Se han unido estas dos fuentes: sermonarios y obras dramáticas como ejemplo de literatura oral que, posteriormente, se plasmó en papel (no en todos los casos), siendo capital para conocer el sentir popular de un momento histórico como los siglos XVI y XVII. Ya los señalaba Gutiérrez de Ceballos como los mass media y difusores de ideas más importantes de la Edad Moderna308 ya que eran capaces de sacudir al público e inducirles a la devoción y plegaria.309 Desgraciadamente, no son muchos los libros de sermones conservados,310 pero con el material consultado podemos hacernos una idea de cuáles eran las preocupaciones principales del clero.311
Tan importante fueron estas predicaciones, que se llegaron a editar manuales de cómo debían ser llevadas a cabo. En época de Santo Tomás de Villanueva, salió a la luz el manual de Francisco de Vitoria (Burgos, c. 1483- Salamanca, 1546) titulado Preceptos que se debe ayudar un buen predicador, donde señala una serie de requisitos y consejos para que el sermón tenga la “eficacia” deseable. Entre ellos destaca la recomendación de que se ciñan los comentarios a las
308 “Teatro y sermones eran el espectáculo predilecto del Siglo de Oro, la diversión y el medio de
instrucción al mismo tiempo en una época en que no había prensa diaria, radio cine y televisión. Teatro y sermones eran los ‘mass media’ incipientes de unos años en que la creciente masificación de las ciudades asimilaba a la sociedad de Antiguo Régimen en muchos aspectos a la nuestra.” GUTIÉRREZ DE CEBALLOS, A. R., “La literatura ascética y la retórica cristiana en el arte de la Edad Moderna: el tema de la soledad de la Virgen en la plástica española”. en Ephialte. Lecturas de Historia del arte. Número 2. Vitoria: Instituto Municipal de Estudios Iconográficos. 1990. p. 81.
309 “Tal vez de los hechos sociales en la que la literatura tiene intervención, los dos más importantes
de aquellos siglos sean el teatro y la oratoria sagrada. Al margen de la fundamental diferencia, los parecidos son grandes: fenómenos ambos atados a las categorías de tiempo y espacio, que buscan –y tienen forzosamente que hacerlo- el sacudir al público, y, por tanto, son buen indicio para rastrear los móviles estéticos afectivos de aquellas muertas generaciones.” ALONSO, D., “Predicadores ensonetados. La oratoria sagrada, hecho social apasionante del siglo XVII” en Del siglo de Oro a este siglo de siglas. Madrid: Editorial Gredos. 1962. p. 96.
310 Aunque Cerdán opine que todo sermón pronunciado desde el púlpito presupone una forma escrita
que remite a la fuerza viva del verbo, no son muchos los conservados a día de hoy. Vid: CERDÁN, F., “El sermón barroco: un caso de literatura oral” en Edad de Oro. Número 7. Madrid: Universidad Autónoma de Madrid. 1988.
311 “El sermonario es algo de incalculable importancia en la formación espiritual de los españoles
durante siglos. En líneas generales, parece que los grandes predicadores se dan más en el siglo XVI que en los que siguen. Pero los sermones con vidas ejemplares no sólo de santos famosos, sino también de humildes legos, recientemente fallecidos, o personalidades del momento, hoy olvidadas en absoluto, de estar reunidos en algún sitio, ocuparían un espacio difícil de imaginar” CARO BAROJA,
lecturas proclamadas en el evangelio, dejando de lado posibles disputas filosóficas que desviaran la atención del pueblo. Por lo que indica que la claridad debe de ser el eje que vertebre la prédica, tratando puntos muy concretos de la doctrina. A su vez, insiste en que se fije tanto en el contenido como en la forma de divulgarlo sin caer en expresiones que no salgan del corazón, con exageraciones y poca naturalidad. También recomienda que se hagan en lengua vulgar, siendo éste uno de los temas más polémicos, porque en el caso de que se realice a los moriscos, ¿debía ser utilizado el castellano o la algarabía?312
Otro de los ilustres pensadores que trató el tema fue Luis Vives (Valencia, 1492 - Brujas, 1540), dedicó algunos capítulos de sus obras a cómo predicar. En el cuarto libro De las disciplinas (1531), Vives se quejaba de la distancia que mediaba entre los primitivos oradores y los predicadores contemporáneos, pues mientras los segundos superaban a los primeros en materia del discurso, quedaban muy por debajo en todas las partes de la elocuencia, persuasión, argumentación, disposición y lenguaje. González García, citando a Vives afirma que “el orador eclesiástico de su tiempo había llegado a ser un ignorante, desconocedor de las pasiones y del arte de moverlas, de sentencias plomizas y acción destemplada, que no se acompañaba del semblante, ni de las manos, ni del gesto, ni de la apostura de todo el cuerpo.” 313 Y es que, a pesar de los numerosos libros de sermones o de consejos a los predicadores que el clero supuestamente leía,314 su nivel cultural era bajo.
