sualidad el trono de Inglaterra volvió a manos católicas, a las de su hermanastra María Tudor, hija de Catalina de Aragón, prima de Carlos V y tía segunda de Felipe. Aunque el Emperador se había comprometido años antes con María, en ese momento vio una opción mejor: casar a su hijo Felipe –viudo desde 1545, con veintiséis años de edad, once menos que María– con la nueva reina.
Grande y Julio César, a pesar de que no había obtenido ninguna gloria militar. Siempre con respec- to a la relación paterno-filial, fue asociado también con otras figuras bíblicas: Isaac, José y Tobías. Otro de los temas que se repitieron constantemente tiene relación con las columnas de Hércules […] es engañoso singularizar la cuestión en la figura de Salomón».
80 H. Kamen (ibídem, pág. 120) señala que el salomonismo que rodeaba a Felipe II era una cuestión
local de los Países Bajos y que en España no hubo ni una sola muestra del mismo: «las referencias acerca de Salomón se hallaban sin excepción limitadas a los Países Bajos, donde se hacían sobre todo dentro del contexto de la sucesión a la corona en dichas provincias. Estos paralelismos, además, se establecieron varios años antes de que Carlos V abdicase en favor de su hijo, y por tanto
carecían de relevancia en los acontecimientos o circunstancias de España, donde a ningún escritor se le había ocurrido describir al príncipe como a un Salomón». Aparte de que veremos que esta
última parte no es ni mucho menos cierta, no entiendo que tiene que ver con El Escorial la afirma- ción de que sea un hecho local. Como si Felipe II o Juan de Herrera no hubieran estado presentes personalmente en Flandes cuando ocurrieron y como si el rey hubiera estado allí de turismo quin- ce días, no como señor natural de esas tierras cerca de una década. Eso sólo demuestra que el Humanismo había calado más en los Países Bajos que en España y que el rey llegó a España en 1559 con la idea de intentar recrear la arquitectura del Templo madurada en Flandes.
El príncipe aceptó la idea sin demasiado entusiasmo, pero viendo claramente las posibilidades políticas que tenía dicha unión. El 12 de enero de 1554 el Con- de de Egmond pidió la mano de la reina siguiendo órdenes del Emperador des- de Flandes. El acuerdo que firmaron fijaba condiciones muy restrictivas para el ejercicio de poder de Felipe en la isla. El 13 de julio el príncipe Felipe embarcó hacia Inglaterra desde La Coruña y el día 19 arribó en Southampton, donde le recibieron los almirantes de Inglaterra y Flandes.
Sería la más larga de sus estancias en el norte de Europa, que se prolongó du- rante cinco años: dos en Inglaterra y el resto de nuevo en los Países Bajos. Por diferentes motivos, desde entonces no volvería a salir de la Península Ibérica.
La Reina de Inglaterra casa con el rey de Nápoles y Jerusalén
Con motivo de la boda oficiada por el Gran Canciller y obispo de Winchester Stephen Gardiner en la catedral de dicha ciudad el día 25 de julio (fiesta de San- tiago, santo patrón de España), el Emperador cedió a su hijo los reinos de Nápo- les y Jerusalén para que tuviese la misma jerarquía que su esposa.81
Al mismo tiempo le confiaba la administración del Ducado de Milán, cuya inves- tidura había recibido años atrás. Desde entonces incorporaría al escudo de las armas reales el cuartel de Jerusalén, tan querido por los Reyes Católicos y por Carlos V, aunque dejaría muy pronto de ser usado por Felipe, tal vez por la ola de antisemitismo que siguió al Concilio de Trento.
El documento de cesión de los reinos fue leído en francés por el duque de Feria, a modo de regalo de bodas. Leemos por ejemplo en Cabrera de Córdoba: «Feli- pe y María, por la gracia de Dios Rey y Reina de Inglaterra y Francia, Nápoles, Jerusalén, Hibernia (Irlanda), Príncipes de España y Duques de Milán en el año primero y segundo de su reinado».82
El discurso de Reginald Pole sobre la reconstrucción del Templo
A diferencia de lo que había ocurrido en los Países Bajos en 1549, en Inglaterra, no se necesitaban metáforas salomónicas de sucesión dinástica ni de sabiduría. El problema allí era la división religiosa, contra la que María Tudor estaba reali- zando una dura política represiva. Y sería en Inglaterra donde se introduciría
81 A. de Herrera (Historia general, I.II, p. 5): «fue el principe proclamado Rey de Inglaterra, Napoles
y Jerusalem, y Duque de Milan, titulos que su padre le dio por q. la Reyna no tuuiesse marido de menor grado». En la segunda parte de este libro me extenderé sobre la significación que tenía para Felipe su proclamación como rey de Jerusalén.
