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San Agustín de Hipona

In document Estéticas de la atemporalidad (página 41-44)

1.2.7 ¿Qué es estar fuera del tiempo?

1.3.4 San Agustín de Hipona

En los principios de la Edad Media, San Agustín se preguntaba por el tiempo y se respondía paradójicamente (...) Si nadie me lo pregunta, lo entiendo; pero si quiero explicarlo, no lo entiendo. Sabemos qué es el tiempo y vivenciamos el tiempo, pero no podemos explicarlo (Tiempo, historia y enseñanza, p. 105). Nuestro lenguaje cuando lo intenta incurre en aporías o en razonamientos contradictorios. ¿Le quita esto seriedad al tema? ¿O tenemos que aceptar que hay cosas que no son explicables? Y sobre el tiempo, San Agustín indagaba aún más (...) Lo primero que se puede decir del tiempo es que hay un pasado, un presente y un futuro (Tiempo, historia y enseñanza, p. 106). Está claro que el pasado ya no es y que el futuro no ha sido. O

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sea, el pasado y el futuro no son nada, son dos momentos inexistentes. ¿Y el presente? ¿Qué es el presente? ¿Cómo capturo el instante? ¿Cómo defino el ahora? ¿El presente es indefinible?

Si hablamos del hoy y queremos fijarlo en la realidad, nos resulta imposible ya que el hoy siempre está pasando. El presente se está siempre yendo. Cuando lo tratamos de percibir, el hoy ya pasó a hacer el ayer. El instante es lo efímero en sí mismo y por eso es imposible de establecer en un concepto. O peor, el presente es el punto de cruce entre el pasado y el futuro, o sea lo que ya no es y lo que aún no ha sido. Entre una nada y otra nada. El presente es nada. Pero, hay algo que no termina de entenderse en esta lógica, preguntar al ser del tiempo, es suponer al tiempo como una cosa, al tiempo como algo estable, pero el tiempo es lo que siempre está cambiando.

San Agustín, que es posterior a Aristóteles, inquieto por resolver estas paradojas enunció posiblemente su más famosa reflexión acerca de lo que es el tiempo, dijo San Agustín lo siguiente: ¿Qué es el tiempo?, se pregunta, el tiempo es algo muy íntimo, muy mediato del que todos podemos dar fe y conocimiento directo, pero nos cuesta muchísimo poder explicarlo, desplegarlo en conceptos. ¿Y por qué pasa esto? Siendo esta su reflexión más famosa: podemos dividir el tiempo en tres dimensiones: ayer, hoy y mañana. Pasado presente y futuro. ¿Qué es el pasado? El pasado no es. Porque si le diéramos entidad al pasado y afirmamos el ser del pasado, si el pasado fuera algo, no sería el pasado, estaría siendo hoy. O sea, ¿qué es lo que pasó? Lo que pasó, es algo que en su momento fue, era, pero hoy ya no es nada. Estrictamente hablando, el pasado no es nada. Todos tenemos detrás un pasado propio y universal. Ese pasado ya no está. ¿Podemos afirmar al ser del pasado? No. ¿Tenemos al pasado en dónde? En la memoria, en el recuerdo, en una foto, en un video, en un museo. Pero en términos absolutos, el pasado no es nada. Esto es radical, porque en el fondo es razonable lo que dice San Agustín. Lo que pasó, pasó. Después nos peleamos desde el presente cuando abordamos lo que pasó. Pero esa es otra pelea que damos en el presente. Sobre lo que pasó se puede dejar testimonios, claramente. Pero el pasado en términos filosóficos no es nada. ¿Y el futuro? El futuro es lo que va a venir. ¿Y cuál es el ser del futuro? Tampoco. El futuro tampoco puede ser caracterizado como algo, así como el pasado ya pasó y no es nada, el futuro todavía no ha sucedido. Por lo tanto, el futuro tampoco es nada. El pasado no es nada y el futuro no es nada. El futuro es lo que va a suceder en 3 segundos, pero por ahora no es nada.

Capítulo 1 43

Llegó, ya no es el futuro. Pasó a ser el presente. O sea que nunca vamos a dar con el ser del futuro. El pasado no es nada y el futuro tampoco.

Bien, qué es lo único que hay, presente. ¿Y qué es el presente? Estrictamente hablando, absoluticemos el presente, ¿Cuál es el ser del presente?, bueno, en realidad como está siempre deviniendo el tiempo, el presente no es más que el punto de encuentro entre el pasado y el futuro. Porque y si no, cuál sería el tiempo presente de modo absoluto.

¿Este?

Ya pasó. Gran definición del presente, el punto de encuentro entre el pasado y el futuro. Ahora el pasado no es anda y el futuro no es nada y el presente es el punto de intersección entre la nada y la nada, por conclusión, el presente tampoco es nada. Por lo tanto, el tiempo no existe, el presente no existe. Porque en realidad, lógicamente si partiéramos del esquema binario, ser y no ser, llegaríamos a esas conclusiones. Obvio que el tiempo existe, pero cuando lo pensamos a fondo se nos desborda. Pero el pensamiento lógico supone estos principios de no contradicción que el tiempo los hace derrumbar, los pone en jaque. El razonamiento lógico de San Agustín es correcto. Pero el tiempo existe, entonces podemos hasta decir que el tiempo nos da la posibilidad. La vuelta. Es algo que por ejemplo trabaja Heidegger (Ricoeur, P., 1999, Ser y tiempo, p. 84) que el tiempo es una figura que nos permite comprender las limitaciones de nuestra lógica. Damo s vuelta al esquema. Cuando queremos pensar al tiempo y nos damos cuenta que no podemos al mismo tiempo, nos damos cuenta que no lo podemos todo. El tiempo siempre tiene algo religioso. Algo excedente, hay algo que nos excede en el tiempo y que no lo podemos explicar. No religioso dogmático. Religioso en el sentido de que hay algo existencial, que escapa la posibilidad de que nuestra lógica pueda asirlo. El tiempo no se puede asir. El tiempo no se puede aprender. Entonces escapa, y al escaparse el tiempo en nuestra forma de conocer lógica, nos permite volver sobre nosotros mismos y darnos cuenta de que no hay lógica para el tiempo.

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1.3.5 El tiempo como otro: el tiempo subjetivo y

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