicio que dice así:
Ya se van los siete hermanos, ya se van para Aragón; los calores eran fuertes, agua non se les topó. Por el medio del camino toparon un pozo Airón5.
En el siglo XVII (1622) Baltasar Porreño, cura párroco de Sacedón, sólo proporciona una escueta referencia sobre el pozo Airón en su ma-nuscrito inédito Declaración del Mapa del Obispado de Cuenca. Dice así el texto consultado en la Biblioteca Nacional: “Almarcha aquí hay un poço profundíssimo llamado Airòn, donde dicen, que hechó D Bueso veinte, y quatro Amígas suyas, y las ahogò”6. El texto, aunque corto, es muy importante para nuestro tema, pues en él aparece por primera vez la referencia a la leyenda de don Bueso.
El historiador Mártir Rizo, en su obra Historia de la muy noble y
leal ciudad de Cuenca, publicada en 1629, da la siguiente noticia sobre
el pozo Airón:
El poço Ayrón es vna legua de Almarcha, que no se halla suelo, ni tiene corriente à parte ninguna, y adonde se dize (no se si fabulosamente) que don Buesso echò veinte y quatro amigas suyas a quien hazia desnudar por quitarlas las joyas que tenian. Y auiédole rogado vna dellas, que por la honestidad de su persona boluiesse las espaldas en tanto que se desnudaua, al tiempo que lo hizo le violentò con un golpe, de suerte, que le precipitò en el7.
Antonio Ponz en su Viaje por España, cuya primera edición data de 1774, sólo le dedica cuatro líneas: “Cerca de la Almarcha hay otra8, que llaman el Pozo de Ayrón, el qual es muy nombrado, y de tanta profundi-dad, que vulgarmente se dice que no tiene suelo”9.
Por su parte, el geógrafo conquense Fermín Caballero, en su
Ma-nual Geográfico-administrativo de España (1844), dice en su artículo
“Simas” con respecto al pozo Airón de La Almarcha, tras haberse re-ferido previamente al de Granada: “el pozoairon del Castillo de Garci-Muñoz, tenido por ojo o respiradero de mar”10.
Estrada, cuando describe en su obra las cosas más notables del país en todas sus manifestaciones y géneros, afirma en la página 27: “En la Mancha merece el Pozo de Ayrón que se le de el nombre de Lago, pues es tanta su profundidad y grandeza, que se usa como proloquio -o sentencia- en España su memoria, y encarecimiento”11.
Pascual Madoz en su Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico
de España, (1846) al hablar del municipio de La Almarcha, hace la
si-guiente referencia sobre el pozo Airón:
a ¼ leg. al E. una laguna de poco más de 300 metros de circunferencia, cuya agua, que no cria pesca, es muy salobre: es esta laguna de gran nombradía, ya por la particularidad de contener siempre una misma cantidad de agua, ya por no haberse descubierto su fondo, y lleva de inmemorial el conocido nombre de Pozo Airon12.
Sin embargo, cuando trata el término AIRÓN (POZO DE), describe la laguna de Hontoria (Burgos) de la que da una descripción más amplia que transcribimos en el capítulo dedicado a la toponimia13. Es curiosa la coincidencia que se da entre las dos lagunas, de las dos se desconoce su fondo, pues forma parte de la mitología de los pozos “Airón” que son profundísimos o no tienen fondo.
Muñoz Soliva, en su obra Historia de la muy Noble, Leal e
imperté-rrita ciudad de Cuenca y del territorio de su provincia y Obispado, des-de los tiempos primitivos hasta la edad presente”, escrita en 1867, poco
es lo que aporta con esta breve mención:
En la Almarcha está el Pozo Airon, donde Porreño dice, que D Vueso ahogó sus muchas concubinas. Tal es su fama de profundidad, que pa-sando a Valencia, se llegó a verlo el rey Cárlos I14.
Pedro Pruneda, en su Crónica de la provincia de Cuenca (1869), sólo le dedica unas líneas:
A poca distancia de Almarche, hay una laguna conocida con el nombre de pozo Airon, donde es fama que un D. Bueso mandó arrojar á sus 24
mancebas; este pozo es tan profundo, que vulgarmente se dice que no tiene suelo15.
Cortázar, al hablar de las lagunas de Cuenca, en su obra Descripción
física, geológica y agrológica de la provincia de Cuenca (1875), escribe
al referirse al pozo Airón de La Almarcha:
Es una laguna situada a dos kilómetros al E. del pueblo de La Almarcha, de unos cincuenta metros de diámetro y de profundidad desconocida, sin que se note por parte alguna entrada ni salida del agua, que se con-serva en todo tiempo a un mismo nivel, de un color muy oscuro y sabor desagradable, y no cría peces16.
Comenta estos datos Torres Mena diciendo: “No habiendo sido visi-tada La Almarcha por el Sr. Cortázar en su excursión científica, son sin duda de mera referencia los datos que consigna”17.
Otro testimonio de finales del siglo XIX es el don José Torres Mena, aunque nacido en Casas Ibáñez, se consideraba almarcheño de adopción, su abuela materna era de La Almarcha (pertenecía a la noble familia de los Moya) y además aquí estableció su residencia alternándola con Ma-drid. Por ello, en su obra Noticias conquenses (1878), comenta al referirse al artículo que dedica a La Almarcha: y si alguno encuentra este artículo
más extenso que otros muchos que parece reclaman mayor importancia, tenga en cuenta que trato en él del que considero como mi lugar, porque en él he venido á establecerme, sobre la tierra de mis mayores y bajo la sagrada sombra de sus recuerdos inextinguibles18.