82 L. Cabrera de Córdoba, Historia de Felipe II, lib. I, cap. V, pág. 23; cap. VI, págs. 26-27; cap. VII,
un elemento nuevo: Felipe no sólo era el príncipe pacífico y prudente que suce- dería a su belicoso padre, sino que reedificaría el Templo de Jerusalén, símbolo de la nueva unidad religiosa que demandaba Inglaterra.
El autor de esta elaborada comparación con Salomón fue nada menos que el famoso cardenal Reginald Pole,83 legado pontificio en Inglaterra, en su discurso
ante el Parlamento del 21 de noviembre de 1554. María Tudor, que era prima de Pole, estaba convaleciente de una enfermedad y las dos cámaras tuvieron que desplazarse al Gran Salón del Palacio de Whitehall.
Tras expresar la alegría que le trasmitió Carlos V en Flandes por la conversión de Inglaterra y la llegada de su hijo al trono, señaló que no había podido termi- nar con las discrepancias religiosas por algún oscuro designio de Dios:
«Bien puedo yo compararlo con David, que aunque fue un hombre ele- gido por Dios, como estaba contamina- do por la sangre y las guerras aún no
podría construir el Templo de Jerusalén,
pero dejó que lo terminara Salomón
que era un rey pacífico. De esta mane-
ra, puede pensarse que la apaciguación de las controversias sobre religión en la Cristiandad no podrá asignarse a es- te Emperador sino a su hijo, que ter-
minará el Edificio que su padre había empezado. Y dicha Iglesia no podrá ser
finalmente construida, a menos que universalmente todos los Reinos nos unamos bajo una sola cabeza y lo reco- nozcamos como vicario de Dios, para tener un poder superior».84
83 El famoso cardenal Reginald Pole nació en 1500 en Staffordshire y murió el 17 de noviembre de
1558, apenas doce horas después de María Tudor (totalmente contemporáneo pues de Carlos V). Tenía un estrecho parentesco con la familia real inglesa, pese a lo cual abandonó su país tras opo- nerse al divorcio de Enrique VIII y a su proclamación como cabeza de la Iglesia. Fue perseguido desde Inglaterra por toda Europa, y tras su llegada a Roma fue nombrado cardenal. Finalmente representó a la Santa Sede presidiendo Trento. Tras el ascenso de María Tudor, fue nombrado legado apostólico de la Santa Sede y consejero de la reina. Llegó a Dover el 14 de noviembre de 1554 desde Alemania y Bruselas, de donde fue a Londres a finales de mes, presentándose ante el parlamento y los reyes para aceptar a los miembros de la cámara en el seno de la Iglesia romana y librar a Inglaterra de la excomunión pontificia. El año siguiente ocupó el arzobispado de Canterbu- ry, que le hacía primado de Inglaterra. Pole fue el autor del famoso saludo a María Tudor (Ave
Maria, benedictus fructus ventris tui) cuando su famoso embarazo imaginario, comparación des-
afortunada que para algunos rozó la blasfemia. Cfr. Enciclopedia Espasa, t. XLVI, pág. 65.
84 «I can well compare him to David, who though he were a Man elect of God, yet, for that he was
El Templo no como edificio material, sino como unión «de ánimas»
El discurso de Pole fue comentado por uno de los españoles asistentes a White- hall (por desgracia no se ha conservado su nombre) de la siguiente forma:
«Leyda [la carta de Felipe], el Legado [Pole] hizo vna plática á los Reyes y al Parlamento en su lengua, loando á los del Reyno, admitiendo su petición; dixo al Rey que en su primera salida auia hecho tan gran seruicio á Dios de conuer- tir y reducir este reyno á la verdadera y cathólica religion: y que aunque el Emperador, como chriptianísimo príncipe, auía trabajado tanto en juntar
materiales y querer edificar el templo, que nuestro señor no auia permitido
sino que lo edificasse y acabasse su hijo: como acaesció á Dauid y Salomon; y assí se a visto, pues, en breues dias aurá acabado un edificio tan grande y
no de materiales como el de Salomon, sino de ánimas que tan perdidas es- tauan por mal exemplo y dotrina, y que así como Dios hauia permitido que se
redimiese el humanal linage por mujer, asi auia permitido que este Reyno se redimiese por esta buenauenturada Reyna».85
La idea de este discurso, que el cronista Muñoz toma de un testigo español anó- nimo, se repetirá en más de una ocasión. José Luis Gonzalo destacó el hecho de
thereof to Solomon, which was Rex pacificus. Si may it be thought, that the appeasing of Controver-
sies of Religion in Christianity is not appointed to this Emperor, but rather to his Son, who shall perform the Building that his Father had begun. Which Church cannot be perfectly builded, unless universally in all Realms we adhere to one Head, and do acknowledge him to be the vicar of God, and to have power from above». The Parliamentary or Constitutional History of England, vol. III, págs. 319-320, 2ª ed., Londres, Tonson & Millar, 1762. El discurso de Pole está copiado literalmen- te de las Grafton's Chronicle, pág. 1344.
