• No se han encontrado resultados

Al terminar este primer capítulo de desarrollo histórico-evolutivo de las ideas en el magisterio eclesial sobre el laicado y la ministerialidad laical, me parece oportuno hacer una breve recapitulación a modo de síntesis que nos permita seguir avanzando. La expreso con tres frases que sintetizan estos últimos 50 años de reflexión tal y como lo he querido mostrar en el desarrollo del capítulo:

2.1. Un período con grandes aportaciones.

Indudablemente el tiempo del Concilio Vaticano II abrió como nunca en la Iglesia un tiempo nuevo de conciencia sobre la identidad del laicado, su plena ciudadanía eclesial, activa y responsable en la única misión encomendada, como así también sus consecuencias en la estructuración ministerial de la Iglesia toda y las “mutuas relaciones” con las otras formas de vida cristiana.

Se han multiplicado los escritos que con diversos acentos y perspectivas coinciden todas ellas en la riqueza que ha significado abandonar una estructura piramidal eclesiológica para repensar la eclesiología en clave de misterio de comunión para la misión, renovando la valoración carismática y pneumatológica de todo ministerio eclesial entendido como servicio. Palabras como corresponsabilidad, colaboración, participación activa han ido marcando el talante con que se quiere afirmar una realidad más profunda: todos los cristianos somos Iglesia. Vocación y misión en la Iglesia (y en cada cristiano) no son realidades separadas sino compenetradas mutuamente. Del mismo modo ha reubicado la relación de la Iglesia con el mundo, la eclesialidad y la secularidad como dos realidades que en la Iglesia configuran a todos los ministerios en vistas al servicio.

Haciendo una primera valoración del camino magisterial, surge como primer elemento que el Concilio Vaticano II (que como acontecimiento eclesial supone su preparación mediata e inmediata, no sólo la realización de la Asamblea, como también sus textos definitivos y debates) se centró en presentar una eclesiología que permitiera repensar todas las formas de vida cristiana en su identidad particular. Si bien dentro de la matriz comunional del Pueblo de Dios (igual dignidad de todos los bautizados), las ideas centrales que orientan la “consagración” de la teología del laicado están en orden a presentar positivamente la identidad eclesial del seglar en sí misma; tratando de superar una identificación por contraposición (como no-clérigo).

El centro está puesto en repensar la eclesiología en su totalidad (su autoconciencia y su misión) lo cual permitirá en el período inmediatamente posterior, abrir la reflexión a la teología de los ministerios laicales.

Será la década de los ´70 la que desarrolle en el magisterio propiamente la perspectiva de los “ministerios laicales”. En esta década encontramos tanto el Motu Proprio Ministeria Quaedam (1972) como la Exhortación Apostólica Evangelli Nuntiandi (1975), como así también el mencionado documento de la Conferencia Episcopal Francesa “Todos responsables en la Iglesia” (1973). Se caracteriza por la tipificación de estos ministerios (tipología de ministerios reconocidos, establecidos, instituidos y ordenados).

En la creatividad y optimismo propios del tiempo postconciliar, se actúan los mecanismos de ejercicio de corresponsabilidad entre las conferencias episcopales y la Sede de Roma para la clarificación conceptual y la realización de las experiencias pertinentes en orden a la evangelización.

Los laicos, miembros plenos del Pueblo de Dios, participan por el bautismo de los munera Christi y de la misión eclesial. Ellos, en su vocación específica, están llamados especialmente a transformar las realidades temporales según el Evangelio de Jesús y a la vez, a hacer crecer la comunidad eclesial con el aporte de los carismas recibidos. En esta revalorización de eclesialidad y secularidad comienzan a plantearse nuevos cuestionamientos a los ministerios laicales.

La década de los ’80 encontrará dos acontecimientos magisteriales de particular importancia: La promulgación del Código de derecho Canónico en 1983 y la realización del Sínodo de los Obispos y la promulgación de la Exhortación Apostólica post-sinodal de 1987. Ciertamente este período se caracteriza por una evaluación, reconsideración y clarificación de la teología del laicado anterior, como así también una nueva clave de interpretación eclesiológica desde la communio. El magisterio sigue proponiendo a través de estos documentos una mirada positiva del laicado y su participación en la vida y misión de la Iglesia. Comienza un período de clarificación conceptual y terminológica en lo que específicamente hace referencia a los ministerios laicales, en particular a la relación de los oficios y tareas propias del laicado, y cuáles pueden entrar en conflicto con las tareas propias del ministerio ordenado. De alguna manera, 1985 marcará un punto de llegada de la teología de los ministerios laicales.