Junto con Quadrado, fue Torres Mena el autor del siglo XIX que más líneas dedicó al estudio del pozo Airón. Además de recoger todas las no-ticias que pudo de historiadores y geógrafos sobre esta lagunilla, realizó dos empresas sobre la misma que le honran y que relata en su libro. En 1853 introdujo la palabra “pozo Airón” en el Diccionario Enciclopédico
de la Lengua Española del cual fue uno de los colaboradores. En el tomo
I, en la palabra “Almarcha”, Torres Mena describe el pozo Airón en los siguientes términos:
A ¼ de legua de la población hay una laguna de gran nombradía, por contener siempre la misma cantidad de agua, y no haberse descubierto su fondo. Lleva de tiempo inmemorial el conocido nombre de POZO AIRON 19.
La inclusión del término en este diccionario influyó en otros diccio-narios que se editaron después. Consultada la palabra “pozo Airón”, en la edición vigesimoprimera del Diccionario de la Real Academia de la
Lengua, impresa en 1992, encontramos la siguiente definición:
Airón. Pozo o sima de gran profundidad. Ú. en sent. figu. y fam. como lugar donde alguna cosa se pierde, desaparece sin que haya esperanza de recobrarla o se olvida. Caer una cosa en el POZO AIRÓN, echar una cosa en el POZO AIRÓN, lo tragó el POZO AIRÓN20.
Torres Mena opinaba que el nombre de la Almarcha era famoso en España sólo debido a su pozo Airón, por eso dice en su obra:
Nada de esto era bastante para hacer de la Almarcha una población notable, é ignorada del mundo existiría á no ir unido su nombre a los romanceros relatos del Pozoairón; maravilla o fenómeno hidrológico vulgarizado principalmente desde que en 1853 tuve ocasión de consig-narlo en el “Diccionario Enciclopédico de la Lengua Española21.
José María Quadrado, en su libro Viaje por España: Guadalajara y
Cuenca (1886), hace una larga descripción del pozo Airón en los
siguien-tes términos22:
Inmediato al castillo de Garcimuñoz y en términos de Almarcha, que fue en otro tiempo dependencia de su corregimiento, está el célebre Pozo
Ayrón, del que también daba cuenta la relación de Garcimuñoz [a]. La
existencia de un lago salado en tierra tan salitrosa y próxima a grandes salinas nada tiene de extrañeza, sin necesidad de inventar que sea ojo
de mar. Con todo, llegó a adquirir gran celebridad, y los conquenses y
manchegos hubieron de popularizar el nombre del salobre lago, apli-cándolo a la corte de Madrid [b]. Visitólo el emperador Carlos V yendo de paso para Valencia, y también su hijo Felipe II. Ahora ya se bañan en él, habiéndolo hecho al pronto algunos despreocupados por diversión o broma, sin que ningún tiburón ni serpiente verde y escamosa con ojos fosforescentes, arrastrara al fondo de la inconmensurable sima para de-vorarlos a los incautos profanadores de su sombrío albergue.Y ¿quién sabe si algún día hallará algún químico que las temibles aguas del Pozo Airón son útiles para curar escrófulas sin necesidad de ir a puertos de mar?
La fábula y la leyenda contribuyeron también a dar fama y celebridad al Pozo Ayrón. A principios del siglo XVII corrió la voz entre los
noti-cieros [c] ó quizá venía de antes, de que D. Buesso echó en aquel Pozo veinticuatro amigas suyas.
¿Y quién era ese D. Buesso, caballero de nuestros romances populares y morisco [a]?
Un d. Buesso con veinticuatro queridas, tiene más de moro que de cris-tiano, y si á esto se añade que convertido en Barbazul manchego, con-cluye por desnudarlas para quedarse con sus alhajas y ahogarlas en el pozo, nos da idea de que no pudo ser después de la reconquista, aunque en el siglo XIV no habían perdido los magnates las costumbres de los tornadizos muladyes. Y como una fábula suele traer otra por contera, poco después se añadía que una de las queridas le suplicó a su Barbazul, ¡extraño melindre! que se volviera de espaldas mientras se desnuda-ba, y aprovechando un momento empujó briosamente á D. Buesso y le arrojó al pozo [b].
Valentín Picatoste, ya a finales del siglo XIX (1897), en su
Descrip-ción histórica de España. Provincia de Cuenca, ofrece un resumen de lo
que aportaron historiadores anteriores:
Almarcha, célebre en las crónicas por su laguna, llamada Pozo Airón, cuya profundidad es proverbial en toda Castilla, y por tener las aguas saladas se le llamó ojo de mar. Cuenta el P. Rizo en su Historia de
Cuenca que D. Buesso, caballero de malas costumbres, quiso arrojar á
esta laguna veinticuatro amigas suyas, haciéndolas desnudar con objeto de apoderarse de sus joyas; mas, rogándole una de ellas que se volviese de espaldas mientras se desnudaba, le dió un golpe en la nuca y le pre-cipitó al pozo donde murió23.