85 Para el discurso en Whitehall, ver la carta IV, pág. 135, en A. Muñoz, Viaje de Felipe II, ed. 1877:
«Traslado de una carta que fue enviada del reyno de Inglaterra á la muy ilustre señora Condesa de Olivares en que se da relación como aquel reyno se ha reformado en la fe católica, y dado la obe- diencia al summo pontífice...».
que este anónimo testigo recuerde precisamente esta parte del discurso de Pole, lo que nos señala el impacto que sus palabras debieron producir, al menos entre los cortesanos españoles.86
Felipe, príncipe de España y rey de Inglaterra, y la Jerusalén Celestial
Los estados presentaron un memorial en latín suplicando el perdón por el error que habían cometido. A cambio, Felipe les permitió no devolver los bienes arrebatados a la Iglesia. A continuación, la idea del Templo, no como monumen- to material, sino espiritual, fue expresada también por el propio Felipe en su respuesta ante el Parlamento inglés, de una forma plagada de paralelismos bíblicos. Cabrera lo transcribe así:
«Ésta, según el estado del Nuevo Testamento, es nuestra Iglesia Católica, que tuvo principio en Jerusalén [...] gobernada por elegido por el Espíritu San- to [...] Por esto en la ley antigua se mandó a los hebreos poner en la frente del Sumo Sacerdote el nombre inefable de Dios esculpido en lámina. Es la Iglesia militante divinamente traslado de la triunfante; y vio San Juan descender del
Cielo a Jerusalén nueva y santa. Como en ella hay un príncipe, Dios, [...] en la militante hay un romano pontífice».87
Está claro que Felipe no sólo conocía la descripción del Templo, sino también la de la Jerusalén Celestial del Apocalipsis (21:12-22), ya que es importante el detalle de que el centro de la ciudad no tenía templo, sino que era el mismo Yahvé el que descendía a la Tierra en el centro de su Ciudad Santa. Veremos en la segunda parte como Felipe II quiso llevar también esta descripción nada me- nos que al fresco de la nave central de la iglesia, aunque algunos como René Taylor han querido ver magia y ocultismo en el famoso cubo.88
Los Cantares de Salomón dedicados a la feliz pareja
Siguiendo el mismo espíritu salomónico de Pole, el humanista belga, profesor de latín del Colegium Trilingue de Lovaina desde 1539, Pedro Nanio o Petrus Nannius (Alkmaar 1500 - Lovaina 1557) había solicitado en una carta del 5 de septiembre de 1546 al canciller inglés Stephen Gardiner dedicarle su edición de la Sabiduría de Salomón, finalmente dedicada en 1552 a Luis de Flandes.
Como veremos un poco más adelante «se estaba tejiendo en los Países Bajos una compleja red de relaciones personales y culturales, desde el felicísimo viaje, que sustentaba un humanismo español tan notable como breve». En esta red de raíces erasmistas debemos contar a estudiantes de Lovaina como Sebastián Fox Morcillo o Felipe de la Torre, alumnos de latín de Nanio en la Trilingue. Del mismo modo que el círculo de Plantino de Amberes, los humanistas españoles y belgas no ocultaban las esperanzas que albergaban con respecto al nuevo rey: «una nueva era en lo cultural, pero también lo político y en lo religioso».89
Años después, en julio de 1554 editó sus comentarios y estudios sobre el Cantar
de los Cantares de Salomón, dedicando a los reyes Felipe y María, recién despo-
sados por el mismo Gardiner, el siguiente texto:
«SERENISSIMIS ET POTENTISSIMIS PRINCIPIBUS PHILIPPO ET MARIAE REGIBUS ANGLIAE, FRANCIAE, NEAPOLIS, HIERUSALEM, HIBERNIAE, &C. / Quum vulgo persuasum sit nuptias diuina prouidentia conciliari [...] Nobis proinde circunspicientibus, quid potissimum ad thorum tam sanctum pro gratulatione mitteretur, nihil oportunius visum est, quam epithalamicum car-
87 L. Cabrera de Córdoba, Historia de Felipe II, cap. VI, pág. 27. 88 R. Taylor, Arquitectura y magia, pág. 16.
89 J. L. Gonzalo, Erasmismo, pág. 775 y 778: «Mientras en Amberes, Calvete, Plantino, van Ghistel, y
Grudio saludan de una manera poética el inicio del remado filipino, en Lovaina las poesías se tor- nan en tratados políticos».
men, quod Salomon Christo, & Ecclesiæ modulatus est, non poetico furore, sed spiritu sancto plenus».90
Petri Nannii, In Cantica Canticorum Paraphrase, portada y dedicatoria a Felipe y María.