A pesar de no poseer un nivel excesivo de formación, en el territorio valenciano predicadores no faltaron, como nos demuestran los comentarios de
312 Para mayor información sobre este tratado vid: SEGUÍ CANTOS, J., “Presencia de la Orden de
Predicadores en la vida social y cultural de la Valencia del siglo XVI” en Archivo Dominicano.
Número 17. Salamanca. 1996.
313
GONZÁLEZ GARCÍA, J. L., “Ut pictura rethorica. Juan de Juanes y el retablo de San Esteban de Valencia.” Boletín del Museo del Prado. Tomo XVII. Número 35. Madrid: Fundación del Museo del Prado. 1999. (pp 21-56) P. 48. Para un estudio más detenido de las ideas estéticas de Vives, de la relación del texto y de la imagen véase: “Introducción a la estética de Luis Vives” en Revista de Ideas Estéticas. Número 20. Madrid: CSIC. 1947.
314 Febvre defiende que estos libros eran seguidos por el clero: “Pero las prensas no se limitaron a
multiplicar, para uso de clérigos, las obras usuales, libros de instrucción y recopilaciones de sermones cuya abundancia hace pensar que el clero leía más de lo que se ha querido dar a entender. El hecho sorprendente de la enorme abundancia de publicaciones en latín para uso de los simplices sacerdotes
hace pensar que necesariamente tenían que venderse.” FEBVRE, L., Erasmo, la Contrarreforma y el espíritu moderno. 1957.p. 45.
diversos historiadores o estetas de la época. De este modo, Escolano nos indica como hay más de dos mil clérigos en la ciudad que se ocupan de esta labor y que no había domingo en el que no se realizaran dichas prédicas.315 También Fadrique Furió Ceriol (Valencia, 1532-Valladolid, 1592) resaltó como Valencia era admirada en el resto de España e incluso de Europa por la cantidad ingente de predicadores que poseían, ya que “todo el año, diríase que cada día, se celebraban sermones divinos.”316
Muchas veces eran los propios arzobispos los que reunían a los clérigos para instruirles en cómo debían realizar sus prédicas,317 ya que el bajo nivel cultural comentado había hecho descender la calidad de los mismos.318 A su vez, este interés episcopal también procede de la importancia que se diera en el Concilio de Trento a
315
“Tenemos que passan de dos mil los Clerigos y Frayles residentes en la ciudad. Estos ademas de ocuparse en cantar y celebrar con summa puntualidad y rigor los oficios nocturnos y diuinos de la Iglesia, andan ordinariamente como en perpetua cátedra por los pulpitos y confesionarios. Ni hay Domingo o fiesta que falte sermón en las Parrochias y Monasterios; y aun entre semana le hay muchísimos dias. Esto tiene su punto en la Cuaresma, como tenemos dicho en otro lugar; porque cada Parrochia busca vn Predicador de los mas famosos de España.” ESCOLANO, G., Décadas de la Insigne y Coronada Ciudad y Reino de Valencia. 1610. p. 1037.Esta cita va referida a Valencia capital, porque por las fuentes que se han consultado, en las zonas rurales ocurría todo lo contrario: “Pocos eran los que sabían predicar, aunque no faltaban oradores brillantes que alardeaban de sus dotes declamatorias poco convincentes para los fieles. En Valencia había muchos predicadores, pero no así en las parroquias rurales.” CÁRCEL ORTÍ, V., Historia de la Iglesia en Valencia. Tomo I. p. 153. Esta opinión se corrobora en los escritos de Fadrique Furió Ceriol que opina en su Bononía, que publicaba en Basilea en 1556, que “a pesar de reconocer la abundancia de predicadores e las diócesis locales, observa que en muchos pueblos valecitos pocas veces hay ocasión de oír un buen sermón” Cfr. FUSTER, J., Poetas, moriscos y curas. Madrid: Editorial Ciencia Nueva S. L. 1969. p. 133.
