¿Qué significa este decir del Maestro? Ciertamente que no la mera suposición arrogante en favor de Su propia nacionalidad. Tal idea es negada, no solamente por lo universal de todas sus otras enseñanzas, sino también por la instrucción misma en la cual ocurren estas
palabras, porque El declaró que el templo Judío era igualmente con el Samaritano de ninguna importancia en el asunto. Dijo que el verdadero culto era puramente espiritual y enteramente independiente de lugares y ceremonias, mientras que a la vez hizo énfasis en la expectación Judía de un Mesías, así que en esta enseñanza nos encontramos con la
paradoja de un principio universal combinado con lo que, a primera vista, parece ser una tradición de tribu totalmente incompatible con cualquier reconocimiento del reino universal de la ley. Así que reconciliar estos opuestos aparentes, parece ser el problema que ha
colocado aquí ante nosotros. La solución se encuentra en aquel
principio que he tratado de dilucidar a lo largo de estas conferencias, la especialización de la ley universal. Pueden diferir las opiniones en cuanto a la narración Bíblica del nacimiento de Cristo, si esta es
tomada literal o simbólicamente, pero no puede, creo, haber diferencia de opinión en cuanto al principio espiritual implicado. Este es aquel de la especialización, por el individuo, de la relación genérica del alma con el Espíritu Infinito del cual procede. La relación misma es universal y resulta de la naturaleza misma del proceso creativo, pero la ley de la relación universal admite de la especialización particular exactamente en la misma manera que todas las otras leyes naturales; es solamente aplicando a la Ley suprema de la Vida el mismo método por el cual hemos aprendido a hacer que el hierro flote, es decir, por el
reconocimiento plano de lo que la Ley es en Sí Misma. Cualesquiera otros significados que podamos dar al sustantivo Mesías, significará indudablemente la representación absolutamente perfecta en el individuo de todas las infinitas posibilidades del Principio de Vida. Ahora bien, Jesús hizo esa afirmación debido a que este gran ideal constituyó la base sobre la cual se fundó la nacionalidad Hebrea. Este fundamento ha sido lamentablemente mal comprendido por el pueblo Judío pero, sin embargo, no importa cuán imperfectamente, todavía es sostenido por él, y a partir de este pueblo el ideal se ha esparcido por el mundo Cristiano. Aquí, también, este ideal continuó siendo
lamentablemente concebido en error, no obstante, es todavía retenido, y solamente es necesario reconocerlo en su verdadera luz como un principio universal, en vez de como dogma ininteligible, para la
salvación del mundo. De ahí, debido a que ha proporcionado el medio a través del cual este ideal supremo se ha preservado y esparcido, es verdad que “La salvación es de los Judíos”.
Su idea fundamental era correcta pero su entendimiento de ella fue incorrecto; esa es la razón de por qué el Maestro, a la vez, arrolla con todo el culto nacional del templo y preserva la idea nacional del Mesías; y esto es igualmente verdad del mundo Cristiano en el presente. Si la salvación es algo real, debe tener su origen, en alguna ley y si hay una ley ésta debe estar fundamentada en algún principio universal; por lo tanto, es este principio el que debemos buscar si hemos de entender esta enseñanza del Maestro.
Ya sea que tomemos la historia Bíblica del nacimiento de Cristo literal o simbólicamente, enseña una gran lección. Enseña que el Espíritu Originador de Todo es el verdadero Padre de lo individual, tanto en alma como en cuerpo. Esto es apenas comprender desde el punto de vista del individuo lo que no podemos dejar de entender en relación con la creación original del cosmos; es la comprensión de que el Espíritu Originador de Todo es a la vez la Vida y la Sustancia en cada individuo aquí y ahora, exactamente como debe haberlo sido en el origen de todas las cosas. El parentesco humano no cuenta para nada, este es solamente el canal a través del cual el Espíritu Universal ha
actuado para la concentración de un centro individual; pero la causa final de ese centro, tanto en la vida como en la sustancia, continúa en todo momento siendo el mismo Espíritu Originador Uno.