En el siglo XX no abundan las noticias, aunque los datos que se dan son más serios que los dados en siglos anteriores. Pelayo Quintero Atau-ri (1904), arqueólogo y cronista de la villa de Uclés, en su obra Uclés.
Antigua Residencia de la Orden de Santiago, al informar del hallazgo del
ara votiva dedicada al dios Airón en Fuente Redonda, también habla del pozo Airón existente en Garcimuñoz y de otro en Hontoria del Pinar.
Gabriel Mª Vergara (1926), en el artículo que le dedica al pozo Ai-rón, en su Diccionario geográfico popular, dice al respecto:
POZO AIRÓN o MAR DE CHÁ.-Provincia de Cuenca.
Cerca de La Almarcha (Cuenca) está el famoso pozo Airón, que aunque sólo tiene unos 50 metros de perímetro, es su profundidad tan enorme, que se cree es incalculable, por lo que en toda España se refieren pere-grinas consejas referentes a este pozo, y cuando se quiere dar a entender que alguien ha caído en un abismo insondable, o que ha desaparecido de un modo súbito una persona o cosa, se dice: Cayó en el pozo Airón, y también: Lo tragó el pozo Airón.- En general se llama Airón al pozo que se hace para airear las minas; pero en varias provincias de España, además de este pozo Airón de la de Cuenca, hay tradiciones de la exis-tencia de pozos como éste, entre otras en la de Segovia, sin que tengan ese destino, y de los que se cuentan también cosas extraordinarias, y cuya profundidad se desconoce24.
En esta referencia cabe reseñar varios errores. Comienza llamando al pozo Airón “Mar de Chá”, lo cual es erróneo. Después confunde el perí-metro con el diáperí-metro y le otorga 50 perí-metros de períperí-metro, cuando tiene 180. A continuación le atribuye una profundidad incalculable, cuando re-sulta que no tiene más de seis metros. Y, por último, inventa que se deno-mine Airón “al pozo que se hace para airear las minas”, noticia que sólo hemos leído en este geógrafo. Del pozo Airón que dice haber en Segovia del que “se cuentan cosas extraordinarias” no tenemos noticia alguna y no hemos podido documentarlo.
Miguel Herrero escribe en la revista Estudios geográficos (1941) un artículo bastante documentado, que titula “El pozo Airón”, de donde obtuve datos para las páginas que dediqué a su estudio en mi libro
Al-marcha, donde se recogen testimonios de diversos autores sobre el
mis-mo. Los datos que se recogieron con posterioridad los publiqué en el “Epílogo” del libro Pregones de las fiestas de San Bartolomé 1979-1999. La publicación de Miguel Herrero, aunque breve (tan sólo tiene siete páginas), se caracteriza por su rigor científico, pues los muchos datos que aporta -romance sefardí, versos de entremeses, noticias de diversos pozos “Airón”- los documenta con la cita correspondiente y con datos bibliográficos.
Marcelino Menéndez Pelayo (1948), al hablar del dios Airón y del término pozo Airón, dice refiriéndose al de La Almarcha: “El pozo Airón mencionado por Cervantes y otros autores del siglo XVII debe ser el de Garci-Muñoz, que era el más famoso”25.
A mediados de la pasada centena Luis Pardo escribe en su Catálogo
de los lagos de España (1948): “Mar de Cha (Laguna). Nombre árabe
de la Laguna Pozo Airón”26. Llamar al pozo Airón “Mar de Cha” es una burda explicación, fruto de un total desconocimiento de la lengua árabe. Tal como explico en mi libro El proceso de villazgo de La Almarcha, el origen del topónimo Al-marcha viene del árabe “al-marğ”. El artículo al puede ser traducido por “el” o “la” y el término marğ, en árabe clásico significa “prado”, sin ningún lugar a dudas. Lo que hace Luis Pardo co-piando a Vergara, para dar esta explicación, es descomponer el nombre Almarcha en AL-MAR-CHA. Desecha el artículo “AL” y con lo que le queda se inventa “Mar de Cha”, desconociendo que en La Almarcha el mar dejó de ocupar sus tierras hace aproximadamente unos 25 millones de años.
Posteriormente, al hablar de la laguna del Pozo Airón, enumerado con el número 1831, dice:
Sinonimia: Laguna de Pozo Airón, Mar de Chá. Localización: A 1.300
m. al E. del pueblo de La Almarcha. Características: Esteparia.
Morfometría: Circular, de unos 50 m. de diámetro para algún autor; de
150, para otro; de 100, en el Mapa (hoja 662) del Instituto Geográfico, pero de enorme profundidad, lo que motiva se le califique de insonda-ble; el nivel de sus aguas es constante.
Folklore: A esto aluden las locuciones proverbiales “cayó en el Pozo
Airón” o “se perdió en el Pozo Airón”, cuyo uso ha tomado carta de naturaleza en la paremiología nacional; algunas consejas del país, como la de Don Bueso, se fundan en lo mismo27.
César González-Ruano, en su obra Guía de Cuenca y principales
itinerarios de su provincia (1956), tampoco aporta nada nuevo:
Cerca, y también próxima a La Almarcha, se halla la sima llamada “Pozo Airón”, donde una terrible tradición medieval dice que allí man-dó arrojar, para robarles sus joyas, a sus veinticuatro concubinas un desalmado Barba Azul que recuerda el romancero: Camina don Bueso
mañanita fría a tierra de moros a buscar amiga...28.