316 Cfr. GONZÁLEZ GARCÍA, J. L., “Ut pictura rethorica. Juan de Juanes y el retablo de San Esteban
de Valencia.” 1999. p. 28.
317 “Al tiempo de la Cuaresma [Santo Tomás de Villanueva] llamaua cada año los predicadores… a la
Iglesia de San Estevan, y les hazía vna larga platica con mucha dotrina, y espiritu, enseñandoles, y encargandoles como hauian de hazer… su oficio…juntando a sus estudios mucha oración, y pidiendo a nuestro Señor les guiasse y enseñasse lo que hauia de predicar, y les diesse su espíritu. Y entendiesen que no subían al pulpito para…ganar…el aplauso del pueblo sino para hazer guerra como soldados de Iesu Christo con el cuchillo de su palabra.” Cfr. Ibidem. p. 49
318 Es significativo el comentario de Villanueva en su obra Viaje literario a las Iglesias de España la
mala calidad de los sermones modernos en comparación de los realizados por San Vicente Ferrer siglos antes: Negar por esto solo que sea obra de san Vicente estos sermones, téngalo por desacertado como negar que sean de los malos oradores que conocemos las oraciones churriguerescas que andan impresas en su nombre. No pongo á los de s. Vicente en esta clase; antes los juzgo diametralmente opuestos, pues en ellos solo respira la sencillez y libertad y voz del tronido apostólico, mientras estotros no se ve sino hinchazón y violencia continua de las palabras de la Escritura, y caramillos de un ingenio vano, que se predica á sí mismo con daño también de las lamas y ruina del arte y de la lengua española.” VILLANUEVA, J. L., Viaje literario a las Iglesias de España. p. 53.
dicho ministerio319 como lucha ante las herejías, y en especial, ante la protestante.320 Continuando esta preocupación hasta bien entrado el siglo XVIII.321
Volviendo al sentir popular y a cómo se desarrollaban las prédicas, los feligreses asistían a los sermones como una fiesta.322 El predicador se convertía en un
showman que debía captar la atención de los feligreses, divertirlos (pero como se ha dicho, sin caer en la exageración). Para ello, no ahorraba gestos, modulaba la voz, recurría a los retruécanos, y, aún más importante para nosotros, al arte como medio de persuasión y complemento de sus parlamentos.323
319 “De aquí es que no sólo es conveniente este conocimiento a los eclesiásticos que administran los
Sacramentos, sino también a los fieles que los reciben. A los legos pertenece igualmente la instrucción en muchos puntos de disciplina que estableció este sagrado Concilio. Y esta es la razón porque él mismo mandó formar su Catecismo y ordenó que algunos de sus decretos se leyesen repetidas veces al pueblo cristiano.” Sacrosanto, ecuménico y general Concilio de Trento. 1564.
320
Para muchos eclesiásticos del momento, la predicación era una lucha en las que las escrituras eran el arma más importante, por ello piensa Caro Baroja que “sobre la base de los textos del Antiguo Testamento, del Nuevo y de los padres antiguos, como siempre, los predicadores y escritores de los siglos XVI y XVII […] Uno nos dirán, en cierta circunstancia, que la vida en sí es guerra. Otros, que el conjunto de los hombres está compuesto de dos milicias: la de Dios y la del Demonio. Complemento de esta concepción será la de que cada milicia tiene su Capitán y habrá textos en que entre los títulos de Cristo se considerará a éste de Capitán. El soldado profesional, el gran guerrero que lucha con la espada de la palabra [es decir, el sermón] ante la sociedad” CARO BAROJA, J., Las formas complejas de vida religiosa. (Siglos XVI y XVII). 1978. p. 424. Esta idea de milicia cristiana y el arma de la predicación la podemos encontrar también en los escritos de Erasmo de Rótterdam, como en el Enchiridion Militis Christi (1503), del que nos ocuparemos en sucesivos capítulos.