Este reconocimiento cercena la raíz de todo poder de lo negativo, y así en principio nos libera de todo mal, porque la raíz del mal es la
negación del poder del Espíritu para producir el bien. Cuando comprendemos que el Espíritu está encontrando su propia individualización en nosotros, en su doble esencia como Vida y
Sustancia, entonces veremos que puede y está queriendo crear todo lo bueno para nosotros. El único límite es aquel que nosotros mismos nos imponemos al negar Su operación. Cuando comprendemos la
creatividad inherente del Espíritu encontramos que no hay razón para quedarnos cortos en punto alguno y decir que no se puede ir más adelante. Nuestro error está en considerar la vida del cuerpo como separada de la vida del Espíritu y este error es corregido por la
consideración de que, en su naturaleza final, la Sustancia debe emanar del Espíritu y que ésta es solamente el registro de la concepción que el Espíritu tiene de Sí Mismo, encontrando expresión en el espacio y en el tiempo. Cuando esto se hace claro se sigue que no es del todo necesario tomar en consideración la Sustancia. La forma material está en la
misma relación con el Espíritu que la imagen proyectada sobre una pantalla lo está con la transparencia del proyector. Si queremos cambiar el asunto exhibido no manipulamos la reflexión que se
encuentra sobre la pantalla, sino que cambiamos la transparencia; y en manera semejante, cuando llegamos a comprender la verdadera
naturaleza del proceso creativo, aprendemos que las cosas exteriores deben cambiarse por un cambio en la actitud espiritual interior. Nuestra actitud espiritual estará siempre determinada por nuestro concepto de la relación que tenernos con Dios o con el Espíritu Infinito; y así, cuando empezamos a ver que esta relación es una de absoluta reciprocidad, que es el autorreconocimiento del Espíritu Infinito desde nuestro propio centro de consciencia, entonces descubrimos que todo el secreto de la Vida consiste en la simple confianza en el Espíritu Omnicreador como identificándose conscientemente con nosotros. El ha, por así decir, despertado a una nueva modalidad de
Autorreconocimiento peculiar a nosotros, en la que individualmente formamos el centro de Su energía creativa. Comprender esto es especializar el Principio de Vida. La lógica de ello es simple. Hemos encontrado que el movimiento originador del Espíritu, de donde procede toda creación, solamente puede ser Auto contemplación. Entonces, puesto que el Espíritu Original no puede cambiar Su naturaleza, Su Auto contemplación a través de nuestras propias
mentes, debe ser tan creativa en, para, y a través de, nosotros como lo fue en un principio; y en consecuencia, encontramos el proceso creativo original repetido en nosotros y dirigido por el pensamiento consciente de nuestras propias mentes.
externas, ya sean de cuerpo, o de circunstancias; porque ellas son
solamente efectos y no la causa; y por consiguiente, cuando alcanzamos este punto de vista cesamos de considerarlas en nuestros cálculos. En vez de ello empleamos el método de auto contemplación, sabiendo que este es el método creativo y así nos contemplamos como aliados con el infinito Amor y Sabiduría del Espíritu Divino, el cual tomará forma a través de nuestro pensamiento consciente y actuará así creativamente como una Providencia Especial, dedicada enteramente a guardarnos, guiarnos, proveernos, e iluminarnos. Todo el asunto es perfectamente natural cuando es considerado a partir de un reconocimiento claro de lo que la operación creativa del Espíritu debe ser en sí misma; y cuando esto es comprendido en esta manera perfectamente natural, toda
tensión y esfuerzo para compeler su acción cesa: estamos unificados con el Poder Omnicreador que ha encontrado ahora un nuevo centro en nosotros, desde el cual continuar Su proceso creativo hacia más
perfecta manifestación que aquella que podría obtenerse por medio de las condiciones genéricas, no especializadas, del orden meramente cósmico.
Ahora bien, esto es lo que representa el Mesías, y por lo tanto está
escrito que “a ellos El dio poder para llegar a ser hijos de Dios, así como a tantos que creyeran en Su Nombre”. Esta “creencia” es el
reconocimiento de un principio universal y de una confianza personal en él, como ley, que no puede ser quebrantada; porque esta es una Ley de todo el proceso creativo especializado en nuestra propia
individualidad. Entonces, también, no importa lo grande que pueda ser el misterio, la supresión y limpieza de todo pecado se sigue como parte esencial de esta comprensión de una nueva vida; y es en este sentido que podemos leer todo lo que la Biblia nos dice sobre este aspecto del tema. El principio de esa vida nueva es el Amor; porque cuando nos reunimos con el Espíritu Paternal en mutua confianza y amor, ¿qué espacio queda en cualquier parte para recuerdo alguno de fracasos pasados?
Esto, entonces, es lo que representa el Mesías para el individuo; pero si podemos concebir una nación fundada sobre tal reconocimiento de su relación especial con el Principio Director del Universo, tal pueblo debe necesariamente llegar a ser el conductor de las naciones, y aquellas que se le opongan deberán fracasar por un principio de autodestrucción inherente en la naturaleza misma de la posición que toman. La dirección resultante de tal autorreconocimiento nacional, no estará basada en la conquista y la coacción, sino que vendrá naturalmente. Otras naciones buscarán la razón del éxito y prosperidad fenomenal del pueblo favorecido, y encontrando esta razón en una Ley Universal, empezarán a aplicar la misma ley en la misma manera, y así el
resultado se extenderá de país en país hasta que finalmente la tierra entera estará llena de la Gloria del Señor. Y tal nación, o más bien compañía de naciones, existe. Seguir su desarrollo presente, a partir de sus antiguos comienzos, está lejos del alcance de este volumen, y aún
más lejos está el especular sobre su desarrollo ulterior; pero para mis lectores en ambos lados del Atlántico puedo decirles que este pueblo es la raza Anglosajona en todo el mundo. Escribo estas líneas sobre el monte histórico de Tara; esto llevará una insinuación a muchos de mis lectores. En algún tiempo futuro me podré extender más sobre este tema; pero en el presente mi meta es solamente sugerir algunas líneas de pensamiento que surgen del decir del Maestro de que la “Salvación es de los Judíos”.