También, en 1956, comienza a publicarse el Diccionario Geográfico
de España, bajo la dirección técnica de Germán Bleiberg, que nos da
POZO AIRON (Laguna de).- Sit. unos 1.300 m. al E. del pueblo de La Almarcha (CU); esteparia, circular, de profundidad enorme y con longi-tud que varia según los autores que la eslongi-tudian, dándose para ello cifras que oscilan entre 50 y 150 m. Su profundidad ha dado lugar al dicho popular: Perderse en el pozo Airón. También se la llama laguna de Pozo Airón y Mar de Cha29.
Este texto es una copia casi literal de lo que ya dijera en 1948 Luis Pardo y cuya valoración ya hemos comentado.
Teniendo en cuenta la descripción que nos da don Juan Manuel en el siglo XIV “pero e en el malos pasos”, y el significado de Almarcha que, como hemos visto, en árabe significa “el prado donde pacen los ganados” y también “lugar pantanoso”, pensamos que en las estaciones lluviosas toda la zona debería ser un amplio humedal. Recuerdo decir a mi abuelo materno, Estanislao Parrilla, que algunos años en los que llovía mucho, el pozo Airón se salía y el agua llegaba hasta el camino, o sea, unos 200 metros más abajo.
Julio Larrañaga, en su obra Cuenca. Guía Larrañaga (1966), da esta breve descripción:
La denominada Pozo Airón, a unos dos kilómetros de Almarcha, es de profundidad desconocida, con unos ciento cincuenta metros de perí-metro y sin que varíe el nivel de su superficie, aunque no se note sitio de entrada ni salida, el sabor de sus aguas es sumamente desagradable y sobre ella corre la leyenda de que un don Bueso trató de arrojar a su fondo veinticuatro amigas suyas, completamente desnudas, al objeto de robarlas cuanto llevaran encima, pero habiéndole rogado una de ellas se volviera mientras se desnudaba, la dio un golpe que le hizo caer al pozo, donde se ahogó30.
José Manuel Pedrosa, en 1993, publica un amplio artículo de dieci-séis páginas, que se centra en un serio análisis de filología comparada del romance sefardí “Ya se van los siete hermanos” y de la leyenda de don Bueso. Además, aporta datos sobre otros pozos “Airón” de los que tiene noticia, como los que existen en Medina del Campo o en Tejerina.
Alberto Lorrio, en un artículo publicado en 2002 sobre la necrópolis romana de Haza del Arca y el análisis del ara votiva dedicada al Deus
Ai-ronis, también aporta datos de interés que apoyan la tesis de que en
El análisis de todos estos datos, que suelen ser reiterativos y -a veces- copia unos de otros, nos permite llegar a algunas conclusiones:
• El pozo Airón de La Almarcha debió ser muy nombrado durante la Edad Media y el siglo XVI, pues los reyes Carlos I y su hijo Felipe II se des-plazaron del camino real, en sus viajes a Valencia, para ir a visitarlo. • Casi todos coinciden en que no se conoce su fondo, que no lo tiene o que
es un ojo de mar.
• Varios insisten en el carácter salino de sus aguas y a ninguno se le ocurre pensar que este pozo, que está al mismo nivel freático de las aguas del pozo dulce de San Bartolomé (a menos de 500 metros de distancia), debe su carácter salino a la disolución con la lluvia del material sedimentario existente en el cerro que se levanta sobre el paraje, en cuyas laderas se halla la rosa del desierto, que contiene sales de calcio y de magnesio en gran cantidad, como lo demuestra el análisis químico de sus aguas reali-zado por solicitud de Torres Mena.
• Se dice que no crea pescado alguno, sino sólo “sabandixas ponzoñosas”; lo cual no es cierto, pues en el siglo XX algún almarcheño echó allí car-pas que había pescado en el pantano de Alarcón y no sólo logran sobre-vivir, sino que también se reproducen.
• Algunos autores dan testimonio del miedo secular a bañarse en sus aguas, miedo que comienza a vencerse en el siglo XIX, y en el siglo XX es nor-mal bañarse en él, en la creencia de que sus aguas curan enfermedades de la piel.
• Varios autores hablan de la leyenda de don Bueso (el primero de ellos Baltasar Porreño, en el siglo XVII), aunque las versiones que nos dan son opuestas. Para unos fue Don Bueso quien ahogó a veinticuatro de sus amigas (concubinas para otros), con la finalidad de robarles sus alhajas; en otra versión, quien murió ahogado en aguas del pozo Airón fue Don Bueso, merced a la astucia de una de sus potenciales víctimas.
• Ambrosio de Morales, buen conocedor del lugar, comenta refiriéndose al pozo Airón: “tan celebrado en nuestros cantares”; prueba de que los hubo y que él conocía varios, pero que se perdieron al no ser recogidos en los romanceros, si bien, como se ha comentado, se conservan en el folclore sefardí de Salónica, Tetuán y Estambul.