Por último, en la década de los ’90 salvo referencias tangenciales en otros documentos magisteriales, el tema no vuelve a aparecer como centro de reflexión en un documento específico hasta la Instrucción Interdicasterial “Ecclesiae de mysterio” de 1997.93

El inicio de la clarificación conceptual sobre los ministerios llega a su conclusión en este documento donde, desde un lenguaje más jurídico se concentrará cada vez más en la participación (o colaboración) de los laicos en el ministerio pastoral de los presbíteros.

Así el camino recorrido denota una cada vez mayor especificidad en los temas tratados: de la identidad de los laicos en la Iglesia a la ministerialidad propia y los ámbitos de su ejercicio; del marco eclesiológico y teológico que fundamenta su eclesialidad y participación en la misión a las normas canónicas y disciplinarias que encuadran el ejercicio concreto de los oficios y tareas de los laicos ad intra ecclesia y ad extra mundi; de la preocupación por afirmar positivamente la identidad de los laicos con respecto a la vida consagrada y los ministros ordenados a ver la comunionalidad de las formas de vida cristiana y la relacionalidad de los mismas como clave para comprenderlas.

Una mención especial sin embargo merece la Exhortación Apostólica Ecclesia in América.94 Luego de recordar la doctrina conciliar sobre la común dignidad de todos los bautizados, indica la incidencia existencial que ello debe tener en la corresponsabilidad y la conciencia de todos los laicos especialmente de cara al futuro de la evangelización en América. “La renovación de la Iglesia en América no será posible sin la presencia activa de los laicos. Por eso, en gran parte, recae en ellos la responsabilidad del futuro de la Iglesia.” (EA 44).

Lo significativo del texto son los párrafos segundo y cuarto. En el párrafo segundo se recuerda que el primer ámbito de realización vocacional –y el más propio- de los laicos son las realidades temporales y luego de incentivar la participación de ellos en el ámbito de la política, la sociedad, la cultura, etc. como necesidad urgente de la evangelización, agrega lo siguiente:

93

Dentro de las referencias magisteriales posteriores sobre los ministerios laicales podemos citar PDV 18.59; VC

31; EA 44; RMi 71; NMI 46. Dos documentos han aparecido con posterioridad a la Instrucción de 1997. Ambos provienen de Conferencias Episcopales y precisamente de dos de las más grandes del mundo: La Conferencia de Obispos de Brasil (CNBB) y la Conferencia Episcopal Norteamericana (USCCB). Cf. CONFERENCIA NACIONAL DOS BISPOS DO BRASIL, Missão e ministérios dos cristãos leigos e leigas, Edição aprobada na 37ª Assembléia Geral da CNBB M, Itaici-SP, 22 de abril de 1999; UNITED STATES CONFERENCE OF CATHOLIC BISHOPS, Co- Workers in the Vineyard of the Lord: A Resource for Guiding the Development of Lay Ecclesial Ministry, Washington DC, 2005. Para un comentario sintético de ambos documentos cf. J. MARTÍNEZ GORDO, “El directorio de laicos y laicas con encargo pastoral en la diócesis de Bilbao: aciertos, limitaciones y asuntos pendientes”, art. cit., 244-250. 

94

“Hay un segundo ámbito en el que muchos fieles laicos están llamados a trabajar, y que puede llamarse « intraeclesial ». Muchos laicos en América sienten el legítimo deseo de aportar sus talentos y carismas a « la construcción de la comunidad eclesial como delegados de la Palabra, catequistas, visitadores de enfermos o de encarcelados, animadores de grupos etc. ». Los Padres sinodales han manifestado el deseo de que la Iglesia reconozca algunas de estas tareas como ministerios laicales, fundados en los sacramentos del Bautismo y la Confirmación, dejando a salvo el carácter específico de los ministerios propios del sacramento del Orden. Se trata de un tema vasto y complejo para cuyo estudio constituí, hace ya algún tiempo, una Comisión especial y sobre el que los organismos de la Santa Sede han ido señalando paulatinamente algunas pautas directivas. Se ha de fomentar la provechosa cooperación de fieles laicos bien preparados, hombres y mujeres, en diversas actividades dentro de la Iglesia, evitando, sin embargo, una posible confusión con los ministerios ordenados y con las actividades propias del sacramento del Orden, a fin de distinguir bien el sacerdocio común de los fieles del sacerdocio ministerial.