321 En diversas obras de Mayans (Oliva, 1699 - Valencia, 1781), podemos encontrar alusiones a cómo
se debe persuadir, los errores más comunes de los predicadores, etc. Tesis que son compartidas por sus coetáneos como José Climent, Felipe Beltrán, etc. Para mayor información véase: LEÓN NAVARRO, V., Luís de Granada y la tradición erasmista en Valencia. El siglo XVIII. Alicante: Instituto de Estudios Juan Gil- Albert. Diputación Provincial. 1986. p. 41 y ss.
322 La figura del predicador, junto con impresores o viajeros es, según Burke, fundamental para
entender la cultura popular de una región y con ello el arte que se produjo: “La cuestión clave es que, seguramente, tengamos que aceptar que no podemos aproximarnos a los artesanos y campesinos de la Europa moderna de forma directa, sino a través de predicadores, impresores, viajeros o funcionarios. Estos hombres eran intermediarios entre la cultura de los instruidos y la popular, y una situación en la que la pequeña y la gran tradición coexistían, era un hecho fundamental de la vida cultural. Misioneros, fuesen o no bienvenidos, llegados a las pequeñas comunidades desde el mundo exterior. Dado que una aproximación directa es imposible, lo mejor es acercarnos a la cultura popular a través de estos intermediarios para evitar situarlos en un camino equivocado.” BURKE, P., La cultura popular en la Europa Moderna. 1991 [1978] p. 130.
323
“Se trata de algo muy semejante a lo que los fieles acostumbraban a vivir en las homilías de los sacerdotes, durante las cuales el predicador se servía indistintamente de anécdotas vitales, representaciones cotidianas, descarnadas sátiras o de intrincadas parábolas religiosas que, en su configuración formal, podían llegar a acusar una complejidad semejante al enigma. Gracias a ellas, lo dicho desde el púlpito servía para excitar la meditación sobre el significado oculto de la parábola o la imagen mencionada por parte del sacerdote.” GUTIÉRREZ DE CEBALLOS, A. R., “La literatura ascética y la retórica cristiana en el arte de la Edad Moderna: el tema de la soledad de la Virgen en la plástica española”. pp. 185-156. Además de estas palabras, debemos señalar otra investigadora que se ha ocupado exclusivamente de estos medios utilizados en la predicación. Ha sido B. Majorana. De su obra destacan: MAJORANA B., “Missionarius/Concionator. Note sulla predicazione dei gesuiti nelle campagne” en Aevum. Número 73. Milán: Pubblicazioni del’Università Cattolica del Sacro
Así pues, debemos hablar del uso del arte en un doble sentido, el primero el de conseguir mayor efectividad persuasiva en el auditorio, pudiéndose producir cierta asociación entre pintor y predicador, por cuanto el segundo solicitaba al artista alguna imagen pintada o esculpida para ayudar en su tarea (tal podría ser el caso entre Juan Bautista Agnesio y Joan de Joanes, que mantuvieron una estrecha relación de amistad) o; en segundo lugar, el uso de la imagen en la reproducción escrita de dichos sermones, como complemento al texto y ayuda para la oración mental.324
El empleo del arte en las prédicas procede de muy antiguo y gracias a los distintos estudios realizados, podemos tener una visión diacrónica de su uso. Retablos,325 pequeñas piezas litúrgicas, estampas o lienzos eran transportados de ciudad en ciudad para cumplir su cometido. Sabemos que el propio San Vicente
Cuore. 1999. Y también en: “Une pastorale spectaculaire. Missions et missionaires jésuites en Italia (XVIe-XVIIIe siècle)” en Annales HSS. Número 2. París: L’École des études en sciences sociales. 2002.