Para terminar el capítulo añadiremos algunas noticias recientes. En agosto de 1981, junto con mis amigos Damián Martínez y José Juan
Arnal, me propuse terminar con el mito de que el pozo Airón era un ojo de mar y, por lo tanto, insondable. Primero medimos su diámetro en su parte más ancha y encontramos que alcanzaba unos 60 metros aproxima-damente. Después, con un artilugio que inventé para detectar su profun-didad, procedimos a medirla y encontramos que, en su parte más honda, tenía menos de seis metros de profundidad. El artilugio en cuestión con-sistía en un madero, en torno al cual habíamos enrollado una cuerda que estaba atada a una pesa de metal. Al desenrollar la cuerda, cuando la pesa tocaba fondo, parte de la cuerda quedaba flotando sobre el agua, pero si todavía no había tocado suelo, entonces la cuerda mantenía la vertical.
En el verano de 1995, año en que se produjo una gran sequía que hizo perder la cosecha a casi todos los agricultores del pueblo, el pozo Airón -por primera vez en su historia- se desecó aparentemente y quedó cubier-to por una capa de sales. Al pretender caminar sobre estas sales, los lodos se convertían en una especie de arenas movedizas de las que costaba sa-lir, tal como le ocurrió a mi amigo J.M. Pedrosa cuando lo visitó, y a mí mismo el día en el que, junto con mi hermano, me acerqué a fotografiar el pozo Airón desecado, que aparece en la instantánea publicada en este libro.
La laguna del pozo Airón se sitúa en terrenos de laboreo en el término municipal de La Almarcha (Cuenca) a unos 1.300 metros del pueblo, en dirección Este. Su ubicación es 39º 41´ 12´´ de Latitud Norte y -2º 21´ 43´´ de Longitud Oeste, XUTM 554421, YUTM 439304, según figura en la hoja 662-III del Mapa Topográfico Nacional (escala 1:25.000) del Instituto Geográfico Nacional. El ambiente en el que se da es árido y se ubica al pie de un pequeño cerro. Su altitud sobre el nivel del mar alcanza los 835 metros.
Del Mapa Geológico de España, hoja 662, correspondiente a Valver-de Valver-del Júcar, extraemos los siguientes datos Valver-de la zona sobre la que se halla el pozo Airón. Según el esquema litológico, los componentes del terreno son arcillas rojas con nivelillos de yesos y yesos blancos de natu-raleza masiva. Según el esquema morfoestructural de la región pertenece a la denominada Depresión Intermedia, situada entre las sierras de Alto-mira y Cuenca. Su edad está comprendida entre el período Arverniense y el Ageniense, que es el tránsito del Paleógeno al Neógeno; corresponde a la época terciaria cuya edad se estima en unos 25 millones de años.
Parece ser que el sabor salobre de sus aguas se explica por la diso-lución de los yesos del entorno geológico en el que está ubicada dicha laguna y también por los componentes del cerro que se alza sobre ella, en cuyas laderas se encuentran con facilidad pequeñas rocas yesíferas cono-cidas como rosa del desierto1. Estas rosas se forman en ambientes donde la evaporación es muy intensa, por precipitación directa de soluciones en
Descripción geográfica, geológica e
hidrológica del pozo Airón de La Almarcha
conexión con rocas yesíferas y arcillas en depósitos asociados a antiguos mares o lagos salados.
El posible origen del pozo Airón puede estar asociado a un fenómeno de disolución de niveles yesíferos subyacentes que constituyen acuíferos locales. El libro Cien fuentes de Castilla-La Mancha (1989), editado por la Junta de Comunidades, ofrece la siguiente descripción al respecto:
En la proximidad de la población de La Almarcha hay una singular la-guna, conocida con el antiguo nombre de Pozo Airón. La extrañeza de su misma presencia en una extensa llanura seca y su permanencia, pro-bablemente mantenida por alimentación subterránea desde un acuífero albergado en los yesos kársticos de su cuenca, dieron lugar a numerosas leyendas que hicieron famoso en toda España a este manantial2.
El
profesor José Carpio nos envía la siguiente nota sobre las
ca-racterísticas geológicas del pozo Airón, escrita por un compañero de
la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad Complutense
de Madrid:
La laguna de Pozo Airón es una forma de origen kárstico -muy proba-blemente una dolina circular de hundimiento- abierta sobre una serie de edad paleógena compuesta por una alternancia de arcillas yesíferas, bancos de yeso, areniscas calcáreas y calizas. Esta serie pertenece a la Cordillera Ibérica y se encuentra laxamente deformada. Su profundidad reducida y su alimentación procede de la ΄unidad caliza de Altomira (Acuífero 19)΄. El funcionamiento kárstico de este acuífero da razón de la permanencia del agua -salvo años de sequía excepcional- y de su con-figuración muy rica en carbonatos y en sulfato sódico que puede preci-pitar en los lados de la laguna en forma de cristales o inflorescencias3
.
Ya hemos indicado en un capítulo anterior que el diámetro de la la-guna no llega a los 60 metros, pero entre los geógrafos y viajeros que lo visitaron en diferentes épocas encontramos referencias que oscilan entre los 50 y los 150 metros de diámetro. No creemos que ninguno mienta ni exagere. La explicación es muy sencilla: contra lo que algunos creían, el pozo Airón de La Almarcha no goza siempre de la misma cantidad de agua, sino que varía considerablemente de unos años continuados de sequía a varios años lluviosos. Para valorar el bajo nivel actual de sus aguas, además ha de considerarse otro fenómeno: los sondeos de pozos para regadío o para el consumo humano tienen como consecuencia la
bajada del nivel freático del acuífero nº 19 al cual parece que pertenece el pozo Airón.