A este respecto, los Padres sinodales han sugerido que las tareas confiadas a los laicos sean bien « distintas de aquellas que son etapas para el ministerio ordenado » y que los candidatos al sacerdocio reciben antes del presbiterado. Igualmente se ha observado que estas tareas laicales « no deben conferirse sino a personas, varones y mujeres, que hayan adquirido la formación exigida, según criterios determinados: una cierta permanencia, una real disponibilidad con respecto a un determinado grupo de personas, la obligación de dar cuenta a su propio Pastor ». De todos modos, aunque el apostolado intraeclesial de los laicos tiene que ser estimulado, hay que procurar que este apostolado coexista con la actividad propia de los laicos, en la que no pueden ser suplidos por los sacerdotes: el ámbito de la realidades temporales”. (EA 44)

Es interesante entonces, que en el contexto de la Iglesia americana, este tema se mantenga vivo en la conciencia del episcopado y haya resonado en la Exhortación Apostólica de Juan Pablo II. Efectivamente, es el único documento del magisterio reciente en el cual se aplica la palabra “ministerios” a los servicios laicales.

Con diversos matices y valoraciones es justo decir que el Magisterio de la Iglesia ha ido acompañando en todo momento la reflexión teológica y pastoral sobre el laicado, suscitando a veces preguntas, otras sirviendo de acicate a nuevos desarrollos, a veces provocando reacciones que requieren nuevas síntesis más integrales.

2.2. Un período inconcluso y abierto.

El Concilio Vaticano no nos ha legado una teología completa del laicado; sí un proyecto de Iglesia. Por ello es claro que los elementos constitutivos de dicha teología hay que buscarlos e integrarlos en una eclesiología. En el concilio este elemento se da germinalmente, no exhaustiva o acabadamente. El Concilio Vaticano II marca un punto de llegada y de partida en la reflexión teológica sobre los ministerios laicales. El siglo XX ha marcado un tiempo de renovación, impulsado en una relación recíproca entre reflexión y práctica eclesial.95

95

2.3. Relevancia de un replanteo eclesiológico sobre los ministerios laicales.

Algunos autores perciben una traba teológica sobre la realidad del laicado, una pérdida de interés, un bloqueo de perspectivas y hasta una cierta involución en el modo de plantearlo. 96 Otros han abandonado el tema por pensarlo secundario frente a otros temas más dignos de ser trabajados. Lo que sí es claro, es que ninguna obra de peso y cierta novedad se rastrea en el mundo académico reciente. ¿Falta de creatividad? ¿Falta de apertura a nuevas claves de lectura? ¿Desinterés? ¿O quizás interés de que así sea?97

Sea como sea, la vida de la Iglesia muestra la relevancia de este tema. No surge de una especulación desvariada ni es un tema secundario. Lo asumo como la “punta de un iceberg”. Un tema que si se quiere, concentra llamativamente muchos otros y expresa la recepción de la renovación teológica (en sus diversas interpretaciones e incluso en sus reacciones). De allí que insistir en hacer memoria del camino recorrido no sea una nostalgia de los progresos realizados sino un aporte para nuevas síntesis y maduración de nuevas claves de lectura. Allí reside a mi parecer la pertinencia del tema de los ministerios laicales en la Iglesia al inicio del tercer milenio.98

96

Cf. S. Pié-Ninot; “Aportaciones del Sínodo 1987 a la teología del laicado. La herencia del concilio Vaticano II; art. cit. 333; D. SPADA, “Los laicos y su misión en el desarrollo de la Teología Moderna”, Los Laicos, hoy 26 (1979) 20-28.  

97

Cf. J.L ILLANES, “La discusión teológica sobre la noción de laico”, art. cit., 771; S. PIÉ-NINOT,Boletín bibliográfico sobre la teología del laicado hoy ante el Sínodo sobre los laicos de 1987: Perspectivas teológicas”, art. cit., 439; E. BUENO DE LA FUENTE; “¿Redescubrimiento de los laicos o de la Iglesia? (II). Boletín bibliográfico sobre los laicos”, art. cit., 70. 

98

Cf. E. BUENO DE LA FUENTE; “¿Redescubrimiento de los laicos o de la Iglesia? (II). Boletín bibliográfico sobre los laicos”, art. cit., 69. 

Capítulo II

Análisis teológico-dogmático sobre los principales núcleos temáticos en

torno a los llamados “ministerios laicales”

Su problematicidad, riqueza, tensiones y polaridades.