324 “Ante una población mayoritariamente analfabeta la necesidad del adoctrinamiento se desplegó en
dos niveles. Por un lado, los sermones, libros de meditación, guías espirituales, catecismos y demás tratados espirituales forjaron en el colectivo una imagen conceptual y, por tanto, puramente mental a la que se invoca a través de términos como ‘contempla ánima mía’, ‘mira’, ‘veo’ y demás fórmulas que quedan recogidas en este tipo de literatura.” MARTÍNEZ-BURGOS GARCÍA, P., “La creación de imágenes. Propaganda y modelos devocionales en la España del Siglo de Oro” en VIZUETE MENDOZA, J. C. y MARTÍNEZ-BURGOS GARCÍA, P., Religiosidad popular y modelos de identidad en España y América. Cuenca: Ediciones de la Universidad de Castilla La Mancha. 2000.
325
El tema del retablo en relación a la catequesis, es uno de los aspectos más tratados en los libros de arte y cultura. Por ejemplo, Company Climent nos explica qué función tenían en la Edad Media:
“Però, a més, o sobretot, el retaule acompleix una funció marcadament didàctica, catequètica i cultual. És com un llibre figurat a l’abast de tothon, lletrat o illetrat. A més d’acompanyar la litúrgia de les celebracions i del culte en general, alliçonava i bastant sobre la vida de Jesucrist, de la Verge o dels sants (també sobre qüestions de l’Antic Testament), fomentava la pregària, pacificava i confortava els ànims del poble, i transportava l’home al ja citat estadi de la llum, a l’estadi de la pau, a l’estadi d’allò transcendent, d’allò diví.” COMPANY CLIMENT, X., L’Europa d’Ausias March. Art, cultura i pensament. Gandia: CEIC Alfons El Vell. 1998. p. 149. En la Edad Moderna, esta función sigue vigente, viéndose un continuo tanto en la tipología de narratividad cómo en su capacidad aleccionadora, que en este caso viene relacionada con Trento y la Contrarreforma: “El retablo, como principal soporte plástico de la lección religiosa de la Contrarreforma, desarrolla un lenguaje y una retórica que puede relacionarse con otro género que, a partir de estos momentos conoce un auge similar. Nos referimos al Sermón, tema que pronto alcanzará un importante soporte teórico al surgir los tratados de la denominada Retórica cristiana, cuyas reglas tratan de adaptar los preceptos ciceronianos y aristotélicos a un contenido específicamente católico. Sermones y retablos se van a convertir en los medios favoritos de adoctrinamiento del fiel, y será fácil observar paralelismos entre ambos géneros, subordinados a las categorías de la poética aristotélica, basada, como sabemos, en la mimesis, la verosimilitud y la conmoción del espectador […] La Iglesia opta de manera decidida por los métodos persuasivos del sermón y el retablo, y es tras los años centrales del siglo cuando, tras las huellas de los maestros Berruguete, Juni y Gaspar Becerra, toda una pléyade de pintores y escultores pueble las iglesias españolas de una colección de retablos e imágenes, algunas veces verdaderas obras maestras, que constituyen lo más característico de la aportación española al debate formal e iconográfico de la Contrarreforma europea.” CHECA, F., Pintura y escultura del Renacimiento en España. 1450-1600. Madrid: Cátedra. 1993. pp. 302-303.
Ferrer (Valencia, 1350-Gwened, hoy Vannes, 1410), al que se le atribuyen hechos milagrosos como la conversión de centenares de judíos y musulmanes sólo acudiendo a sus prédicas, recurría a las imágenes para explicar mejor sus ideas.326 De hecho, esta labor del santo fue recordada en los frescos del Colegio del Patriarca de Valencia, más exactamente en la pared central del crucero, pintada por Bartolomé Matarana entre 1597 y 1605, donde se representa la conocida Predicació de sant Vicent a Perpinyà. Esta recuperación temática, siglos después no es casual, como estudia Daniel Benito,327 este asunto en dicho Colegio- Seminario podría bien representar un claro exemplum a los estudiantes, recordando la importancia de la actividad misionera; que al igual que dicho santo consiguió mediante su esfuerzo y prédicas la conversión de judíos y musulmanes, ellos deberían esforzarse en conseguir lo mismo con los moriscos que les rodeaban.
Así pues, la imagen es un punto fundamental en toda predicación desde antaño. Gracias a ella, los niños, mayores “consumidores” de imágenes por su curiosidad, interiorizaban mejor los dogmas.328 Los campesinos, aprehendían aquello que se les explicaba,329 y, aún más importante, conseguían la conversión de éstos