Deseoso de conocer la composición química de las aguas de esta la-guna, para explicar su carácter salino y desmentir que fuera un ojo de mar, Torres Mena en 1867 encargó un análisis químico de las mismas que nos ha legado para la posterioridad. Dice Torres Mena al respecto:
Y de mi cuenta anoto aquí las aguas del Pozo-Airón de la Almarcha, dado su acre sabor salino y sustancias que entran en su composición; por de pronto, en ellas se bañaron algunos vecinos de buen humor en los últimos veranos, y es de creer que, perdido el miedo al monstruo, vaya generalizándose el uso de las mismas, hasta convertirlas en un elemento de placer, y quién sabe, si con el tiempo, en un recurso medicinal. A este propósito creo útil consignar aquí el resultado del análisis químico que de ellas hizo el distinguido doctor farmacéutico de Madrid Sr. Lletget, concebido en estos términos:
“El agua que he analizado por encargo de mi amigo Don José Torres Mena, procedente del Pozo-Airón de la Almarcha, contiene principal-mente sulfatos de cal y de magnesia, y carbonatos de las mismas bases, en menor proporción.-Evaporados á sequedad 500 gramos del agua, dejaron un residuo salino que bien desecado pesó 2,75 gramos.-El sabor salino desagradable que tiene dicha agua, el residuo salino tan conside-rable que deja su evaporación y la naturaleza de las sales que contiene la hacen de malas condiciones, é impropia para los usos económicos é industriales.- Madrid 10 de Marzo de 1867”4.
Dado que la tecnología en el análisis de las aguas ha progresado con-siderablemente en siglo y medio, decidí comparar estos datos del siglo XIX con un nuevo análisis realizado en 2005 gracias a la colaboración de don José Manuel Castillo Martín. Dicen así estos nuevos análisis:
Se realiza análisis físico-químico de una muestra de aguas, procedente del Pozo Airón de La Almarcha, que remite a CENTRAL DE LABO-RATORIOS CUENCA, don Miguel Salas, el 23 de marzo de 2005. El resultado del análisis es el siguiente:
Muestra de agua ligeramente alcalina (ph 8,7), de mineralización muy elevada (Conductividad a 20ºC = 8.300 microS/cm., cuando el valor pa-ramétrico es normal hasta 2500); en la que destacan, dentro de sus com-ponentes más significativos, los sulfatos (sulfato 3170 mg/l., normal
hasta 250 mg/l) y los bicarbonatos (210 mg/l), elementos provenientes de los terrenos en los que emana esta agua.
Dentro del resto de componentes del agua, los que se describen a con-tinuación son los que le dan el resto de sus características: Calcio, 629 mg/l; magnesio, 1113 mg/l; residuo seco a 110ºC, 9978 mg/l.
En resumen, podemos calificar esta agua como muy dura, de minerali-zación muy elevada, alcalina, sulfato magnésica y bicarbonatada. Cuenca, a 12 de abril de 2.005. Fdo.: José Manuel Castillo. Director Técnico.
De este análisis nos llama la atención la alta conductividad eléctrica, que nos indica la gran cantidad de sales disueltas, es en especial sulfatos, que contienen sus aguas, lo que explica su salinidad permanente. Aquí parece residir la causa de la virtud curativa sobre diversas enfermedades de la piel que se atribuyen a sus lodos y a sus aguas. El hecho de que el residuo seco sea de 9978 mg/l, cuando en tiempos de Torres Mena sólo daba 5500, podría deberse a que en el momento en que se realizaron las dos tomas, el nivel de las aguas debió ser distinto. En 1867, cuando rea-lizó la primera toma Torres Mena, el diámetro del pozo Airón se aproxi-maría a los 100 metros, mientras que en 2005 apenas llega a los 60 por lo que la concentración de sales es mayor.
El inmenso humedal que, en tiempos, debió ser la zona del pozo Ai-rón se ve testimoniado por la etimología del término Almarcha y por sus referencias históricas más antiguas.
El nombre Almarcha proviene del árabe ﺝﺭﻣﻟﺍ = al-marğ (también se transcribe al-march y al-marŷ) que significa “el prado”. El diccionario de la Real Academia de la Lengua Española define el término almarcha como un nombre común que significa “población situada en vega o tierra baja”, pero hasta ahora nadie ha dado noticia de que esta palabra se haya empleado en el lenguaje literario y no es cierto que a cualquier población situada en vega o tierra baja se le denomine Almarcha. Como explica Oliver Asín, el error proviene del Tesoro de la lengua castellana (1611) de Covarrubias donde se dice:
ALMARCHA. Vale pueblos assentados en vegas: de march, que en arábigo vale prado, como acabamos de dezir en la diccion almagales. Es pueblo en el Obispado de Cuenca5.
La Real Academia tomó de Covarrubias el artículo almarcha alteran-do la definición, al mutilar el texto e interpretar erróneamente el término como nombre común, cuando resulta que es un nombre propio. Los lexi-cógrafos modernos, al inspirarse en el diccionario académico y recoger de allí esta acepción, han contribuido a perpetuar el error.
Por lo que respecta a su datación histórica, el texto más antiguo del que tenemos noticia en idioma castellano es el ya mencionado en el Libro
de la caza (1325) de don Juan Manuel, donde se dice que “el arroyo del
almarcha [ahora denominado ‘arroyo de los Santos’] sale del almarcha”, con lo que está indicando indirectamente que los prados que le dan nom-bre a la población se ubican en el entorno de este arroyo. En la microto-ponimia actual todavía quedan dos prados en la cuenca de este arroyo: “el prado villarejo” y “el prado de los postes”, lo que demuestra que es ésta la zona referida.
El manuscrito árabe al-Mann Bil Imãma (que se guarda en Oxford), en el cual el historiador musulmán Abũ Marwãn narra la expedición de Abũ Yucũb Yũsuf contra la ciudad de Huete en 1172, retrotrae en 153 años la referencia sobre la población de Almarcha. La cita que nos inte-resa dice:
“...y cuando amaneció dominaban ya los primeros campos poblados del país de los cristianos, en un lugar de la vega de Hamal, donde había un castillo habitado por ellos, que les fue arrebatado tan pronto como lo divisaron y llegaron a él los expedicionarios, pasando a cuchillo a su guarnición y haciendo prisioneros a sus mujeres e hijos...”6.
José Antonio Almonacid, en su artículo “De Huete a Cuenca con los almohades en 1172”, traduce “en un lugar de la vega de Hamal,” por “en un lugar de al-March Hamal”, traducción que es parecida a Marŷ
Jamal que da Huici Miranda en su Historia política del imperio almo-hade (Teután, 1956, pág. 257), y afirma que “al-March Hamal, la vega o
prado de Hamal, es la actual designación de La Almarcha, población que se encontraba en el trayecto de la expedición almohade”7. Don Joaquín Vallvé añade, en carta personal, que “jamal” es un adjetivo que acom-paña a Marŷ, y que significa “abundante en bosques”; traducción que no se contradice con la realidad histórica, pues todavía en el siglo XVII existían dos montes junto a este paraje: el Monte Ardal (perteneciente a la jurisdicción del Castillo de Garcimuñoz) y el Monte Pinar.
La cita más antigua, hasta ahora hallada en un manuscrito árabe, nos la proporciona don Joaquín Vallvé en su obra Abderraman III. Califa
de España y de occidente (912-961). En la crónica Muqtabis V del
his-toriador Ben Haián, que recoge con precisión el itinerario seguido por Abderraman III, en el año 935, desde Córdoba a Zaragoza, ida y vuelta, dice al respecto:
Desde las Lagunas de Ruidera siguió a Balazote (Balát Súf, Calzada de la Lana) de la cora de Tudmír [Murcia], a la ciudad de Chinchilla (Santayíla), a Qantarat Turrus (Puente Torres o Alcalá del Júcar), a ori-llas del río Júcar de la cora de Valencia; a Burch al-Qabdáq (Caudete de las Fuentes). Desde este campamento se dirigió a al-Bathá (el Valle Hermoso), cerca de al-March (el Prado), a Rubua (la Colina) o (la Cuesta), de la jurisdicción de Iahia ben Dil-Nún en la cora de Santaver o Celtiberia. Desde allí pasó a Landete (Landít)...8.
El hecho de que la crónica diga que Valle Hermonso está cerca de
al-March (cuya distancia es de 32 kilómetros), unido a los datos de la
crónica de Yusũf, no dejan ningún lugar a dudas de que al-March se co-rresponde con la actual villa de La Almarcha y que este inmenso hume-dal, presidido por el pozo Airón, ya era famoso en época de los árabes.
Así pues, la cita histórica más antigua sobre La Almarcha (denomina-da al-marğ por los árabes) nos la (denomina-da la crónica Muqtabis V del historiador Ben Haián, que la data en el año 935 d. C., cuatrocientos años anterior a la referencia de don Juan Manuel.
Brujería en torno al pozo Airón de La Almarcha
Capítulo
4
Varios años después de haber publicado el libro Almarcha, donde re-cojo varias noticias históricas, romances y leyendas en torno a su pozo Airón; mi amigo y antiguo compañero de estudios, Heliodoro Cordente, me envió una carta (31-7-1986) en la que me comunicaba que había en-contrado en el Archivo Diocesano de Cuenca un legajo (el 704, Expe-diente 375) en el que, en un proceso inquisitorial abierto a las brujas de Belinchón en el siglo XVI, se hace referencia al pozo Airón de La Almar-cha en relación con la brujería.
Poco después me envió un artículo suyo publicado en la Gaceta
con-quense, titulado “Lugares míticos donde se practica la brujería y la
hechi-cería”, allí expone los mismos datos junto a otros que recogía de mi libro. Finalmente, en 1990, publica su libro Brujería y hechicería en el
obispado de Cuenca, donde expone con todo lujo de detalles la pesquisa
inquisitorial sobre las brujas de Belinchón. Extraigo de dicho libro los datos que nos interesan para el caso.
Ya hemos mencionado con anterioridad que el dios Airón, relacio-nado con las lagunas, pozos que no se secan y simas, era un dios sub-terráneo, como los dioses griegos relacionados con la muerte -Hades o Proserpina-, y que tenía más fama de diablo que de dios. Pues bien, en el caso de las brujas de Belinchón, vemos claramente cómo el cristianismo transmuta al antiguo dios Airón en un diablo con un largo rabo.
Relata el proceso inquisitorial que, el 13 de mayo de 1565 el alcalde mayor de Belinchón, don Diego de la Pedraza, remitió un informe a la
in-quisición de Cuenca en el que notificaba que en aquella villa ejercían sus artes muchas alcahuetas, agoreras, brujas y mujeres de mal vivir1. Pedía el alcalde que estas personas fueran castigadas e incluía las declaraciones registradas que varios testigos hicieron de ello. Una testigo manifestaba que había oído decir que las brujas habían matado a varios niños en Be-linchón y acusaba a la bruja Ana Sánchez, mujer de Alonso Crespo, natu-ral de Brihuega y vecina de Belinchón, a quien por este motivo se la tenía presa en la villa y, entre los cargos que se le imputaban, se le acusaba de bruja y hechicera.
Otra de las testigos declaró que hallándose en casa de su madre, llegó la referida Ana Sánchez y, dirigiéndose a la cama donde estaba su niño dijo:
guarda bien a tu niño que andan brujas por el barrio de Arriba e presto vendrán al barrio de Abajo” e su madre désta testigo vive en el barrio de Abajo y entonces respondió su madre désta testigo: “Guárdemelo Dios que me lo puede guardar” y entonces la dicha Ana se volvió e dixo: ¡Allá en el pozo Airón está un diablo! E tiene un diablo tan largo2
e señaló ¡Allá está! e todas van a verse con él3.
La información al Santo Oficio termina con la notificación de que el alcalde mayor había dado orden de prisión para Ana Sánchez, “la cual se halla retenida en casa del alguacil de la villa”. Por último, se requiere al Santo Oficio para que intervenga en el asunto4.
De esta denuncia al Santo oficio se deduce que en el siglo XVI algu-nos creían que en el pozo Airón de La Almarcha habitaba un demonio y que por la noche acudían allí las brujas para reunirse con él y celebrar sus aquelarres y ritos satánicos. Observamos cómo el dios celtíbero Airón, que es un dios relacionado con la vida y con la muerte (cuyo principio es el agua), con la llegada del cristianismo se transforma y pasa a convertir-se en un demonio.
Pero no solamente en Cuenca encontramos procesos inquisitoriales relacionados con el pozo Airón. En Barahona de las Brujas (Soria) tam-bién existe un pozo Airón, éste es un sumidero que se traga las aguas de una acequia que desemboca en él. En Barahona también hubo procesos inquisitoriales contra las brujas, cuyo contenido se guarda en Legajos del siglo XVI que existen en el Archivo Diocesano de Cuenca. No sé si tendrá algo que ver con esos procesos inquisitoriales, pero la leyenda dice
que estos pozos “Airón” los hicieron las brujas al caer volando y golpear insistentemente la tierra con el culo. Parece ser que en estos procesos inquisitoriales aparece por primera vez en castellano el término vasco “aquelarre”, que es una reunión nocturna de brujas con el diablo.
Buena prueba de que el pozo Airón se relacionó, a partir del siglo XVI, con la brujería son unos versos de Diego de Torres Villarroel, que ejercía como astrólogo. Estos versos corresponden al pronóstico para el año 1731, titulado Las brujas de Barahona, y dicen al respecto:
No todo va a ser chupar, Brujas mías porque quiero que al Astrólogo embustero se la demos a mamar: si soplos viene a buscar a la boca de Ayrón echadle con ton y son
muchos soplos de Occidente, de modo, que ayrosamente a todos mentirles pueda5.
Estos versos nos testimonian que la relación del pozo Airón con la magia, el misterio y la brujería era habitual durante el siglo XVI, e inclu-so en siglos posteriores, como lo prueban las mencionadas declaraciones y acusaciones en los procesos inquisitoriales de Belinchón (Cuenca) y Barahona de las Brujas (Burgos).
El romance sefardí y otros versos
Capítulo
5
Comentaba Ambrosio de Morales en el siglo XVI, refiriéndose al pozo Airón de La Almarcha: “El pozo Ayrón, tan celebrado en nuestros cantares...”1, prueba de que en el siglo XVI debieron existir diversos can-tares sobre el mismo de los cuales el cronista real tenía noticia y que pro-bablemente le fueran relatados a Felipe II en su visita a dicho pozo Airón. Por su parte, Torres Mena, ya a finales del siglo XIX, al hablar de La Almarcha, hace la siguiente referencia: “e ignorada del mundo existiría á no ir unido su nombre a los romanceros relatos del pozairón”2. El texto de Torres Mena es importante para datar la fecha en que dichos romances se perdieron de la tradición oral, pues el escritor almarcheño sugiere que el nombre de La Almarcha va unido a dichos romances todavía en el siglo XIX, aunque él no consigna ninguno en su obra, bien porque no los cono-cía o porque no lo consideró oportuno en un libro de carácter geográfico.
Don Ramón Menéndez Pidal reunió a lo largo de su vida multitud de romances, cuyo catálogo publicó Samuel Armistead en tres gruesos volúmenes en 1978. Entre esos romances figura uno que nos interesa especialmente: ”Ya se van los siete hermanos”. Manuel Manrique de Lara, becario de Menéndez Pidal, recogió en 1911 en Salónica (Grecia) varias versiones muy similares que giran en torno al mismo tema. Aquí exponemos el que tomó de labios de la judía sefardí Vita B. Amar y que yo leí, por primera vez, en el artículo de Miguel Herrero “El pozo Airón”. Dice así dicho romance:
Ya se van los siete hermanos, ya se van para Aragón; los calores eran fuertes, agua non se les topó.